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Extinction Rebellion: una lucha contrarreloj por la supervivencia

  • Este movimiento internacional de desobediencia civil trata de provocar con sus acciones una respuesta gubernamental urgente contra la crisis climática
  • infoLibre recoge, a lo largo del mes de agosto, iniciativas científicas y sociales que combaten hoy las causas y los efectos del calentamiento global

Publicada el 27/07/2019 a las 06:00
Protesta de Extinction Rebellion en Gran Vía con Callao.

Protesta de Extinction Rebellion en Gran Vía con Callao.

Extinction Rebellion
El 9 de enero eran cinco, hoy son 1.000 en toda España, activos en más de 30 ciudades. Extinction Rebellion, movimiento de desobediencia cívica contra la crisis climática, se expande internacionalmente con una velocidad de vértigo. Desde su nacimiento en Reino Unido en mayo de 2018, ha llegado a países como Francia, Suecia, Alemania, Canadá, Estados Unidos y Australia, y España ha entrado también en su radio de acción. El colectivo, con una vocación internacional y transversal, tiene un propósito: transmitir la urgencia que exige el calentamiento global y conseguir una movilización popular suficiente para empujar a la acción a los gobiernos. La suya es una de las iniciativas contra el cambio climático que infoLibre reseñará, a lo largo del verano, en esta sección de la revista Verano libre. 

La división española de Extinction Rebellion —o XR, como se bautiza el propio colectivo para abreviar— no ha perdido el tiempo. Desde su fundación han organizado protestas en Barcelona, Granada o Ibiza, pero quizás su acción más sonada fue la que les llevó a bloquear la calle Ferraz en Madrid, donde se encuentra la sede del PSOE, para exigir al Gobierno de Pedro Sánchez que declare la emergencia climática. "Esto es por la vida", lanza por teléfono Nicolás Elíades, coordinador de XR en España. "Esto es mucho más grande que el medio ambiente. Vemos el peligro tan tremendo al que se enfrenta la humanidad, y obviamente los animales y la vida en el planeta... pero es que esto conllevará un colapso social. Lo dice la ciencia". Por ejemplo, el IPCC, el papel de Naciones Unidas, que señala que tenemos 11 años para frenar radicalmente la emisión de carbono y evitar el colapso. Pero también estudios como el de Christiana Figueres y otros autores publicado en la revista Nature, que en 2017 advertía que ese límite crítico llegaría tres años más tarde... en nuestro cercano 2020
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Extinction Rebellion se mueve en torno a tres demandas, resumidas de forma sencilla, en una demostración más de su cuidada labor de comunicación. La primera, dice Elíades: "Que nos digan la verdad". Esto es, que los gobiernos asuman la gravedad real de la crisis climática, y que "se articule la sociedad en torno a esta idea", como, defienden, "se ha hecho en otras ocasiones, como en las guerras mundiales". La segunda: que las emisiones de carbono se reduzcan a cero neto para el año 2025, una fecha ambiciosa pero que el colectivo considera necesaria. "Quedan cinco años, sí, pero si pedimos 2050 se conseguirá en 2060", critica Elíades, "y tenemos que pedir más para llegar más rápido". La tercera demanda: que se establezcan "asambleas ciudadanas" de carácter vinculante que definan y supervisen las medidas gubernamentales tomadas para este fin. No se trataría de "asambleas populares" como las del 15M, sino de organismos conformados por sorteo, como los jurados o las mesas electorales, a imagen de las que ya existen en países como Irlanda, que recurrió a ellas para decidir sobre el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo.
 

El colectivo ha decidido, sin embargo, no centrar su acción en detallar de manera técnica cómo podrían llevarse a cabo estas tres demandas. "¿Cómo lo conseguimos? Ese no es el trabajo de XR, no somos científicos", dice Elíades, aunque aclara que sí hay científicos en sus filas. La consecución de la primera demanda sí parece materializarse en una medida concreta, que es que los gobiernos, en sus distintos niveles, declaren la emergencia climática. De hecho, quizás el mayor éxito de Extinction Rebellion a nivel internacional haya sido que el Parlamento británico lo hiciera el pasado mayo, comprometiéndose luego a celebrar el próximo otoño asambleas ciudadanas para definir las acciones a seguir. Pero el colectivo no aborda en profundidad las acciones que podrían abordarse para llegar a ese cero neto, una labor que considera que corresponde a la ciencia y a la ciudadanía. Elíades lista algunos ejemplos, eso sí: impuestos más altos para las emisiones de carbono, plantación masiva de árboles, normativas para la construcción de viviendas con mayor eficiencia energtética, incentivos para las energías renovables…

