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La mitad de todo

Lilí Álvarez, la primera gran estrella del deporte femenino español

  • La tenista disputó tres finales de Wimbledon consecutivas en los años veinte y ganó el torneo de Roma
  • En agosto, infoLibre recuerda a algunas de las mujeres que han marcado la historia española del siglo XX en la política, la cultura, la ciencia o el deporte

Publicada el 23/08/2019 a las 06:00 Actualizada el 22/08/2019 a las 20:37
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Lilí Álvarez.

Lilí Álvarez durante un partido de tenis.

IL
En esta sección de Verano libre dedicada a recordar a algunas mujeres importantes del siglo XX español no podía faltar la primera deportista internacional. Se trata de Elia María González-Álvarez y López-Chicheri, más conocida como Lilí Álvarez (Roma, 1905 - Madrid, 1998), quien consiguió jugar tres finales consecutivas de Wimbledon y fue considerada la segunda mejor tenista del mundo entre los años veinte y treinta.

Lilí Álvarez nació en una familia de aristócratas, pues su abuelo materno fue diputado y senador del Partido Liberal-Conservador de Antonio Cánovas del Castillo, mientras que su abuela era hija de un marqués. Gracias a su posición acomodada pudo desarrollar su infancia en Suiza y estudiar en colegios elitistas. Una de las consecuencias es que los primeros deportes que practicó fueron el esquí y el patinaje sobre hielo. De hecho, con sólo 16 años ganó la Medalla de Oro Internacional de Patinaje y mucho después, en 1940 consiguió hacerse con el Campeonato de España de Esquí, deporte que según ella misma era su "preferido", aunque en el que más destacó fue el tenis. Además, también practicó automovilismo y en 1924, con 19 años, logró la primera posición en el Circuito Catalán.

Su pasión por los deportes no fue casual, la propia tenista expresó en su libro Plenitud (1951) que su padre le había inculcado tal entusiasmo: "A la memoria de mi dulce padre, que tanto amó el deporte y me llevó a él". En sus primeros años como deportista profesional, Lilí Álvarez iba y venía a España junto con sus padres y, a pesar de hacerse con diversos torneos, entre ellos de tenis, no era reconocida en su país. Incluso pasó desapercibida su participación en las Olimpiadas de París de 1924 –ella y Rosa Torras fueron las primeras mujeres españolas en acudir a esta competición–, pese a haber logrado el mejor puesto de la delegación española.

Una habitual de las finales

El nombre de Lilí Álvarez pasó a ser conocido en España en 1926, cuando la madrileña decidió participar en Wimbledon. Su nombre sonó más porque justo era el 50 aniversario del torneo y, sobre todo, porque consiguió disputar la final contra la inglesa Kitty McKane. Aquella ocasión hizo que la prensa británica la apodase como La Señorita. En 1927 y 1928, la tenista también jugó la final del mencionado campeonato y, aunque tampoco consiguió ganar, logró lo que hasta el momento ningún deportista español había alcanzado: disputar tres finales consecutivas de Wimbledon.

La tenista no había dejado aun huella en los campeonatos que se celebraban en España y, por eso, en 1929 participó en el Campeonato de España, el cual se llevó sin mucho esfuerzo ya que sólo perdió cuatro juegos en todo el torneo. Y aunque se la recuerde sobre todo por sus tres finales en el abierto de Reino Unido, Roland Garros también fue muy importante para su carrera profesional; fue semifinalista en 1930, 31, 36 y 37, campeona de dobles femeninos en 1929 con Kea Bouman y finalista de mixtos en 1927 con Bil Tilden. Además, en 1930 se alzó con el torneo de Roma, el cual ninguna tenista española ganaría hasta que lo hiciese Conchita Martínez en 1993.

Conciencia feminista

A Lilí Álvarez también le fascinaba leer y escribir, lo que motivó que durante su vida publicase más de una docena de libros, entre ellos Modern lawn tennis (1927) o Plenitud, en el que hablaba de feminismo. En este sentido, también realizó el prólogo de la edición en castellano de la obra La mística de la feminidad, de Betty Friedan, pues la polifacética deportista se consideraba una mujer feminista.

En una entrevista en 1979 en el diario El País, Lilí Álvarez aseguró lo siguiente: "Lo que despertó en mí feminismo fue el ver, cuando volví a España, que para todo te pedían certificados y contratos matrimoniales y que los maridos parecían niñeras. Esto me indignó. Las mujeres somos idiotas porque nos han hecho idiotas, en cambio el defecto de los hombres es su primitivismo, o sea, su necesidad de humanización". En otra entrevista en 1988 afirmó que nunca fue reconocida porque era una mujer: "Yo fui tres veces finalista en Wimbledon, cosa que no lo ha sido nunca ningún español varón. Ya ves, el homenaje que no me hacen en España me lo tributan allí. Ese olvido es debido a que los varones son muy importantes en España. De ellos hablan y de lo mío, nadie dice nada".

En su labor como periodista, Lilí Álvarez entrevistó a la histórica feminista Clara Campoamor, fue corresponsal en España del periódico británico Daily Mail durante la II República y la Guerra Civil y también colaboró en La Vanguardia, Cuadernos para el diálogo y Blanco y Negro. La tenista murió a los 93 años sin haber recibido ningún reconocimiento de su país y fue tras su fallecimiento cuando se le concedió la Medalla de Oro al Mérito Deportivo.
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