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Crisis del coronavirus

Vuelve el turismo y avanza la vacunación: España y Europa acarician el fin de la pandemia

  • La llegada del Certificado Covid Digital, la bajada de la incidencia y una inmunización de récord contagian el optimismo en un continente que espera no tener que retroceder nunca más
  • Aún podrían vivirse aumentos de la transmisión debido a la relajación, pero las cifras de contagios ya no tienen por qué traducirse en un empeoramiento de la crisis sanitaria
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Publicada el 22/05/2021 a las 06:00
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, muestra su Certificado Covid Digital durante la presentación de la herramienta en Fitur.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, muestra su Certificado Covid Digital durante la presentación de la herramienta en Fitur.

Europa Press

Quizá por pertenecer al mundo desarrollado, Europa fue el continente que más sufrió la primera ola de la pandemia del nuevo coronavirus. Más de un año después, y por el obvio privilegio de pertenecer a los países ricos, la Unión Europea y España acarician el final de la crisis sanitaria por delante del Segundo y el Tercer Mundo. Este viernes se alcanzó un nuevo hito con el acuerdo entre las instituciones del club comunitario para instaurar un Certificado Covid Digital, que permitirá "facilitar", en palabras de la Comisión, el turismo o cualquier tipo de viaje entre los Estados miembro si se acredita haber recibido la pauta completa de vacunación o un test negativo realizado recientemente. En paralelo, la vacunación sigue batiendo récords, los contagios caen en picado, las restricciones se eliminan –puede que para siempre– y la economía da señales de vida. Aún con toda la precaución que da la terrible experiencia y los más de 500.000 fallecidos, la luz es clara al final del túnel y a las puertas del verano.

España aspira durante el estío de 2021 a recibir el 70% de los turistas que recibiría en un año normal, agua de mayo para unos sectores implicados –aviación, hostelería– que han visto cómo sus modelos de negocio se quedaban en suspenso durante meses. Para conseguirlo, ha sido uno de los países que más ha empujado para aprobar el Certificado Covid Digital, anunciado este viernes entre vítores. En la línea de las últimas semanas de un Pedro Sánchez que ha hecho bandera de las buenas noticias frente a los intentos de la derecha de desestabilizarlo, envalentonada por la subida en las encuestas y por el efecto de la victoria de Isabel Díaz Ayuso en Madrid.

Los detalles ya se conocen. A partir del 1 de julio, mediante el certificado, los Estados miembro no pondrán restricciones (a no ser que empeore mucho su situación) a los viajeros que certifiquen haber recibido la pauta completa de la vacuna. Para evitar discriminaciones, también valdrán los resultados de un test PCR o de antígenos, más barato, así como demostrar que se ha pasado la enfermedad y que se tienen anticuerpos. El también llamado pasaporte covid simplifica los trámites e impone criterios comunes para todos los países. No será obligatorio porque la libertad de circulación dentro del espacio Schengen no se puede limitar así como así, pero fuentes de la Comisión Europea confirman a infoLibre que, si no se presenta, los países se reservan el derecho a imponer limitaciones a la llegada, como cuarentenas. 

Junto a la medida, coordinada con la Unión Europea, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció este viernes la vuelta a la libre circulación con países con bajas tasas de incidencia, con la mira puesta en Reino Unido y los miles de turistas británicos que abarrotan las playas españolas cada año; y la apertura de fronteras para los viajeros que, aun proviniendo de países con altos niveles de transmisión, hayan recibido la pauta completa de vacunación.

El Gobierno toma la medida hostigado por la necesidad de un buen verano para el sector turístico, pero también animado por la última evidencia científica que se suma a las buenas noticias. La probabilidad de que un vacunado transmita el covid, aun sin sufrir la enfermedad, es bastante baja; al contrario de lo que se creía cuando empezó la campaña. Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha certificado que todos los sueros, incluido el de AstraZeneca, funcionan razonablemente bien contra todas las variantes: tal y como intuían los inmunólogos, que llevan meses recordando que la inmunidad no se trata solo de anticuerpos y que los linfocitos T juegan un papel muy importante en una respuesta que no entiende de mutaciones. 