Movilizar al 3% de la población

Una de las particularidades del movimiento es que, pese a colaborar con otros colectivos verdes, se desmarca de los parámetros ecologistras tradicionales: "Este no es un movimiento medioambiental, no es un movimiento ecologista, no es un movimiento de jóvenes", insiste Elíades, aunque algunos de sus "rebeldes", como llaman a sus participantes, militen también en colectivos como Ecologistas en Acción o el movimiento estudiantil Fridays for Future. XR quiere alinearse con hitos de la desobediencia civil como la lucha de las personas negras en Estados Unidos o la revolución por la independencia de la India, y de hecho el coordinador menciona expresamente a Martin Luther King y a Gandhi, apelando a la "acción directa no violenta". De esta tradición heredan la idea de que si el 3% de la población se moviliza y "está dispuesto a sacrificarse" —en el caso español, arriesgándose a una multa o arresto en alguna de las acciones—, y el resto de los ciudadanos "empieza a ver que esta gente está siendo perseguida por algo tan fundamental como la vida, y que su causa es noble y es justa", la empatía provocará una movilización masiva que permitirá cambios estructurales en la sociedad. 

Eso no significa, sin embargo, que el núcleo duro de Extinction Rebellion no provenga del activismo ecologista. De hecho, el propio Elíades formó parte de The Climate Reality Project, el proyecto de Al Gore sobre cambio climático. En Reino Unido, el grupo fundacional "surge de un core de gente que estaba involucrada en RisongUp! [movimiento social centrado en política y economía], que se inspiró en el 15M y era una reacción a la crisis. Ahí se creó una gente afín que en su momento fracasó, pero hizo que la gente se conociera", recuerda el coordinador en España. A partir de ahí, empezaron a ponerse en contacto con personas de otros países cuyo trabajo anterior pudiera rimar con los principios del recién nacido Extinction Rebellion. Sin estar él mismo muy convencido aún del asunto, un viaje a Londres por motivos personales coincidió con una de las primeras acciones del grupo, que en noviembre de 2018 bloqueó cinco puentes londinenses, una movilización secundada por cientos de personas que se saldó con docenas de arrestos y en la que acabó participando. En ese momento, dice, vio la potencia de una iniciativa de este tipo. 
 

La estrategia de XR ha continuado en esa dirección. Sus principales acciones siguen siendo la de bloquear vías de acceso en las grandes ciudades, como volvió a hacer la división británica en ciudades como Cardiff, Glasgow, Bristol, Leeds y Londres el pasado julio, replicando el éxito obtenido en la capital en abril, cuando se paralizó el tráfico en distintos puntos durante 11 días. Se trata, dice Elíades, de "interrumpir el flujo de la economía y ser inconvenientes", algo que han logrado con otras performances, como la realizada en la sede de Repsol en Madrid también durante ese mes. "Repsol e Inditex son las empresas españolas que más contaminan", denuncia el coordinador, aunque insiste en que sus presiones se dirigen al Gobierno, "porque las empresas siempre van a mirar para su propio beneficio". El die-in —acciones en las que los participantes se tumban en el suelo durante un tiempo indeterminado y resisten pasivamente la intervención de las autoridades— realizado el jueves en el Primark de Gran Vía iba en ese mismo sentido, en el de señalar lo insostenible de industrias como la textil. 

Un otoño caliente

El grupo apenas descansa en verano. Mientras sus nodos —así llaman a sus grupos en las distintas ciudades— se expanden por la Península, la coordinadora estatal mira al otoño. Entonces lanzarán una campaña para que presenten mociones por la declaración de la emergencia climática en todos los municipios españoles, pero también preparan una Huelga Mundial por el Clima para el 27 de septiembre, en la que están implicadas más de cien organizaciones articuladas en torno a Alianza por el Clima y Emergencia Climática Ya. Además, el 7 de octubre comienza lo que llaman segunda rebelión internacional, siendo la primera la sucedida el pasado abril. 

"Mucha gente se planteará qué puede hacer. Yo animo a que la gente venga y tome las calles con nosotras", pide Elíades. Insta a que la conciencia de ir contrarreloj no conduzca al desánimo ni al pánico, y a pensar en el futuro: "Yo no quiero que seamos la generación que le sirvió la muerte en bandeja a las siguientes". "Si te digo que un asteroide viene contra la Tierra y que va a impactar en 10 años", arranca de nuevo el coordinador de XR en España, "estoy convencido de que los medios y nosotros mismos hablaríamos todos los días del asteroide, de qué estamos haciendo para frenarlo. Esa es la emergencia que tenemos que transmitir. Vamos a la extinción, está bajo amenaza la existencia de la humanidad". No hay que cruzarse de brazos ante la amenaza del final: "El Gobierno y los medios tienen que tomar responsabilidad. Tenemos un problema, solucionémoslo. Tomemos medidas".
 
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