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40 años del golpe de estado

Hablan los protagonistas de la histórica marcha del 27-F: “Fue la constatación de que la sociedad no quería volver atrás”

  • “Hubo una fuerte discusión sobre si acudir o no”, cuenta Jorge Verstrynge, entonces secretario general de Alianza Popular, un debate que quedó zanjado en cuanto Fraga mostró su intención de asistir
  • El histórico del PCE Nicolás Sartorius y el sindicalista José María Zufiaur, entonces miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de UGT, dicen que fue “sencillo” el acuerdo de todas las formaciones en la organización de la marcha 
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Publicada el 27/02/2021 a las 06:00
Cabecera de la manifestación del 27 de febrero de 1981.

Cabecera de la manifestación del 27 de febrero de 1981.

EFE

Cuando el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero irrumpió en el Congreso de los Diputados al frente de dos centenares de miembros de la Benemérita, el joven Diego López Garrido se encontraba en el hemiciclo. Por aquel entonces, no era representante político. Simplemente, ejercía como letrado en las Cortes. Pero allí estuvo, durante horas, con el repiqueteo de aquel fusil que puso a todo un país a contener el aliento resonando en su cabeza. Cuatro décadas después, este exsecretario de Estado aún conserva en su memoria retales de aquellas jornadas angustiosas. Como también de la demostración de dignidad de toda la sociedad española tan solo setenta y dos horas después de que fracasase la intentona golpista. Aquel viernes, la ciudadanía dijo alto y claro a los elementos involucionistas que el único futuro que concebía era el democrático. Y lo hizo de forma masiva y contundente. “Es la manifestación más grande a la que he ido en toda mi vida”, recuerda Garrido, quien no olvida la emoción que se respiraba en el ambiente aquella tarde de febrero en la capital que ha quedado marcada a fuego en el recuerdo colectivo.

Desde la muerte del dictador, el ruido de sables había sido constante. Sólo hay que recordar la famosa operación Galaxia. Sin embargo, el asalto a la Cámara Baja puso en evidencia la existencia de un peligro real. Por eso, una vez restablecida la normalidad, era fundamental una respuesta firme por parte de la sociedad. Partidos y sindicatos pusieron sobre la mesa la posibilidad de organizar una gran movilización en defensa de la recién nacida democracia. Una propuesta que generó ciertas dudas en alguna organización. Jorge Verstrynge era, por aquel entonces, secretario general de Alianza Popular (AP). “Hubo una fuerte discusión sobre si acudir o no a la marcha”, confiesa al otro lado del teléfono en conversación con infoLibre. El exdiputado señala que tanto él como Gabriel Camuñas y Fernando Suárez estaban a favor de acudir porque, de no hacerse, se evidenciaría una complicidad de la formación con la intentona. Con una posición contraria sitúa a Félix Pastor, quien fuese presidente de la organización, o Alfonso Osorio. “Había miedo porque no estaba claro que todo se hubiera resuelto. Si dábamos el paso, nos identificábamos claramente en contra de los golpistas”, dice Verstrynge.

Los partidarios de sumarse a la manifestación decidieron entonces ir a ver al presidente del partido, Manuel Fraga, para trasladarle su intención de respaldar sí o sí la iniciativa. Si no era de la mano del partido, lo harían a título individual. “Fue entonces cuando nos dijo que él también asistiría”, cuenta Verstrynge. De esta manera, se abrió la puerta a una demostración de fuerza totalmente transversal en favor de la democracia. Las diferentes formaciones se pusieron manos a la obra. Se creó un grupo de trabajo formado por representantes de los cuatro principales partidos políticos de ámbito nacional –UCD, PSOE, PCE y AP– y de los dos sindicatos mayoritarios –CCOO y UGT–. Nicolás Sartorius, exdirigente del Partido Comunista, tenía entonces 42 años. Recuerda que fue “fácil” llegar a un “consenso” entre todos los grupos. Principalmente, porque había un sentimiento común y no se entraba para nada en contenidos programáticos. “Había una posición absolutamente compartida, no recuerdo que hubiera que negociar nada”, coincide, por su parte, José María Zufiaur, entonces miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de UGT.

