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'El último vergel'

La eterna lucha por la tierra tras la oposición al golf en la Costa del Sol

  • El último vergel es el primer capítulo de la serie documental Se vende, que ha lanzado un crowdfunding para financiar su trabajo sobre el pasado, el presente y el futuro de la depredación urbanística en el litoral malagueño
  • Los descendientes del Marqués de Larios quieren construir un complejo de lujo en Maro (Nerja), en una zona tradicionalmente destinada a la agricultura y cuyos labradores han peleado durante décadas por la propiedad
  • El trabajo del director Daniel Natoli trasciende la disputa ecologista y construye una voz colectiva sobre la cuestión de la tierra, que ha vertebrado la identidad andaluza
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Publicada el 24/02/2021 a las 06:00 Actualizada el 24/02/2021 a las 10:45
Fotograma de 'El último vergel'.

Fotograma de 'El último vergel'.

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"A Maro la quieren convertir en otra Marbella". La oposición a un campo de golf en el paraje natural Acantilados de Maro-Cerro Gordo, enclave privilegiado entre la montaña y el Mediterráneo situado en Nerja (Málaga), va más allá de la clásica reivindicación ecologista por la preservación de un ecosistema: va de un modo de vida centenario y con visos de desaparecer, una resistencia que encuentra sus raíces en siglos de lucha contra el terrateniente, unas palabras que resuenan y que aún están lejos de extinguirse: la tierra, de quien la trabaja. El último vergel es el primer capítulo de Se vende, serie documental que busca apoyo mediante crowdfunding para financiar más entregas sobre la depredación urbanística en la Costa del Sol; sobre "la relevancia de los valores medioambientales, paisajísticos, históricos y comunitarios de zonas en riesgo por proyectos de desarrollo de dudosa sostenibilidad". 

Se vende / 1x01 - El último vergel from Peripheria Films on Vimeo.


"Es el último territorio que se puede decir que es virgen... es un vergel, el último vergel". Maro tiene el honor de haberse mantenido, hasta ahora, al margen del ladrillazo que inundó la Costa del Sol durante las últimas décadas. Aquí no hay apartamentos a pie de playa: sí que se mantienen calas solo accesibles a nado, aguas transparentes y fauna y flora acuáticas a su libre albedrío, impresionantes cascadas... el poco espacio que le deja a la playa el avance de las montañas no permitió el avance del sector turístico. Sí pervive el primario, la agricultura que aprovecha a golpe de invernadero las excepcionales condiciones climáticas de la zona. Desde hace siglos dependen de los terratenientes, la familia Larios, cuyo segundo marqués preside la calle que lleva su nombre con una estatua en el centro de la capital. Han rechazado en varias ocasiones vender la tierra, solo se abren a contratos de corta duración y ahora quieren, a través de la compañía Salsa Inmobiliaria, acabar con los huertos para instalar un complejo con un campo de golf, un hotel y viviendas de lujo. 

Daniel Natoli es el director de El último vergel, el primer capítulo de Se vende. Las productoras Peripheria Films y Criocrea están detrás de la serie documental, que cuenta con el apoyo de Rizoma Fundación y de un proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Ciencia. Confirma que no se trata, al menos únicamente, del impacto medioambiental o paisajístico en la última aldea gala frente al avance del imperio. Se trata de la lucha contra el cacique que ha impregnado la historia de Andalucía, que en su propio himno canta aquello de "pedid tierra y libertad". "Esto nos puede sonar como a un problema del siglo XIX, pero en el siglo XXI todavía existen este tipo de latifundistas. Es un problema real, es necesario que se cuente. El debate y el dilema y es ese: la propiedad es privada pero el destino y el futuro afecta a todos. ¿Quién decide ese futuro?", se pregunta el director. 



"El vínculo de 400 años con la tierra". El último vergel está trufado de testimonios. A muchos se les pone cara, a ninguno se les pone nombre. "Hemos intentado sacar una voz colectiva, del pueblo", explica Natoli, que asegura que le ha costado más de lo que parece encontrar voces en contra de la familia Larios. "Los terrenos dependen de ellos. Existe un cierto pavor a hablar delante de la cámara". Les pueden rechazar la prórroga del contrato. Hacerles la vida imposible. Muchas familias de Maro y de Nerja dependen de sus cultivos.

También fue complicado encontrar voces a favor, aunque tampoco planeó la equidistancia. "El pueblo está dividido, realmente". Las promesas de empleo y de estabilidad, frente a una agricultura dependiente de los designios del terrateniente, seducen. "Nos hemos centrado en las voces en defensa de sus valores, porque nos lo encontramos así y porque la familia Larios tiene canales de difusión mucho más potentes", narra Natoli, que hace referencia a una "dicotomía perversa": el campo de golf, las viviendas de lujo y el hotel suponen un futuro al menos tangible frente a un sector primario que, en Maro, se ahoga entre el mar y la montaña. "La gente del pueblo que se enfrenta a este dilema nunca encuentra una alternativa". 

