Una crisis global

Empresas y centros tecnológicos producen a contrarreloj material sanitario frente al cruce de acusaciones político

Personal del Hospital Gregorio Marañón devuelve los aplausos a los vecinos.

La batalla feroz contra el coronavirus no da tregua. Seis días después de la activación del estado de alarma, el número de positivos se sitúa ya rozando los 25.000 y el de fallecidos supera los 1.300. Y aún queda mucho camino por recorrer. El ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha recordado este viernes que todavía están por venir días complicados, en los que el país se enfrentará “a un crecimiento de casos” antes de lograr alcanzar el “punto máximo de incidencia” previo a revertir la tendencia creciente y erradicar el virus. La hoja de ruta está clara. Pero para que se cumpla de principio a fin son necesarios dos requisitos. Primero, que la ciudadanía respete las restricciones de circulación impuestas por el Gobierno. Y segundo, que se dote al sistema sanitario de todo el material necesario para enfrentarse al SARS-CoV-2 de forma eficaz. Sin embargo, cada vez son más las llamadas de auxilio de los profesionales de la salud exigiendo equipos de protección individual para tratar sin riesgo de contagio a los enfermos. Una demanda que tanto el Ejecutivo como empresas de todos los ámbitos –desde el calzado hasta el textil– están intentando cubrir a contrarreloj.

El desabastecimiento de productos sanitarios ha tensado en los últimos días las relaciones entre el departamento que dirige Salvador Illa y diferentes comunidades autónomas. Una de ellas es Madrid, el principal foco de contagio. “Yo no entro en guerras con nadie. Es una crisis sanitaria. Hemos tenido que ir haciendo todas estas acciones. Que nos dejen con libertad ir dando nuestros pasos”, ha reclamado este viernes la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, quien ha pedido al Gobierno que no centralice la adquisición de material porque forma “un cuello de botella” y se ha mostrado dispuesta a que la región se ponga “a todo tren” a fabricar este tipo de productos. Sólo veinticuatro horas antes, la líder del Ejecutivo autonómico pidió por carta a Pedro Sánchez más de 70.000 kits de detección, cerca de 14 millones de mascarillas, 254.000 batas desechables, 64.000 monos impermeables, 60.000 gafas de protección, 7.000 cajas de guantes, 2.000 trajes 3-B, 65.000 calzas altas, 586 respiradores, 315 monitores y 223 camas.

La falta de este material también ha enfrentado a la Junta de Andalucía con el Ejecutivo central. El pasado domingo, el departamento que dirige Illa emitió una orden en la que exigía a las empresas información sobre la disponibilidad y ubicación de determinados productos sanitarios. Poco después, se anunciaba la intervención en una empresa de Alcalá La Real (Jaén) de 150.000 mascarillas quirúrgicas que serían trasladadas a la capital. La firma no tardó en salir al paso de las acusaciones asegurando que el material había sido intervenido “por una razón de Salud Pública” y que ya habían puesto a disposición de Sanidad toda su línea de fabricación. Y la Junta no dudó en afear al Gobierno central su actuación. “El presente escrito es para poner de manifiesto la situación de absoluta precariedad en que el Sistema Público de Salud de Andalucía ha sido abocado tras el requisamiento […] a nuestro principal proveedor. En este momento apenas tenemos existencias para el resto de semana y comenzamos a sufrir las consecuencias de dicha escasez”, transmitió por carta el consejero de Salud al ministro de Sanidad.

Mientras tanto, los sanitarios, que ocupan la primera línea de esta guerra sin descanso contra el coronavirus, no dejan de lanzar mensajes de socorro a las administraciones. Este jueves, la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) ha criticado que se esté mandando a los soldados a la batalla “sin armas” y ha reclamado “todo el material posible” para que los sanitarios, a los que piden que “continúen al pie del cañón, protegiéndose lo mejor que puedan”, no se sientan “indefensos”. Otros colectivos, como Asociación Defensor del Paciente o el Sindicato Asambleario de Sanidad, han decidido llevar esta falta de medios ante la Fiscalía. Y lo han hecho poniendo de manifiesto que en la región hay un “clamor masivo” entre los profesionales de que se está “trabajando”, tanto en los propios centros sanitarios como a domicilio, “sin disponer de los adecuados equipos de protección individual (EPI)”. Y esto, han explicado a través de una nota de prensa, “podría comprometer la calidad de la asistencia sanitaria y consecuentemente generar un enorme problema de salud pública”.

