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Envidia literaria

Nuria Labari y el imaginario de Szymborska

  • La autora de Cosas que brillan cuando están rotas se fascina por la forma en la que la poeta es capaz de construir un mundo particular a través de la lírica
  • A lo largo del mes de agosto, autoras y autores confiesan a infoLibre sus referentes y sus envidias sanas a partir de los libros que querrían haber escrito

Publicada el 30/08/2019 a las 06:00 Actualizada el 29/08/2019 a las 21:30
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La periodista y escritora Nuria Labari.

La periodista y escritora Nuria Labari.

EP
Fue en un seminario Escuela Contemporánea de Humanidades de Madrid, cuando llegó a las manos de Nuria Labari (Santander, 1979) Por eso vivimos. El poemario de Wisława Szymborska ocupa un lugar predilecto en la estantería la escritora y periodista. Labari nos relata el impacto que tuvo la obra de Szymborska, y como es el libro que le gustaría haber escrito, en la sección Envidia Literaria de la revista Verano Libre.

  Autora de Los borrachos de mi vida, ganador del VII Premio de Narrativa de Caja de Madrid, Labari encuentra en Szymborska una referente a la hora de establecer imaginarios. “La forma en que otros autores construyen imágenes influye siempre en mi trabajo, porque me interesa ver cómo el mundo se condensa en imágenes mentales y cómo esas imágenes condicionan nuestra conciencia y cómo construyen mundos y hasta los cambian”. Unas imágenes que se reflejan en sus dos novelas Cosas que brillan cuando están rotas (2016) y La mejor madre del mundo (2019).

Nacida en Prowent (actual Kórnik), Polonia, Srymborska se trasladó a los ocho años a Cracovia, ciudad que sería la cuna de su obra literaria hasta su fallecimiento en 2012 con 88 años. Allí comenzaría sus estudios universitarios en Lengua y Literatura Polaca y Sociología, los cuales no concluyó por problemas económicos. Sin embargo cabe destacar su participación en diferentes revistas y periódicos, que la llevarían a publicar su primer poema, Busco la palabra, en la revista Dziennik Polski en 1945 con 21 años.

A partir de ese momento comienza su carrera profesional y artística, compaginando sus labores de redactora con su poesía, que verá la luz en 1952 con la publicación de su primer poemario Por eso vivimos, seguida de su segunda publicación en 1954, Preguntas a mi misma.

En estas obras se puede percibir el estilo particular de Srymborska, basado en una claridad y simpleza fruto de una selección milimétrica en el léxico en el que nada es dejado al azar. Ese distanciamiento de lo grandilocuente le permitirá transmitir con cercanía temáticas universales, como el amor y la guerra, junto a la cotidianeidad o la metafísica, caracterizadas a través de la contradicción o la ironía.

Una lírica que, como parte del movimiento de la nueva poesía polaca, estuvo bañada por la sombra del estalinismo de postguerra. Ello marcará el distanciamiento de la autora con el Partido Obrero Unificado Polaco, del cual era miembro, hasta finalmente repudiar sus dos primeras obras por su cercanía al realismo socialista. Desapego que se hará patente en su siguiente obra, Llamando al Yeti, publicada en 1957 y en el que la crítica destacó los paralelismos establecidos con Stalin.

Sus publicaciones posteriores la consumaron como una de las mayores poetas polacas de la historia, gracias a obras como Gente en el puente (1986) o Fin y principio (1993), que la hicieron valedoras del premio Goethe en 1991 y el premio Herder en 1995, y en las que se perfila su existencialismo. Sin embargo, su salto al panorama internacional no se produjo hasta la obtención del Nobel de Literatura en 1996, en el cual la autora dejó para la posteridad su discurso No sé qué gente.

Finalmente la obra de Wisława Szymborska finaliza con Hasta aquí (2009), título escogido por la autora ante su avanzada edad y anticipando su próximo fallecimiento. En ella Szymborska reflexiona sobre la memoria, la niñez, las sensaciones y los pequeños detalles. Pero también sobre ella misma, la naturaleza del alma, y sobre aquellos mapas que son capaces de transportarnos a otros mundos.
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