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Violencia sexual

Mutilación genital femenina, una "violencia invisibilizada" que supone un riesgo para 3.652 niñas en España

  • "Cuando se invisibiliza, se maltrata y se estigmatiza a las mujeres, se las revictimiza", señala la antropóloga Adriana Kaplan, autora del informe 'La mutilación genital femenina en España'
  • Uno de los principales problemas que acarrea esta práctica tiene que ver con las familias que acuden a su país de origen para llevarla a cabo y no regresan a España para evitar la persecución judicial de los padres

Publicada el 13/11/2020 a las 15:45 Actualizada el 13/11/2020 a las 16:15
Una niña porta un mensaje contra la mutilación genital femenina, en una imagen de archivo.

Una niña porta un mensaje contra la mutilación genital femenina, en una imagen de archivo.

E.P.

La mutilación genital femenina, un tipo de "violencia muy invisibilizada y no siempre objeto de estudio", supone un riesgo real para 3.652 niñas en España. Así lo señala la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género a través de un estudio presentado este viernes. La delegada Victoria Rosell ha señalado que parte de las víctimas deciden "no acudir al centro sanitario para pedir ayuda porque sienten vergüenza" y más del 70% "saben que es delito en España", pero sucede que la respuesta tiende a "criminalizar" a la propia familia y el particular a las madres.

La antropóloga Adriana Kaplan, directora de la Fundació Wassu-UAB y autora del estudio, ha recordado el estigma que pesa sobre este tipo de violencia, cuyas consecuencias son además especialmente desconocidas pese a suponer un riesgo inminente para miles de niñas. "Cuando se invisibiliza, se maltrata y se estigmatiza a las mujeres, se las revictimiza", ha subrayado la doctora. El principal criterio para medir el riesgo a sufrir mutilación genital femenina tiene que ver con la prevalencia en el país de origen, puesto que las víctimas tienden a experimentar este tipo de violencia con el retorno a estos territorios. De acuerdo a los datos expuestos en el estudio, países como Mali, Guinea, Egipto, Sudán y Somalia cuentan con una prevalencia superior al 80%. En España, el total de niñas de hasta catorce años que proceden de este tipo de países es 15.562 y de ellas la estimación de quienes están en riesgo de sufrir ablación es de 3.652, la mayoría ubicadas en Barcelona (20,4%), Girona (13,8%) y Madrid (9,17%).

Sin embargo, ha comentado Kaplan, la mutilación genital femenina "no es un problema prioritario para las familias migrantes ni un motivo de consulta en los servicios de atención primaria". El estudio incluye una encuesta a 82 familias migrantes residentes en Cataluña y con vínculos en diferentes países, como Gambia, Senegal y Mali entre otros. El 97% de las entrevistadas eran mujeres, el 60% sufrió mutilación genital femenina y el 30% la soportó antes de haber cumplido los tres años. Un 73% admitió saber que se trata de un delito, pero sólo un 52% conocía que así lo fuera también en el país de origen. Lo cierto es que, tal y como ha explicado la autora del estudio, "hay países donde formalmente es delito pero es evidente que subsiste la práctica", esencialmente porque se trata de un fenómeno que echa raíces en hábitos culturales muy arraigados.

La mayoría de las encuestadas (79%) afirmó que sus hijas habían nacido en España y un 65% de ellas ha regresado alguna vez al país de origen de los padres. En el 31% de los casos algún miembro de la familia quería realizar la ablación a la menor, normalmente la abuela paterna (17%). A su vez, el 70% de las familias habló de la mutilación genital con sus parientes residentes en el país de origen, pero sólo un 49% contó la prohibición legal de la práctica.

Entre las encuestadas que asistieron a los servicios sanitarios, el 24% reconoció que la atención se desarrolló con prisas y sin mucho interés. El 17% admitió sentirse confundida en la consulta. Esto evidencia, a juicio de la experta, la necesidad de trabajar sobre una formación sólida entre los profesionales, que según el estudio hablan de "la religión y el idioma" como principal barrera. A mayor formación, mejor abordaje.

En cuanto a los profesionales del derecho, el informe identifica dos tipos de discurso: uno que sostiene que "la ley tiene que aplicarse con toda la contundencia" y otro que se inclina por "buscar atenuantes que protejan a las familias" y que recalca la importancia de que prevalezca el interés superior de las menores. En esta esfera es igualmente fundamental la formación. "La ley no es lo suficientemente clara respecto a los casos que se producen en el extranjero", ha asentido Adriana Kaplan, de manera que se genera una "confusión entre los profesionales".

