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Desafección política

La gestión de la pandemia y el colapso tras la gran nevada disparan el riesgo de una desconfianza creciente en las instituciones

  • ¿Están las administraciones a la altura de lo que esperan los ciudadanos en crisis como la pandemia o situaciones de emergencia como la tormenta de nieve? infoLibre conversa con expertos en análisis social y afectados por la desatención de lo público para tratar de responder a esa pregunta
  • Los datos demoscópicos y los estudios sociales más recientes ofrecen evidencias aparentemente contradictorias acerca de cómo está afectando la actuación del sector público a la opinión de la sociedad
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Publicada el 24/01/2021 a las 06:00
Una trabajadora sanitaria descansa después de participar durante varias horas en un programa de vacunación de la covid-19.

Una trabajadora sanitaria descansa después de participar durante varias horas en un programa de vacunación de la covid-19.

Efe

“Parece que les da igual”. No se entiende cómo los ciudadanos “se pueden organizar y se organizan perfectamente mientras las instituciones nos dan la espalda”. La frase es de Cristina Sanz, médica de urgencias en un Centro de Salud de una localidad madrileña, Villarejo de Salvanés, pero son muchos los afectados por el déficit de lo público que han sufrido las consecuencias de la falta de medios y de personal de unas administraciones incapaces de hacer frente a situaciones de emergencia, se trate de una pandemia o de una tormenta de nieve. Y han tenido que organizarse. Ya sea para llevar alimentos a personas que no los tenían, para despejar aceras o para trasladar pacientes que lo necesitaban.

Los indicadores sociales de confianza en las instituciones, que ya sufrieron una notable caída a partir de la crisis de 2008, están cayendo de nuevo. La desatención a los ciudadanos con ocasión de la covid-19 o, simplemente, obligándoles a limitar sus movimientos porque no hay recursos con los que despejar una calle bloqueada por la nieve, en opinión de muchos parece confirmar la idea de que “lo público” o no funciona todo lo bien que debiera o no está siendo gestionado como sería necesario. Como telón de fondo, los recortes de los últimos años, que ahora se hacen visibles a la vista de la impotencia de las administraciones.

Hay datos reveladores. Según el último barómetro del CIS, un 34,7% de los españoles creen que el principal problema de España es la política en general, el comportamiento de los políticos, la inestabilidad política, la falta de unidad, el Gobierno o los partidos. En relación con la pandemia, un 59,2% de los ciudadanos cree que habría que haber tomado medidas más estrictas que las que se han tomado por parte del Gobierno español y de las comunidades autónomas. Una creciente desconfianza y decepción hacia el Gobierno y los políticos en general es una de las consecuencias que la pandemia ha tenido para muchos de los encuestados, no muy lejos de la intranquilidad o la preocupación por la salud.

El indicador de confianza política del CIS muestra una clara tendencia a la baja desde la crisis de 2008, con algunos repuntes, muy significativos, cuando las elecciones abren la puerta a una expectativa de cambio. Que puede haber una relación entre la generación de expectativas positivas y la esperanza que la ciudadanía deposita en un nuevo gobierno es algo que constata, por ejemplo, la tesis firmada por el doctor en Ciencia Política Roser Rifà y publicado por la Universitat Autónoma de Barcelona en 2017, precisamente sobre la evolución de la confianza en las instituciones políticas españolas. Un aumento de la confianza que, sin embargo, es poco duradero, como él mismo reseña.

La politóloga y profesora de sociología de la Universidad de Zaragoza y colaboradora de infoLibre Cristina Monge conoce bien cómo funciona la confianza en las instituciones. Los datos del CIS, recuerda, muestran que la confianza en las instituciones baja en momentos de crisis. Por eso “hay un bajón enorme a partir de 2011”, aunque “se empieza a recuperar un poquito hace dos o tres años, pero sin llegar a los niveles previos al 2011”.

