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Maleta de libros

'El estornudo de la mariposa', de José de Cora

  • Edhasa publica una novela sobre Joan y Araceli, conocidos como los Garbo, espías para el MI5 que contribuyeron al fin de Hitler al engañarlo sobre el desembarco de Normandía
  • Mar o montaña, pero siempre lectura. infoLibre publica adelantos de las obras que las editoriales preparan para el otoño

infoLibre
Publicada el 31/07/2016 a las 06:00
'El estornudo de la mariposa', José de Cora

'El estornudo de la mariposa', José de Cora

El estornudo de la mariposa
Joan Pujol estaba destinado a entregarse plácidamente a su existencia dentro de la burguesía catalana, pero algo trastocó sus planes. Las vivencias durante la guerra civil le hicieron odiar profundamente el fascismo, y ese odio le sirvió para ofrecerse como espía al servicio de inteligencia británico. Junto a su mujer, Araceli González, obtuvieron la confianza del Führer, al que acabaron convenciendo de que el desembarco de Normandía se llevaría a cabo más tarde y en otro lugar, facilitando el comienzo del fin del Reich. La editorial Edhasa publica en septiembre una novela que sigue sus pasos en la peligrosa carrera de agente doble. 
 


I. PAISAJE
Lugo y Barcelona,
dos caminos hacia Burgos


Barcelona


Las horas se marcan con el avance de la sombra sobre las paredes semidesnudas de la casa. Es la máxima actividad que puede permitirse un topo como Juan en pleno centro de Barcelona. Y mientras permanezca la monotonía, no llegará ese piquete que lo conduzca delante de un juez, de un pelotón o de un féretro. Margarita y sus padres lo tapan porque la chica piensa en el casorio y él ha dado pruebas de ser manso de ademanes
y blando de corazón. Cómo no ha de serlo si desde que comienza la guerra está cosido a las faldas de la mesa camilla que los Estrucht tienen en su comedor de la calle Gerona.

Los Estrucht ignoran que su mente, al contrario que su cuerpo, es un hervidero donde borbotan las ideas políticas que han hecho de su vida una miserable existencia. Por cercanía, la República y los catalanes son hoy sus principales enemigos, los defraudadores de su confianza. Franco, ese general alzado, si llega a alguna parte, acabará cediendo el poder a la Falange, o lo que es peor, al III Reich, que ya ha eliminado los últimos rastros de democracia en Alemania y que se presenta como la bestia que ha de dominar el mundo. Juan conoce el proverbio chino de la mariposa y los efectos de su aleteo en el otro extremo del planeta. De hecho, se lo hace notar un profesor cuando estudia avicultura en Arenys de Mar. «La subsistencia de todas las aves del mundo depende de lo que haga un solo pollo a vuestro cuidado». Aquello le impresiona más allá de las normas higiénicas que el monitor pretende inculcar en sus alumnos, y desde entonces se convence de que cualquiera, él por ejemplo, puede ser la mariposa que con su aleteo cambie el curso de los acontecimientos. Y si las alas no son suficientes, lo será su estornudo.

Lugo

Araceli es rica hembra al gusto de los mozos casaderos. No hay en ello graves discrepancias, ni ahorran palabras en el requiebro. Y quien dice solteros, casados dice, que el criterio no se pierde en los altares, ni están los tiempos para escatimar al ojillo bellas estampas, tan diferentes a esos retratos de Franco y José Antonio que la Sección Femenina obliga a incluir en los paquetes que todas las madrinas reúnen bajo el nombre de Aguinaldo del Combatiente, ya cercano en estas fechas de fríos cortantes y nieblas intensas. Y no porque los dos hombres no sean guapos, que son luceros, sino porque sus rostros recuerdan que estamos en guerra, quiérase o no, y es una murga.

