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El dinosaurio todavía estaba allí

Elizabeth Duval: "Está bien que algo, aunque sea algo tan terrible, ayude a poner los egos en su sitio"

  • "He descubierto lo poco que me importa el discurso alrededor de la acogida de mis libros", afirma la escritora, que publicó Excepción y Reina poco antes del confinamiento
  • "Me parece lamentable la retórica de que esto es una guerra, aquí en Francia, por ejemplo, a la cual tenemos que hacer frente con nuestros valores republicanos. ¿Qué importancia tienen para un virus la laicidad, la libertad, la igualdad, la fraternidad?"
  • ¿Hemos aprendido algo de la crisis? ¿Saldremos mejores de esta? Este verano, distintos creadores hablan con infoLibre sobre su experiencia y el futuro de la cultura frente a la pandemia

Publicada el 27/07/2020 a las 06:00 Actualizada el 27/07/2020 a las 10:38
La escritora Elizabeth Duval.

La escritora Elizabeth Duval.

Efe

Es difícil tratar de definir a Elizabeth Duval (Alcalá de Henares, Madrid, 2000) cuando nadie lo hace mejor que ella misma a través de sus creaciones. No es solo porque Reina (Caballo de Troya, 2020), su primera novela, abrace la tan referida autoficción (que no autobriografía), sino porque de las páginas de sus libros se desprenden la personalidad, la evolución y las contradicciones de una autora que ha tenido que enfrentarse a la gestión de una imagen pública desde muy temprana edad

Su 2020 iba a estar marcado por la publicación de Reina y, unos meses antes, de Excepción (Letraversal, 2020), un poemario incendiario en el que La tierra baldía de T.S. Eliot se destapa como la Barcelona de las revueltas de 2019, con abril tornándose en octubre. Sin embargo, aunque ambas publicaciones han seguido adelante, su promoción se vio sacudida, como todo el país, cuando estalló la crisis por la pandemia de covid-19. No así, según cuenta, la preparación de su segundo poemario y su ensayo sobre lo trans, previstos ambos para 2021, ni una próxima novela algo más lejana en el horizonte.

Hablamos con ella sobre su experiencia en una etapa que ha vivido entre Madrid y París (donde cursa estudios de Filosofía y Literatura), la creación en un contexto tan anómalo, el panorama literario que se abre ahora o la relación con la imagen de sí misma que desprende en los medios, las redes y su propia obra.

Pregunta. ¿Cómo has pasado profesional y creativamente el confinamiento?

 
Respuesta. Hablar de lo profesional es, al fin y al cabo, hablar de dinero, y yo he perdido y he ganado dinero durante el confinamiento: se han cancelado una multitud de cosas que iba a hacer y también han surgido otras nuevas que no he podido precisamente agradecerle al confinamiento, porque ya eran proyectos que se estaban gestando con anterioridad. Lo más satisfactorio han sido proyectos como #LaMascarilla [una tertulia con distintas figuras del mundo de la cultura que pudo verse en su canal de YouTube durante las primeras semanas del confinamiento]: Luna Miguel y yo tenemos agendas normalmente bastante apretadas, y el tener que estar teletrabajando y en casa nos permitió sacarlo adelante durante un tiempo. Y he podido escribir, claro, bastante, pero sobre todo en las primeras semanas; en el último tramo del confinamiento ya no tenía ganas ni de leer ni de escribir ni de nada.
 
P. ¿Crees que lo vivido en estos meses te ha cambiado? ¿De qué manera?
 
R. Yo creo que estoy más o menos igual que antes. Me ha hecho darme cuenta de lo importante que es para mí mi pareja, de quien estuve separada (ella estaba en París y yo en Madrid) durante los tres meses del confinamiento. Pero poco más.
 
P. En estos meses de enclaustramiento y "nueva normalidad", que coincidían además con la reciente publicación de Excepción y Reina, ¿ha cambiado la relación con tu propia imagen pública, y en particular con las redes sociales?
 
R. Yo voy a intentar no mirar todo lo que se habrá tuiteado durante el confinamiento, menos aún lo que habré tuiteado yo, porque seguro que me parece una cosa en su conjunto delirante. Creo que estando confinada es mucho más fácil que se te vaya la pinza en Twitter, y hubo un momento, que a mí ya me pareció bastante malsano, en el que encadenaba prácticamente una polémica o flame por día. He vuelto a París, puedo salir de casa y ahora estoy bastante más tranquila. Intento indignarme menos con las redes sociales y me preocupo menos por mi imagen pública de lo que me preocupaba durante el confinamiento. En eso sí que he descubierto algo, fíjate: lo poco que me importa el discurso alrededor de la acogida de mis libros. Reina no está escrito buscando el aplauso, por ejemplo, y disfruto mucho cuando alguien hace una reseña inteligente o dice algo que a mí me parece revelador y que ni siquiera yo había pensado antes del libro, pero me siento muy distanciada de los libros en sí. En tres meses se cumplirán dos años desde que empecé a escribir Reina: ¿cómo voy a identificarme yo con un libro que escribía la Elizabeth de hace dos años, cuando recién había cumplido los 18? Si no te reconoces ni siquiera en la persona que ha escrito el libro, es muy difícil que los elogios te suban el ego y todavía más que los ataques o críticas destructivas te hagan daño alguno. Vivir de espaldas a la crítica está muy bien.
 
