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'The get down': el Bronx como espectáculo

  • Baz Luhrmann construye para Netflix una fantasía barroca sobre el duro Nueva York de los setenta y el nacimiento del hip hop
  • infoLibre repasa las novedades más sorprendentes de este verano en la ficción de la pequeña pantalla

Publicada el 27/08/2016 a las 06:00 Actualizada el 26/06/2017 a las 14:22
Escena de 'The get down', de Netflix.

Escena de 'The get down', de Netflix.

The get down, la nueva serie de Netflix (estrenada el pasado 12 de agosto), no renuncia a nada. Se ha anunciado como un trabajo sobre el reinado de la música disco, el nacimiento del hip hop y el enfrentamiento entre ambos mundos ambientado en el peligroso Bronx de los setenta. Pero incluye otros elementos, y no son pocos. Es una historia de amor adolescente a lo Romeo y Julieta, una historia de superación y aprendizaje, un triste relato familiar, una construcción mítica sobre el desarrollo de la cultura del rap que incluye una figura de Yoda moderno que hace kung fu y parkour, números musicales, violencia pandillera, drogas, poesía, flashbacks, y la encendida estética de la época, del afro a los dorados del disco. ¿Parece una mezcla extraña? Lo es.

El cóctel lleva la firma de Baz Luhrmann, director de Moulin Rouge y Romeo + Julieta y aficionado al exceso y al montaje denso. No iba a hacer menos en el piloto de la serie, el único que dirige y que pretende marcar el ritmo de la temporada, compuesta de seis capítulos que completará con otros seis en 2017. Habrá que dar un pequeño disgusto a los que esperaban veracidad en el relato del nacimiento de un género que hoy llena estadios: a Luhrmann le preocupa tanto la verosimilitud aquí como en sus anteriores trabajos. Y hay tanta verdad histórica en esta serie como en su París de principios del XX. 
 
Las críticas no han sido buenas. El Telegraph, en la única reseña positiva entre los grandes diarios, admite que es "con frecuencia caricaturesca" y "narrativamente un lío". Mike Hale, de The New York Times, se centra en el director: "Tiene el mismo problema de siempre. Está menos interesado en la trama y los personajes que en orquestar grandes emociones a la manera de los musicales de Hollywood" y, como consecuencia, "no crea personas o historias lo suficientemente interesantes como para dar foco a esos sentimientos". Emily Nussbaum, crítica para The New Yorker y la única periodista televisiva en ganar un Pulitzer, señalaba que el principal problema del show es que el piloto "es realmente terrible". Lo describe como "flojo, autocomplaciente, alternativamente confuso y obvio". 



Nussbaum acaba concediendo que el final de la media-temporada remonta y que quizás haya que esperar a la segunda mitad para dar un veredicto definitivo. Pero, en cualquier caso, es demasiada tinta contra una de las producciones más caras de Netflix. El proyecto ha costado 120 millones de dólares, a 10 millones por capítulo. Y no es que le hayan faltado consejeros. Entre ellos está, por ejemplo, Grandmaster Flash, histórico DJ que aparece en la serie también como personaje de ficción. Está tambien el rapero Nas, que marcó la escena desde 1994, y el escritor y músico Nelson George, especialista en R&B y hip hop e historiador de la música negra. 

Porque esto, no lo olvidemos, es música negra. The get down mira de cerca los inmensos pilares de la música actual, construidos por músicos negros que tenían que luchar, como hoy, contra el desprecio de la sociedad racista, además de contra los terribles efectos de las mafias, la droga, la violencia, la corrupción y la ignorancia de la clase política. Las poderosas imágenes documentales del Bronx de los setenta hacen eco sobre toda la serie. Es un campo de batalla demasiado cercano, demasiado conocido. Y no es que The get down tenga tiempo o interés para tocar todo eso en profundidad, solo en retratarlo dentro del folclore de Luhrmann. Pero las imágenes están ahí, detrás de la fantasía sobre el pasado.  

Una de las críticas más viscerales sobre la serie la firmaba AA. Gill para The Sunday Times: "Nada de lo que he visto recientemente me ha hecho sentir tan constantemente incómodo y ocasionalmente atónito como The get down. Es deliberadamente tonta, y después de el alboroto sobre la infrarrepresentación de los negros en los Oscar y su sobrerrepresentación en las morgues, el hecho de que una cadena estadounidense pueda desplegar un show como este y fallar a la hora de hacer cualquier otro que no sean sobre OJ [Simpson] es monumentalmente deprimente". ¿Cuántas más series con un casting compuesto casi por completo por negros y latinos, sobre una parte sustancialmente relevante de su historia, y con este presupuesto va a conceder la industria? Ojalá que muchas. Pero, en este momento, la televisión no debería estar desperdiciando oportunidades. 
 
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