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Maleta de libros

'Alas'

  • Alas, de Mijaíl Kuzmín, se convertía en 1908 en la primera novela gay rusa: un siglo más tarde, esa misma obra sería perseguida por el régimen de Putin
  • Se acabará el verano, pero quedarán los libros. infoLibre publica adelantos de algunas de las obras que llegarán a las librerías en otoño

Publicada el 10/08/2019 a las 06:00
Cuando Mijaíl Kuzmín publicó su novela Alas en la revista Vésy, en 1908, estaba haciendo historia en varios sentidos. Primero, se insertaba en la nómina oficial del simbolismo rusoa través de su publicación de referencia. Pero también firmaba la primera novela rusa de temática homosexual, haciéndose por tanto el padre de una larga tradición que llega hasta nuestros días, de nuevo amenazada: tras la ley promulgada contra la "propaganda de relaciones sexuales no tradicionales", hoy en día cualquier libro con una trama LGTBI que se venda en Rusia es calificado para mayores de 18 años. En este contexto, la editorial Akal recupera el rompedor libro de Kuzmín, traducido Manuel Ángel Chica Benayas. infoLibre publica un extracto de la introducción y de la propia novela, que llega a las librerías el próximo 9 de septiembre. 

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Introducción
 
  Alas aparece por primera vez publicada en el número 11 de la revista Vésy, dirigida por el escritor, poeta y dramaturgo Valeri Briúsov, en 1905. Es el año de la primera Revolución rusa, del Domingo Sangriento y del motín del acorazado Potiomkin. Como no podía ser de otro modo, Alas supone un escándalo en la sociedad biempensante de la época, si bien supone un gran éxito en la sociedad, tendríamos que decir, malpensante. La novela es acogida con satisfacción en los círculos literarios progresistas de la época, y pronto su fama va a traspasar las fronteras rusas.

Alas es, esencialmente, una novela de amor, tema cultivado triunfalmente por la literatura rusa en tantas y tantas obras. Pero la peculiaridad que presenta es que es la primera novela rusa que narra un amor romántico homosexual. Y lo hace con la delicadeza y la inteligencia que cabría esperar. Parece que al autor no le interesaba asustar ni impresionar ni escandalizar al lector, sino contar una historia en apariencia muy sencilla, muy rusa y chejoviana en ese aspecto, pero que, bajo esa superficie tranquila, esconde el océano turbulento de cualquier ser humano en sociedad. A Kuzmín sólo le interesa dejar constancia de una realidad, y lo hace de manera bellísima.

El protagonista es un joven huérfano, Iván Smúrov, o Vania, como se refieren a él la mayor parte de las veces en la novela. Nada más comenzar el relato lo encontramos en un tren con su tío Kostia. Acaba de morir la madre de Vania y Kostia se encargará de su educación. Ese viaje en tren saca a Vania de su ciudad de provincias y lo lleva al populoso Petersburgo. Pero lo que realmente supone para el joven protagonista es un inesperado viaje iniciático. Kuzmín aprovecha la ocasión para llevar al papel algunos sucesos de su vida, por lo que podemos considerar que la novela tiene ciertos tintes autobiográficos. En ese viaje iniciático, el adolescente Vania va a vivir su despertar al amor y a los sentimientos. Pero ese despertar está acompañado de un terror inexplicable que no concuerda con el ideal comúnmente extendido del amor romántico. Vania es inocente e inexperto, pero tan inteligente como para escucharse a sí mismo y ser consecuente aunque se vea obligado a enfrentarse a algo desconocido.

Junto a Vania, los otros personajes principales de la obra son Larión Dmítrievich Shtrup y Daniíl Ivánovich. Larión Dmítrievich Shtrup pertenece a la clase alta, no tiene oficio conocido, viaja por el mundo y disfruta del arte. Es de origen inglés, por lo que no sería raro ver en él una especie de trasunto ruso de Oscar Wilde, cuya literatura ha influido claramente en nuestro autor. También podemos encontrar en él rasgos que nos hacen pensar en el príncipe Georges, primer amor de Kuzmín. Shtrup ayuda a Vania a mirar el mundo con nuevos ojos y le anima a ser ese hombre nuevo que Rusia y el mundo necesitan, un hombre sin las ataduras del pasado, culto y con capacidad crítica. Es decir, un hombre libre al que «le crecerán alas». Daniíl Ivánovich es el profesor de lengua griega de Vania en el gimnasio. Él le muestra la belleza de la Antigüedad, de la cultura, del saber. Y será el catalizador entre Vania y Shtrup. Los personajes están trazados con ligereza, pero no por ello resultan endebles o convencionales. Tanto los personajes protagonistas como los secundarios tienen la necesaria profundidad psicológica para llevar a cabo su cometido y sus características son fácilmente reconocibles.

