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Los jóvenes se 'enganchan' al 'vapeo': una cuestión de moda y de distorsión de los riesgos

  • Los datos de Sanidad evidencian que el 48,4% de los jóvenes entre 14 y 18 años los han probado alguna vez; en 2016 sólo lo había hecho el 20,1%
  • Los expertos sostienen que la publicidad de las empresas que comercializan los cigarrillos electrónicos tiene mucho que ver en el aumento del consumo entre los menores de edad
  • Los mitos de que es menos perjudicial para la salud también han contribuido a su proliferación entre los menores españoles

Publicada el 20/11/2019 a las 06:00 Actualizada el 20/11/2019 a las 11:21
Imagen de un joven fumando un cigarrillo electrónico.

Imagen de un joven fumando un cigarrillo electrónico.

EUROPA PRESS
Vapear ya no es un verbo que suene extraño a casi nadie. Los cigarrillos electrónicos han dejado de ser un instrumento novedoso. Su publicidad está en todas partes y las noticias asociadas a ellos se han multiplicado en los últimos meses. Tanto es así, que la última campaña institucional contra el tabaco del Ministerio de Sanidad ya ha iniciado la lucha contra estos dispositivos que se han puesto en el punto de mira de los especialistas y de las autoridades sanitarias. Pero si lo han hecho ha sido, sobre todo, por el uso creciente que tienen los también conocidos como veapeadores entre los más jóvenes. Incluso aunque estos sean menores de edad. Así lo certifica la Encuesta sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (Estudes) presentada este martes por la delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Azucena Martí, y la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo. 

Los datos son claros: la última encuesta revela que el 48,4% de los jóvenes entre 14 y 18 años ha consumido alguna vez cigarrillos electrónicos; en 2016 sólo lo había hecho el 20,1%. Y esto es preocupante. "Estamos ante un problema emergente, y más cuando hemos comprobado que uno de cada dos adolescentes y jóvenes han utilizado estos nuevos dispositivos en el último año por muchos factores como, por ejemplo, la moda o porque puede parecer hasta elegante", manifestó Carcedo durante la rueda de prensa en la que presentaron los resultados de la encuesta. La ministra apuntó, de este modo, a la causa que, según algunos expertos, más ha tenido que ver a la hora de la proliferación de este tipo de dispositivos: la moda. Pero, ¿cómo llega un producto de este tipo a convertise en una? Mediante la publicidad

La normativa que regula los anuncios de este tipo de productos es muy reciente. De hecho, acaba de cumplir dos años. El Consejo de Ministros celebrado el 17 de noviembre de 2017 aprobó el real decreto de medidas sanitarias frente al tabaquismo que modificó la conocida como ley antitabaco aprobada en 2005. El Gobierno conservador presidido por Mariano Rajoy llevó a cabo, de este modo, la trasposición de una directiva europea aprobada en el año 2014 y que tenía que haberse trasladado a España en 2016. Pero tuvo que haber una amenaza de multa para que ocurriera. Así que esa posibilidad hizo que el Ejecutivo del PP equiparara la publicidad, la promoción y el patrocinio de estos dispositivos a los productos de tabaco

  ¿Qué dice exactamente la ley? Según el texto aprobado, "constituye infracción muy grave la publicidad, promoción y patrocinio de dispositivos susceptibles de liberación de nicotina y envases de recarga que no estén permitidas". Y luego detalla que quedan prohibidas "las comunicaciones comerciales en los servicios de la sociedad de la información, en la prensa y en demás publicaciones impresas, que tengan por fin o por efecto directo o indirecto su promoción". Una ambigüedad en la redacción que ha sido aprovechada por las empresas que comercializan este tipo de productos para introducir publicidad sobre vapeadores en lugares públicos como marquesinas de autobuses, de metro o en lonas situadas en plena calle. "Han aprovechado un supuesto resquicio legal", denuncia Andrés Zamorano, presidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT).

Uso de 'influencers' y redes sociales

Pero ya no es sólo que se publiciten en espacios a los que pueden acceder fácilmente los menores, sino la manera de hacerlo. Los anuncios de Blu, una conocida marca que comercializa cigarrillos electrónicos, especifican que el producto "va dirigido a fumadores adultos" y que, por tanto, "queda prohibida la venta a menores de 18 años". "Nada más lejos de la realidad", opina Zamorano. "La publicidad está pensada para atraer a la gente joven", asegura con rotundidad. Y está pensada así tanto por las personas que emplean para anunciar los dispositivos como por los canales que utilizan.

Lo explica Antoni Baena, profesor de los Estudios de Ciències de la Salud e investigador de la Unidad de Control del Tabaco del Instituto Catalán de Oncología (ICO). "Se publicita para los menores, del mismo modo que se hacía antes con el tabaco", denuncia. En su día, recuerda, el tabaco acordó utilizar modelos con apariencia de adultos para sus anuncios, "pero algunos tenían la apariencia de tener 16 años". De hecho, este mismo martes se conoció que California ha decidido demandar a la compañía Juul —una de las grandes comercializadoras de cigarrillos electrónicos— por dirigir sus campañas de publicidad a los menores de edad. 

Pero además el problema se multiplica cuando se emplean métodos de publicidad diferentes a los tradicionales y que se introducen mucho más en el terreno de la gente joven e, incluso, de los menores. Es el caso del uso de influencers, es decir, personas con una determinada credibilidad cuyas formas de pensar y actuar influyen a un público determinado. "Algunas veces aparecen en eventos con un cigarrillo electrónico. Y ahí está la publicidad", dice Baena. De este modo, los anuncios concretos se sustituyen por fotografías o vídeos en redes sociales como Instagram. "Es una publicidad secundaria. Antes, con el tabaco, se hacía en las revistas; ahora en Internet, donde hay 24 horas de anuncios", critica. 

La percepción de los riesgos

Esa utilización de la publicidad influye en otra de las causas que podrían explicar el aumento tan exponencial del consumo de este tipo de productos entre los más jóvenes: la percepción de que el riesgo que supone vapear es menor que el que supone fumar. Y esto es completamente falso, según Baena. Zamorano, en cambio, introduce un matiz. "Nosotros somos detractores del cigarrillo electrónico, pero sí reconocemos que algo menos de riesgo tiene. Ahora bien, sólo te están ofreciendo tirarte desde el piso 10 en lugar de hacerlo desde el 19", explica. "Parece que el riesgo es menor, pero hay riesgos cardiovasculares, pulmonares, etc.", añade. 

Sin embargo, Fernando Fernández Bueno, cirujano oncológico en el Hospital madrileño Gómez Ulla, cree que el aumento no tiene por qué ser necesariamente negativo. Al menos no a priori. Según dice, del mero dato que ofreció este martes el Ministerio de Sanidad hay que extrapolar dos variables diferentes que permitirán un análisis más exacto. "La primera es que no es lo mismo probar un cigarrillo electrónico que convertirse en un vapeador habitual. La segunda es que hay que conocer cuántos de esos jóvenes previamente eran fumadores y ahora sólo vapean, pasando a ser exfumadores", explica.

"El tema del vapeo adolescente está ampliamente estudiado tanto en Reino Unido como en Estados Unidos y en ambos casos se observa que la tasa de tabaquismo adolescente está en mínimos históricos". Por tanto, dice, "lo que está ocurriendo es que la inmensa mayoría de jóvenes que vapean eran previamente fumadores y están reduciendo el daño".

Aun así, Baena y Zamorano creen que hay que tomar medidas para que estos números no se repitan. Y creen que el método eficaz es ponerlo al mismo nivel que el tabaco y, por tanto, luchar como se lucha contra él. 
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