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El dinosaurio todavía estaba allí

Rocío Acebal: "Me incomoda la idea de forzar la conversión de la crisis en una oportunidad"

  • La autora ovetense, que recibió en pleno confinamiento el Premio Hiperión por su poemario Hijos de la bonanza, cree que el mundo a su alrededor "se ha vuelto aún más desigual"
  • ¿Hemos aprendido algo de la crisis? ¿Saldremos mejores de esta? En agosto, distintos creadores hablan con infoLibre sobre su experiencia y el futuro de la cultura frente a la pandemia

Publicada el 10/08/2020 a las 06:00 Actualizada el 10/08/2020 a las 10:22
La escritora ovetense Rocío Acebal.

La escritora ovetense Rocío Acebal.

Al hablar con Rocío Acebal (Oviedo, 1997) dentro de esta sección sobre lo acontecido estos últimos meses y el porvenir que nos espera, resuenan palabras como "crisis" o "desigualdad". No podría ser de otra forma, ya que parece que son dos caminos ya transitados cuyo final, si es que alguna vez estuvo cerca, no se atisba debido a la pandemia. Pero la preocupación de la escritora por estas cuestiones, especialmente en sus consecuencias entre los jóvenes, es anterior. Da cuenta de ello Hijos de la bonanza (Hiperión, 2020), un estupendo poemario que publicó en el mes de junio, casi tres meses después de ser merecedor del XXXV Premio Hiperión. Entre ambos acontecimientos, el abismo.

Acebal nos desgrana su visión sobre este hoyo abierto en el tiempo y el espacio, pero también sobre la grieta que ya estaba antes y por supuesto persiste ahora. Un periodo completamente anómalo que para la autora de Memorias del mar (Valparaíso, 2016) no debe ser reconvertido en una posibilidad de aprendizaje: "No creo que las crisis sean una escuela, al menos para mí", comenta en las siguientes líneas.

Pregunta. ¿Cómo ha pasado profesional y creativamente el confinamiento, teniendo en cuenta que coincidió además con el Premio Hiperión para Hijos de la bonanza?

Respuesta. He pasado la mayor parte del confinamiento centrada en la corrección de Hijos de la bonanza y en la redacción de mis trabajos de fin de grado [Derecho y Ciencias Políticas]. Más allá de lo académico, no he sido capaz de sentarme a escribir; para hacerlo necesito leer mucha poesía y tener la mente despejada, y ambas cosas se me han resistido durante estos meses. El premio llegó en pleno confinamiento, el 21 de marzo, lo que le dio un inevitable carácter agridulce de incertidumbre, pero aun así fue una gran alegría que rompió la tónica monótona de los días y me permitió ocupar la mente con algo diferente e ilusionante.

P. ¿Cree que lo vivido le ha cambiado? ¿De qué manera?

R. Ahora valoro más lo que era imposible estos meses: disfruto más al sentir el sol en la cara y atesoro más el contacto cercano con quienes quiero.

P. En estos meses de enclaustramiento y "nueva normalidad", ¿se ha modificado su relación con su propia imagen pública, y en particular con las redes sociales?

R. No sé si ha afectado a mi propia imagen, pero desde luego presto más atención a la veracidad de lo que comparto en redes sociales. La conversación en redes durante estos meses ha estado tristemente marcada por la desinformación, promovida no solo por ciertas figuras públicas sino por el uso irresponsable de muchos usuarios anónimos, lo que me ha llevado a redoblar la atención que pongo en no compartir informaciones sesgadas o no verificadas.

P. ¿Y cree que el mundo a su alrededor ha cambiado de una forma profunda, más allá de las alteraciones obvias?

R. Creo que el mundo a mi alrededor se ha vuelto aún más desigual, aunque seguramente esa afirmación entre en la categoría de obviedad. La crisis sanitaria y, especialmente, la crisis económica que de ella se deriva no han atacado del mismo modo a todos los ciudadanos: hay quienes tenían una red de seguridad y quienes han caído a un abismo del que les resultará muy difícil salir.

P. El sector del libro, como otros muchos, se ha visto paralizado durante meses. ¿Cómo imagina su futuro a medio plazo?

R. El mundo del libro nunca ha tenido las cosas fáciles, tiene esa famosa "mala salud de hierro". Aunque me gustaría imaginar una pronta recuperación de lo perdido en estos meses, que viene a ahondar en lo perdido tras la crisis de 2008, creo que el futuro será difícil y, tristemente, verá el cierre de empresas y proyectos ilusionantes.

P. ¿Se ha planteado en algún momento escribir algo relacionado con las experiencias de estos meses? ¿Cree que es demasiado pronto, o que la literatura tiene el deber, de alguna forma, de contar también esto?

R. No sabría decir cómo ni cuándo, pero sé que de alguna forma las experiencias de estos meses se filtrarán en mis poemas. No sé, honestamente, si la literatura tiene algún deber y, si lo tiene, si incluye contar lo que ha pasado. Creo que la crisis sanitaria terminará llegando a la literatura de buena parte de los escritores, ya sea directamente en tanto historias basadas o ambientadas en la crisis o indirectamente en el reflejo de sentimientos de impotencia, soledad, luto, solidaridad...

P. ¿Ha aprendido algo de la crisis sanitaria y de la cuarentena que no hubiera aprendido de otra forma?

R. No. No creo que las crisis sean una escuela, al menos para mí. Durante el confinamiento hubo un llamamiento general a la productividad y el aprendizaje ("¡aprende a coser!", "¡aprende a cocinar nuevos platos!", etc.) y, aunque es normal que muchas personas dedicaran su tiempo a actividades que habitualmente no realizan, no me gustó el clima de presión para "aprovechar" el encierro. Me incomoda la idea de forzar la conversión de la crisis en una "oportunidad" y más aún de culpabilizar a quienes no la "aprovechan": es también normal que muchos quisieran dedicar el tiempo extra (quienes lo tuvieron) a dormir y ver series malísimas desde el sofá.

P. Si tuviera que inclinarse por una opción, ¿saldremos mejores o peores?

R. Si tengo que elegir, me siento inclinada a decir que saldremos siendo mejores, porque hay algo de consuelo al buscarle un lado positivo al sufrimiento. Pero, siendo honesta, diría que saldremos iguales. Creo que las iniciativas solidarias, desde el ofrecimiento de muchos jóvenes a hacer la compra de los más mayores o cuidar a los niños de quienes tenían que trabajar hasta la labor incansable de las ONGs y sus voluntarios, se deben a que muchas personas eran solidarias antes de la crisis del covid-19 y no a que de pronto se hayan vuelto mejores personas. Hay en esto, creo, algo de fe en la sociedad española: el confinamiento dio pie a que se canalizara una solidaridad y una fraternidad que ya estaban presentes en ella.

P. ¿Tiene alguna certeza sobre qué será clave para superar la crisis? ¿Cuáles cree que deben ser nuestras prioridades o nuestros valores fundamentales en estos momentos?

R. La prioridad fundamental debe ser no dejar a nadie atrás. La actual crisis ha ahondado en las desigualdades provocadas por la crisis de 2008, acentuándolas, y desde luego no nos recuperaremos de este golpe como sociedad mientras todos, especialmente quienes más han perdido, se puedan recuperar.

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