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El dinosaurio todavía estaba allí

Josefina Molina: “El mundo sigue más preocupado por el dinero que por la salud tanto del planeta como de los ciudadanos”

  • La cineasta cordobesa, directora de Función de noche o la serie Teresa de Jesús, se ha percatado a sus 83 años de que "merece la pena dedicar sin miedo una mayor reflexión al encuentro inexorable con la muerte"

  • ¿Hemos aprendido algo de la crisis? ¿Saldremos mejores de esta? En agosto, distintos creadores hablan con infoLibre sobre su experiencia y el futuro de la cultura frente a la pandemia

Publicada el 19/08/2020 a las 06:00
La directora y guionista, Josefina Molina.

La directora y guionista Josefina Molina.

EFE

Cuesta entender por qué el nombre de Josefina Molina (Córdoba, 1936) no se coloca junto al de los grandes cineastas de la historia del cine español, esos que cualquiera puede tener en su cabeza. Es considerada eso sí una "pionera", el máximo honor al que las mujeres parecieron aspirar en este arte durante muchas décadas. Existen muchos ejemplos de mujeres directoras que la precedieron en este país, aunque insuficientes, pero pocas alcanzaron su repercusión y una carrera tan continuada. Junto a Pilar Miró, abrió el camino a directoras que por fin se situaron entre las más reconocidas y exitosas de todo el Estado, como Icíar Bollaín o Isabel Coixet.  No en vano, fue la primera mujer diplomada en Dirección Cinematográfica en la Escuela Oficial de Cine de España (E.O.C.). Molina es además Presidenta de Honor de CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales) y Premio Nacional de Cinematografía 2019primera directora en recibir esta distinción.

Pero su carrera bien merece una consideración artística plena, más allá de las barreras que pudiese romper. Sirva de ejemplo una película como Función de noche (1981), una fascinante simbiosis entre cine y teatro, además de un brutal shock emocional. Este drama pseudodocumental sigue los conflictos personales de la actriz Lola Herrera, en especial la relación con su exmarido, en los bastidores de su ya mítica interpretación de Cinco horas con Mario. Carmen Sotillo, protagonista de la obra, se confunde con la propia Herrera en una adaptación impecable de la pieza de Miguel Delibes precisamente porque Molina traslada a la pantalla, en lugar del texto, el sentimiento de un amor roto y doloroso.

Su trayectoria, sin embargo, no se queda ahí. Pese a que se retiró de la primera línea en 1998, con la miniserie Entre naranjos, dejó grandes trabajos para cine y televisión desde su cortometraje debut, La otra soledad (1966). La serie para TVE Teresa de Jesús (1984), protagonizada por Concha Velasco, supuso uno de sus mayores éxitos. Se ocupó de la dirección de sus ocho capítulos, elaborando el guion junto a la escritora Carmen Martín Gaite y el sacerdote y filólogo Víctor García de la Concha. En 1989 competiría en el Festival de Berlín y se convertiría en la segunda mujer nominada al Goya a la mejor dirección, tras Miró, de la mano de Esquilache. Ahora Molina, en el marco de esta sección en la que diversas figuras de la cultura comentan el futuro del arte (y de todos) tras la crisis sanitaria, aporta una de las miradas más experimentadas, pero también una de las más lúcidas.

Pregunta. ¿Cómo ha pasado profesional y creativamente el confinamiento?

Respuesta. Como persona de riesgo por mi edad. Es curioso, sigo teniendo los mismos años antes y después del confinamiento, pero a partir de la declaración del estado de alarma y de todas las precauciones que se nos aconsejaban he tomado mayor conciencia del tiempo que me queda. Lo único que nos separa de la muerte es el tiempo. La covid-19 está ahí para restarnos tiempo y lo primero que pensé es que merece la pena dedicar sin miedo y con tranquilidad una mayor reflexión al encuentro inexorable con la muerte.

