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Viajar desde la cocina

'Plov' en Uzbekistán, una parada en la Ruta de la seda

  • Samarcanda, Bujará y Jiva son nombres míticos, estaciones de un camino comercial que ha devenido en leyenda para tantos soñadores
  • Receta elegida: el plov, un plato de arroz y carne que simboliza la gastronomía y la hospitalidad uzbekas
  • En esta sección veraniega, visitamos cinco lugares únicos a partir de su gastronomía, para recorrer el mundo sin salir de casa

Eva Orúe | Sara Gutiérrez
Publicada el 22/08/2020 a las 06:00
'Plov', el plato más popular de Uzbekistán.

'Plov', el plato más popular de Uzbekistán.

Uzbektourism

El sintagma Ruta de la seda está firmemente anclado en el magín de trotamundos y soñadores, asociado a una ciudad mítica, Samarcanda, "en la que se encuentran bellísimos jardines y todos los frutos que el hombre puede desear". El entrecomillado está extraído del Libro de las maravillas, donde el comerciante y viajero Marco Polo dejó testimonio de su admiración. Situada "hacia la Osa Mayor", sus gentes "cristianas y sarracenas" tejieron una leyenda que viajó del uno al otro confín en las caravanas que, procedentes de Persia, Afganistán, India y China, llegaban hasta sus mercados.

Cierto, para muchos de nuestros contemporáneos la (nueva) ruta de la seda es un proyecto bien distinto. Leemos en El Orden Mundial: "La One Belt, One Road Initiative o BRI (Belt and Road Initiative), conocida en castellano como Nueva Ruta de la Seda, es un gran proyecto internacional lanzado por China en 2013. Esta iniciativa consiste en el establecimiento de dos rutas combinadas, una de infraestructuras terrestres y otra marítima, que mejorarían las conexiones chinas tanto en el continente asiático como hacia el exterior, dando a China más influencia económica y política a nivel mundial".

Su trascendencia es innegable, pero no es éste el sitio adecuado para calibrar su ambición y sus consecuencias; nosotras preferimos recuperar en parte la esencia de la ruta original e invitaros a esa ciudad que hollaron hombres cuyos nombres han quedado indisolublemente asociados a ella: Alejandro Magno, Gengis Kan y Amur Timur, al que conocemos como Tamerlán.

La figura de Tamerlán es omnipresente, desde luego por su trascendencia histórica, pero también porque el Uzbekistán postsoviético se ha encomendado a su aura y su legado. Nacido en el año 1336, el caudillo tártaro se proclamó heredero de Gengis Kan, fundó la dinastía de los timúridas, derrotó a la Horda de Oro (estado mongol que en el siglo XII se extendió por parte de lo que hoy son Rusia, Ucrania y Kazajistán), se impuso al sultán turco, extendió extraordinariamente sus dominios… Cuando falleció, en 1405, iniciaba la conquista de la gran China.

De aquel pasado glorioso queda mucho, y muy restaurado: Samarcanda aparece anotada en la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO como Samarcanda-Encrucijada de culturas porque eso es lo que fue: una encrucijada y un crisol, punto de encuentro de gentes y rutas, espacio comercial y foco de ilustración. Todo ello está en la Plaza de Registán y sus tres madrasas (Ulughbek, Sherdor y Tilla-Kari), en la hermosa mezquita de Bibi-Janim (que guarda celosamente el sepulcro de la esposa favorita de Tamerlán), la necrópolis de Shaji-Zinda, el mausoleo de Tamerlán (Gur-e Amir), o el observatorio de Ulugh-Beg.

A unos 250 kilómetros hacia el oeste está Bujará, cuyo centro histórico tiene la consideración de Patrimonio de la Humanidad, por ser el ejemplo más completo de ciudad medieval existente en el Asia Central. Su tejido urbano primigenio se ha conservado prácticamente intacto, y podemos atisbar sus más de 2.500 años de antigüedad en sus edificios de enorme belleza y valor arquitectónico. Mención especial merece el complejo Poi Kalon, con sus tres monumentos: la mezquita, el minarete de 48 metros de altura y la madrasa; también sus mercados: Taqi-Zargaron, Taqi-Sarrafon o Taqi-Telpal Furushon.

