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Cambio climático

El cambio climático también es una cuestión de salud pública: cada vez mueren más españoles por el aumento de las olas de calor

  • En nuestro país, 3.160 personas murieron por estos fenómenos en 2018: el promedio anual de 2000-2004 es de 2.190
  • El mundo está siendo testigo de más sequías, incendios forestales y tormentas, que afectan directamente al bienestar de las poblaciones
  • Los investigadores de The Lancet Countdown piden abordar a la vez las crisis climática y sanitaria para evitar el desenlace final: más sufrimiento y muerte de los más vulnerables
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Publicada el 03/12/2020 a las 00:30 Actualizada el 03/12/2020 a las 11:52
Ola de calor en Zaragoza en el verano de 2020.

Ola de calor en Zaragoza en el verano de 2020.

Europa Press

Son comunes las referencias a "salvar el planeta" a la hora de hablar de la crisis climática. Sin embargo, los expertos coinciden en que la Tierra tiene poderosísimas herramientas de adaptación ante nuestros desfases: no así las especies animales, incluida la humana, y vegetales que la pueblan. El calentamiento global afecta al bienestar de las personas, sobre todo de las más vulnerables: es una cuestión de salud pública, un término en boga tras la explosión de la pandemia del covid-19. Y así lo ha señalado este jueves The Lancet Countdown, el informe anual de la prestigiosa revista médica que analiza los vínculos –cada vez más evidentes– entre la emergencia climática y la salud. El grado (según los cálculos conservadores) que llevamos ya de aumento de temperaturas está incidiendo en las poblaciones más propensas a sufrir inundaciones, huracanes o incendios forestales; y está haciendo crecer el registro de muertes de personas mayores vinculadas a olas de calor. En España, 3.160 personas murieron por el calor en 2018: el promedio anual de 2000-2004 es de 2.190.

El año, evidentemente, ha estado marcado por la pandemia de covid-19. Pero los analistas de The Lancet Countdown (decenas de investigadores de todo el mundo) observan, y comunican, múltiples vínculos entre la emergencia sanitaria y la climática. Afecta más a los más pobres, a los más débiles, a los desplazados, a los oprimidos. Y un abordaje transversal permitiría afrontar ambas crisis y evitar, en última instancia, más muertes. "La pandemia nos ha demostrado que cuando la salud se ve amenazada a escala global, nuestras economías y modos de vida pueden llegar a paralizarse", ha comentado Ian Hamilton, director ejecutivo de la publicación. "Las amenazas a la salud humana se están multiplicando e intensificando debido al cambio climático y, a no ser que cambiemos de rumbo, nuestros sistemas sanitarios corren el riesgo de verse desbordados en el futuro. Los devastadores incendios forestales en Estados Unidos de este año y los huracanes y tormentas tropicales en el Caribe y el Pacífico, coincidiendo con la pandemia, han ilustrado de manera trágica el hecho de que el mundo no puede permitirse el lujo de enfrentarse a las crisis de una en una". 

A nivel global, los analistas han observado que en las últimas dos décadas han aumentado un 54% las muertes relacionadas por olas de calor en personas mayores. En 2018 fueron 296.000 vidas perdidas en todo el mundo; 3.160 en España. Se estima, además, que el promedio anual de muertes en los últimos cinco años es, en 1.140 decesos, más alto que el promedio anual de 2000-2004, de 2.190. Y tres de los cinco años de mayor exposición a estos fenómenos de subida del mercurio desde 1980 han ocurrido desde 2015. Los efectos del cambio climático, además, no son lineales: este crecimiento, que aún podría calificarse de moderado, se multiplicará si llegamos a los 2 grados de aumento de temperaturas medias, y el escenario será mucho peor de pasar a tres. 

El cambio climático, además de la ya conocida subida del mercurio, hace peores y más frecuentes los llamados fenómenos meteorológicos extremos: sequías, huracanes, tormentas tropicales, DANAs en el Mediterráneo o incendios forestales. Con respecto al último de estos desastres naturales, California (Estados Unidos) y Australia han sido dolorosos testigos de lo que pueden hacer los denominados como superincendios: enormes, voraces y muy difíciles de controlar durante semanas o incluso meses. "En comparación con el período 2001-2004, hubo una aumento del riesgo de incendios forestales en 114 (58%) de 196 países en 2016-19, con los mayores aumentos en Líbano, Kenia y Sudáfrica" y con un crecimiento muy destacable en el país norteamericano, destaca el documento. Y España, junto a Portugal, es uno de los países del continente más golpeados: de media, han crecido en 10 los días en los que hay un riesgo muy alto de exposición a estos fuegos, con consecuencias en la salud directas –quemaduras, muertes, intoxicaciones, desplazamientos– o indirectas –ansiedad y depresión por perderlo absolutamente todo, pasto de las llamas–.