En realidad, todo habla de la guerra. No hay forma de escaparse. Araceli es camarada enfermera y quien la vea de uniforme en Santa María, madre mía, rodeada de heridos y convalecientes, qué va a pensar sino en batallas y en trincheras; en bombas, odios y combates encarnizados. Y quien tiene la fortuna de no pisar el frente, se afana en ayudas, recolectas, donativos, en el Día sin Postre, en el del Plato Único, en libros para los soldados, prendas de lana, un poco de tabaco, botellitas de alcohol, las escarapelas del Auxilio Social, la tómbola, el óbolo, y sobre todo, en postular, postular, postular. Es la vida en retaguardia y a quien no le guste solo le queda elegir entre las trincheras o el presidio. A Frentes y Hospitales y al Hogar del Soldado se dedican las mayores atenciones. A tal fin, la banda del Regimiento de Zaragoza, dirigida por Álvarez Cancio, ha ofrecido en el Círculo un concierto extraordinario y Araceli estuvo allí, pues tan bien suenan sus marchas, que el espíritu se levanta, te lo digo yo, que salí con ánimos para una semana y ganas de desfilar varias veces alrededor de la muralla. La música no amansa a las fieras; en este caso las vuelve marciales y triunfadoras.

Pero hoy es domingo y una vez cumplidas las obligaciones perentorias en Santa María, la misa mañanera y algo de costura para que no nos llamen vagas, quedan unas horas de respiro y parloteo, de ropa de calle sin ostentaciones, de colorete –aunque sin profanar el alivio por la muerte de papá–, de medias de seda cuidadas con esmero –que el nailon o el cristal son entelequia–, o de cine, que si estrena Leslie Howard, es a peseta la butaca y ese hombre excita pasiones, tan entero, tan señor, tan frío y caballero. 

Ahora que entra en el Círculo de las Artes, caída ya la tarde, la saludan sus conocidos y la siguen las miradas de los otros. Avanza decidida sin que se le borre la sonrisa de los labios hasta sentarse en la mesa de costumbre, en la rotonda, donde la esperan sus amigas. Hoy solo acuden dos de ellas, Cachita y Angelines. Celia tiene turno de lectura a los enfermos. Walda, Esther y Eva salen con sus novios, que ésas ya se han perdido para la pandilla. ¿Casarse? Lo comentan en cada encuentro, pero no dan los números, ni las letras dan para el banquete, el traje, ni las flores. La consigna es gastar menos que un ruso en catecismos y la cumplen a punto crudo. Además, si de Araceli se habla, boda suena a puerto y a llegada, cuando ella sueña con zarpar, desplegar velas y poner rumbo, tan siquiera, a las Canarias, que es destino recurrente en la familia. Canarias tiene que ser precioso, con ese calorcito que te saluda en el amanecer y que no se va ni al acostarte. A las islas llaman Afortunadas y, para mí, afortunado es quien va a ellas.

Aquí el frío aprieta y en los cristales de Obispo Aguirre lloriquean las gotas del último aguacero. Para salir hoy a la calle, sin nadie que lo ordene bajo arresto, hacen falta más de dos razones, y eso que las chicas sí las tienen, al menos una de ésas que dan juego a la húmeda y al chismorreo. 

–¿Leíste El Progreso? –le pregunta Cachita por toda bienvenida.

–Sí; bueno, no. Eso sospecho, por tu toniquete y las risitas. He tenido un domingo para enmarcar, a trancas, de broncas y jaleos. ¡En el hospital creen que soy un sorche y que funciono a toque de corneta! Lo he visto por encima. Mañana tengo turno otra vez y no espero convocatorias por delante.

El periódico es tablón de anuncios para órdenes y reuniones. Todas las muchachas de Lugo, las señoras, señoritas y camaradas, están pendientes de lo que publique, pues hay turnos en colegios, cuestaciones, tómbolas y hospitales; reuniones de partido, lecturas a convalecientes, guardias, misas, comedores, costureros y hasta furrieles. Claro que con el horario de mañana ya fijado, Araceli desestima que ni la Delegación de Sanidad, ni el partido, ni Frentes y Hospitales le impongan otras tareas.