Alas es una novela corta estructurada en tres partes, tres paradas en ese viaje iniciático de Vania que corresponden claramente con la exposición, nudo y desenlace aristotélicos. La primera parte tiene lugar en Petersburgo, la segunda en el campo y la tercera en Italia. Desde lo impersonal de la gran ciudad llegamos a un lugar mítico, misterioso, modelado a partir de la idealización de los protagonistas. Sólo puede ser allí donde tenga lugar el desenlace. Kuzmín utiliza una lengua elegante y refinada, con frases largas y gran riqueza léxica. No obstante, se adapta con maestría en cada momento al nivel exigido por el lugar, la acción y los personajes, tanto en la narración como en los diálogos.

La narración es fragmentaria. Tan sólo se nos da a conocer lo más indispensable para conocer la acción y su transcurso, al igual que el esbozo de los personajes. Con esta técnica impresionista, Kuzmín obliga al lector a rellenar los huecos existentes entre escenas, que unas veces son sencillas y breves y otras más largas y de complicada estructura. Las imágenes, de gran importancia en la novela, son igualmente evocadoras y significativas. Con ellas, el autor dibuja el decorado interior de lo que ocurre en el texto. Saca las emociones, los pensamientos de los personajes y los transforma en un objeto, en un paisaje, a veces tan sólo en un color, que informan de lo que se mueve dentro de los personajes o, de forma profética, de cuál será su porvenir.

No olvida tampoco Kuzmín recrear el ambiente y los lugares de la época. Los personajes se pasean por las calles de Petersburgo, van a la ópera, viajan en tren o en coche de caballos, descansan en la dacha, conocen a viejos creyentes (con los que en su infancia y juventud el autor estuvo tan relacionado), nadan en ríos y lagos y comen en restaurantes lujosos. Nada es gratuito y todo tiene su significado y su objetivo. Los símbolos se convierten en parte esencial de la narración y debemos estar atentos a ellos si queremos apurar a fondo todo el contenido del texto. También reproduce el ambiente homosexual de la época: baños para hombres, reuniones masculinas donde se toca música, se leen poemas y se goza del arte. E introduce más sutilmente detalles que podrían pasar desapercibidos pero que son una semilla de información y predisponen y adecúan el paisaje narrativo. Un vaso con jacintos, la flor nacida del personaje mitológico del mismo nombre, amante del dios Apolo. Una representación frustrada de Sansón y Dalila, ópera del compositor francés Camille Saint-Saëns, reconocido homosexual. Las continuas referencias a la Grecia clásica. O una habitación pintada de azul claro, el color representativo de los homosexuales en la Rusia del XIX, pues para reconocerse entre ellos los homosexuales vestían prendas de ese color.

Mijaíl Kuzmín crea con Alas una bellísima novela de amor, sin más. No debería preocuparnos cuál es el sexo del objeto amoroso del protagonista. Pero, tristemente, todavía esto nos llama la atención y hablamos de ello y juzgamos Alas como una novela de amor homosexual. Sí, evidentemente existe en la novela la temática homosexual, pero el autor no se queda sólo en eso (lo cual sería muy loable), sino que llega más allá y construye una obra cuyo trasfondo es el valor del amor y de la libertad, ambos intrínsecamente unidos. El amor se nos presenta como el resultado de la libertad. Y la libertad no puede existir sin el conocimiento, sin la cultura, sin la comprensión profunda de los vericuetos del alma humana, sin la consciencia del yo y del otro, que no son otra cosa que el amor. Y ese conocimiento y esa comprensión sólo pueden llegar a través del estudio y del arte, algo que queda bellamente materializado en la gran figura mitológica final, síntesis de varios dioses.

(...)

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Alas

(...)