Y más al oeste aún nos espera Jiva, que antaño fuera el último oasis para las caravanas comerciales antes de emprender la travesía del desierto camino de Irán. Su ciudadela, Itchan Kala, también Patrimonio de la Humanidad, constituye un ejemplo coherente y bien conservado de la arquitectura musulmana del Asia Central. Si bien hay en Jiva más de un centenar de edificios civiles y religiosos relevantes, amén de las fortalezas de Kunya-Ark y Dishan-Kala, son los antiguos caravasares y baños los que inequívocamente nos trasladarán a los tiempos más gloriosos de la ruta de la seda, cuando esta plaza era la capital de un anchuroso imperio gobernado por los janes uzbekos, monarcas que durante siglos controlaron el interior del continente.

Visitamos Uzbekistán hace años, y el recuerdo de sus maravillas permanece. Pero, si somos sinceras, y no tenemos por qué no serlo, lo que queda con el paso del tiempo es el deslumbramiento de su luz, y el impacto de sus colores: el azul turquesa y el verde de sus azulejos, el marrón de sus maderas, el gris de sus piedras, el oro de sus construcciones más suntuosas. Y un sabor… el del plov.

La receta

El palov o plov es la esencia de la cultura y la hospitalidad uzbeca. Se come a diario, pero es también el plato de las grandes ocasiones (nacimientos, bodas, funerales), no hay una reunión familiar o de amigos en la que no esté presente. Desde 2016, forma parte de la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.

Las variantes de plov son numerosas (se habla de que existe más de un centenar de recetas en el mundo, muchas de las cuales son uzbecas), y prácticamente todas tienden a enriquecer el plato que a continuación os indicamos cómo elaborar, añadiendo, según la región o la época del año, garbanzos, uvas pasas, rollitos de hoja de parra, huevos cocidos, pimientos, ajos enteros, etc.

Plov (para 6 personas)

Ingredientes

  • 600 gr de cordero o ternera
  • 800 gr de arroz
  • 250 gr de cebolla
  • 650 gr de zanahoria
  • 300 gr de aceite
  • Sal y especias al gusto

Elaboración

  1. Pon el arroz a remojo en agua con sal durante 1,5-2 horas.

  2. Corta la carne en trozos de unos 30-40 gr y dórala en el aceite caliente.

  3. Añade la cebolla cortada en medios aros.

  4. Añade la zanahoria cortada en juliana.

  5. Mézclalo todo bien y añade agua (proporción 1:1 con el arroz), sal y especias al gusto. Déjalo cocer durante 25-30 minutos.

  6. Añade el arroz formando una capa uniforme sobre toda la superficie y ponlo a fuego vivo hasta que el líquido hierva.

  7. Baja a fuego medio, cierra la cacerola y déjalo cocer 30-40 minutos.

  8. Mézclalo todo con cuidado.

  9. Preséntalo en una fuente fuente redonda con la carne sobre el arroz.

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4 Comentarios
  • MIglesias MIglesias 23/08/20 11:10

    Me encantan estos artículos que mezclan gastronomía con historia, arte y hasta política.
    Para impregnarse de aromas orientales recomiendo leer "Samarcanda" de Amin Maalouf, donde novela la estancia en Samarcanda del persa Omar Jayyam, matemático, astrónomo, arquitecto, filósofo, poeta y amante del vino de los siglos XI y XII.

    "Mira y escucha. Una rosa tiembla, agitada por la brisa, y el ruiseñor le canta un himno apasionado; una nube se detiene. Bebamos, y olvidemos que la brisa deshojará la rosa, se
    llevará el canto del ruisenor, y arrastrará la nube que nos brinda su sombra". Omar Jayyam.

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  • JCFR JCFR 22/08/20 19:24

    En 1988, cuando todavía existía la Unión Soviética y Gorbachov accedio al poder, visite Samarcanda, Bujara y otros pueblos. Las madrasas y monumentos que veo ahora en las fotos en ese año eran edificios ruinoso y semiabandonados.
    Espero que la reconstrucción efectuada respete los planos originales.

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  • aldala aldala 22/08/20 10:53

    Estuve en esas maravillosas ciudades hace 6 años. Las madres nos dejaban coger en brazos a sus preciosos hijos. Las grandes esferas eran corruptas, pero la gente llana seguía sin malear. Espero volver algún día

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  • Cascarrabias Cascarrabias 22/08/20 09:46

    Tuve la fortuna de visitar estas tres ciudades el año pasado. Además de una belleza inigualable es de destacar la hospitalidad y buen ánimo del pueblo uzbeko. Volveré cuando esta maldita pandemia lo permita.

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