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La mitad de todo

Clara Campoamor, la gran valedora del voto femenino

  • La abogada madrileña se enfrentó a un sistema patriarcal que aseguraba que las mujeres no debían votar porque eran inferiores a los hombres
  • En agosto, infoLibre recuerda a algunas de las mujeres que han marcado la historia española del siglo XX en la política, la cultura, la ciencia o el deporte

Publicada el 29/07/2019 a las 06:00 Actualizada el 29/07/2019 a las 12:18
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Clara Campoamor en el Congreso de los Diputados.

Clara Campoamor en el Congreso de los Diputados.

Wikimedia Commons
El 12 de febrero de 1888 nacía en Madrid Clara Campoamor, la valedora del voto femenino en España. Su objetivo era ser abogada y no sólo consiguió ejercer como tal, sino que además legisló en favor de los derechos de la mujer y de los menores abandonados. Es una de las tres primeras diputadas en la historia del Estado español en ser elegidas democráticamente. Las otras dos eran Margarita Nelken y Victoria Kent, que figurarán también en esta sección de la revista Verano libre, dedicada a recordar a algunas de las mujeres que han marcado la historia española del siglo XX en la política, la cultura, la ciencia o el deporte. Con Kent, de hecho, protagonizaría una conocida pugna dialéctica por el sufragio femenino.

Para llegar a ser parlamentaria primero tuvo que superar algunas trabas. La principal era ser una mujer de origen humilde que se vio obligada a dejar los estudios con tan sólo diez años por la muerte de su padre. Tuvo que empezar a trabajar para ayudar a su madre, María del Pilar Rodríguez, que era costurera. Hasta los 33 años no acaba bachillerato y en 1924, con 36 años, se licencia en Madrid como abogada. Al año siguiente se inscribe en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid y comienza a ejercer. Hasta entonces sólo había una mujer en dicha institución, Victoria Kent. A partir de ese momento, se haría efectiva su lucha por defender a los más desprotegidos, entre ellos, las mujeres.

Asimismo, fue la primera abogada que intervino ante el Tribunal Supremo y también defendió dos casos de divorcio; el de la escritora Concha Espina, de su marido Ramón de la Serna y Cueto, y el de Josefina Blanco, de Ramón María Valle-Inclán. De esta manera, Campoamor pasó a ser una de las letradas más reconocidas de la época.

Republicana convencida

Clara Campoamor tenía claro que sólo un Estado republicano era garante de igualdad de toda la ciudadanía ante la ley. "¡República, república siempre! Me parece la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos", dijo en 1930 ante la pregunta de un periodista sobre si prefería un estado republicano o monárquico.

Por eso mismo no duda entrar en ese mismo año en el partido de Manuel Azaña, Acción Republicana. Azaña quiso que Campoamor defendiese a los militares procesados en San Sebastián por su rebelión en Jaca  —sublevación militar contra la monarquía de Alfonso XIII— y ella aceptó. Sin embargo, su afiliación al partido dura poco tiempo. En su libro El voto femenino y yo. Mi pecado mortal (1936), Campoamor explica que abandonó Acción Republicana por discrepancias ideológicas con Azaña.

Tras la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931, Clara Campoamor decide presentarse a las elecciones del 28 de junio a través de otro partido republicano de izquierdas, el Partido Radical, de Alejandro Lerroux. Con esta formación entra en el Congreso como diputada por Madrid: en ese momento las mujeres no eran sujeto de sufragio activo, pero sí que podían ser elegidas. También formó parte de la comisión de 21 diputados que elaboraron la Constitución republicana. Fue la única mujer presente. A partir de ese momento comenzó su lucha por el voto femenino, que traería consigo el sufragio universal. 

