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"Una historia de espías pero de amor": así es 'El día de mañana', la serie que ha fascinado a Luis Arroyo

  • "Un producto nacional, autóctono y una serie maravillosa", afirma el sociólogo sobre la producción de Movistar+, su favorita de la temporada
  • En agosto, políticos, politólogos y periodistas comentan para infoLibre sus series favoritas... y aquellas otras que no han sido capaces de terminar

Publicada el 15/08/2019 a las 06:00
El sociólogo Luis Arroyo.

El sociólogo Luis Arroyo.

LA
Luis Arroyo es sociólogo, docente universitario y consultor internacional de comunicación política, además de columnista habitual en este periódico. Autor de distintas publicaciones, El poder político en escena (RBA, 2012), entre otras, participa en De series, dentro de la revista Verano libre, en la que de lunes a viernes a lo largo de agosto políticos, politólogos y periodistas comentan las producciones que más y que menos les han gustado. En esta temporada, la serie de la que más ha disfrutado Arroyo es española: El día de mañana.

Mariano Barroso, presidente de la Academia y de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, dirige esta serie original de Movistar+, en colaboración con MOD Producciones. La miniserie, que consta de sólo seis episodios y se estrenó en junio de 2018, está basada en la novela homónima de Ignacio Martínez de Pisón. Ambientada en la Barcelona de los sesenta, la producción, “fascinante” para Luis Arroyo, cuenta la historia de Justo Gil, un joven que llega a la ciudad sin nada en los bolsillos y que busca una mejor vida, aunque por distintos azares lo que termina haciendo es convertirse en confidente de la policía franquista. La serie, protagonizada por Oriol Pla y Aura Garrido, ha maravillado a Arroyo: “Una historia de espías pero de amor, de un buscavidas, un pequeño estafador y de cómo se complica todo. Es un producto nacional, autóctono y una serie maravillosa”.



La serie favorita de la historia de Luis Arroyo es El cuento de la criada —en emisión ahora de su tercera temporada—, para la que no tiene otros calificativos que los de “increíble” y “alucinante”. El sociólogo cree que esta producción de Hulu, emitida también por HBO, reúne muchos de los grandes problemas de nuestros días, que “ahora vemos latentes y en pequeño, como el machismo, la influencia del cambio climático, la política o el control de la información”, pero que en la serie “se ven en su máxima expresión”. Además, para Arroyo, uno de los aciertos de esta distopía está en la verosimilitud, en que “aunque todo parezca una locura, y lo es, la serie está hecha de tal manera que es completamente creíble, con un montón de mensajes”.

Entre sus favoritas también se cuela Wild wild country, una miniserie de 2018 distribuida por Netflix, de tan sólo seis episodios, que le impactó “de manera rotunda”. Esta producción documental cuenta cómo la secta de los Rajneesh, liderada por el gurú hindú Bhagwan, también conocido como Osho, levanta de la nada una ciudad en el Medio Oeste, en Oregón. Fue en 1981 cuando Osho se trasladó a Estados Unidos para construir Rajnishpuram, una suerte de ciudad-utopía en la que sus fieles, congregados como comunidad internacional, establecerían sus vidas, a pesar de los límites legales y del Estado.

Pese a lo que se le presume a alguien que trabaja en la esfera política, Luis Arroyo es bastante reacio a series como Borgen o House of cards. “Toda esta fascinación por las series políticas… Todas las he dejado de ver, porque me parecen de un infantil y de un bobo que no puedo con ellas”. Es posible que El ala oeste de la Casa Blanca sentara el precedente de todas las que vinieron después. Estas producciones, muchas veces con tintes de thriller y con aires dramatizados, muestran, como Borgen, los entresijos de la toma de decisiones, la presión por ejercer política al más alto nivel, y como House of cards, la peor cara del poder. “Es curioso que me parezca mucho más interesante El cuento de la criada siendo una distopía, pero todas estas series pretendidamente realistas, que son un disparate, no me han llegado a enganchar, a pesar de que mis colegas las alaben mucho. Me parece todo excesivo, primario e infantil”, sentencia el sociólogo.
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