–¡Sales en los versos! –interrumpe sus quejas Angelines.
 
–¿Qué versos?
 
–Los dedicados. Hoy viene uno debajo de las órdenes de Falange.

–¡Vaya! ¡Un admirador secreto con ínfulas de Garcilaso!

–¡No! –se apresura Cachita a desmentirla–. Nada de secreto. Éste firma y tacha con nombre y apellidos a banderas desplegadas. ¿Cómo es que nada te dijeron?

–En el hospital estamos para pocas poesías. Se ha muerto el muchachito de Cuenca. Ya os hablé de él. El que perdió la pierna. ¡Pobre chico!

–Sí que es triste. Pero entonces, ¿nada?

–Nada de nada.

–Ahora verás. ¡Paco! Tráiganos el periódico de hoy. Ande, sea bueno.

–Y un té.

–¿Con aspirina?

–¿Tengo yo cara de jaqueca?

–Aquí quien toma té es que está enfermo.

–Pues yo lo tomo sana.

Paco, el viejo camarero, vuela por entre las mesas con la bandeja en exacto equilibrio y la cabeza repleta de pedidos. No es difícil para él llevar la cuenta. En el Círculo hay pocas novedades. Los mismos sillones, a las mismas horas, las mismas consumiciones. Todo lo más, si algún achaque sobreviene, el cliente establece una ligera precaución: «Paco, hoy no me eches las gotitas, que me dio la noche la vesícula».

–Unos minutos, señoritas; que don Venancio aún no lo sabe de memoria.

Don Venancio no lo memoriza, pero como ha perdido vista, se lo acerca a las narices y tarda el doble en reencontrar el hilo cada vez que levanta los ojos por encima de las gafas y sorbe un trago del cafelito.

–Entonces, ¿quién es el pollo? –se interesa Araceli sin hacerlo.

–¡Ah! –le chafa Cachita la respuesta–. ¡Tienes que adivinarlo!

–Pero ¿lo conozco? ¿Es el de bigotes de gato?

–Frío, frío.

–¡Bah! Todo por pura tontería.

Los versos dedicados ya no son lo que fueron, pero la costumbre se mantiene a duras penas, especialmente en aquéllos más talludos que entre la guerra y las privaciones corren peligro de permanente soltería y se aferran a viejas tradiciones de hacer patentes amores, de levantar pasiones en la sombra, de intrigar, o de estar en boca del mujerío, sobre todo ahora, cuando ya se habla de que esto se acaba, de que cualquier día Franco entra en Madrid y hay verbena en Las Vistillas, mira tú, con farolillos, una orquesta de ringorrango y jóvenes profesores.

Y en Lugo también habrá baile, que ya es hora; que la guerra es solo frío, frío y sabañones como mofletes de pepona. Más que de amores hoy hay versos al Caudillo, versos encendidos de pasión al «Ilustre Jefe de Estado / de nuestra España triunfal / en defensa de la cual / con arrojo te has alzado ». Se hacen méritos líricos y se conquistan corazones administrativos,
que pronto habrá reparto de cargos y prebendas como uvas en racimos.

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El estornudo de la mariposa
José de Cora
Edhasa
Barcelona
Septiembre de 2016
22 euros


La editorial 

El nacimiento de la editorial catalana Edhasa se remonta hasta 1946. Por su catálogo han pasado 15 premios Nobel, y actualmente tienen 500 títulos vivos en sus estanterías. El sello se ha especializado en la literatura histórica y la novela de aventuras, aunque también publica ensayo y ciencia ficción. Su filial argentina se dedica fundamentalmente al ensayo sobre temas políticos y culturales del país. 

[El presidente de Edhasa, Daniel Fernández, es también presidente de Ediciones Prensa Libre, editora de infoLibre]
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