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La lucha del Ebro contra la regresión costera

  • Un proyecto pionero busca establecer medidas para mitigar el impacto de la subida del nivel del mar en el delta que dibuja el río en su desembocadura
  • infoLibre recoge, a lo largo del mes de agosto, iniciativas científicas y sociales que combaten hoy las causas y los efectos del calentamiento global

Alejandro Castroverde
Publicada el 17/08/2019 a las 06:00
Delta del Ebro

El Delta del Ebro, en peligro por el cambio climático

EBRO ADMICLIM
La subida del nivel del mar, debida al calentamiento global, es una de las mayores preocupaciones de la comunidad científica en lo relativo a la crisis climática. Hace apenas unas semanas saltaba la noticia de que Groenlandia había batido un récord, perdiendo 12.500 millones de toneladas de hielo en un solo día. El deshielo es la principal causa del aumento del nivel del mar, que está previsto que ascienda un metro para 2100, según IPCC.

Esta subida amenaza ecosistemas enteros, que corren el riesgo de quedar sepultados por la marea. Dentro de nuestras costas el peligro es inminente, y ya es una realidad en el Delta del Ebro. Una zona vulnerable por su naturaleza de delta, a la que hay que añadir la suma de diferentes actores socioeconómicos que dependen del río, principalmente agricultores de arroz. Todo ello muestra la complejidad para actuar en la llanura deltaica y poner en común una solución que garantice la supervivencia de la desembocadura.

Para reducir este impacto, en 2016 se puso en marcha el proyecto EBRO-ADMICLIM, que inició acciones piloto de mitigación y adaptación al cambio climático en el Delta del Ebro. Tras un año de su finalización, infoLibre ha hablado con Carles Ibáñez, director del proyecto, para que nos detalle cuales son los progresos que se han realizado y de qué maneras se han cumplido sus objetivos. Los avances son visibles, gracias a la iniciativa y a la colaboración de todos los actores implicados: un ejemplo de las acciones positivas contra la crisis climática que queremos recoger en Verano Libre.

Para tomar las medidas necesarias, primero hay que analizar las principales vulnerabilidades del Delta del Ebro. “Son sistemas que están a nivel del mar, ya que se han formado por el depósito de sedimentos de los ríos y tienen una elevación muy baja”, explica Ibáñez. “De hecho en el Delta del Ebro las partes más elevadas están a tres metros sobre el nivel del mar, y más de la mitad están por debajo de un metro”.

Esto hace que la desembocadura del río sea extremadamente vulnerable a la subida de la marea. Sin embargo esta subida no es el único problema, ya que “los deltas de forma natural tienen subsidencia, que es la compactación natural de los sedimentos”. Este fenómeno provoca la disminución de la elevación del terreno, por lo que el problema es doble.

“Esto de forma natural se compensaba por que el río desbordaba con sedimentos y se depositaban en la llanura deltaica, por lo que no perdía elevación”, comenta el experto. En el momento en el que el río se aísla del Delta con diques, hace que estos sedimentos no se puedan depositar en la llanura.

Soluciones basadas en la naturaleza

Para ello el proyecto EBRO-ADMICLIM elaboró una serie de medidas de adaptación y mitigación del impacto del cambio climático en el Delta del Ebro. “Por la adaptación el objetivo principal era recuperar parcialmente el aporte de sedimentos que el río hacía a la costa”, desarrolla Ibáñez. “El objetivo de adaptación es volver a recuperar este flujo y distribuirlo al Delta para evitar estos problemas, tanto de erosión costera como pérdida de elevación causado por la subida del nivel del mar y la subsidencia”.

Para recuperar ese flujo, una de las acciones principales que inició el proyecto fue emplear los sedimentos que son retirados en los embalses y devolverlos al río. Para ello se estableció un plan de sedimentos mediante el cual establecer un sistema permanente de reinyección para reducir la subsidencia.

El plan de sedimentos se está realizando actualmente en la planta potabilizadora de aguas del Consorcio de Aguas de Tarragona, que genera entre 1.000 y 2.000 toneladas de sedimentos al año. “La idea es devolverle al río lo que es del río”, apunta el responsable, aunque matiza que “es una cantidad pequeña, casi simbólica, pero que va en la línea de recuperar este flujo de sedimentos, o al menos no disminuirlo”.
 

Pero el problema del Delta no solo consiste en esa subsidencia. También influyen otros agentes socioeconómicos, como los agricultores de arroz, cuya actividad representa el uso más importante que se hace del terreno. Por lo tanto se establecieron medidas para “reducir la emisión de gases de efecto invernadero, sobre todo metano”.

