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Síndrome de Stendhal: ¿podemos llegar a sufrir un empacho de belleza?

  • La psiquiatra Magherini propuso, en 1979, la definición del que iba a ser un potencial trastorno psicosomático
  • Se trataba del síndrome de Stendhal, que aparecería cuando a alguien le abruma sobremanera la belleza de monumentos, paisajes u obras de arte

Publicada el 29/06/2021 a las 06:00

Síndrome de Stendhal: ¿podemos llegar a sufrir un empacho de belleza?

La psiquiatra Magherini propuso, en 1979, la definición del que iba a ser un potencial trastorno psicosomático.

Florencia es una de las ciudades más bonitas del mundo, ¿pero tanto como para afectar psicológicamente a quien la visita? Eso es lo que trató de demostrar la psiquiatra italiana Graziella Magherini en 1979, cuando la sorprendió una acumulación de cuadros clínicos de malestar psíquico que sufrían pacientes del Hospital de Santa Maria Nuova. Aunque, en realidad, no trataba de demostrar que esos síntomas podían aparecer cuando un viajero visita únicamente la ciudad toscana en cuestión, sino que lo que quería explicar era que ese exceso de belleza artística o paisajística que puede sobrevenir a cualquier persona en muchos lugares puede tener un efecto en su estado psíquico. En conversación con este medio, la psicóloga clínica del Instituto Psicológico Cláritas de Madrid Josselyn Sevilla define el síndrome como “un trastorno psicosomático, cuyo arranque se encuentra en la percepción de la información visual por parte del sujeto. A este le resulta tan abrumadora la belleza que observa, que los efectos psicológicos que experimenta pueden somatizar y transformarse en efectos físicos como mareos, taquicardias o, en los casos más extremos, desmayos”. Pero, ¿por qué se bautizó al síndrome como ‘Stendhal’? ¿Cuáles son sus síntomas? Y, sobre todo, ¿hasta qué punto está probada su existencia?

La primera de las preguntas es la que tiene una respuesta más sencilla. El nombre tiene su origen en el escritor francés Henri Beyle, más conocido como Stendhal, que en 1817 publicó Rome, Naples and Florence. Fue lo que explicó el novelista francés en ese volumen lo que constituye el primer embrión escrito del síndrome. En el libro, un caballero berlinés visita las principales ciudades italianas. Al llegar a Florencia y, más concretamente, a la catedral de Santa Croce, experimenta —tanto por las sepulturas de Maquiavelo, Galileo y Miguel Ángel, como por la gran belleza del edificio religioso y la plaza— una serie de sensaciones incluso físicas que atribuye a la magnificencia del lugar. A pesar de que la novela está escrita en tercera persona, se ha convenido que Stendhal explicó a través del caballero berlinés su propia experiencia y que el agotamiento y las taquicardias que atribuía al personaje al ver Santa Croce eran, en realidad, las suyas propias.

Con todo, cuando la doctora Graziella Magherini observó los síntomas que experimentaban algunos de los pacientes que llegaban al hospital Santa Maria Nuova, los identificó de forma inmediata con los que describía Stendhal y bautizó el síndrome con su nombre. Tal y como explican en A.L. Guerrero, A. Barceló Roselló, D. Ezpeleta en Síndrome de Stendhal: origen, naturaleza y presentación en un grupo de neurólogos (un artículo científico publicado en Elsevier), Magherini explicó que todos los cuadros clínicos de los turistas enfermos que llegaban al centro eran “breves, de inicio inesperado y agudo, relacionados con la visita a una ciudad artística, si bien, analizando detalladamente la biografía del paciente, el viaje se integraba como un eslabón de una cadena de hechos personales”.

Aceptado clínicamente, pero con controversia

La doctora Sevilla apunta que, a pesar de que el síndrome está aceptado clínicamente, ha suscitado, desde la misma aparición del término, una gran controversia. Son muchos los estudios que han tratado de probar la existencia o no del trastorno. Sin ir más lejos, el trabajo que firman A.L. Guerrero, A. Barceló Roselló y D. Ezpeleta, anteriormente citado en este artículo, afirma, en su apartado de conclusiones, que, a pesar de que “no hubo ningún caso de síndrome de Stendhal” drástico entre los participantes en el estudio, sí que “un significativo número de ellos experimentó alteraciones parciales del afecto y uno de cada cuatro reconoció haber presentado una forma parcial del síndrome”.