Asimismo votó a favor de la ley de Divorcio, aprobada por las cortes el 25 de febrero de 1932 por 260 votos a favor y 23 en contra. Sin embargo, Clara Campoamor lo tenía claro desde hacía mucho antes. En 1925 fue preguntada acerca de este asunto en el periódico Heraldo de Madrid. La cuestión fue si estaba a favor de derogar el artículo 438 del Código Civil, que decía lo siguiente: "El marido que sorprendiendo en adulterio a su mujer matase en el acto a esta o al adúltero o les causara alguna de las lesiones graves, será castigado con la pena de destierro". Es decir, el hombre quedaba impune.

A la abogada no le parecía justo "de ninguna manera". "Ese artículo es una supervivencia bárbara del Derecho romano, que ponía la vida de la mujer a la merced del pater familias, y de aquel sistema penal primitivo que encomendaba la sanción de los delitos a la venganza privada... Ese artículo debía borrarse del Código. Hay que dar otro recurso que la pistola al marido burlado para deshacerse de su mujer: hay que darle el divorcio", alegó Campoamor.

El voto femenino: su pecado mortal

"Clara Campoamor hizo una defensa del voto de las mujeres basada en principios y no en consecuencias. Considera que sólo teniendo los  derechos políticos se debe usar la libertad y que las mujeres no pueden estar privadas de sus derechos políticos porque tenerlos es un derecho natural", afirmó la reconocida filósofa feminista Amelia Valcárcel en un documental sobre la figura de Campoamor. Por su parte, la encargada de defender el no fue Victoria Kent, del Partido Radical Socialista. La izquierda se dividió porque consideraba que las féminas no debían votar por varios motivos, entre ellos, porque creían que estas votarían a la derecha alentadas por sus maridos y por la Iglesia. 
  Campoamor contestó uno por uno los argumentos que Kent esgrimió en contra del sufragio femenino, pero también se dirigió directamente a los diputados que no compartían su postura y votarían en contra de su propuesta: "Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis cómo ese poder no podéis seguir detentándolo". 

Tras el debate, el 1 de octubre de 1931, las Cortes aprobaron el sufragio femenino por 161 votos a favor y 121 en contra. Así, se recogió este derecho en el artículo 36 de la Constitución republicana. Días más tarde, se presentaron tres enmiendas y, aunque todas fueron rechazadas, una de ellas fue apoyada por el Partido Radical, entre otros partidos de izquierdas, lo que motivó el distanciamiento de Campoamor con sus compañeros. El diputado Rafael Guerra del Río planteó eliminar la palabra "mismos" del texto para que se pudiese diferenciar entre hombres y mujeres cuando fuesen a votar. El artículo original decía lo siguiente: "Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes".

Las elecciones de 1933 fueron las primeras en las que las mujeres pudieron ejercer su derecho al voto activo. Sin embargo, venció la derecha y, además, Campoamor no estaba entre los diputados electos. Tampoco Victoria Kent, pero sí repitió Margarita Nelken y salieron elegidas otras cuatro mujeres, entre ellas tres del PSOE, Veneranda García Blanco, María Lejárraga y Matilde de la Torre, y una de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), Francisca Bohigas.

Quienes defendieron que el voto femenino era una locura sacaron pecho. Sin embargo, este argumento no hacía más que reafirmar el machismo y la misoginia imperantes. Clara Campoamor llegó a decir que "el voto femenino fue, a partir de 1933, la lejía de mejor marca para lavar las torpezas varoniles". En 1936 también votaron las mujeres y ganó la izquierda.
 


Al no obtener escaño, Alejandro Lerroux, líder del Partido Radical y presidente del Consejo de Ministros, le ofreció un puesto en su Gobierno como directora general de Beneficiencia y Asistencia Social, cargo que ostentó desde finales de diciembre de 1933 hasta octubre de 1934. En ese momento, Campoamor decide dimitir porque la CEDA entra a formar parte del gabinete de Gobierno, pensaba que su partido estaba subordinado a la derecha. A pesar de ello, su afán por ayudar a los más desprotegidos le lleva a pedirle a Lerroux, mientras su partido decide si admitir su dimisión, irse a Asturias para "hacerse cargo de los niños abandonados, sin distinción de matices entre huérfanos de la población civil y militar de los rebeldes". En febrero de 1935 deja de formar parte del Partido Radical.