Son pocos los estudios que analizan cómo la pandemia y sus graves consecuencias económicas está afectando a la confianza ciudadana en estos momentos. Monge llama la atención sobre una tendencia preocupante: “todas las crisis económicas generan un proceso de desconfianza en las instituciones, pero cada una de ellas genera un poso, de tal manera que en la siguiente crisis la confianza parte de más abajo. La desconfianza se va acumulando de unas crisis a otras”. “Hace mucho tiempo que los políticos están entre los cinco o seis primeros puestos” cuando se pregunta por los principales problemas de España, “pero en pandemia han llegado al primero y al segundo puesto”, advierte.

Manuel Villoria, catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, coincide con este análisis. “La confianza en las instituciones en España tradicionalmente ha sido baja”, pero “a partir de la crisis económica de 2008 la bajada de la confianza fue brutal”. España fue en su opinión el país ese Europa que más sufrió este fenómeno, algo que Monge relaciona además con la aguda polarización del país.

Cristina Monge: “En los países con más polarización, como España, la desconfianza crece más”

“En los países con más polarización, como España, la desconfianza crece más”, apunta la socióloga. "Ahora mismo —recuerda— con la pelea en torno al horario del toque de queda, lo que los ciudadanos perciben no es debate sobre lo correcto, sino que en plena tercera ola los políticos sólo están 'a la greña'”. Y “el primer mandamiento de la política es que tiene que ser útil”. “Con la polarización permanente, la primera víctima es la democracia. Y los propios partidos, todos, sin excepción”. En los días que siguieron a la nevada, a las personas que no podían salir a la calle o ir a trabajar no les importaba de quién son las máquinas quitanieves. “Cuando uno tiene ese malestar, dispara contra todo lo que se mueve”.

Villoria corrobora que existe cierta oscilación cuando hay elecciones o un cambio que implica expectativas de mejora. Ocurrió de forma “muy fuerte, muy sorprendente, en el último trimestre de 2019, y tiene probablemente que ver con la llegada del nuevo Gobierno, que generó una ilusión mayor. Los datos están ahí, en los eurobarómetros”.

Y aunque la evidencia demoscópica es menor que antes de esa fecha, los datos del CIS vienen a indicar que “ese deterioro, que se viene produciendo sobre todo a partir de la crisis económica de la gran recesión, ha vuelto. Y con una fuerza enorme”.

La culpa es de la pandemia, opina Villoria, y las tensiones que genera, económicas y sociales. Pero también de “la propia dinámica de la vida política, que cuando llega un test de estrés se demuestra que no está en condiciones de hacer frente a los problemas de los españoles”. “La pandemia nos muestra, y ahora también la nevada, que en el momento en el que se someten a un test de estrés, nuestras instituciones y nuestra clase política, sobre todo la clase política, fracasan”.

Pero no todo el mundo está de acuerdo. Lluís Orriols, profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Madrid, asegura que los estudios disponibles (aquí y aquí) indican todo lo contrario: un aumento de la confianza de los ciudadanos en las instituciones. En todo el mundo y también en España. 

Lluís Orriols: “No estamos viendo el deterioro que vimos hace diez años”

Orriols confirma que las crisis económicas suelen dañar la confianza en las instituciones, pero en este caso asegura que no hay evidencias que confirmen que eso esté pasando. Probablemente, aventura, porque la respuesta de los gobiernos a los problemas económicos está siendo muy diferente a la que tuvo lugar durante la gran recesión. “Las crisis económicas arrastran normalmente la confianza en los gobiernos y en ocasiones incluso al régimen. Pero no estamos viendo ese deterioro que vimos hace diez años”. La prueba, argumenta, es la suerte que han corrido los gobiernos. “Si hubiera un enfado con las instituciones acabaría en terremoto para los gobernantes y no estamos viendo castigo electoral. Así lo vimos en la crisis de hace diez años”.

El profesor de la Carlos III se cura en salud y subraya, no obstante, que esto es lo que se observa “hasta ahora”. Porque “una cosa es lo que se ve en la superficie” y otra muy distinta las “corrientes de fondo” que puedan existir y aún no son visibles. O la posibilidad de que la población tenga “umbrales de tolerancia que puedan superarse” en el futuro.