El único incidente que se produjo, recogido por el diario Abc, fue en la reunión que los organizadores celebraron el 26 de febrero en la sede de la UCD. Tanto el PSOE como UGT se negaron a sentarse en la mesa hasta que no se retirara de allí una delegación de la Unión Sindical Obrera (USO). Al final, los representantes de este sindicato acabaron abandonando el cónclave y retirando su apoyo organizativo al acto, dejando margen a sus afiliados para participar o no. Con este escollo superado, pronto se alcanzó un acuerdo entre todas las partes. Así, todos los implicados decidieron que la comitiva la abriese una pancarta con un lema sencillo a la par que contundente –Por la libertad, la democracia y la Constitución–, seguido por un segundo bloque con una gran bandera española. Luego, se distribuirían las diferentes organizaciones convocantes por orden, de acuerdo a su representación numérica. Para leer el manifiesto final, se decantaron por quien hubiera sido presidente de las Cortes en la etapa constituyente, Antonio Hernández Gil.

Todo estaba listo para la demostración de fuerza y unidad. Aquel viernes, algunos de los principales diarios recordaban a los ciudadanos la cita para defender la democracia. “Al pueblo de Madrid. […] Los partidos políticos y centrales sindicales, reunidos en Madrid, convocan a todos los madrileños a manifestar, masiva y responsablemente, su firme apoyo a las instituciones, su inequívoca defensa de la democracia y de la Constitución y su apasionada voluntad de ser libres”, se leía a toda página en el diario Abc. Todos eran conscientes de la importancia de una asistencia masiva: “No nos podíamos permitir una imagen con poca afluencia de personas”. Sin embargo, los organizadores confiaban en ser capaces de desbordar las calles de la capital. Tanto es así que acordaron movilizar a sus respectivas organizaciones a fin de constituir el servicio de orden de la comitiva, que estuvo integrado por cinco millares de personas. Para hacerse una idea de la dimensión, son catorce veces la actual composición del Congreso dedicándose en exclusiva a controlar que la marcha discurriese sin complicaciones.

Reflejo del consenso

Aunque los nubarrones en el cielo anunciaban lluvia, aquella tarde toda la ciudad se echó a la calle. Una hora antes de la cita, las vías atestadas anticipaban el éxito de la convocatoria. Poco a poco, fueron llegando los líderes políticos que encabezarían la marcha. Allí, junto a la glorieta de Embajadores, se fueron agrupando el socialista Felipe González, el ucedista Agustín Rodríguez Sahagún, el conservador Manuel Fraga o el comunista Santiago Carrillo, que llegó como un reloj a la hora marcada, ni un minuto antes ni uno después. Con ellos, los máximos responsables sindicales, Marcelino Camacho y Nicolás Redondo. Una amalgama de sensibilidades políticas unidas en defensa de la libertad. En la cabecera, se respiraba un ambiente festivo. De hecho, el secretario general de CCOO y el líder de AP protagonizaron una de las anécdotas de la jornada, según recogieron algunas crónicas de la época. “Le estoy metiendo mano a Marcelino”, bromeaba Fraga mientras agarraba al dirigente sindical. “Sí, Manuel, pero si no estuvieras tan gordo iríamos más anchos”, replicaba entre risas Camacho.

La pancarta que abría la marcha era de tales dimensiones que alrededor de una veintena de personas fue detrás de ella durante el recorrido. Ahí se encontraban aquel viernes de febrero de hace cuarenta años Sartorius, Verstrynge o Zufiaur. “Fue muy emocionante y simbólica, la constatación de que la sociedad española no quería volver atrás, la consolidación del proceso democrático”, recuerda el exdirigente comunista. “Recuerdo la exaltación y la bonita acogida de la gente, desde las aceras o en la propia cabecera”, cuenta quien fuera secretario general de Alianza Popular. Aunque era la consigna, fue imposible mantener un silencio sepulcral. Los gritos de “¡Democracia y libertad!”, “¡Democracia sí, dictadura no!”, “¡Viva la libertad!” o “¡El pueblo unido jamás será vencido!” resonaron con fuerza a lo largo de los casi dos kilómetros de trayecto. Lemas que se entremezclaron con pancartas a favor del rey Juan Carlos I o contra el golpe. “Prohibido prohibirnos leer, hablar y pensar”, rezaba una de ellas, que se encargó de desplegar un grupo de estudiantes.