¿Qué información arrojan, por tanto, las conclusiones? Magherini, cuando acuñó el término a finales de la década de los setenta, distinguió tres niveles de gravedad del síndrome. Por un lado, un 66% de los pacientes que ella evaluó presentó “trastornos predominantes del pensamiento” (alteración en la percepción de los colores, sentimiento de culpa, de ansiedad, etc.); un 29%, trastornos predominantes de los afectos (angustias depresivas, sentimientos de inferioridad, inutilidad, etc.) y un 5% de los pacientes padecieron crisis de pánico, dolor, taquicardia o malestar epigástrico. Por su parte, uno de cada cuatro de los sujetos que participaron en la investigación de Guerrero, Barceló Roselló y Ezpeleta padecieron algunos de los síntomas de los que hablaba Magherini, pero ninguno de todos ellos declaró haber sufrido el síndrome como tal. ¿Se puede uno, entonces, empachar de belleza? Por el momento, la respuesta sigue siendo algo ambigua y el síndrome de Stendhal, como tantos otros relacionados con las fobias, seguirá generando controversia.

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15 Comentarios
  • Ibaetatik Ibaetatik 02/07/21 17:44

    Yo creo que cuando te encuentras con un monton de obras de arte juntas, que previamente has estudiado y teorizado sobre ellas, te puede entrar una sensación enorme de ansiedad por querer abarcarlo todo, sin perderte absolutamente nada de lo que hay ahí. A mí me pasó en Londres, tras unos cursos de Historia y de Arte en la universidad, al visitar el British Museum y, posteriormente, la National Gallery. Realmente lo que me pasó fue fruto de haber descubierto de pronto un mundo previamente desconocido del todo; se te pasa pronto en cuanto te organizas mentalmente. Es una consecuencia de tu incultura y/o de tu desconocimiento previo, sencillamente.

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  • peruntros peruntros 02/07/21 12:57

    A mí me pasó por primera vez a principios de los 90 en la Avenida Miramar de Huelva, paralela al Odiel por el Este algunos kilómetros antes de la confluencia con el Tinto. Si la cogías en sentido Bellavista del Aljaraque (qué cachondos estos choqueros) a la derecha te quedaba un estercolero, mientras que a la izquierda podías recrearte con toda una ristra de farolas sin lámpara, palos de farola por tanto, que no Palos de la Frontera, aunque casi...
    Las gilipolleces de la rapsodía psicológica de los posmodernos casi 80 son realmente impagables, sólo comparables a las del usuario Arkilerdo... .

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  • Jotaechada Jotaechada 02/07/21 09:47

    Pues sí: ya en los últimos años del siglo XX un poeta español, desconocido prácticamente, publicó un texto que decía así:
                                       HISTORIAS DEL ARTE
                                     
                                        hÁRTEse de ARTEs e historias
                                         hÁRTEse de ARTEs e historias
                                          hÁRTEse de ARTEs e historias

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  • Pez Pez 29/06/21 14:34

    Empacho no lo sé, pero éxtasis sí. Y no solo con las obras plásticas, también las literarias o filosóficas. Pero es una sensación placentera al máximo no desagradable.

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    • Pez Pez 29/06/21 21:28

      Al menos, quería decir

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  • MIglesias MIglesias 28/06/21 22:15

    Sí, a mí me pasó aunque no sabía ni que existía ese síndrome. Fue la primera vez que visite el Louvre, llegó un momento que no pude seguir, no sabía lo que veía, estaba confusa, se me mezclaban los colores. Tuve que salirme y no sabía explicar lo que me pasaba, era una sensación rarísima.

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    • peruntros peruntros 02/07/21 12:48

      Sí, se llama "saturación", "hartazgo", o, en andaluz, "jartura". Pruebe a comer sólo pepinillos durante un par de días y verá cómo le pasa algo similar.
      Si le sirve de algo, yo llevo todo el día escuchando "Yo no soy esa" de Mari Trini y ando ya alcanzando ese punto de saturación. Le tendré al corriente de la evolución de mi situación.

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      • MIglesias MIglesias 02/07/21 19:48

        A mí el jartazgo me los causan los tontos, usted me provoca bastante.

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        • peruntros peruntros 02/07/21 20:20

          ¡Qué le gusta a usted un masculino genérico!

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          • MIglesias MIglesias 02/07/21 20:45

            Cuídese, hay síndromes que duran un rato y otros que no tienen cura, el del idiota del foro es uno de ellos.

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            • peruntros peruntros 02/07/21 22:58

              Oiga, que usted tampoco es una lumbrera...

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              • MIglesias MIglesias 02/07/21 23:14

                Entre lumbrera e idiota hay una escala muy amplia.

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                • peruntros peruntros 02/07/21 23:35

                  No si aplica un escalamiento óptimo. Pero usted tendría que estudiar mucho para entenderlo.
                  A usted se lo tienen que dar todo machacadito, por eso corrió a vacunarse con Jorgito al Wanda.

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                  • MIglesias MIglesias 03/07/21 01:03

                    Es típico de idiotas decir idioteces, no lo haga tan patente, hágase un favor y deje algún resquicio a la duda.

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                    • peruntros peruntros 03/07/21 12:10

                      De acuerdo Maria Antonia. Pero por volver al motivo original de nuestra constructiva plática, no olvide que le habla alguien que ha visitado el Louvre más veces de las que usted ha franqueado la m-40. Y ya le digo que de saturación nada, sino simple falta de costumbre.

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