Eficiencia energética

La revolución silenciosa de la eficiencia energética: 2.900 millones para viviendas que derrochen menos y para "vivir mejor"

Obrero reformando una fachada.

Rehabilitación de viviendas para hacerlas más eficientes energéticamente. Es la segunda partida más grande de inversión que contemplan los Presupuestos Generales del Estado (PGE) presentados por el Gobierno este jueves, pero pocos saben de qué se trata esta actuación y de su importancia para combatir el cambio climático, para aliviar la factura de luz y gas, para generar puestos de trabajo y para "vivir mejor". Una auténtica revolución silenciosa, en vista de que el Ejecutivo, gracias a los fondos europeos, va a quintuplicar la inyección de dinero en esta materia. De los 570 millones estimados en los PGE de 2021 a los casi 2.900 millones que plantea el proyecto de las cuentas públicas antes de pasar por el escrutinio parlamentario. 

Suena un poco aburrido. "Rehabilitación de viviendas" no es un buen eslogan para una buena pancarta revolucionaria. No conmueve a las masas. Pero no hay nadie que maneje mínimamente el asunto, desde los burócratas más comprometidos con la administración hasta los ecologistas más ecologistas, que niegue su potencial para la transformación. En esencia, se trata de la reforma masiva del parque de viviendas español para, sin consumir combustibles fósiles o pagar cientos de euros en el recibo de la luz, pasar menos frío en invierno y menos calor en verano.

Hace falta hacerlo por tres motivos principales. En primer lugar, por lo evidente: el confort térmico que no implique un gasto desorbitado en consumo energético es bienestar y calidad de vida. En segundo lugar, porque España tiene un compromiso de reducción de emisiones causantes del cambio climático y no todo va a ser instalar renovables: hace falta bajar la demanda y reducir el impacto del parque de viviendas. En tercer lugar, porque genera empleo. Hasta 100.000 nuevos puestos de trabajo al año, prevé el Ejecutivo en su Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, para mejorar un 32,5% la eficiencia energética hasta 2030. 

No será fácil. Al habla el director general del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), Joan Groizard, el organismo dependiente de Transición Ecológica que hasta hace poco capitaneaba la rehabilitación energética de nuestras casas. "Hay que multiplicar por diez el ritmo actual. Estamos entre 20 y 30.000 viviendas rehabilitadas al año. Hay que llegar a 300.000 al año". Para el ingeniero, más allá de las metas climáticas, esto se trata de "mejor calidad de vida". De "vivir mejor". 

1.151 millones que se movilizan ya

Más cifras. El Gobierno gastará 2.900 millones de euros de los fondos europeos para la rehabilitación de viviendas. En los presupuestos generales del Estado se plantearon 570 millones: se quintuplica la cifra. La medida irá destinada, sobre todo, al 80% de viviendas por debajo de la calificación energética A: es decir, que no son eficientes energéticamente. Cuando pega el sol, hace demasiado calor en la casa: y cuando fuera aprieta el frío, la vivienda es incapaz de mantenerse a una temperatura confortable sin calefacción. Además, el 40% fueron construidas antes de 1980. 

Los datos fueron ofrecidos por el Ejecutivo en los dos decretos publicados en el Boletín Oficial del Estado (BOE) este miércoles, fruto de la iniciativa del Ministerio de Movilidad, Transportes y Agenda Urbana. El departamento antiguamente conocido como de Fomento relevará al IDAE en la gestión de la rehabilitación energética. Y mediante esas dos normas, se movilizan ya 1.151 millones de esos 2.900 planteados en los PGE, a cargo de los fondos Next Generation EU. Next Generation EU

El primero de los decretos ofrece deducciones en el Impuesto de la Renta para las Personas Físicas (IRPF) de hasta el 60% para las reformas, hasta un máximo de 15.000 euros. Cuanto más se avance en eficiencia energética gracias a la obra, mayor es el porcentaje, con ese tope como máximo. El segundo implanta, directamente, subvenciones: para comunidades autónomas, para ayuntamientos, para administraciones y para propietarios de la vivienda. 

En este último decreto se barajan tres actuaciones principales. La primera está dirigida a los llamados "Entornos Residenciales de Rehabilitación Programada (ERRP)". Es decir, barrios donde la administración identifique una necesidad urgente de reforma para que los vecinos vivan en casas más eficientes, ahorren en la factura y contribuyan a la acción climática. En esta primera línea de ayudas, el dinero se transfiere a las regiones y ésta, a su vez, lo pasan a los ayuntamientos para que identifiquen zonas susceptibles de rehabilitación y se pongan en contacto con los propietarios. 