La curva de vacunación está inclinándose hacia arriba cada vez más, de manera muy similar en todos los países de la Unión Europea (que reciben dosis proporcionales a su población). En todo caso, los especialistas llaman a evitar la relajación: como muestra el caso de Reino Unido, con amplia ventaja en el proceso, o Estados Unidos, la gráfica tiende a aplanarse una vez están inmunizados los tramos etarios con más peligro de sufrir un cuadro grave. Hay menos incentivos para recibir el pinchazo.


Gracias al avance de la campaña, pero no solo, los contagios están a la baja en toda Europa. Como nos muestra el ejemplo de países como Chile, un buen ritmo de inmunización no salva a una población de sufrir un repunte de casos. Aún quedan amplias capas de ciudadanos sin vacunar, y las buenas noticias pueden inducir a la relajación entre unos jóvenes ávidos de retomar el contacto social previo a la pandemia. Pero, por ahora, no hay síntomas de una cuarta o quinta ola capaz de volver a poner en jaque a la sociedad. Aunque la situación en la mayoría de los países de España y de Europa es distinta. 


Países como Alemania, Francia, Italia o Portugal, hermanos de penurias y de restricciones durante la primera ola, tomaron medidas más centralizadas y, por lo general, más duras en 2021 en comparación con una España con prisa por la desescalada. La mayoría recién acaba de desconfinarse, por lo que aún es pronto para poder ver una consecuente subida de contagios.

Los germanos solo pueden acudir a comercios, bares y restaurantes con tranquilidad si ya han pasado la enfermedad o han sido vacunados: el resto necesita presentar una prueba de antígenos. Portugal, que sufrió una tercera ola terrorífica, reanudó este pasado 18 de mayo la actividad económica, pero solo en comercios de hasta 400 metros cuadrados y en las terrazas de la hostelería. Fechas y plan similar disfrutan ya en Francia. En Italia se adelantaron unas semanas, y a finales de abril volvieron a una relativa normalidad, aunque siguen con los interiores clausurados y un toque de queda fijado a las 22 horas. Todos ellos esperan no tener que retroceder nunca más. 

En España, el fin del estado de alarma trajo consigo el fin del cierre de fronteras autonómicas y del toque de queda en la mayoría de comunidades, aunque las decisiones más eficaces, como la clausura del interior de bares y restaurantes, siguieron al arbitrio de las autonomías. El primer fin de semana generó imágenes preocupantes de aglomeraciones nocturnas, y el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (Ccaes), Fernando Simón, advirtió de que en unas semanas se podrían ver las consecuencias en forma de subida de la incidencia.

Sin embargo, ya con la mayoría de los españoles de 60 años parcial o totalmente inmunizados, un aumento de la transmisión no tiene por qué traducirse en un agravamiento de la crisis sanitaria, aunque aún quedan meses para una protección completa y mayores de 40 y 50 podrían sufrir las consecuencias de la irresponsabilidad. Este desacoplamiento se ha podido percibir durante la suave cuarta ola española: los fallecidos no han aumentado en consonancia y este viernes el Ministerio de Sanidad ha notificado 19 fallecidos, una de las cifras diarias de mortalidad más bajas desde el pasado verano.

Los especialistas, en definitiva, llaman a la precaución y al último empujón antes de un fin definitivo que, tras meses de penurias, asfixia económica y desquiciamiento social, ya se deja entrever. Sin embargo, al SARS-CoV2 aún protagonizará muchos titulares porque España es Europa, pero Europa no es el mundo: países como Brasil o India siguen sufriendo transmisiones incontroladas y la angustia de no saber cuándo podrán vacunar al 70% de su población. En parte, por la acaparación de dosis por parte de los mismos países ricos que ahora pueden permitirse mirar hacia el futuro. 

 

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