Al abogado Antonio Garrigues Walker, presidente del prestigioso bufete Garrigues, le ofrecieron unirse a la cabecera, en la que también se dejaron ver algunos de los pesos pesados de la banca privada. Sin embargo, cuenta que prefirió diluirse con la gente. “Recuerdo la tristeza del 23-F y lo mucho que me preocupaba la imagen sobre España que podía haber en el exterior. Sin embargo, la reacción natural, espontánea, de la sociedad dejó claro que la democracia española no era tan frágil”, rememora el jurista de 86 años al otro lado del teléfono. De aquel día, Garrigues resalta la importancia de que todo el mundo se echase a la calle sin importar la opinión y la tendencia política. “Fue la demostración inequívoca de que no había vuelta atrás”, asevera. Como él, quienes portaron la pancarta principal también destacan la importancia de aquella transversalidad que, en opinión de López Garrido, permitió movilizar a centristas, comunistas, progresistas o conservadores. “Fue un reflejo del consenso que había hecho posible la Constitución”, dice Sartorius.

“El pueblo no se ha conformado con ser espectador”

Durante la marcha, se produjo algún que otro susto que evidenciaba que los nervios aquellos días estaban a flor de piel. El diario El País, por ejemplo, recogió un apagón en el paseo del Prado que desató los gritos de los jefes del servicio de orden de la marcha o un intento de arremeter contra la manifestación de un conductor ebrio. Pero, tres horas después del inicio, la pancarta logró alcanzar su punto final: la plaza de las Cortes. El enclave, y las calles adyacentes, estaban a rebosar. La cabecera apenas pudo acercarse al estrado que se había dispuesto frente a la escalinata principal del Congreso. Allí esperaba el silencio la periodista de Televisión Española Rosa María Mateo, quien se hizo cargo de la lectura del manifiesto por la ausencia de Antonio Hernández Gil. “Los días 23 y 24, grupos golpistas intentaron destruir las instituciones democráticas, la pacífica convivencia de los españoles y la Constitución que, mayoritariamente y libremente, nos hemos dado en el ejercicio de la soberana e indomable voluntad popular”, arrancaba el escrito que sostenía entre sus manos.

Aquel era un texto en el que se ensalzaba la labor de los medios de comunicación o la Corona, constituida en “garantía de la democracia”. También de las Fuerzas Armadas y los Cuerpos de Seguridad, resaltándose que no debía confundirse a “grupos sediciosos” con la totalidad del Ejército o la Guardia Civil. Pero, sobre todo, el manifiesto era un grito de libertad. “El pueblo no se ha conformado con ser espectador, sino que se sabe protagonista de su historia y ha querido y quiere comportarse como tal. Por eso estamos aquí, expresando, solidariamente, con emoción contenida y con honda reflexión, nuestra decisión de vivir en democracia y nuestra voluntad de impedir que se reproduzcan hechos amenazadores para la imprescriptible libertad”, señaló Mateo. Una intervención culminada con un “¡Viva la Constitución!” y “¡Viva la democracia!” que puso fin a una marcha a la que asistieron entre millón y medio y dos millones de personas. Una de las manifestaciones más masivas que se recuerdan. Un acontecimiento que dejó claro a los que estuvieran tentados de regresar al pasado que el pueblo no se lo permitiría.

 

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18 Comentarios
  • jumar jumar 27/02/21 19:50

    Hablar de cobardes o valientes, me parece que es enfocar muy mal un problema social (a veces con muy mala leche). Una cosa es un comportamiento individual, otra el colectivo y personalmente conocí personas cobardes que hacían cosas que podemos decir, muy valientes y viceversa.
    Pero esa terminología, la cartilla militar la trataba de otra forma:
    VALOR : se le supone.

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  • GRINGO GRINGO 27/02/21 16:41

    Esto que comenta Diego López Garrido,

    "Como también de la demostración de dignidad de toda la sociedad española tan solo setenta y dos horas después de que fracasase la intentona golpista.
    Aquel viernes, la ciudadanía dijo alto y claro a los elementos involucionistas que el único futuro que concebía era el democrático.
    Y lo hizo de forma masiva y contundente"...,

    Tiene razón, pero no toda la razón, lo que no menciona, y también nos atañe a esa mayoría que se manifestó o que apoyaban esa manifestación aún no estando allí, es que el 23F "esa misma sociedad, entre los que me encontraba yo, no hizo/hicimos nada por defender esa democracia, y asistimos acojonados a los acontecimientos, dispuestos a asumir que volvíamos a lo conocido, ya saben "más vale malo conocido, que bueno por conocer".