Por otro lado, los activistas y ONG que han participado en el análisis "detectan la problemática de las niñas que viajan al país de origen, les practican la mutilación genital femenina y no regresan a España para evitar la persecución judicial de los padres". Los responsables de las políticas públicas consultados para la elaboración del estudio indican, a su vez, una "falta de agilidad entre la coordinación de los diferentes departamentos administrativos" y un "desconocimiento del protocolo en profundidad". Tampoco existe una consolidación suficiente respecto a las políticas preventivas y de cooperación "para realizar seguimiento circular" de los casos cuando viajen a su lugar de origen.

Actualmente no existe conocimiento de esta práctica en suelo español. En 1993 se conocieron por primera vez, ha explicado Adriana Kaplan, dos casos en los que "la circundadora venía a España, practicaba la mutilación y luego volvía". Casos complejos en la medida en que "el juez dice que no hay intención de lesionar, la madre justifica que es lo mejor que ha hecho por su hija y tampoco hay voluntad de proyección". Desde entonces "no se vuelve a constatar" que la ablación ocurra en el país.

En la actualidad, la Ley de Libertad Sexual que ultima el Ministerio de Igualdad plantea la mutilación genital femenina como una forma de violencia sexual e insta a las administraciones públicas a establecer protocolos de actuación que permitan la detección y atención de los casos, mediante la formación específica de los profesionales y las acciones concretas en el marco de la cooperación internacional al desarrollo.

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3 Comentarios
  • Pernalonga Pernalonga 14/11/20 23:59

    ¿ Cómo se puede justificar en los hábitos culturales semejante atrocidad. Los organismos internacionales y en especial los que firmaron la convención de los Derechos Humanos deben por una vez emprender una ofensiva para desterrar tamaña aberración. Justificar ablación, tortura o lapidación no se corresponde para nada con la cultura.

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  • Macu L. Macu L. 14/11/20 00:34

    Un gran problema del que solo se ve una pequeña parte, como los icebergs.
    Las cifras son espeluznantes y los argumentos sobre religión, tradición y cultura se superponen a los auténticos y verdaderos: propiedad y poder sobre las mujeres y control de su sexualidad.
    Para erradicar esta brutalidad solo cabe la educación, educación y educación pero es difícil ya que la mayoría de los países donde se practica la ablación genital femenina no se distingue por la escolarización mayoritaria de su población, menos en las zonas rurales y menos aún en el pasado de los padres y madres que deciden en la actualidad.
    En sociedades con mínima emancipación femenina, en las que el futuro habitual de la mujer es el matrimonio, pesa mucho la estigmatización de las que no han sido mutiladas.
    Además de la crueldad que soportan por la ablación, la mayoría tendrá problemas de salud física y mental durante el resto de su vida (infecciones, hemorragias, ausencia de deseo sexual y obligaciones maritales, dolores, complicaciones en los partos,...) No hay un solo beneficio médico en la ablación.
    La normativa de prohibición debe hacerse cumplir con rotunda exigencia, castigando económica y penalmente sus incumplimientos. Muchas veces la norma debe ir por delante para "modificar" conductas sociales y erradicar comportamientos. (No es comparable pero en España era impensable no fumar en los bares; una norma y, sobre todo, la exigencia de su cumplimiento modificó nuestra conducta y ahora es impensable que pueda volverse a fumar en los bares).
    No puedo imaginar la angustia, el horror y el dolor que deben sentir las niñas y mas, las que han vivido en otros países y han hecho otra mirada de su propio cuerpo y de sus derechos y, que en un retorno a su país, son obligadas a su mutilación.
    Gracias, Sabela, por recordarnos que este horror anacrónico está vigente y extendido. Y todavía es legal en algunos paises.

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  • ncvc ncvc 13/11/20 17:30

    La mutilación genital de las mujeres me parece uno de los mayores crímenes de la humanidad, y no llego a entender dos cosas: 1) cómo se le ha podido ocurrir a alguién hacer tal cosa, 2) cómo es que aún persiste a gran escala. No me cabe en la cabeza esta monstruosidad rebuscada y sádica que infligen a las niñas de tantos países donde se la defiende culturalmente.

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