P. ¿Cree que lo vivido en estos meses le ha cambiado? ¿De qué manera?

R. Muy circunstancialmente. Solo he cambiado en conductas referidas a la covid-19: mascarillas, hidroalcoholes, etc., preocupada por no contagiar y también porque no me contagien. Ahora soy más consciente de cosas en las que antes no pensaba, por ejemplo, limpiar las suelas de los zapatos con los que salgo a la calle al volver a casa con una solución de agua y lejía para desinfectarlas. Cosas pequeñas que de repente se han convertido en importantes.

P. En este tiempo de enclaustramiento y “nueva normalidad”, ¿ha cambiado la relación con su imagen pública, y en particular con las redes sociales (si es que tiene)?

R. No frecuento redes sociales y las nuevas tecnologías me sobrepasan. Afortunadamente tengo el auxilio de mis sobrinos Mar y Adrián que dominan el tema y me ayudan a superar mis lagunas.

P. ¿Cree que el mundo a su alrededor ha cambiado de una forma profunda, más allá de las alteraciones obvias?

R. No. El mundo sigue más preocupado por el dinero que por la salud tanto del planeta como de los ciudadanos. Por ejemplo, todavía no se me ha olvidado que al principio todos aquellos que consideran la eutanasia como inadmisible, de repente, estaban dispuestos a seleccionar quién moría y quién no sin preguntarles, para solucionar sus problemas provocados por una serie de recortes en la sanidad pública durante mucho tiempo a favor de empresas privadas que solo pretenden hacer negocio. ¿Hasta qué punto podemos creer en sus protestas a favor de la vida? Se les han caído las caretas.

P. El mundo del cine se ha visto especialmente afectado por la pandemia. ¿Cómo imagina el futuro del sector a medio plazo?

R. Unión y solidaridad por parte nuestra y valoración por parte de las administraciones públicas de la importancia que el cine y el audiovisual tienen para el cambio de la sociedad. Debemos utilizar las nuevas artes de la imagen para cambiar el mundo difundiendo lo que la cultura, la herencia de la Humanidad, tiene de ayuda para el ser humano.

P. Hemos visto ya proyectos de ficción sobre la pandemia, rodados y estrenados de urgencia. Pero ¿qué tipo de historias sobre la crisis del coronavirus le gustaría que nos contara el cine del futuro próximo?

R. Historias que contaran la verdad, que analizaran nuestros errores y la manera de corregirlos, que ofrecieran una reflexión profunda sobre nuestro futuro con espíritu crítico y constructivo.

P. ¿Ha aprendido algo de la crisis sanitaria y de la cuarentena que no hubieras aprendido de otra forma?

R. Pertenezco a una generación que nació en plena Guerra Civil, vivió la posguerra y los años del hambre, la tuberculosis diezmaba la población, cuando era pequeña viví la angustia, la tristeza y el miedo en mis mayores. Fui educada para la adversidad: "Este mundo es un valle de lágrimas" era el eslogan. Desaparecían personas y nunca más volvían a aparecer; personas que hoy desenterramos de las cunetas. Desgraciadamente, lo que he aprendido es que nuestros jóvenes no están preparados, no han sido educados adecuadamente para entender el alcance de la adversidad, por eso huyen a las discotecas poniéndose y poniéndonos en riesgo.

P. Si tuviera que inclinarse por una opción, ¿de esta saldremos mejores o peores?

R. La historia del ser humano esta llena de momentos críticos que han sido superados con la inteligencia, esa herramienta mágica con que la Naturaleza nos ha dotado. Pero la inteligencia no será suficiente sin la voluntad. Saldremos mejores, no lo dudemos.

P. ¿Tiene alguna certeza sobre qué será clave para superar la crisis? ¿Cuáles cree que deben ser nuestras prioridades o nuestros valores fundamentales en estos momentos?

R. Como digo, nuestra inteligencia es la clave. Y nuestras prioridades deben ser la solidaridad, huir de la mentira y la voluntad de cambiar lo negativo para un futuro mejor de la especie y del planeta que habitamos.

P. ¿Qué le ha servido, personalmente, para seguir a flote en los peores momentos de la crisis?

R. Sin dudarlo, la amistad vigilante de amigas y amigos de toda la vida y el control diario de mi familia.

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