    Por eso quizás hemos sido demasiado benévolos con el "Demérito", porque nos creímos "el relato", de que fue el que hizo el trabajo que no quisimos/supimos hacer".

    Qué poco hemos evolucionado.

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    • MIglesias MIglesias 27/02/21 18:13

      El miedo es libre, compañero, venimos de una larga saga de cobardes que han vivido lo suficiente para reproducirse ¿por qué crees que hay tan pocos valientes?
      Ahora en serio, nos dejó en shock, teníamos la memoria muy reciente y estábamos esperando acontecimientos, hasta los del 2 de mayo tardaron varios meses en reaccionar. El instinto de supervivencia es una fuerza muy poderosa.

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      • GRINGO GRINGO 27/02/21 18:19

        Está claro Miglesias, pero es que ahora aparecen "tantos héroes y luchadores por la democracia" que dan un poco de vergüenza ajena.

        Falta autocrítica, nos engañan, y nos seguimos engañando.

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        • MIglesias MIglesias 27/02/21 18:53

          Jajajjaaaa La memoria tiende a magnificar lo que nos ensalza y minimizar lo que nos deja al nivel de simples mortales, por ir a una mani o pegar unos carteles ya nos vemos cruzando el Rubicón. Batallitas del abuelo Cebolleta.

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  • MIglesias MIglesias 27/02/21 15:05

    Yo fuí a la manifestación, por aquel entonces ya hacía tiempo que militaba en CCOO, pero no fui con los compañeros, fui con dos amigas que votaban a AP. A veces nuestros prejuicios no nos dejan analizar la realidad con objetividad, tendemos a investir a nuestros adversarios políticos de todos los vicios y a nosotros de todas las virtudes, yo he tenido la suerte de cabalgar entre dos mundos y en los dos he encontrado demócratas convencidos, gente estupenda, gualtrapas, demócratas de boquilla y hasta republicanos de derechas.

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    • MIglesias MIglesias 27/02/21 18:15

      Esto debería haber salido como respuesta a Arbillaga.

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  • mirandoelsol mirandoelsol 27/02/21 09:26

    Buena historieta para contar a los que no estaban, pero la única verdad es que ese pueblo y todos sus representantes estaban "cagaos" de miedo, esperando ver que ocurría, siempre hemos sido unos cobardes, y lo digo yo que los carros de combate pasaban por mi lado a dos palmos, nunca me parecieron tan enormes a pesar de estar familiarizado con ellos en la "mili". Así que menos historias de pueblo valiente, de haber triunfado ese golpe por los cobardes que lo propusieron, hubiésemos pasado de la naciente democracia a otra dictadura sin levantar la voz. Yo lo viví, y vi como en todos sitios escondián papeles e incluso algunos se marchaban a sus segundas viviendas al pueblo. Así que menos historias, y gracias al egoísmo de unos y desconfianza de otros, el golpe de estado se rompió, se rompió por los mismos que desde el principio lo habían llevad a cabo.

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  • jumar jumar 27/02/21 08:51

    Al observar el comportamiento de las manadas cuando son atacadas, veremos que la tendencia es agruparse (formar una piña) porque al primero que cazan es al que queda con el culo al aire.

    No es que sea crítico hoy, tambien entonces. Mucha gente se dedica a repetir tópicos como : para que no vuelva a suceder, esto no tienen marcha atrás, ...... Me parece que el fenómeno es igual, que repetir una mentira 100 veces, para que la gente se la crea y seguir utilizandola como un axioma.

    Pero lo único que se busca es retornar a "UNA NUEVA NORMALIDAD", que siempre resulta ser muy CASPOSA.
    Se trata de CAMBIAR EL DISCURSO para que todo siga igual y se pueda seguir, haciendo lo mismo :

    al juego, hagan al juego, hagan al juegooo .... de moda, .. ; algo así cantaban ya nuestros mayores.

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  • Canija Canija 27/02/21 07:51

    ¡¡¡ cuidado con los herederos de los golpistas que los tenemos muy cerca!!!