P. ¿Y crees que el mundo a tu alrededor ha cambiado de una forma profunda, más allá de las alteraciones obvias?
 
R. Me es muy difícil responder afirmativamente a esta pregunta cuando, hace apenas unos días, siendo entonces lunes, fui por la tarde a mi bar de confianza y la terraza estaba prácticamente llena. Y en París han extendido las terrazas para que ocupen prácticamente toda la acera. Lo he comentado algunas veces con amigos: la nueva normalidad se parece mucho a la vieja normalidad de siempre, o al mundo de antes. Ya hay soirées tecnos programadas en esta ciudad. No: no hemos cambiado, o al menos no ha cambiado lo que se ve. Mucha gente ha perdido familiares, trabajos, etcétera... pero el sistema es capaz de aguantar eso y más, de moldearse y moldearnos: de eso que no le quepa duda a nadie.
 
P. El mundo del libro, como otros muchos, se ha visto paralizado durante meses. ¿Cómo imaginas el futuro de este sector a medio plazo?
 
R. Estaría bien no apostarlo todo a unos cuantos días al año, como Sant Jordi o la Feria del Libro de Madrid; intentar construir un modelo distinto. Yo en esto soy pesimista: los grandes grupos de la industria editorial continuarán absorbiendo editoriales más pequeñas, el e-book ganará más peso, cerrarán algunas librerías, todo cambiará para que nada cambie. No sé, libros seguirá habiendo.
 
P. ¿Te has planteado en algún momento escribir algo relacionado con las experiencias de estos meses? ¿Crees que es demasiado pronto, o que la literatura tiene el deber, de alguna forma, de contar también esto? ¿Ha cambiado al menos aspectos de tu próximo ensayo sobre lo trans y tu segundo poemario?
 
R. No, la verdad es que no. Yo no creo que la literatura tenga el deber de nada ni que deba someterse a finalidades externas; y sí, considero que es demasiado pronto como para que lo que se diga ahora tenga algún tipo de interés y no quede en apenas unos meses viejo y zafio. No ha cambiado nada de mi próximo ensayo sobre lo trans, que no incorpora ninguna dimensión coronavírica; mi segundo poemario lleva escrito desde 2019, así que menos aún. Y lo próximo que escriba, la novela que ya he mencionado en algunas entrevistas, tampoco tratará en absoluto la cuestión del covid-19 o del confinamiento o de la nueva normalidad.
 
P. ¿Has aprendido algo de la crisis sanitaria y de la cuarentena que no hubieras aprendido de otra forma?
 
R. Tengo más dudas que antes y la crisis sanitaria no me ha aclarado nada. Supongo que me ha rebajado un poco los humos y el ego la cancelación de toda la promoción prevista para los libros, aparecer mucho menos en medios de lo que iba a aparecer, tener mucha menos repercusión de la prevista. Está bien que algo, aunque sea algo tan terrible, ayude a poner los egos en su sitio.
 
P. Si tuvieras que inclinarte por una opción, ¿saldremos mejores o peores?
 
R. Cada uno saldrá como buenamente pueda y como se lo permitan sus circunstancias. No se puede salir mejor si se te ha muerto alguien cercano. Yo intento salir mejor, demostrar más cariño, ser más tranquila, juzgar menos; pero no creo que eso se deba a la pandemia ni al confinamiento, y no creo que sea a través de momentos así de excepcionales que aprendemos sobre nosotros mismos o nos solidarizamos y empatizamos con el otro. No tendría que ser así.
 
P. ¿Tienes alguna certeza sobre qué será clave para superar la crisis? ¿Cuáles crees que deben ser nuestras prioridades o nuestros valores fundamentales en estos momentos?
 
R. Serán claves las medidas económicas que se implanten para atajar la crisis y de qué signo sean. Superar una crisis sistémica, más aún después de una pandemia, no es una cuestión de actitud, ni puede reducirse a comportamientos individuales. Me parece lamentable la retórica de que esto es una guerra, aquí en Francia, por ejemplo, a la cual tenemos que hacer frente con nuestros valores republicanos. ¿Qué importancia tienen para un virus la laicidad, la libertad, la igualdad, la fraternidad? Tengamos cuidado, sin obviar que la vida no puede pararse, y poco más.
 
P. ¿De qué te has valido, personalmente, para seguir a flote en los peores momentos del confinamiento y la crisis sanitaria?
 
R. No me he aburrido en ningún momento, porque he leído, he escrito, hacía videollamadas con mi pareja. Sí que he estado muy triste y, particularmente, me ha afectado bastante la ansiedad, de tal forma que psicosomatizaba muchísimo y no era exactamente agradable, pero ese problema ha ido desapareciendo después del confinamiento y me da que ha sido bastante común a mucha gente. Me ayudaba mucho poder cruzarme con mis amigos, cuando se pudo; y la perspectiva de volver a París, y la ilusión por lo que estaba escribiendo. Pero, al mismo tiempo que podía hacer todas esas cosas, estaba profundamente bloqueada con muchas otras. En fin: considero que mi confinamiento ha sido más bien dulce, privilegiado. Hay gente que lo ha vivido mucho, mucho peor que yo.
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