Sí observa Lluís Orriols una consecuencia negativa: un aumento de las “demandas tecnocráticas” a la hora de tomar decisiones y una tolerancia mayor a las “medidas iliberales”. La gente acepta mejor que “los poderes públicos invadan la esfera privada”, un fenómeno que considera “claramente derivado de que la única forma de luchar contra una pandemia es restringiendo libertades”. Se trata de algo que en sí mismo es inocuo, subraya, siempre que se agote con la pandemia. Otra cosa es que lo aprovechen actores políticos como los populismos de extrema derecha para promover cambios “estructurales”.

Cristina Monge comparte una reflexión que, a su juicio, valdría la pena investigar. “Cada vez confiamos menos en las instituciones, pero cuando viene un problema gordo, ¿a dónde miramos?”. Es una paradoja, “porque cada vez decimos que desconfiamos más, pero seguimos manteniendo” la mirada puesta en “lo público como un elemento central en nuestras vidas, sobre todo cuando vienen mal dadas”, como sucede en un evento como la pandemia o una tormenta de nieve.

Ha sido al final, pone como ejemplo haciendo referencia a las consecuencias de Filomena, “ha habido gente que después de diez días esperando” y al ver que su calle seguía impracticable, se ha organizado. “Unos han contratado a una empresa y lo han pagado entre los vecinos de la calle. Otros han cogido la pala y se han puesto a quitar nieve como han podido. Pero eso ha sido una reacción posterior, cuando efectivamente se ha visto que las instituciones no hacían su trabajo”.

Es lo que hicieron, por ejemplo, los voluntarios de los cuatro por cuatro, los vehículos privados todoterreno que se organizaron para ayudar a trasladar personas que lo necesitaban cuando las calles y muchas carreteras permanecían intransitables para otros vehículos, incluido gran parte del parque móvil de los servicios de emergencias.

Fue uno de estos cuatro por cuatro el que trasladó a Cristina Sanz, médica del centro de salud de Villarejo de Salvanés, para que pudiera dar relevo a una compañera que llevaba 48 horas trabajando aislada por la nieve sin ayuda de ninguna institución pública. Sanz narró hace unos días a la Cadena SER la situación de abandono del centro en el que trabaja, en el que por no tener a menudo carecen hasta de conexión a Internet y línea telefónica, lo que condiciona todo su trabajo, incluida la realización de test PCR y el rastreo de contactos en un área de atención con una incidencia por cada 100.000 habitantes superior a 2.000 personas.

Cristina Sanz: “A las instituciones les damos igual”

“Nos hemos visto desbordados; no damos abasto”, explicó esta profesional sanitaria que desde junio encadena 25 contratos. “La gerencia [sanitaria] no ofreció ninguna solución. A las instituciones les damos igual. Llevamos un año así. Parece que les da igual”. “Estoy muy enfadada con que se lleven años recortando los servicios públicos. Esto no sale de la nada y ahora es lo que tenemos”, lamentó.

Esa queja la comparten todos los ciudadanos con los que ha hablado infoLibre y que de un modo u otro han sentido en primera persona las consecuencias del abandono de “lo público”.

El movimiento vecinal madrileño sabe de esas carencias. Las ha vivido en primera persona desde que comenzó la pandemia —con la puesta en marcha de grupos de apoyo mutuo y despensas solidarias— y ha visto cómo se repetían durante la nevada—teniendo que montar grupos para abrir el paso hacia centros de salud, supermercados y colegios—.

Jorge Nacarino, responsable de la Asociación de Vecinos Puente de Vallecas, confirma que se trata de un debate abierto, aunque en última instancia los vecinos diesen un paso al frente. “Al final lo que nos importaba por encima de todo son nuestros propios vecinos. Somos parte de una comunidad y al final lo importante es que nadie pasara hambre” durante la pandemia o que todo el mundo “pudiera acudir a su centro de salud, al supermercado más cercano o al colegio” a pesar de la nieve y el hielo. “Lo hemos hecho por eso, pero sí que es cierto que hay un debate sobre por qué tenemos que ejercer un papel que debería hacer la propia administración”.