"Se necesita de la actuación decidida del Ayuntamiento", aseguran fuentes del Ministerio de Agenda Urbana. Son los que tienen que dirigirse, proactivamente, a estos propietarios y convencerles para la obra. La subvención del Gobierno también está condicionada al ahorro final, del 40% hasta el 80%, ampliable al 100% si los propietarios o arrendatarios son vulnerables económica o socialmente. El extitular de la cartera José Luis Ábalos reconoció en junio su temor a que ese porcentaje que tendrían que pagar los vecinos como derrama disuadiera a los interesados, pero espera que el ahorro en la factura resultante amortice el esfuerzo en pocos años. 

La segunda de las medidas está dirigida a los propietarios que quieren abordar la reforma de su edificio o de su vivienda unifamiliar sin esperar a que el Ayuntamiento identifique su vivienda como parte de un barrio especialmente necesitado. Una vez más, la subvención puede alcanzar el 100% si los beneficiarios cumplen criterios de vulnerabilidad, y la ayuda puede alcanzar los 18.800 euros por vivienda. La última está dirigida a las viviendas que quieren mejorar la eficiencia sin abordar una transformación completa, con un monto máximo de 3.000 euros por casa y el 40% de la actuación. 

Todas estas posibilidades se suman a una línea de ayudas ya abierta y que aún gestiona el IDAE: el programa PREE 5000, destinado a los municipios de menos de 5.000 habitantes como parte del reto demográfico. Hay para todos. 

Los pequeños detalles

Pero las fuentes del Mitma ponen el foco en la letra pequeña, las pequeñas modificaciones de la normativa que pueden acelerar el proceso. En primer lugar, si recibes una ayuda para la rehabilitación energética, ya no tributará como ganancia patrimonial, lo que podía ser un problema a la hora de la declaración de la Renta. "Es una oportunidad para esos barrios socialmente abandonados", aseguran desde Agenda Urbana. En segundo lugar, se ha cambiado la Ley de Propiedad Horizontal para que solo sea necesaria la mayoría simple de los vecinos para que un edificio se lance a ser eficiente energéticamente. Y en tercer lugar, se instaura la tan ansiada ventanilla única: la creación de oficinas municipales de rehabilitación, que agrupen todo el papeleo necesario. 

Para Groizard, una de las claves de estas oficinas es que sean proactivas, no solo reactivas. Que no solo se encarguen de la burocracia, sino que den un paso adelante para buscar posibles beneficiarios. Es el gran problema de la eficiencia energética: la mayoría está muy ocupada de llegar a fin de mes y de sacar su casa adelante como para afrontar una reforma incómoda de beneficios poco tangibles. "Hay que llegar y todavía nos falta trabajo", reconoce el director del IDAE. "Para eso, además, hay que trabajar mucho con el tercer sector, con gente que trabaja con familias en situaciones de vulnerabilidad, que conoce las dinámicas". En términos de carga mental, no es lo mismo quien tiene un chalet unifamiliar que quien sobrevive hacinado en un pequeño piso de una gran ciudad masificada. Y esta revolución silenciosa va dirigida, sobre todo, a estos últimos. 

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Todo esto está muy bien, pero... ¿qué se hace?

¿En qué consiste reformar energéticamente una vivienda? ¿Qué es lo que se hace exactamente? Una de las actuaciones más importantes es el aislamiento adecuado de paredes y ventanas para mantener el confort térmico en todo momento y no sea necesario conectar el aire acondicionado o la calefacción, con el consiguiente impacto ambiental. Pero no solo. También se aborda la iluminación, con bombillas que gasten menos y alumbren lo mismo (¡o mejor!). Y la calefacción, claro, para intentar jubilar antiquísimas calderas de carbón e incluso, si es posible, el gas natural, apostando por biomasa en zonas rurales o por bombas de calor, en ciudades, que pueden calentar una casa con el 70% menos de consumo. 

Parece accesorio, pero no lo es. Para cumplir con los objetivos climáticos es imprescindible abordar esta serie de reformas en las que, reconoce el Gobierno, España va muy retrasada con respecto a la media europea. La UE lo tiene claro en uno de sus principios para la acción medioambiental: "la eficiencia, primero". También, y sobre todo, en nuestras casas. 

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