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  • Setito de Tweeter Setito de Tweeter 27/02/21 07:22

    PUES LAMENTO DECIRLE AL PUEBLO , QUE NOS LA HAN METIDO DOBADA DIA TRAS DIA , AÑOS TRAS AÑOS, DECADAS TRAS DECADAS , poquito a poco , sin darnos cuenta.....manteniendo a fraquisstas ebn sus puestazos , sin castigo alguno, y colocando a otros en puestazos de IBERDROLA, ENDESA, GAS NATURAL, BBVA, SANTANDER, Y OTROS MUCHOS SITIOS .

    aqui podreis ver las pruebas de mis afirmaciones.
    Los consejos de administración de Endesa, La Caixa, Telefónica o Iberdrola fueron el cobijo en democracia de la mitad de los últimos ministros franquistas. La otra mitad recalaron en la política. También en la justicia hubo puerta giratoria: 10 de los 16 jueces del Tribunal de Orden Público franquista ascendieron al Tribunal Supremo o la Audiencia Nacional.
    PRUEBA CLARA DE LA HIPOCRESIA DE FRAGA Y DE MUCHOS OTROS , CLAMANDO VICTORIA CON ESA DEMOCRACIA SIMULADA MANTENIENDO VIVO EN FRANQUISMO EN B HASTA HOY

    https://desmemoria.eldiario.es/cargos-en-democracia/

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  • MIglesias MIglesias 26/02/21 21:50

    Codo con codo sin preguntar a quien votaba el de al lado para demostrar la fuerza de un pueblo que quería mirar hacia adelante. Luego no sé qué pasó que todo se torció, parece que lo único capaz de unirnos es la tragedia y últimamente ni eso.

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    • Grobledam Grobledam 27/02/21 11:57

      Hoy esa manifestación sería imposible, pero no por una cuestión ideológica o de posicionamiento político. No, hoy sería imposible por una cuestión étnico-identitaria.
      Es una constatación, un hecho. Las causas y las consecuencias son motivo de otra discusión. Simplemente quería dejar aquí la evidencia de dónde estábamos y dónde estamos.

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    • jumar jumar 27/02/21 09:40

      No sacaría tantas conclusiones de una instantánea (te veo un poco de bajón) y a pesar de lo que nos cuenten, lo que vino despues, tampoco fue muy diferente, mañana hay que ir a trabajar y a seguir como siempre ( es lo que, a lo mejor podriamos ver, si en las fotos saliesen pensamientos).

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      • MIglesias MIglesias 27/02/21 14:35

        ¿Por qué supones que saco conclusiones de una instantánea y me baso en lo que me cuentan?

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        • jumar jumar 27/02/21 15:33

          No supongo nada sobre ti (que no te conozco tanto), sino que te digo, lo que yo no haria. Sobre lo que nos cuenten ves que me incluyo y sólo es para dar mi opinión.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 27/02/21 06:28


      MIglesias: ¿Qué nos pasó, y que nos pasa, para que todo se torciera? Que se torciera la derecha respecto a ser un país unido creo que no fue así porque aunque asistieran a aquel acto de unidad, esa parte de la sociedad, por lo menos sus dirigentes, siempre comen aparte de los demás, porque aún se sienten los dueños de «su» finca ibérica (oyendo lo que dicen Casado, o Abascal, y dirigentes de sus partidos, puede comprobarse su nula disposición para unirse, incluso en la grave situación que estamos viviendo con la pandemia).

      A mí lo que me desconcierta es el comportamiento cainita casi continuado de la izquierda de este país, siempre disputando entre ella cuál es la más pura, la más guay que dirían los jóvenes de ahora. En una buena cantidad de los comentarios que leemos en este digital podemos comprobar ese comportamiento incluso ahora que la izquierda se ha aliado para gobernar. Osasuna2 salu2.

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      • MASEGOSO MASEGOSO 27/02/21 11:21

        La izquierda, en España, tuvo un solo momento de lucidez.
        Febrero de 1936. La unión de las izquierdas española creo el Frente Popular. Duró hasta 1939 en una parte de España, la otra, la clásicamente conservadora machacó sin piedad a un pueblo en el que, a pesar del tiempo transcurrido y de años de democracia y gobiernos con cartel de izquierdas (la realidad es otra cosa), aún quedan más de CIEN  MIL  tumbas de españoles víctimas de las represalias que originó aquel levantamiento de las derechas, civiles y militares, hace ya 82 años. 
        Salu2 osasuna2

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