Lo ocurrido, en su opinión, demuestra que “la administración muchas veces no llega a muchos sitios a los que sí que llega el tejido social”. A pesar de que a menudo algunas instituciones o los grupos de la ultraderecha desprecian al movimiento vecinal tachándolo de “chiringuito”. Cuando llegó la nevada, recuerda Nacarino, fueron esos “chiringuitos” los que estuvieron “en la calle haciendo caminos vecinales y asegurando que nuestros vecinos pudiesen ir a su centro de salud o al supermercado para poder comer” mientras “los señoritos que nos acusaban estaban todo el día tuiteando porque a Donald Trump le habían quitado su cuenta de Twitter”.

Jorge Nacarino: “Desmantelar lo público lo que nos hace es perder capacidad de respuesta como sociedad cuando es más necesario”

El debate al que se refiere el dirigente vecinal madrileño versa sobre cómo se han ido debilitando en general los servicios públicos y cómo se delega esa responsabilidad en los ciudadanos. “Cuando nos quejamos de que el servicio público de empleo no nos atiende o que ha habido el problema que ha habido con los ERTE, tiene que ver con una política que durante siete años se ha dedicado a no contratar funcionarios y luego, cuando vienen mal dadas, nos damos cuenta de que la plantilla está envejecida y no tiene capacidad para dar respuesta a una crisis”, explica. “Durante años, nos han venido a decir que la administración sobraba, que los funcionarios sobraban”. Pero “ahora muchos se dan cuenta de que desmantelar lo público lo que nos hace es perder capacidad de respuesta como sociedad cuando es más necesario”.

Nacarino no tiene duda: “Aquellos países que tienen una administración potente, donde no se han desmantelado de la misma manera los servicios públicos y no se ha apostado por una privatización, la capacidad de respuesta es mayor”. Si has tenido una política de“desmantelamiento de los servicios públicos, como es el caso de Madrid, cuando llega un momento de crisis es muy difícil que de la noche a la mañana tengas capacidad de respuesta”.

Manuel Villoria: “Es como pretender hacer una carrera con un motor averiado”

Villoria lo expresa con una metáfora. “Es como pretender hacer una carrera de coches con un motor averiado. Nuestro motor son las administraciones y las instituciones y no funciona como el mundo empieza a demandar. El mundo va a una velocidad y nuestras instituciones todavía no están preparadas para correr esa carrera”. Hoy falta poner “al día” ese motor en una carrera que se basa “sobre todo en el conocimiento, los datos, la investigación y la capacidad de generar previsiones y escenarios suficientemente sólidos”.

Maribel Barreiro vive en Vigo y trabaja en una residencia de mayores, quizá el sector que mejor encarna el abandono de los servicios públicos. Es también portavoz del colectivo Traballadoras de Residencias de Galicia (Trega). Al principio de la pandemia, cuando más temían que el virus entrase en sus centros y “barriese” a los residentes, no se lo podían creer. “Estábamos anonadadas viendo cómo se estaban tirando los trastos en el Congreso y no había ningún tipo de solución. Cada uno tiraba por su lado cuando tú, como ciudadana, estabas diciendo: vamos a ver, os están diciendo que hay que tener un poco de unidad, estamos en plena pandemia, se está muriendo gente todos los días”.

Barreiro cree que aún hoy no se está dando respuesta a las necesidades de los ciudadanos ni mucho menos a las de los trabajadores de su sector. “Te encuentras un poco tirado. Y en el día a día tampoco sabes muy bien cómo actuar: había órdenes contradictorias”.

