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El dinosaurio todavía estaba allí

Monterrosa: "Si hay que elegir entre comer y hacer música, la decisión se toma sola"

  • El grupo de pop electrónico tenía grandes planes para 2020. Mientras se recuperan de la sacudida, se preguntan por la precariedad en la música e incluso la esencia de su proyecto
  • ¿Hemos aprendido algo de la crisis? ¿Saldremos mejores de esta? En agosto, distintos creadores hablan con infoLibre sobre su experiencia y el futuro de la cultura frente a la pandemia

Publicada el 14/08/2020 a las 06:00
Enrique F. Aparicio y Rocio Saiz, Monterrosa.

Enrique F. Aparicio y Rocio Saiz, Monterrosa.

Las Amigas

Monterrosa tenía grandes planes para 2020. El dúo de pop electrónico formado por Rocío Saiz (también en Las Chillers) y Enrique F. Aparicio tenía treinta conciertos cerrados, contaba con lanzar su primer disco largo tras el EP Latencia (2019). "Era un año en que debíamos confirmarnos dentro de la escena, el momento de recoger el fruto de ese esfuerzo de los últimos años", dice el músico. Como tantos otros planes, estos también se desmoronaron. La crisis del coronavirus canceló o pospuso las actuaciones confirmadas, puso en suspenso la esperada confirmación e incluso obligó a repensar la esencia del proyecto: ¿cómo hacer música para la pista de baile en un mundo en el que el baile es una actividad de riesgo? 

Responden a través de Zoom, haciendo malabares con las exigencias de la nueva normalidad pero con la misma acidez y honestidad que se ve en letras como Fauna o Me manipulaste. ¿Cómo han pasado el confinamiento? "Muy mal, muy en la angustia", se lanza ella, "hago muchos deportes para gestionar la ansiedad, y ahora... Lo peor que te puede pasar es encontrarte contigo misma". Pese a la confesión —a medio camino entre la franqueza y el humor, marca de la casa—, combaten la que sería una comprensible sensación de pérdida. Dice Aparicio: "Hablar de pérdidas, teniendo en cuenta los muertos, la crisis económica... no me parece bien.  Comparado con gente que haya perdido familiares o su puesto de trabajo, lo nuestro no es nada". Porque, "para bien o para mal", dice, no viven de la música. Lo que les da de comer son sus otros trabajos, los que suelen considerarse reales. Perder conciertos no es perder el pan.

Eso no significa que no tenga implicaciones materiales. Monterrosa es, como tantos otros proyectos underground, aquello a lo que dedican parte del dinero que ingresan, esperando dejar de perderlo en algún momento. "En ese sentido", continúa el músico, "trabajamos en la música como si nos diera de comer, pero es un salto de fe. Si ya la incertidumbre era nuestra compañera de cama más usual, pues ahora más". "Me aplasta el capital / Todos los días es igual / No puedo más / De día cafeína / De noche orfidal", cantan en Cafeína y orfidal, un himno para esa generación crecida en la crisis que empieza a preguntarse si la vida era esto. La precariedad, defienden, es una amenaza para el mundo cultural, también para el que no vive de crear. "Quizás ahora, con la situación económica, sí tengo que elegir entre escribir una letra para Monterrosa o trabajar en algo por lo que me paguen", lanza Enrique F. Aparicio. "Y si hay que elegir entre comer y hacer música, la decisión se toma sola".

Esperan no tener que tomarla pero, con la pérdida de actuaciones en directo, de las que viven incluso los grupos más conocidos, nunca se sabe. Ahora tienen en el horizonte un concierto en el festival Tomavistas Extra —el ciclo que organizó Tomavistas tras haber tenido que posponer su edición habitual a 2021—, que será el próximo 9 de septiembre si nada lo impide. A Rocío Saiz le preocupan las condiciones de la "nueva normalidad" de la música en directo. Primero, reconoce que las promotoras están haciendo un "esfuerzo leonino" para que "el parón se convierta en una pausa". Pero señala cómo los conciertos de estos días se han organizado en modo café concierto, en mesas con sus sillas para asegurar la distancia de seguridad, y cómo esas mesas deben comprarse siempre en grupo o en pareja. "Es imposible ir sola a un concierto", se queja, "porque no te puedes permitir pagar una mesa tú sola. Es una forma de discriminación, y tenemos que tener cuidado con que la cultura no se convierta en exclusiva". 

Para ella, el parón de la industria tendría que haber dado espacio a una reflexión sobre su funcionamiento: "si se pagan los sueldos que se tienen que pagar, si se da de alta a la gente o no, cuáles son las condiciones...". No lo ha encontrado. "Se está haciendo muy poca reflexión sobre prácticas que son mala praxis en el mundo de la música", lamenta, unas prácticas que hacen "más frágil" el ecosistema cuando todo se para. Se indigna, por ejemplo, ante la actitud de muchas marcas frente a los conciertos online. "Lo de hacer conciertos online me parece una súper genial idea, pero no te aproveches de que los artistas queramos hacer algo para el público ni pienses que esto va a ser gratis siempre. Si tú como promotor me llamas desde una marca para que trabaje gratis... ¿eso qué es?". 

Pese a las "desilusiones" y la certeza de que "la cultura nunca es prioritaria", ellos como grupo sí han decidido detenerse, pensar. Decir que no a las propuestas que no les parecían dignas o éticas, pese al miedo a que "la gente se olvidara" de Monterrosa. No ha sido así: los lanzamientos de los EP Música ligera, con temas como "La nueva normalidad", o Última conexión, han sido muy celebrados, como lo fue su versión de Resistiré. Las canciones parecían estar afinadas en el ambiente emocional exacto del confinamiento, conectando con inquietudes que ya estaban antes de que el virus pudiera con todo: "Las que siempre tuvimos que callar / tenemos las palabras en las manos. / Si las alzamos queda esta verdad: / no cabe nada nuevo en lo normal".

Los últimos temas, lanzados desde un encierro parcial, tienen un tono ligeramente distinto de sus trabajos anteriores. Lo resume Enrique F. Aparicio: "Resulta que estamos más cerca de Cecilia que de Alyzée". Al menos eso va a haber que asumir cuando toquen frente a unos espectadores obligados a permanecer sentados. "Íbamos a presentar un disco ante un público que iba a ser, básicamente, gente restregándose entre desconocidos, que es lo que más nos gusta", lamenta el músico. Renunciar momentáneamente a la fiesta no es poca cosa: el grupo nació con la vocación de crear un espacio seguro en el que poder desatarse. Y no renuncian a ello: "Nosotras queremos seguir pensando en la pista de baile porque en la pista de baile somos nosotras mismas. Es como cantar en español: es nuestra lengua materna". Por ahora, van a tener que explorar otros registros, mientras siguen haciendo los malabarismos habituales del día a día. "Hace falta mucha fiereza y tener una apuesta personal muy decidida y muy loca para sobrevivir a esto", dicen. Esperan tenerla. 

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