El año 2020, además de marcado por un virus respiratorio que ha puesto en jaque a los sistemas de salud de medio mundo, ha sido testigo de una temporada de huracanes inédita en el Atlántico. Algunos países centroamericanos se han visto golpeados hasta en tres ocasiones consecutivas por estas tormentas en el lapso de semanas. Según The Lancet Countdown, "de 1990 a 2019 hubo claras, significativas, tendencias crecientes en el número de desastres relacionados con el clima", pero, esperanzadoramente, no ha aumentado la media de personas afectadas: y esto nos da una pista de cómo afrontar estos retos. Más y mejor sanidad (pública). "Dentro del subconjunto de países que tenían una reducción o aumento mínimo del gasto en atención de la salud entre 2000 y 2017, se produjo un aumento significativo del número de personas afectadas por fenómenos meteorológicos extremos. Por el contrario, en los países con mayor aumento del gasto sanitario en ese lapso, los afectados disminuyeron, a pesar de una frecuencia creciente de eventos", explica la revista. 

En 2018, el número de sequías registradas se duplicó en todo el mundo, actuando de catalizador para estos eventos: agravando los incendios forestales y poniendo en riesgo tanto el acceso al agua potable como la garantía de seguridad alimentaria. En este sentido, en España, se experimentó el pasado año una reducción de la duración del crecimiento de los cultivos en comparación con el nivel de referencia de 1981-2010: del 8,8% para el maíz, el 6,2% para la soja y el 3,3% para el trigo de invierno. Por ahora, no está en riesgo el sistema agroalimentario: pero sí lo puede estar si se suma que cada vez llueve menos y se evapora más agua superficial, recurso indispensable para los imperios del regadío en el Levante peninsular. 

Como recoge SINC, otra de las consecuencias del calentamiento climático pasa desapercibida por más de la mayoría de españoles, según una encuesta: el aumento de enfermedades infecciosas típicas de zonas tropicales en otras latitudes, como la española. The Lancet Countdown recoge que nuestro país ha registrado un aumento del 46% en la idoneidad del clima para la transmisión del dengue a través del mosquito Aedes desde 1950-54 hasta 2014-18, y se registraron seis casos de transmisión local en 2018 y 2019. Y las bacterias del género Vibrio, que se multiplican en aguas saladas y que provocan enfermedades del tracto digestivo como el cólera, se encuentran cada vez más cómodas en nuestro titular. Y en 2020 se han registrado casi 140 focos en équidos del Virus del Nilo Occidental, que estará más cómodo en la Península Ibérica conforme avance el aumento de temperaturas.

¿Y qué estamos haciendo para evitarlo?

El informe se ha publicado en el aniversario de la última cumbre del clima de Madrid, que se saldó con un acuerdo in extremis muy insuficiente, y cinco años después del encuentro multilateral que dio lugar al Acuerdo de París. Las promesas de los países firmantes (contando a Estados Unidos, que volverá) para 2050 son compatibles con el objetivo del pacto de hace un lustro, que puso el límite en 2 grados de aumento de las temperaturas globales para finales de siglo: pero sus metas a corto plazo, para 2030, no lo son. En este siglo, la participación del carbón, altamente emisor y contaminante, en la generación de electricidad se ha mantenido "estable" pese al cierre de centrales en los países más desarrollados. El impacto de la agricultura ha aumentado un 17%, y cada año se registran casi un millón de muertes relacionadas con el excesivo consumo de carne roja, perjudicial para la salud y para el clima. 2020 va camino de ser uno de los años más calurosos de la historia reciente, ha confirmado este miércoles la Organización Meteorológica Mundial. Las enfermedades infecciosas, la sed, el hambre y los impactos de las tormentas se profundizan. Hay mucho que hacer y aún no se ve un esfuerzo a la altura del reto: por lo que los firmantes piden que la pandemia no sirva para desviar el foco. 

"La necesidad de esfuerzos acelerados para abordar el cambio climático durante los próximos cinco años estará contextualizada por los impactos y la respuesta global al covid-19. Con la pérdida de vidas por la pandemia y del cambio climático medida en cientos de miles, los costos económicos potenciales medidos en millones, y las consecuencias más amplias que se espera que continúen los próximos años, las medidas tomadas para abordar ambas crisis de salud pública deben ser cuidadosamente examinadas y estrechamente vinculadas", concluye el informe.

 

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2 Comentarios
  • pablos pablos 04/12/20 09:28

    Muy bueno el artículo, pero por favor tened cuidado con el lenguaje del título, seguro que no afecta exclusivamente a los españoles, seguro que el el cambio climático no discrimina entre los que tienen el DNI y los que no lo tienen.

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  • Marta RG Marta RG 04/12/20 02:08

    Excelente artículo sobre el cambio climático-salud-economía. Añado simplemente que puedes ser un científico que has estudiado la situación en detalle y estás advirtiendo lo serio y necesario que es abordar este tema sin más dilación. Pero cuando eres una simple ciudadana que viene ya hace un tiempo notando los efectos del cambio, es que ya lo estamos notando en lo que se dice "nuestras propias carnes". A esto se le suma, la pandemia que hemos sufrido todos. ¿Qué más necesitamos para ir abordando este problema de forma prioritaria?

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