Maribel Barreiro: “Nadie hizo caso a las carencias. No sé si es porque los viejos no votan o porque somos pocos”

Esa sensación de desatención sigue viva ahora, en plena tercera ola, cuando la incertidumbre vuelve a apoderarse de las residencias. “Sigue habiendo un montón de brotes importantes” y cuando la Xunta interviene un centro no siempre moviliza personal adicional para hacer frente a las bajas de personal que provocan los positivos por covid-19. En la residencia en la que trabaja Barreiro ya les han puesto la segunda dosis de la vacuna, pero sigue habiendo muchos nervios. “Hubo una falsa alarma el fin de semana y la gente estaba histérica. Una con una crisis de ansiedad, otra llorando. La gente está tan nerviosa, tan saturada, que a la mínima saltan. Han sido meses muy duros, con miedo a tener la enfermedad, a contagiar a los residentes o a llevarte el virus a casa”. Muchas de sus compañeras, sin otro recurso a su alcance, optaron por irse a vivir solas para no correr el riesgo de infectar a alguien.

Visto en perspectiva, “lo que hizo la pandemia fue visibilizar unas carencias que son de muchísimos años atrás, pero que hasta ahora nadie les hizo caso”, concluye. “No sé si es porque los viejos no votan o porque somos pocos”.

Cristina Monge confiesa que cuando empezó la pandemia tuvo la esperanza, rápidamente disipada, de que los políticos aprovechasen la crisis para recuperar el valor de lo público. Si se “gestionaba un poquito bien había una oportunidad estupenda de recuperar confianza”, pero “no está siendo así”. Según sus datos, sí ocurrió en otros países europeos, al menos durante la primera ola. Pero ha sido allí donde todo el país ha cerrado filas en torno al Gobierno. Aquí el Gobierno “lo intentó”, reconoce, “con esa metáfora de la guerra”, que buscaba señalar “un enemigo externo común a todos”, pero no funcionó.

La percepción social de lo público está condicionada por la situación personal y la información accesible. Y esta, a menudo, sufre las consecuencias de la polarización política y mediática, así como del efecto resonancia de las redes sociales, que por su propio diseño tienden a extremar las posiciones. La consecuencia es que la opinión de los ciudadanos no necesita una base real sobre la que asentarse: a menudo le resulta suficiente encontrar apoyo en prejuicios y en la necesidad de navegar la realidad con el timón de lo que los psicólogos llaman el sesgo de confirmación: tendemos a buscar y recordar lo que ratifica lo que ya creemos y a descartar o ignorar lo que nos contradice.

De hecho, no tenemos indicadores objetivos que permitan juzgar si la tarea de una administración es eficaz o no. Si ha actuado correctamente o si, aun dando lo mejor de sí misma, se ha visto sobrepasada. Y no existen no porque no sea posible establecerlos sino porque España no dispone de herramientas suficientes de evaluación de las políticas públicas. Lo más parecido que existe es la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), cuyo primer presidente fue José Luis Escrivá, hoy ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Escrivá, en la cuota socialista del Gobierno, ya admitía en octubre de 2019 un “déficit evaluador” en las políticas públicas. La culpa tiene su origen, según la Airef, en cuatro grandes carencias: falta cultura de análisis y seguimiento, cultura de examen basado en la evidencia, un inadecuado seguimiento de las recomendaciones y falta de integración en los presupuestos.

Antes existió la Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios (Aeval), nacida durante el primer Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y liquidada en 2017 por el Ejecutivo de Mariano Rajoy.

Las consecuencias

Es difícil imaginar qué consecuencias puede tener dejar que la confianza en las instituciones siga deteriorándose. Cristina Monge asegura que “se ha analizado bastante mal el populismo”, que “viene precisamente de la desconfianza ciudadana en las instituciones democráticas”. Trump se fue de la Casa Blanca, admite, “pero el trumpismo goza de buena salud”.

En Europa, señala, ocurre “tres cuartos de lo mismo”. Y “es un momento crítico porque ahora, a los ojos de mucha gente, ya hay una alternativa”. Apoyada “en Estados Unidos por 75 millones de votantes que ya no tienen como bien supremo defender la democracia, porque la pueden sacrificar en favor de otras cosas. Tienen otras prioridades”. Algo que es fácil trasladar a España, donde Vox se convirtió en tercera fuerza en las elecciones de 219 y al que las encuestas de las catalanas pronostican un magnífico resultado.