Una vez fuera del Partido Radical, Campoamor intentó afiliarse a la izquierda Republicana, pero el partido rechazó su adhesión. También le negaron la entrada en el Frente Popular como representante del partido Unión Republicana Femenina, que ella misma fundó en 1931. Su lucha incansable por los derechos de las mujeres la llevó a morir como política. 

Exilio marcado por su pasión por la literatura

Ante la imposibilidad de entrar en el Parlamento y legislar para que las mujeres tuviesen los mismos derechos y oportunidades que los hombres, Campoamor optó por dedicarse a su otra gran pasión, la escritura. Entre los libros que publica antes de que estalle la Guerra Civil se encuentran El derecho de la mujer y El voto femenino y yo. Mi pecado mortal, su obra de más renombre.

El 18 de julio de 1936 estalla la Guerra Civil y en agosto Clara Campoamor decide exiliarse. Su primer destino fue Ginebra (Suiza), allí se quedó en la casa de Antoinette Quinche, abogada especializada en los derechos de las mujeres, y en 1937 publicó en Francia La revolución española vista por una republicana. Con esta obra criticó el comportamiento de los políticos que decían ser republicanos. En 1938 publicó La situación jurídica de la mujer española. Dos años después, Clara Campoamor quiso volver a España, pero el franquismo la perseguía y no puedo regresar.

Su siguiente refugio fue Buenos Aires (Argentina), en donde se quedó a vivir durante una década. Allí desarrollaría otras facetas menos conocidas, como son la de ensayista sobre literatura hispánica y traductora de grandes escritores como Victor Hugo y Émile Zola. También dio conferencias y escribió la biografía de otra defensora de los derechos de la mujer, Concepción Arenal, o de Quevedo, entre otros personajes ilustres. En 1955 vuelve a Suiza, pero esta vez elige la ciudad de Lausana, en donde trabajaría como abogada.

Llama la atención que la gran valedora del voto femenino en España eligiese para vivir un país en el que no concedieron el sufragio a las mujeres hasta 1971, cuarenta años después de que ella misma lo defendiese en solitario en el Congreso de los Diputados y consiguiese cambiar la historia de las mujeres españolas. 

La mujer olvidada
                                                                        
Campoamor murió en Lausana en 1972, con 84 años, como consecuencia de un cáncer. Quiso ir a morir a España pero no le dio tiempo volver. Aquí imperaba aún la dictadura franquista y los derechos conseguidos no regresarían hasta la Transición. De hecho, la Sección Femenina, rama de la Falange Española, le dio un papel totalmente contrario a las mujeres: la casa y el cuidado de la familia. 

La directora de cine Laura Mañá recogió su vida parlamentaria en una película llamada Clara Campoamor, la mujer olvidada (2011). Esta dejó por escrito que quería que sus restos mortales descansan en el cementerio de Polloe, Donosti (San Sebastián), en donde se encontraba cuando se proclamó la II República. 
 
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2 Comentarios
  • Jafedi Jafedi 31/07/19 16:52

    Clara  Caampoamor también tiene una faceta de su desarrollo social  muy poco conocida o, quizá, interesadamente poco divulgada, su pertenencia a la masonería.
    Una logia mixta que trabaja en Donosti realiza cada año, en torno a la fecha del 8 de marzo, un homenaje a Clara Campoamor y deposita un ramo de flores al pié de la estatua que, en su memoria, existe en el Paseo de la Concha.

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 28/07/19 23:37

    Y ahí tenemos al Sr. Abascal empeñado en volver a meter a la mujer en casa con la pata quebrada. Que haya varones que `pienesen como él y le voten es comprensible, ¡Dios los cría y ellos se juntan!, pero que haya mujeres que lo hayan votado resulta inexplicable. ¡Han sido miles!

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