Eran casi los únicos en el teatro que seguían con suma atención las confesiones de Isolda a Brangäne y que prácticamente no se dieron cuenta de la entrada del rey al palco frente a la escena. El rey saludó con una leve reverencia al público, que lo recibía con gritos de salutación. Se sentó en la butaca justo tras la barandilla con aspecto aburrido y estudiado. Pequeño, con bigote y una gran cabeza, tenía un gesto al mismo tiempo sentimental y severo. A pesar de que en el escenario ya se desarrollaba plenamente la acción, la sala estaba por completo iluminada. Las damas, que lucían escote y collares, se sentaban en los palcos casi de espaldas a la escena mientras conversaban y sonreían. Y los caballeros, con flores en los ojales, hastiados y correctos, iban de palco en palco. Se servía helado, y los señores de edad, sentados en lo profundo de los palcos, leían con el periódico abierto.
Vania, sentado entre Shtrup y Orsini, no escuchaba los murmullos ni el ruido a su alrededor. Todo su pensamiento estaba centrado en Isolda, que creía oír los cuernos de los cazadores en el rumor de las hojas.

—¡He aquí la apoteosis del amor! Sin la noche ni la muerte sería un gran canto a la pasión. ¡El mismo dibujo de la melodía y toda la escena son rituales! ¡Himnos! –le dijo Ugo a Vania, pálido por completo.

Shtrup, sin volverse, miraba por los binóculos hacia el palco situado frente a ellos, donde se sentaban muy juntos el pintor de pelo rubio y la mujer menuda de ondulados cabellos negros y brillantes. Poseía unos enormes ojos claros sobre su pálido rostro sin maquillar y carnosos labios de un rojo intenso, y llevaba un vestido amarillo bordado con oro. Distinguida y pretenciosa, tenía una barbilla grosera y audaz hasta la locura. Y Vania escuchaba maquinalmente los relatos de las aventuras de esta Veronica Cibo en los que se entrelazaban diferentes nombres de hombres y mujeres que se habían perdido por su culpa.

—¡Es una completa miserable! –se distinguía la voz de Ugo–. Un personaje del siglo XVI.

—¡Oh, demasiada distinción para ella! Simplemente, es una buscona –y se oían las denominaciones más brutales de boca de esos correctos caballeros que miraban con avidez aquel vestido amarillo y aquellos ojos perversos de rusalca sobre su pálido rostro.

Cuando Vania le dirigía a Shtrup las más sencillas preguntas, se ruborizaba y se sonreía. Daba la impresión de que hubiera hecho las paces con él después de una impetuosa discusión o de que se hubiera recuperado de una larga enfermedad.

—Sólo puedo pensar en Tristán y en Isolda –dijo Vania mientras caminaba con Orsini por el pasillo–. Son la representación más ideal del amor, la apoteosis de la pasión. Pero si miramos la parte exterior y el final de la historia, ¿no es esencialmente lo mismo que lo que nos encontramos en la taberna del Giogo?

—No comprendo bien lo que quiere usted decir. ¿Le abruma la presencia misma de la unión carnal?

—No, pero en cada acto real hay algo ridículo y humillante. ¿Es que Isolda y Tristán no tenían que desabrocharse y quitarse la ropa? ¿Es que sus capas y sus calzas no eran entonces tan poco poéticas como ahora nuestras chaquetas?

—¡Oh, qué ideas! ¡Qué divertido! –se rio Orsini, que miraba a Vania con asombro–. Siempre sucede así. No entiendo qué es lo que quiere decir.

—Si la esencia desnuda es sólo una y siempre la misma, ¿no daría igual cómo llegar hasta ella? ¿Si a través de un amor universal o por un impulso animal?

—¿Qué le ocurre? No reconozco al amigo del padre Morti. Por supuesto, el acto y la esencia desnuda no son importantes. Lo importante es la relación que tengamos con ellos. El acto más injusto, la situación más increíble, pueden justificarse y purificarse a partir de nuestra relación con ellos –dijo muy serio Orsini y casi de un modo aleccionador.

—Puede que eso sea verdad, a pesar de su intención moral –juzgó Vania mientras sonreía. Después se sentó junto a Shtrup y lo miró de reojo con atención.

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Alas
Mijaíl Kuzmín
Traducción de Manuel Ángel Chica Benayas
Akal
12 euros
9 de septiembre de 2019



La editorial

El sello Akal se funda en 1972, todavía bajo la dictadura franquista, con el propósito de rebelarse contra los mandatos de lo que el sello llama "establishment cultural". Pese a que en su catálogo hay desde literatura clásica hasta astronomía, es conocida sobre todo por su biblioteca de ensayo sobre los movimientos de izquierdas (Mao y Marx están entre sus autores) y los libros que abordan cuestiones políticas, sociales y culturales de actualidad, como Memoria personal de Cataluña, de Gregorio Morán, o Aquí estamos, un volumen colectivo sobre los retos del nuevo movimiento feminista. 
 
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