“Hemos vivido con un sistema de democracia liberal muy exitoso en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta ahora y ese modelo da ya signos de agotamiento”, advierte Monge. ¿Qué hay que hacer? “Profundizar en democracia”, afirma sin titubear. La solución es “más democracia”, nuevos mecanismos de participación y nuevas herramientas de deliberación.

Y hace una última reflexión. “Cuando hablamos de desconfianza en las instituciones, pensamos en los políticos. Pero igual también deberíamos hacer una reflexión desde los medios de comunicación. ¿Qué papel estamos jugando? ¿Estamos ayudando a construir una sociedad más democrática o todo lo contrario?”. Lo mismo debería hacer la sociedad civil. “Porque es muy fácil tener un chivo expiatorio con el político de turno” sin preguntarte si tú, “como sociedad civil, estás asumiendo tu responsabilidad y tus obligaciones para construir una sociedad democrática”.

Estamos en un momento, sostiene, en el que “es muy importante” que todos, el sector público por supuesto pero “también el sector privado —que tiene mucho que decir, por ejemplo, en temas de corrupción—, los medios de comunicación, la gente que nos dedicamos a hacer opinión y análisis, el mundo académico y la sociedad civil nos preguntemos qué estamos haciendo”: aportar para “construir una sociedad democrática” o contribuir a señalar “un chivo expiatorio y quejarnos de lo mal que está todo”.

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23 Comentarios
  • elcapitantan elcapitantan 24/01/21 19:58

    """Miguel Angel Rodriguez emplea para Ayuso una estrategia de notoriedad. Ello significa buscar siempre titulares de prensa, acciones comunicativas, fotografías para salir en medios", asegura Xavier Peytibi, politólogo y consultor de comunicación política en Ideograma. La firme presencia mediática de Ayuso, enmarcada en un constante clima de polarización, permite a la presidenta construir un relato en el que logra aparecer como una líder activa.""



    "" Veronica Fumanal, presidenta de la Asociacion de Comunicacion Politica, opina que la presencia mediática, en estos momentos de "altísima polarización", no provoca desgaste: "La política ha dejado de ser un elemento de valoración racional para ser un elemento de creación emocional. Si mañana hubiera elecciones en la región, Ayuso se convertiría en una de las pocas líderes con mayoría absoluta". La experta en comunicación advierte que lo que genera desgaste no es aparecer en los medios, "lo que provoca desgaste es no aparecer"".
    ( Entresacado de un articulo de Publico.es).


    Lo que provoca DESGASTE es NO APARECER EN LOS MEDIOS de comunicacion, y qué hace ese holgazan de Angel Gabilondo?. deberia estar dando una entrevista diaria como hace Ayuso contrarrestando lo que dice esta individua, pero no, es más cómodo quedarse en casa calentito.
    Gabilondo gandul, dimite ya.

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    • Mayhem Mayhem 25/01/21 12:42

      Delante de la Asamblea de Madrid se detiene un Taxi vacío. Y de el se baja Ángel Gabilondo.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 24/01/21 16:43


    «Y hace una última reflexión (Cristina Monge). “Cuando hablamos de desconfianza en las instituciones, pensamos en los políticos. Pero igual también deberíamos hacer una reflexión desde los medios de comunicación. ¿Qué papel estamos jugando? ¿Estamos ayudando a construir una sociedad más democrática o todo lo contrario?''» Opino que algunos medios de desinformación, y entre ellos los que más medios tienen para hacerlo, tienen mucha responsabilidad en el estado actual de desconfianza hacia los políticos, y no sé si también hacia la política.

    Se pueden poner varios nombres de ¿periodistas? insultantemente bien pagados que desde radios (¡alguna de la Iglesia!), TV, prensa en papel o digital, propagan casi con fanatismo los mensajes mentirosos que transmiten políticos de la derecha extremosa que padecemos y los defienden aportando todo tipo de mentiras para justificarlos.

    Esta forma de comportamiento ha llegado al extremo en la etapa de Trump en EEUU de que algunos medios (tras muchos años de dar propaganda a todas sus mentiras) le han negado la divulgación de tanta basura como ha soltado ese personaje, intuyo que con el apoyo de su partido.