Del calzado a las mascarillas

El ministro de Sanidad aseguró este viernes que el Gobierno está movilizando todos los recursos disponibles para que cualquier servicio sanitario de cualquier comunidad autónoma pueda recibirlos cuando los requiera. “Estamos haciendo un esfuerzo en varias direcciones y estamos trabajando en distintos frentes para aumentar la producción de los materiales y equipamientos sanitarios que sean necesarios”, ha señalado Illa en rueda de prensa. Sobre los equipos de protección –bata, mascarilla, guantes y protección ocular–, el titular de Sanidad ha asegurado que se han repartido millón y medio donde han hecho falta y ha afirmado que ya está de camino otra partida procedente de Alemania. En cuanto a los respiradores, ha señalado que el Gobierno está trabajando para adquirirlos de otros países e incrementar su producción en suelo español. Estos últimos instrumentos son clave para pacientes críticos que requieren ventilación artificial. Y su escasez es tal que los hospitales ya están preparando protocolos para restringir su uso a pacientes en función de la esperanza de vida.

Los datos que ofreció Illa el viernes fueron complementados con la comparecencia de este sábado de la directora general de Cartera y Farmacia del Ministerio de Sanidad, Patricia Lacruz. Aseguró que el Ejecutivo distribuyó este sábado entre las comunidades autónomas 500.000 mascarillas para profesionales y 800.000 para pacientes. Además, se han adquirido más de 700 respiradores y 640.000 test de diagnóstico mediante PCR. "Se está reforzando el suministro a las comunidades autónomas, esto va a ser una continuación de algo que esperemos se incremente exponencialmente. Hemos emitido una compra para la lucha contra esta infección", afirmó la responsable.

Para hacer frente a la elevada demanda, algunas empresas han decidido arrimar el hombro. Es el caso de la riojana Callaghan, que ha aparcado momentáneamente el calzado para producir mascarillas. “Empezamos sacando el patrón de una estándar y hace tres días ya teníamos el primer prototipo”, explica en conversación con infoLibre Basilio García, director general de la compañía. Las primeras cien unidades las pusieron a disposición del centro de salud de Arnedo, la localidad donde se encuentra afincada. Ahora, cuenta su responsable, pretenden alcanzar la meta de las 10.000 unidades diarias. “Podemos producir cantidades industriales con el troquel que nos llegó. Sin embargo, lo que más cuesta es coserlas, porque es algo que hay que hacer a mano”, señala García, que afirma que hay otras personas y empresas de la localidad que se han mostrado dispuestas a colaborar. “Hay proveedores que nos están cediendo los materiales y nosotros ponemos nuestras máquinas y personal”, culmina el director general de Callaghan, que asegura que “si todo el mundo empuja se pueden hacer cosas impensables”.

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Producción industrial en Toledo a través de centros tecnológicos

No es la única firma que está aportando su granito de arena. La valenciana The-Are, dedicada a la moda juvenil, también ha paralizado su producción para confeccionar mascarillas de tela que puedan servir de protección al personal sanitario que batalla contra el virus. Y a pocos kilómetros de Manises, donde esta firma de ropa está instalada, las aparadoras de Petrer y Elda (Alicante) trabajan sin descanso para que este producto no falte en el hospital de la comarca. El mismo trabajo se está llevando a cabo en Toledo. A lo largo de esta semana, más de seis toneladas de material para la fabricación de mascarillas han llegado procedentes de Asturias hasta el Centro Tecnológico del Textil de Talavera de la Reina, donde se realiza el trabajo de corte. Los patrones se envían posteriormente a un taller de Almacenes Castellanos en San Pablo de Los Montes, donde se procede a confeccionar el producto final. Calculan que podrán poner en manos de los sanitarios un millón de mascarillas. El objetivo, fabricar entre 20.000 y 30.000 unidades diarias, según aseguró la consejera de Economía castellanomanchega, Patricia Franco.

También los centros tecnológicos que forman parte de Fedit han trasladado al Gobierno, a través del Ministerio de Ciencia, “su determinación de poner al servicio” de la Administración General del Estado “sus recursos humanos y tecnológicos” para hacer frente a la crisis sanitaria. Ya sea fabricando hidroalcoholes y trajes de protección o produciendo respiradores artificiales. Otras empresas como Nivea o el grupo L’Oréal también han ofrecido sus instalaciones para ayudar en el abastecimiento de geles desinfectantes. E Inditex anunció su intención de empezar a generar material sanitario, como por ejemplo batas. Iniciativas que, incluso, han llegado por parte de la comunidad maker. Un grupo de ingenieros españoles ya ha ideado un modelo de respirador tridimensional que podría fabricarse en grandes cantidades a través de impresoras 3D, con un coste de producción muy reducido. El Grupo Aspasia ya está colaborando con ellos proporcionándoles los instrumentos y el material necesario para llevar a cabo el proyecto.

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