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España o el riesgo del virus de las vanidades

Pau Solanilla
Publicada el 22/03/2020 a las 06:00

El escritor estadounidense Tom Wolfe publicaba en 1987 la novela La hoguera de las vanidades (The Bonfire of the Vanities, en inglés). Una novela que presenta un cuadro de sátira sobre las costumbres de la sociedad de Nueva York en la década de 1980. El texto caracteriza el universo de los adinerados ejecutivos de finanzas y sus interacciones con el resto de la sociedad. La obra se inspiraba a su vez en la Hoguera de las vanidades, evento histórico ocurrido en Florencia a fines del siglo XV (Falò delle vanità). En aquellos sucesos, los seguidores del monje Girolamo Savonarola quemaron en público miles de objetos durante la fiesta del Martes de Carnaval por considerarlos pecaminosos. Savornarola estaba obsesionado por el uso de objetos que consideraba vanidosos como espejos, maquillajes, vestidos refinados, instrumentos musicales, manuscritos y libros que consideraba inmorales, o pinturas sobre temas mitológicos clásicos realizados por el afamado pintor Botticelli.

La novela de Wolfe de los años 80 por su parte, explica cómo el dinero y la fama resultan inútiles para salvar a un individuo cuando se reúnen en su contra situaciones y circunstancias muy desfavorables y la hipocresía del juego de apariencias con convenciones sociales que cambian según las conveniencias del momento. Es una buena metáfora sobre el momento en que vivimos para cuestionarnos cómo vamos a afrontar la salida de esta crisis sanitaria y económica. Cuando apenas nos recuperábamos de los devastadores efectos de la crisis financiera global de 2008, el COVID-19 y la crisis sanitaria han venido a implosionar nuestras sociedades poniéndonos de nuevo a prueba como país y como sociedad.

La prioridad está centrada en atender la crisis sanitaria y adoptar medidas de choche para evitar el colapso económico y el shock social. Pero una vez superada la fase crítica, deberemos reflexionar serenamente qué tipo de sociedad queremos reconstruir aprendiendo de las lecciones del pasado. En ese sentido, habría que replantearse algunas de las recetas tradicionales para salir de la recesión que se avecina aprendiendo de los errores de hace una década recordando quienes fueron los principales damnificados.

La vanidad es uno de los pecados capitales de la política y de la economía de los últimos tiempos, representada por el dominio del ultraliberalismo económico que se ha mostrado como un “vicio maestro”. Un tipo de arrogancia y soberbia que ha sido la característica mayoritaria de las élites políticas y económicas a lo largo de las últimas décadas y que ha costado mucho sufrimiento a millones de personas. Una vanidad que corremos el riesgo de repetir. Los otrora mesías de la austeridad y del libre mercado, claman hoy por medidas contundentes de rescate para las empresas y estímulos económicos para evitar el colapso de la economía. Es evidente que hay que hacerlo, existe un amplio consenso sobre ello y el Gobierno ha respondido con un contundente plan de movilización de doscientos mil millones de euros. Un plan de choque del 20% del PIB de España de los cuales más de la mitad corresponden a recursos públicos. Hay que atender la emergencia sanitaria y social y en especial proteger a los grupos y colectivos más vulnerables de nuestra sociedad.

¿Pero que pasará una vez dejemos atrás la emergencia social?. Transcurridos unos meses y recuperada una cierta normalidad, volveremos a escuchar a los profetas de la austeridad y del libre mercado mínimamente regulado, exigir la retirada del Estado de la economía. Demandarán medidas contundentes y recortes para volver a la consolidación fiscal por la vía rápida. La paradoja a la que nos enfrentaremos es, que aquellos que están cuidando hoy de nosotros y garantizando los servicios básicos y luchando en la primera línea de combate contra el virus, pueden ser los principales damnificados de los futuros recortes. Salimos todos a los balcones de forma unánime para aplaudir a los trabajadores del sector sanitario, un reconocimiento igualmente extensible a limpiadores, personal de mantenimiento, cajeras de supermercados, reponedores, transportistas, policías o militares. Unos colectivos de trabajadores de clase media y media-baja que se caracterizan por tener salarios no especialmente altos.

Es por ello, que hay que levantar la voz desde hoy, y además de reconocer su sacrificio, comprometernos a que mañana seremos los demás los que los protegeremos a ellos con políticas públicas inclusivas y solidarias. Será el momento de demostrar la generosidad de la sociedad en su conjunto y en especial de las rentas más altas para que hagan igualmente esfuerzos por proteger y cuidar de los que hoy se la juegan por nosotros. De la misma manera que proclamamos que la manera de vencer al virus es todos juntos, debemos comprometernos a que nos recuperaremos económicamente y nos protegeremos todos juntos. Las élites y las clases con rentas más altas o rentas medias-altas, estamos refugiados en casa mientras otros corren riesgos por nosotros. Es algo que no debemos olvidar. Igual que en la novela de Wolfe, la crisis del coronavirus nos muestra que el dinero y la fama resultan inútiles para salvar a un individuo de la infección del coronavirus. Estos días pedimos responsabilidad individual y colectiva haciendo buena la legendaria frase atribuida a Alejandro Magno "de la conducta de cada uno depende el destino de todos". No permitamos que venzamos al virus del COVID-19 pero quedemos irremediablemente contagiados de otro virus igualmente letal: el virus de las vanidades.