    Sí, me parece que algunos medios tienen muchísimo que ver en el cabreo, en la desconfianza que hay en la sociedad contra muchos políticos. Osasuna.

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  • Ibaetatik Ibaetatik 24/01/21 16:40

    Bueno, pues esa es la génesis del Trumpismo, de Vox, etc. La mayoría no son gente con cuernos o banderas confederales que asaltan capitolios o, en nuestro caso, gente de bigotito y brazo en alto; no, son gente como ustedes o como yo, que es probable que más de una vez hayan votado a la izquierda y que muchos de ellos tienen problemas para llegar a fin de mes. Las clases medias empobrecidas: todo muy estudiado.
    Cuando tomen el poder, o influyan en él decisivamente, no nos llevemos las manos a la cabeza, ni nos sorprendamos ni digamos eso de "no hemos sabido llevar el mensaje".

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  • Pelias Pelias 24/01/21 14:24

    (¿?¿?¿?¿?) ¿Y qué es Madrid?

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  • BACH BACH 24/01/21 13:51

    hasta las gónadas de Madrid¡

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  • JOECAR JOECAR 24/01/21 12:47

    Nuestro modelo de Estado está basado en la descentralización de servicios y las Comunidades Autónomas se crearon para hacer realidad ese modelo. Esta Pandemia ha puesto en entredicho tal modelo y ahora es tiempo de ajustarlo y hacer que sea eficiente. Los ciudadanos estamos hartos de que no haya coordinación y no se sigan las directrices que se marcan. El Gobierno, para bien o para mal, es el que las marca LAS LINEAS y junto con el Parlamento hace, en teoría, que todo funcione. Son las CA las que tienen las competencias y quienes deben realizar las políticas. Si hay una directriz y una CA no la sigue como Madrid p.ej., todo el sistema se resiente y perjudica. COORDINACION es lo que se necesita e IDA Y OTROS TIENEN QUE SINTONIZAR CON EL GOBIERNO Y AL REVÉS.

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  • cm cm 24/01/21 12:00

    "¿Están las administraciones a la altura de lo que esperan los ciudadanos en crisis como la pandemia o situaciones de emergencia como la tormenta de nieve?" Por qué extender la basura a todos? Quiénes gestionan la pandemia? Quienes han gestionado de forma desastrosa la nevada? Harta de que se extienda, para no complicarse cobardemente, el desastre y pretender que la desconfianza de los ciudadanos es debida a que las instituciones no están a la altura. Eso puede decirse del alcalde de Madrid y de la presidenta Ayuso.

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  • Petín 1 Petín 1 24/01/21 11:06

    No sé cómo habrá sido en el resto de España, ni siquiera sé cómo ha ido en el resto de Madrid, pero en los alrededores de mi casa, las calles están siendo transitables, ahora, las basuras han sido recogidas, ahora y los jardines siguen estando sin limpiar, como habitualmente, aunque he visto un camión recogiendo el ramaje caído en las aceras.

    Dejó de nevar el día 11 lunes y no se ha podido salir de casa, andando normalmente, en 10 días. Desesperante.

    La atención al ciudadano de Madrid, en esta emergencia ha sido, no nefasta por no haber existido, ha sido nula, han esperado a las lloviznas para que se derritiese la nieve de los semáforos. pasos y cruces de peatones, 12 días sin recoger las basuras, los jardines siguen igual, 14 días después.

    Evaluación como madrileño de barrio: Inexistencia total de iniciativa y completa desorientación de nuestros dirigentes, tanto del Ayuntamiento como de la Comunidad.

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    • Isabelle006# Isabelle006# 24/01/21 13:31

      Todo Madrid ha estado de autentico asco y sospecho que lo que buscaban esos dos golfos, Almeida y Ayuso, era victimizar la situación para que desde el gobierno central les soltaran más pasta. No sé dónde están los de Florentino Pérez ACS que se llevaron las contratas de limpieza de la capital, no sé si será verdad pero me han dicho que este potentado las ha subcontratado a una empresa china. Así nos va, en lugar de municipalizar servicios como quería Carmena, se siguen haciendo subcontratas con sueldos miserables para forrarle los bolsillos a los florentinos y chinos.

