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Igualdad

Sólo una mujer en Primera y dos en Segunda: las árbitras batallan por abrirse hueco en el fútbol de élite

  • De los 17.000 árbitros federados actualmente, únicamente en torno a 900 son mujeres, un 5,2% del total, según la Real Federación Española de Fútbol
  • Guadalupe Porras arbitra en Primera División, Judit Romano y Eliana Fernández lo hacen en Segunda, todas ellas como asistentes
  • "No he trabajado pensando que ser mujer me iba a impedir alcanzar los objetivos que me había marcado", afirma Guadalupe Porras
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Publicada el 07/12/2020 a las 06:00
Imagen de la árbitra Guadalupe Porras.

Imagen de la árbitra Guadalupe Porras.

E.P.

Miércoles 2 de diciembre de 2020. Stéphanie Frappart, árbitra francesa, se convierte en la primera mujer en arbitrar en Champions, concretamente en el partido Juventus-Dinamo de Kiev. Un hito en la carrera hacia la igualdad. 29 de octubre del mismo año, esta vez es la española Guadalupe Porras la colegiada que hace historia, siendo la primera árbitra española en un encuentro internacional de competición masculina, en la segunda jornada de la Europa League entre el Lask Linz y el Ludogorets. No son muchos los ejemplos: todavía salen a cuentagotas las mujeres árbitras que llegan a la primera línea de juego. La noticia sigue siendo la excepción y deja una lectura esclarecedora: la igualdad no consigue echar raíces en el arbitraje.

En España las cifras son claras. De 17.000 árbitros federados, en torno a 900 son mujeres –los datos han sido esbozados por fuentes de la Real Federación Española de Fútbol–. El 5,2%. Un porcentaje muy por debajo de la media mundial, que sigue siendo irrisoria. De acuerdo a un informe de la Fifa publicado en 2019, existen un total de 80.545 mujeres árbitras, el 10% del total.

Las cifras menguan conforme se escala en la categoría. En la Liga Santander, la máxima categoría española de fútbol masculino, sólo hay una árbitra asistente: la propia Guadalupe Porras, quien debutó en agosto del año pasado gracias al encuentro entre el Mallorca y el Eibar. En Segunda División se encuentran dos nombres femeninos, también como árbitras asistentes: Judit Romano y Eliana Fernández. En Segunda B, Marta Huerta se yergue como árbitra principal y a ella se suman diez asistentes. Es la fotografía general del arbitraje desde una perspectiva de género.

La cosa cambia en la Liga Iberdrola, la máxima categoría de fútbol femenino: quienes llevan el silbato son, sin excepción, mujeres. La decisión, tomada hace tres años, de que la Primera División femenina fuera arbitrada solamente por mujeres no es baladí: "Es un hecho histórico y será recordado como un gran avance dentro del arbitraje", decía Marta Huerta. La árbitra acaba de sentar precedentes también dentro de su profesión: este verano se convirtió en la primera mujer española en la élite del arbitraje europeo, consumando su ascenso al grupo ELITE de árbitros UEFA, junto a otras dieciocho compañeras europeas.

En conversación con infoLibre, Eliana Fernández celebra que las mujeres vayan abriéndose hueco. Los avances se van sembrando "muy poco a poco, pero con el tiempo y sobre todo con el fútbol femenino, hay más árbitras y formas de promocionar". Guadalupe Porras expone, a preguntas de este diario, que en su caso "no han existido obstáculos" y que siempre le han "pedido lo mismo" que a sus compañeros: "No he trabajado pensando que ser mujer me iba a impedir alcanzar los objetivos que me había marcado".

Las mujeres árbitras no dejan de batallar por promocionar y por hacer que palabras como conciliación dejen de sonar ajenas en el campo. La árbitra asturiana Judit Romano ha saltado a la noticia no sólo por sus logros, sino también por su maternidad. Hace exactamente un año su nombre volvía a los titulares por reincorporarse al arbitraje tras su segundo embarazo y poco antes lo hacía por acudir con su hija de tres meses al seminario del Comité Técnico de Árbitros.

Beatriz Gimeno, directora del Instituto de las Mujeres, realiza una doble lectura respecto a las noticias que llevan a la agenda mediática nombres de mujeres deportistas. "Se van ganando metas, pero todavía son excepciones", reflexiona en conversación con este diario. "Cada paso es una conquista", añade, especialmente en el deporte de élite, todavía "muy masculinizado". Gimeno identifica la falta de conciliación como uno de los principales lastres, pero no tilda al mundo del deporte como excepción, sino como parte de la dinámica habitual en la esfera laboral. "La conciliación encaja igual de mal que en muchas otras actividades, la sociedad tal y como la conocemos no está hecha para que las mujeres se incorporen", lamenta. Y el deporte, añade, es un ámbito "tradicionalmente masculino, pensado y protagonizado por hombres, pero en ocasiones también muy machista".

Las expresiones machistas en el mundo del fútbol, también del arbitraje, han tenido eco en no pocas ocasiones y la condena social es cada vez mayor. "A un árbitro nadie le grita 'vete a fregar'. A nosotras sí", decía una joven de 18 años en noviembre del pasado año. Para Gimeno, el mensaje que subyace es claro: "Nos están diciendo que ocupamos un lugar que no debemos ocupar". Sin embargo, asegura, la hostilidad no es suficiente para terminar con las aspiraciones profesionales de las mujeres, tampoco en el deporte. "Todo está preparado para desanimarlas, pero ya no las desanima nada", dice convencida. A día de hoy, "es tan difícil ser árbitra como ser catedrática, rectora o jueza y lo que se pretende insultando a esas mujeres es desanimarlas. Pero no se va a conseguir, una vez hemos derribado la puerta vamos a entrar".

Las árbitras que emergen dentro del fútbol profesional, sin embargo, no perciben sesgos de género en su profesión y tampoco en los ataques que de manera "aislada" reciben. "Desafortunadamente, en el mundo del arbitraje todos los compañeros hemos vivido episodios de intolerancia en los campos de fútbol. A mí como mujer se me ataca por un lado y a mis compañeros hombres por otro lado", aclara Guadalupe Porras. "Lo que peleamos en el colectivo arbitral es que se dignifique la figura del árbitro por encima de géneros".

Gimeno impugna los discursos que vinculan el éxito al esfuerzo individual y en su lugar elogia las batallas colectivas. "Mucha gente, en general, tiende a pensar que con esfuerzo se consigue todo, porque es un mensaje alentador". Ese discurso "pretende privilegiar la cultura de la meritocracia", pero lo cierto es que "con esfuerzo individual se consiguen muy pocas cosas". Son muchas, remata Beatriz Gimeno, las mujeres que "han estado luchando para abrir espacio a otras".

 

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