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El dinosaurio todavía estaba allí

Javier Ajenjo, director de un Sonorama suspendido ya dos veces: “Cuando intento ser negativo no me sale”

  • El empresario y promotor cultural espera que “todo esto sirva para poner en valor el Estado del bienestar”

  • ¿Hemos aprendido algo de la crisis? ¿Saldremos mejores de esta? En agosto, distintos creadores hablan con infoLibre sobre su experiencia y el futuro de la cultura frente a la pandemia

Publicada el 27/08/2020 a las 06:00
El director del Sonorama RIbera, Javier Ajenjo.

El director del Sonorama Ribera, Javier Ajenjo.

EFE

Hablar de festivales de música en España debe pasar por mencionar el Sonorama Ribera, que cada mes de agosto atraía y atraerá a grupos y espectadores de todo el mundo a una modesta localidad burgalesa. Hablar del Sonorama hace imposible, a su vez, no reparar en Javier Ajenjo (Aranda de Duero, Burgos, 1973), uno de sus mayores impulsores. Tras más de dos décadas implicado en el evento, a través de la asociación cultural Art de Troya, el director del festival ha vivido el más anómalo y complicado de todos ellos, el más delicado para estar al frente de un proyecto de estas características. En el marco de esta sección en la que diversas figuras de la cultura nos explican cómo conviven con la pandemia, Ajenjo cuenta qué han hecho para capear las adversidades, y cómo afrontan todo aquello por venir tras la inevitable cancelación de su 23ª edición.

“He vivido el confinamiento con una triple cornada, solo me ha faltado tener una tienda de ropa”. De esta manera, sin perder el humor, empieza a detallar los sinsabores profesionales que ha sufrido en sus carnes desde marzo. También empresario hostelero y vinícola (Ajenjo es ante todo un hombre polifacético), apunta que en este último sector solo han conseguido “mantenerse un poquito” gracias a las grandes superficies y el consumo en casa. Respecto al Sonorama, lamenta especialmente la segunda posposición. En junio, el festival confirmaba la cancelación de su edición tradicional, pero anunciaba una serie de conciertos especiales adaptados a las exigencias de seguridad, y dedicados al personal sanitario y de servicios esenciales. Desafortunadamente, la delicada situación epidemiológica de Aranda de Duero hizo imposible que el Sonorama hiciese acto de presencia de forma alguna.

Con todo ello, no deja de lado el optimismo: “Cuando intento ser negativo no me sale”. Saca unas cuantas cosas positivas de los meses de encierro: “Creativamente esperaba que el confinamiento hubiese sido más angustioso, pero me ha servido para ordenar todo lo que había escrito durante 30 años y plasmarlo en forma de libro que ojalá pueda llevarse a cabo a finales de este año o principios del que viene. También para echar la vista atrás para observar y analizar lo que hemos hecho en Sonorama todo este tiempo. En cierto modo, hemos frenado esa rapidez que envolvía todo y nos impedía crear”. Ajenjo vivió este cierro no solo como promotor cultual, sino también como artista: es integrante del grupo Glotón. Acerca de ello, señala que fue “duro” no poder ensayar, pero el parón les ha servido “para cargar las pilas y volver con más fuerza”. “Ha sido una etapa bastante creativa y productiva a nivel musical”, concluye.

Lo acontecido durante este periodo también le ha valido para extraer varias lecciones: “Ahora soy un poco más prudente dentro de la inconsciencia que tenemos los soñadores. Me ha enseñado algo que creía imposible: sí puedo vivir sin Sonorama”. Reconoce que ser la cabeza visible del festival y de sus empresas le hace ser quien debe asumir “el dolor y los golpes de cara al público”, aunque lo acepta sin mayor reparo.

Pese a su buena disposición para enfrentarse a estas adversidades, Ajenjo no elude que nos encontramos en una situación “difícil y muy confusa” en un país “ya de por sí frágil”. “Esto va a producir un cambio tan profundo en nuestra forma de consumir, en tantas cosas, que todavía es difícil pensar en ello”. En concreto sobre el sector de la música en directo, confía en disponer de una vacuna en 2021, u otras formas de seguridad que permitan “reactivar los conciertos y los festivales, que toda la industria cultural vuelva a ponerse en marcha”. En este punto, realiza una importante reivindicación: “Si hay un problema mucho más grave que la pandemia es no poner en valor la cultura en este país, esa sí que es una verdadera pandemia”.

No hay mejor muestra del valor de la cultura que la importancia que la música adquirió durante el confinamiento, “todas esas canciones sin las cuales no hubiéramos podido vivir, las que son importantes para cada uno”. Apela, además, a la unidad que esta situación ha traído entre los músicos y artistas. Pero Ajenjo recalca también el papel de todos los servicios públicos, de toda esa gente a nuestro alrededor “que hace mejor este mundo”. “Ojalá todo esto sirva para poner en valor el Estado del bienestar”, añade. Espera además que esta crisis ponga fin a la carrera por “tener más, en lugar de por ser mejor”. El director del Sonorama Ribera apuesta por “una recuperación de valores, también por parte de los más jóvenes, que son quienes tienen que llevar el futuro de esta sociedad”.

Además de las personas que ha tenido cerca, el promotor cultural concreta otros aspectos que le han mantenido a flote durante estos meses de incertidumbre y desgracias: “El quererse a uno mismo, el ir fijando metas, el pensar que esto iba y va a cambiar. Los más ricos dicen que este es un tiempo de oportunidades. Ojalá sea así”.

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