Y es que el cultivo de arroz es uno de los agentes más contaminantes en la zona. Debido a la técnica de cultivo basada en la inundación, el sedimento no se oxigena. Además, una gran carga de materia orgánica se acumula en dicho sedimento, activando bacterias metanogénicas. De este modo el carbono del sedimento se emite en forma de metano y CO2 a la atmósfera, principales gases de efecto invernadero (GEI). Aunque el metano dura menos que el otro gran GEI en la atmósfera, es capaz de retener el calor hasta 30 veces más que el CO2.

Sin embargo, el proyecto prevé utilizar los sedimentos para reducir su impacto medioambiental. “La idea era combinar las dos medidas, ya que los propios arrozales pueden recibir sedimento y ayudar a que el Delta no pierda elevación, pero también podemos conseguir que haya menos emisiones de estos gases”, comenta Ibáñez.

“El objetivo es cambiar las prácticas de cultivo de arroz, por ejemplo la inundación, ya que es la que provoca esta disminución de oxígeno, pues hacer periodos cortos de secado del arrozal y después volver a llenarlo”. Con estos cambio se conseguiría airear y oxigenar el sedimento, y de este modo se reduce la emisión de estos gases.

Espacios para el diálogo

Debido a la complejidad y diversidad de los agentes en la zona, el mayor reto que se planteaba era crear un espacio de diálogo para poner en común las medidas necesarias para la supervivencia del Delta. Un reto que el científico celebra que se haya superado. “Hemos conseguido que participen el proyecto desde instituciones de investigación hasta administraciones y después sectores productivos, en este caso las comunidades de regantes”.

“En definitiva hay una serie de problemas que son comunes a los diferentes sectores y que todos se sienten bastante afectados e implicados para buscar soluciones”, analiza el investigador. “Eso ha hecho que haya una buena comunicación, y yo creo que también el establecimiento de unos objetivos comunes, ya que independientemente de que no todo el mundo tenga la misma visión, todo el mundo reconoce que el cambio climático es un problema para el Delta”.

Una colaboración que es vital para el programa. “Nosotros durante el proyecto hicimos un proceso participativo para hacer un Plan de Acción por el clima del Delta”. “Ese tipo de medidas se consultaron y consensuaron la mayoría con los principales actores sociales y económicos”, explica.

Pero esa comunicación necesitaba de unas herramientas para llevarse a cabo y que facilitara la implementación de futuras medidas en el río. “Al mismo tiempo se ha producido también la creación de una iniciativa en paralelo de una mesa de consenso entre ayuntamientos y comunidades de regantes que impulsa el buscar un acuerdo con todos los actores para ver qué tipo de actuaciones se pueden hacer para evitar la regresión”. “Se creó hace un año y está funcionando razonablemente bien”, celebra Ibáñez.

La incógnita del procés

Sin embargo no solo el cambio climático afecta al Ebro. La aplicación de las medidas posibles para su supervivencia no se podrá llevar a cabo si las diferentes administraciones no se ponen de acuerdo a la hora de implementarlas. Una hipotética independencia de Cataluña podría afectar a la gestión del río, comprometiendo la aplicación de estas acciones.

“En caso de que no haya acuerdo la parte alta de la cuenca, que sería fuera de Cataluña, tendría la paella por el mango, porque podría restringir el aporte del agua al tramo final y por supuesto también el aporte de sedimentos”, comenta el investigador.

Sin embargo, el científico también considera que, de llegar a consumarse la independencia, podría ser una situación beneficiosa para el río. “El Estado, de momento, y la Confederación han hecho caso omiso a las peticiones de Cataluña de aportar más caudales y sedimentos. Quizás en una situación de independencia la negociación sería más de tú a tú y se podría conseguir mejores resultados para el Delta”.

“Es un problema político que independientemente de la independencia ya existe, por que ya hay una reclamación de más caudales y más sedimentos que no se está ateniendo desde el Gobierno del Estado, y es un conflicto que incluso ha llegado a los tribunales”, sentencia.

Un reto en común

Tras un año de la finalización del proyecto, Ibáñez estima positivos los resultados. “Hemos cumplido el objetivo de avanzar hacia el tema de conseguir recuperar parte de los sedimentos atrapados en los embalses, dentro de unos años puede haber una prueba piloto de traspase de los sedimentos en el embalse de Riba-roja, algo que se está hablando tanto a nivel de gobierno en España como en el gobierno de Cataluña”.

El científico se muestra optimista respecto al futuro. ”Somos optimistas por que es algo que si o si se tendrá que gestionar, e intentamos que se gestione lo antes posible”. Entiende que la visibilidad que ha tenido el proyecto, así como la colaboración entre las distintas partes, tal vez garantice la supervivencia del Delta del Ebro. “Hay un reto muy grande y eso la gente lo ha entendido y creo que ahora, después de décadas mucho más conflictivas, hay más posibilidades de los diferentes actores se puedan poner de acuerdo en implementar ese tipo de situaciones“.
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