Fuera de foco

Carmen G. de la Cueva se refugia en su pueblo del "volumen febril de la vida cotidiana"

La escritora Carmen G. de la Cueva.

El feminismo sigue haciéndose hueco en la literatura gracias a editoriales como La señora Dalloway, que apoyan y destacan las obras realizadas por mujeres. Además, las comunidades y grupos en Internet también han jugado un papel clave en la divulgación de este tipo de libros, como La tribu, un espacio creado para la difusión de literatura escrita por mujeres y feminismo. Ambas iniciativas tienen algo en común: Carmen G. de la Cueva. Esta sevillana dirige ambos espacios, habiéndose convertido así en una de las agitadoras culturales más activas en la literatura feminista de los últimos años. 

Licenciada en Periodismo y con un posgrado en Literatura Comparada por la Universidad de Sevilla, De la Cueva ha colaborado con 20 minutos, El Español y Ahora Semanal, aunque destaca especialmente por su primer libro: en 2016 publicó Mamá, quiero ser feminista (editorial Lumen), donde la escritora hace un repaso de su propio despertar a las letras y la defensa de los derechos de las mujeres, y que dedica a las familiares que la acompañaron en su formación como persona y como mujer. 

En septiembre de este año publicará su segundo libro, La mujer subterránea (Sílex), un ensayo sobre el matrimonio y sobre la independencia económica de las mujeres dedicadas a la literatura durante la Guerra Civil y la posguerra. Este verano, De la Cueva confiesa que en vacaciones también sigue trabajando en esta obra. Eso sí, de vuelta a casa en Alcalá del Río (Sevilla) y alejada de las redes sociales. 

Pregunta. ¿De qué huye estas vacaciones?Respuesta.

Este verano huyo de las redes sociales. Por primera vez en mucho tiempo, he dejado en stand by mis perfiles para poder escribir. Esas son las verdaderas vacaciones. Este ha sido un año intenso en cuanto a exposición pública se refiere. Siempre me he movido como pez en el agua por las redes, pero después de la salida de mi primer libro, me sentí algo sobrepasada. Hay una extraña y nueva ansiedad que asocio con la sobreexposición en las redes, esa necesidad de estar actualizando los perfiles, subiendo fotos de lo que hacemos y sintiendo que, si no estamos ahí, nos perdemos cosas. Hace un par de meses leí en Los pájaros, el arte y la vida: la belleza de las cosas pequeñas y significativas (Ariel, 2017), un hermoso ensayo de Kyo Maclear, que el arte necesita un silencio amplio y sin forma, necesita fantasías antisociales y pasar tiempo alejado del volumen febril de la vida cotidiana. Pues justo eso es lo que yo necesitaba.

P. ¿Viaja de vuelta a casa, o a algún destino desconocido?R.

Viajo de vuelta a casa, justo al origen de mi vida y de mi escritura: Alcalá del Río en Sevilla, el pueblo donde nací. Este año he vivido en Madrid y he dado tantas vueltas con el libro de un lado a otro del país que el cuerpo y la cabeza me pedían volver al hogar, estar con mi familia y aburrirme. Quería aburrirme, retomar la lectura por placer, sin tener que escribir una reseña, un artículo de cada libro. Salir al patio y dormitar en una hamaca con una buena novela entre las manos.

P. ¿Qué libros, películas o discos huelen más a tiempo libre?

R. Este verano me ha dado por leer las memorias de Simone de Beauvoir para un proyecto que estoy preparando. Sí, ya sé que esto también es trabajo, pero a otro ritmo. Leer libros que no sean de actualidad es un regalo. También he podido leer un par de novedades que vienen en otoño y que darán mucho que hablar: El club de los mentirosos, de Mary Karr en Periférica y Errata Naturae, y En estado salvaje, de Charlotte Wood en Lumen. También he leído los cuentos de Luisa Carnés en Hoja de Lata y me acabo de poner con la correspondencia de Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez publicada hace poquito por la Residencia de Estudiantes. Pero un libro que me ha dejado con ganas de más es Leonora, de Elena Poniatowska. Este otoño se publican las Memorias de abajo de Leonora Carrington en Alpha Decay, el texto que escribió la pintora surrealista sobre los terribles días que pasó encerrada en un manicomio de Santander.

¿Series? Estoy viendo Insecure, Juego de Tronos y, de nuevo, Big Little Lies con mi madre. Y, sobre todo, el tiempo libre huele a cine de verano. En Sevilla tenemos un par que son estupendos: el del CICUS y el del Patio de la Diputación. Nada mejor que ver una peli al aire libre, en pantalla enorme y con un paquete de pipas.

P. ¿Y qué lectura le acompaña en la bolsa de playa?

R. Este agosto me voy a la playa con un manual para aprender a tocar el ukelele, algunas novelas de Agatha Christie y las ediciones de bolsillo de los libros de Chimamanda Ngozi Adichie que acaba de editar Literatura Random House.

P. ¿El peor vecino de piscina que se pueda imaginar?

R. Uno de esos mirones que te hacen sentir incómoda y observada. Hace poco leía una noticia que hablaba de que en Internet hay más de 10.000 imágenes robadas a españolas en topless o desnudas frente al mar. Hacerle una foto a una mujer en una playa no es un delito porque es un lugar público. Creo que deberíamos abrir un debate público en torno a este tema: ¿cuándo nuestro cuerpo dejará de estar cosificado?

P. ¿Aprovecha estos meses para adelantar trabajo, o el descanso es sagrado?

R. Como autora precaria, nunca puedo dejar de trabajar. Artículos de opinión, adelantar artículos para el otoño y escribir mi siguiente libro. La idea de desaparecer de las redes tiene que ver con meterme de lleno en él. Para eso me he venido al pueblo y he acondicionado una habitación en la casa de mi abuela –sin Internet—, para entregarme a la escritura sin distracciones.

También estoy trabajando en el relanzamiento de La tribu, la web sobre literatura y feminismo que dirijo, y en el próximo título de La señora Dalloway, editorial feminista que llevo junto con Ángelo Néstore y Martín de Arriba: Diarios íntimos de Teresa Wilms Montt sale el 18 de septiembre y estos días toca hacer envíos a prensa y librerías.

P. ¿De qué asunto o personaje estará pendiente aun estando de vacaciones?

R. La actualidad es algo de lo que nunca puedo ni quiero desconectar. Este verano estaré muy pendiente de los incendios forestales. Creo que el debate sobre el estado de los montes en España y las políticas de prevención debería ser de máxima urgencia. También estaré muy pendiente del caso de Juana Rivas y las víctimas de violencia machista.

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P. Si le digo “verano de infancia”, ¿qué imagen se le viene a la cabeza?

R. El faro de Chipiona. Los primeros veranos de mi vida los pasé en el pueblo gaditano de Chipiona con mi familia. El verano para mí son las playas de Chipiona, el Atlántico y el inmenso faro en la Punta del Perro.

 

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