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      • Edmundo Edmundo 24/01/21 16:33

        En mi opinión lo que la de derecha dura y/o extrema derecha de este país está haciendo es un táctica tan vieja como eficaz. Un asalto al estado mediante la generación de caos y la creación de uno varios chivos expiratorios.

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        • Isabelle006# Isabelle006# 24/01/21 19:27

          Coincido, es un clásico, la ultraderecha y derecha extrema de la Comunidad de Madrid y su nivel de rendimiento subversivo ha recibido el grado máximo de Sobresaliente Cum Laude por la Universidad de Golfos, Golfas y Maleantes contra el artículo 31.1 y 31.2 del Título I. De los derechos y deberes fundamentales de la Constitución española y contra su Estado del bienestar.

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  • GRINGO GRINGO 24/01/21 10:45

    No nos engañemos, esto no sólo pasa ahora, ha pasado siempre, la derecha tratará de deslegitimar a éstas Instituciones porque eso le acercaría a su origen, una sociedad donde la democracia no tenga cabida.

    Por eso cuando gobiernan tratan de sacar el mejor partido, esquilmando todo lo que tocan, y cuando están en la oposición torpedeando al gobierno de turno, con el mismo fin, acabar con la democracia y volver a sus orígenes.

    Es una versión del "mía o muerta"....

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  • Oveja Oveja 24/01/21 09:18

    Es triste, pero la desconfianza en las instituciones se la han ganado a pulso políticos y funcionarios corruptos a todos los niveles. Desde los trapicheos en la adjudicación de puestos hasta los grandes casos como Gürtel. Pasan muchas cosas de las que no te enteras sino tienes a alguien que esté implicado o cercano al caso. Funcionarios que no van a trabajar, mientras otros fichan por ellos o que se van de compras en mitad de la jornada laboral. Gente incompetente en puestos de responsabilidad, solo, para cubrir el cupo del partido correspondiente. Mucha de esa desconfianza viene de la impunidad. Quien denuncia esta “muerto“ laboralmente y socialmente. Es un cúmulo de promesas incumplidas, nepotismo, corrupción y por supuesto neoliberalismo. Tu votas y ahí se acaba tu aportación a la democracia, salvo que te eches a la calle y protestes. Los políticos tienen mucho trabajo que hacer para demostrar que entienden que su cargo implica servir a los ciudadanos y sus interesas y no pensar que están en un buffet libre.

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    • JOECAR JOECAR 24/01/21 14:12

      Bien, pues que se pongan los mecanismos de inspección y supervisión a funcionar. El problema es que la Admon. no es una maquina perfecta y tiene fallos y la corrupción propicia que los listos se queden con "su parte". Filesa, Gurthel, Las Teresitas, el 3%, etc... hasta donde quiera se pueden cortar y evitar que se produzcan. Menos mal que el sistema funciona y se descubren esas corruptelas. La cuestión está en que todos seamos responsables y el espíritu de "no hagas lo que no quieras que te hagan a ti", debería presidir la vida.

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    • 30junio 30junio 24/01/21 11:03

      Vd pone en foco en el funcionariado, yo los llamaría empleados públicos, xq no todos son funcionarios, cargando sobre los de abajo... los de a pié. No es éste colectivo, el de más bajo escalafón, el q genera la desconfianza en las Instituciones, sino la clase política la q organiza, decide, distribuye y legisla sobre los RR.HH. de la Administración. Y viendo los q llegan a mandarnos, encuentro un % altísimo de mediocres, inútiles, pelotas, advenedizos y oportunistas. Toda esta tropa, con sus jefes al frente, q sólo funcionan para agradar al jefe de turno, léase Casados, Sánchez, Aznares, González, Rajoyes etc, etc... esra tropa, repito, es la q maneja los hilos de los servicios públicos.

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      • Isabelle006# Isabelle006# 24/01/21 13:39

        Totalmente cierto, se nota que conoce bien el percal.

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