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Pau Solanilla es consultor internacional  y asociado sénior en Red2Red

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5 Comentarios
  • Jonaca Jonaca 22/03/20 11:34

    Qué haremos como sociedad después de pasar la pandemia? Yo presumo que nada, porque no sabemos actuar como sociedad, no tenemos sentido de colectividad. Incluso en esta crisis sanitaria actuamos de forma individualista en muchos sentidos, el primero, aceptamos estar confinados porque podemos contagiarnos no porque podemos contagiar a los demas; y no reconocer ésto es no reconocer la realidad. Incluso nos individualizamos para agradecer mediante aplausos, a una hora determinada, a parte de nuestra sociedad que no hace otra cosa que cumplir con su obligación en situación de pandemia, olvidándonos del resto que en situaciones de dificultad absoluta cumplen con su tarea diaria para atender nuestras necesidades primarias. Y se seguirá vigilando desde los balcones e increpando a los que no cumplen con el confinamiento no porque ellos puedan contangiar a los demás, mas bien porque ellos están usando deliberadamente su libertad mientras que nosotros estamos confinados sin poder gozarla por miedo a la sanción y/o al contagio.
    No haremos nada nuevo como sociedad, porque los humanos de este planeta estamos infectados por el virus del egoísmo promovido y grabado a fuego por el neoliberalismo. No habrá solución ni siquiera para el cambio climático mientras el poder esté en manos de ellos. No aprenderemos nada de esta situación ni de las venideras porque ellos matan por el poder. Pasará provisionalmente el virus y seguiremos votando a Likud, a Republicanos, a Conservadores...

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  • Otilio Otilio 22/03/20 10:56

    La reflexión es acertada y necesaria. Este tipo de concienciación no debería tener lugar de "puertas para adentro" y se debería extender a los colegios. Pero al neoliberalismo no se le va a vencer con reflexiones. El Neoliberalismo tiene nombres y apellidos: Se llama G7; Fondo Monetario Internacional; Banco Central Europeo; IBEX35; Lobbies de la energía y las finanzas; grandes corporaciones de la comunicación, etc., etc. El Neoliberalismo se pasa estas muestras de humanidad, solidaridad y buena voluntad por el forro de los beneficios. A río revuelto ganancia de pescadores. 
    La única experiencia conocida reciente de cuestionamiento efectivo del status quo socio-económico en el mundo occidental fue la Revolución de los claveles en Portugal de 1974; y entre la CIA, el inestimable concurso del Partido Socialista Portugués y la presión del Mercado Común tardaron exactamente un año y medio en desmontarlo.
    En España con el adormecimiento y falta de pulso colectivo de grandes capas de la población, no podemos ni siquiera soñar en hacerle cosquillas al Godzilla neoliberal. Es cierto que esta crisis sanitaria puede que haga tomar conciencia a algunos sobre la importancia de los servicios públicos e incluso, en la parte positiva, desarrolle nuevos mecanismos de solidaridad y relación social, pero la presión "real" sobre el sistema es una auténtica quimera.
    Y para muestra, la percepción por la enorme masa reaccionaria española de los tímidos logros sociales determinados por la entrada de Podemos en el gobierno como un peligro para la estabilidad y pervivencia de la (ficticia) tranquilidad de sus vidas.
    Soy profundamente pesimista respecto de que, salgamos como salgamos de la catástrofe, no se salven de verdad los de siempre y nos dejen a los de abajo, una vez más, a los pies de los caballos.

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  • GRINGO GRINGO 22/03/20 10:51

    Siguen pasando los años, se suceden las crisis, y sigue sin haber un "Proyecto Común Europeo", cada país se las arregla como puede, aunque hacen el paripé de negociarlo en Bruselas...

    Hasta cuando podrá aguantar la UE ésta falta de unión ??...

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 22/03/20 06:29

    Muy interesante articulo.
    ¿Pero que pasará una vez dejemos atrás la emergencia social?
    Ademâs del Estado español, otro marco para desarrollar politicas solidarias y de inclusion serâ el europeo. Opino que en esta decada pasada Alemania se ha preocupado sobre todo del crecimiento de sus exportaciones a China pero ha sido una remora para el progreso de la solidaridad en Europa. Como estarâ la opinion publica alemana despues de esta crisis?

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  • frida56 frida56 22/03/20 01:44

    Bueno,en 2008/9/10,etc iban a refundir el Capitalismo (ojalá hubiese sido así), pero ya ve lo qué pasó. No tengo muchas esperanzas en esa reflexión necesaria que plantea,y que,efectivamente,lo es

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