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'Black mirror', "durísima e innecesariamente agresiva" para Rodríguez Palop

  • La eurodiputada de Podemos, como feminista, hace una excepción con El cuento de la criada y la elige como su serie favorita de la temporada
  • En agosto, políticos, politólogos y periodistas comentan para infoLibre sus series favoritas... y aquellas otras que no han sido capaces de terminar

Publicada el 09/08/2019 a las 06:00
La eurodiputada de Podemos María Eugenia Rodríguez Palop durante un acto de campaña a las elecciones europeas de 2019.

La eurodiputada de Podemos María Eugenia Rodríguez Palop en un acto el pasado mayo.

EP
María Eugenia Rodríguez Palop (Llerena, Badajoz, 1970) es profesora de Filosofía del Derecho en la Universidad Carlos III, especialista en derechos humanos, pero en marzo de este año ocupó, como independiente, la cabeza de cartel de Unidas Podemos para las elecciones al Parlamento Europeo. Autora también de distintas publicaciones, Revolución feminista y políticas de lo común frente a la extrema derecha (Icaria, 2019), entre otras, participa en De series, dentro de la revista Verano libre, en la que a lo largo de agosto políticos, politólogos y periodistas comentan las producciones que más y que menos les han gustado. Aunque a El cuento de la criada sí le conceda ese privilegio, la agresividad de Black mirror no convenció a la eurodiputada.

Black mirror es una producción británica y estadounidense que nace en 2011 y que hasta el momento ha emitido cinco temporadas, con sólo 22 episodios en total. Como una sucesión de parábolas, que profetizan sobre futuros más o menos cercanos y plantean dilemas del presente en clave distópica, Black mirror se sirve de la tecnología para justificarse. La serie, que se emite en Netflix, se ha convertido en estos últimos años en el producto de masas de referencia para describir las relaciones entre lo humano y lo digital, en un esfuerzo por dar forma a esa temida hibridación tecnológica que, más que arrojar soluciones, asusta. Así le pareció también a la europarlamentaria de Unidas Podemos, a quien Black Mirror le pareció “durísima e innecesariamente agresiva” y que se declara “muy sensible a la violencia, especialmente a la violencia manifiesta”.



El riesgo de Black mirror reside en su misma novedad. Producir una antología en la que la necesidad de creatividad es constante puede desgastar descaradamente el recorrido de una serie. Así, el capital imaginativo en Black mirror no puede dejar de funcionar. Cada capítulo —los episodios son unidades argumentales diferentes— aborda un reto tecnológico distinto, que puede ir desde las amenazas o el acoso cibernético hasta la fiebre por la popularidad, el conseguir ser alguien en las redes sociales mientras no se es nadie en lo real. Aun así, hay capítulos —algunos de ellos los más celebrados por el público— en los que la tecnología, más que protagonista, se empapela como ambientación o como contexto, y que no necesariamente muestran la peor cara de lo digital.

Esa violencia que antes rechazaba la parlamentaria, en cambio, en El cuento de la criada parece volverse casi necesaria. Esta producción de Hulu, emitida también en plataformas como HBO, es la serie favorita de Rodríguez Palop en estas últimas temporadas. Y no es para menos. “Logré ver El cuento de la criada porque soy feminista y estoy muy motivada”, asegura la europarlamentaria de Podemos, aunque sí reconoce que es una serie que le cuesta ver. Estrenada en 2017 y actualmente en emisión de su tercera temporada, esta serie basada en la homónima novela de la escritora canadiense Margaret Atwood construye, a través del horror, un país en el que fanatismo, totalitarismo y misoginia se complementan para romper con Occidente y someter a la mujer bajo el peso del Estado.

Violaciones, maltrato, la mujer como un objeto llevada hasta el extremo y la privación de hasta la más mínima libertad. En Gilead, el Estado ficticio en el que se desarrolla la serie, pero que ocupa lo que antes era EEUU, se suprimen los derechos humanos, se captura a las mujeres y se las instrumentaliza: unas son criadas, otras prostitutas, otras sólo limpian y cocinan y otras son señoras. De abajo arriba y al revés, ninguna tiene capacidad de elección. Todas quedan sometidas a un mandato divino, el de la religión, que se apodera tanto de la vida pública como de la privada, y así, el presente, tal y como hoy lo podamos conocer, queda reducido a la nada, a que todo esté ya escrito, pero con letra de hombre.

Por último, Rodríguez Palop, que no se declara especialmente fan de las series, elige Los Soprano como su producción favorita de la historia, sobre la que confiesa que “es casi de las pocas” que ha visto completas. Esta serie de HBO, que comienza a emitirse en 1999 y que además es una de las grandes y míticas marcas de la casa, narra la vida cotidiana de una familia mafiosa de Nueva Jersey. Con seis temporadas, muchos la han defendido siempre como la mejor serie de la historia de la televisión. Para la eurodiputada de la formación morada, además de ser entretenida, otro de sus muchos aciertos está en “plantear cuestiones interesantes sobre la organización social de las mafias y sus allegados”, sobre todo si se tiene en cuenta que Los Soprano ofrece un esquema que “se puede asimilar bastante bien a la organización de casi cualquier mafia, incluso cuando esa mafia está institucionalizada”. 
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