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Envidia literaria

'El gran cuaderno' es "un antes y un después" para Edurne Portela

  • La autora de Mejor la ausencia y Formas de estar lejos afirma que el título de la escritora húngara Agota Kristof "no da lugar a ningún tipo de esperanza"
  • A lo largo del mes de agosto, autoras y autores confiesan a infoLibre sus referentes y sus envidias sanas a partir de los libros que querrían haber escrito

Publicada el 12/08/2019 a las 06:00
La escritora Edurne Portela.

La escritora Edurne Portela.

Galaxia Gutenberg
Siete años atrás, en 2012, la historiadora y docente universitaria Edurne Portela (Santurtzi, Bizkaia, 1974) aún no era novelista —aunque sí escritora—. Fue en ese momento, en el que vivía en Estados Unidos, cuando Portela se topó con "una de esas novelas que marcan un antes y un después" en su vida, según afirma la propia autora. La novela en cuestión era El gran cuaderno, de la escritora húngara Agota Kristof, un título que, como Portela revela a la revista Verano libre, le hubiera gustado haber escrito.
  Ahora, años después de aquel encuentro con la "representación más devastadora" que Portela recuerda haber leído de los efectos de la violencia —en este caso, de la guerra—, la autora ya puede nombrarse como novelista después de haber escrito Mejor la ausencia —obra por la que recibió el Premio 2018 al mejor libro de ficción del gremio de las librerías de Madrid— y la más reciente Formas de estar lejos.

Agota Kristof, nacida en 1935 en la aldea húngara de Csikvád, se enfrentó en su país a la Segunda Guerra Mundial y, años después, a la ocupación soviética. Con 21 años, su marido, su hija pequeña y ella se vieron abocados al exilio, trasladándose a Suiza. Allí, Kristof se separó de su cónyuge y emprendió su carrera literaria con la adopción de un idioma que no era el suyo: el francés.

Fue en 1986 cuando publicó su obra más notoria: El gran cuaderno, una novela que le valió el Premio Europeo de Literatura Francesa y que fue el primer título de la trilogía Claus y Lucas. En su primera entrega, Kristof cuenta la historia de dos gemelos que, criados por una malévola abuela, inician un duro aprendizaje de supervivencia, covirtiéndose a su vez en víctimas y verdugos.

Con el fondo de la guerra y tintes autobiográficos, la autora vizcaína también señala que "la escritura de Kristof no da lugar a ningún tipo de esperanza". "Podría pensarse que representa una especie de mal radical", apunta, "pero no es así: Kristof es capaz de crear situaciones y personajes complejos que cuestionan nuestros códigos éticos, tan propensos al maniqueísmo".

Edurne Portela también creció con la violencia de los años de plomo y el escándalos de los GAL salpicando su infancia y su vida, y plasma esos recuerdos en Mejor la ausencia. En su primera novela, Portela narra el trasfondo de un País Vasco de los años ochenta y noventa desde los ojos de Amaia, una menor instalada en el seno de una familia destruida. La autora admite que es posible que el libro de Kristof haya influido algo su propia escritura: “Admiro su forma de narrar, de contar sin contarlo todo. Escribo teniendo muy en consideración los silencios. Y también me gusta trabajar el lenguaje con precisión para intentar decir mucho con poco”.

A pesar de la admiración hacia la novela de Kristof, Portela apunta no estar segura de si ese es el libro que más ha disfrutado: "Creo que cada época en la vida tiene su libro, y que he podido disfrutar tanto cuando tenía 20 años leyendo La consagración de la primavera, de Alejo Carpentier, como con 38 leyendo El gran cuaderno. Diferentes gustos y diferentes gozos, según el momento vital". Cuando la autora se encontró con El gran cuaderno señala que "estaba pasando por un momento difícil y especialmente sensible". "Igual por eso me permeó mucho su crueldad", concluye.
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