El germen: una deuda "ilegítima"

"No puedes apostar todo a la misma baza", narra una de las entrevistadas en el documental, en referencia al turismo que ha funcionado como palanca productiva en la Costa del Sol y que ha mostrado sus debilidades con el covid. El reportaje intercala intervenciones de los protagonistas con planos de enorme belleza de los huertos, de la costa, de las casas blancas. Jorge Alaminos, portavoz de la plataforma Otro Maro y Nerja es Posible, es una de esas voces. Explica que el germen de la intervención que pretende la familia Larios está en una deuda que el Ayuntamiento de Nerja contrajo con ellos. Son propietarios de decenas de hectáreas en la zona y el Consistorio les pidió la cesión de terrenos para instalaciones de interés público, como colegios o un parque de bomberos. Ahora quieren cobrársela. Está en trámites de aprobación un convenio entre la corporación municipal y los Larios, mediante la cual la compañía condona parte de esa deuda... a cambio de que inicien los trámites para el cambio de uso de suelo, primer paso para el megaproyecto que tienen entre manos. 

Alaminos habla de una deuda "ilegítima" que no debe ser pagada por todos los nerjeños. Apunta y dispara: "El convenio es un ajuste de cuentas de la casa Larios con los políticos". Los esfuerzos de la oposición al proyecto urbanístico están centrados en denunciar ese acuerdo, si finalmente sale adelante: posteriormente tendrá que pasar por el visto bueno y por la evaluación ambiental de la Junta de Andalucía, favorable a este tipo de iniciativas tras el decretazo que simplifica trámites administrativos y que está elevado al Tribunal Supremo por la oposición. 

No es un proyecto a corto plazo. Probablemente pasarán años, si no décadas, antes de ver un campo de golf en Maro, si es que alguna vez lo vemos. Pero el conflicto por la tierra tiene consecuencias ahora. Ya en los noventa, un grupo de colonos –así llaman los nerjeños a los trabajadores de estas tierras– se encerraron en la Cueva de Nerja para exigir la propiedad de los terrenos. Ahora, el relevo generacional de los agricultores está parado: los jóvenes no saben si dedicarse al campo ante la "incertidumbre, que bien refleja Dani y su equipo" de no saber cómo se resolverá la disputa. Y las condiciones que imponen los Larios.

"Estas tierras están vinculadas a la gente de Maro desde hace más de 400 años", asegura Alaminos. Desde hace siglos, los terrenos pertenecen a un único propietario. Pero se podía vivir. "Los contratos eran históricos y estables. Ahora se hace prácticamente imposible. Los contratos son de nueve meses, renovables o no. Dependiendo de cómo te portes, de lo que protestes". Los llamados neocolonos, muchos extranjeros que vienen a la Costa del Sol a desarrollar proyectos de agricultura ecológica, desisten. A los Larios les interesa, argumenta el activista, mantener la zona cuanto más abandonada mejor, y con los menos compromisos contractuales posibles, para ejecutar sus planes. El campo de golf es el futuro, la precariedad, el miedo y la ausencia de futuro son presente. 

Este miércoles se lanza el crowdfunding a través de la plataforma Goteo para financiar el resto de capítulos de Se vende. La serie documental pretende enmendar la totalidad de los conceptos de desarrollo y progreso en la Costa del Sol, íntimamente ligados en los últimos años al turismo sin control, a la infraestructura por encima de la vida. Los capítulos proyectados abordarán la reivindicación de un bosque urbano en uno de los distritos más masificados de la capital, la polémica construcción de un rascacielos en el puerto, la gentrificación, los impactos ambientales de la industria a pie de playa y la historia de una ciudad "configurada a través de la corrupción": Marbella. Pero necesitan dinero para ello. "Es una serie que tampoco tiene una intención comercial. No queremos venderla a ninguna plataforma, sino dar a conocer estas problemáticas", asegura su director. 
 

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3 Comentarios
  • Chinchirina Chinchirina 25/02/21 00:01

    Ver lo que se ha echo en toda la costa deprime. Creo que ya es insalvable. Y sí, yo tampoco se que es peor, si el golf o el aguacate.

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  • Maestro Galiano Maestro Galiano 24/02/21 09:40

    No sabemos muy bien si se gasta más agua en los campos de golf o en las plantaciones de aguacates. La verdad es que precisamente a partir de Maro y en la costa granadina abunda el agua aunque no sobra. Sin embargo paradójicamente en toda la costa de granada sólo hay un campo de golf, en tanto la costa de Málaga exprime sus últimos metros verdes en mor de una explotación económica que con la pandemia ha desvelado su fragilidad, la exposición permanente a la ruina que se motiva por muchas causas, el turismo al igual que el dinero es muy cobarde y además está sometido a las modas, a una feroz competencia, a fenómenos climáticos, terrorismo, las guerras, graves problemas medioambientales, etc. España debe replantearse de una vez su modelo económico y diversificar sus riesgos. El ladrillo, el turismo, la cultura de los festejos masivos permanentes, constituyen un modelo caduco y peligroso. Es la hora de decir, basta. A no más de cuatro kilometros, con la aquiescencia y la incomprensible ansia recaudatoria del ayuntamiento de Almuñecar se permitió construir en el espectacular Paraje Natural de Cerro Gordo, que linda con Maro, invadiendo gravemente la flora y la fauna del Parque. Se les olvidó que eran terrenos inconsistentes y la macro-urbanización de los Cármenes del Mar, se fue resquebrajando hasta la ruina de sus compradores. Nadie quiere hacerse cargo de los daños. Desesperados, se los están reclamando a la Universidad de Granada. En tanto los ecologistas, con su beneplácito, se han escondido en los terribles socavones del Parque. Más de los mismo.

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  • Republicano1944 Republicano1944 24/02/21 09:23

    Escapad gente tierna que esta tierra está enferma...

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Opinión