Caníbales

Y, entonces, ¿para qué combatimos?

Todas las semanas nos sentamos y avanzamos. Nos reunimos en bares y cafeterías porque no tenemos sedes. Consumimos té, agua, zumo de naranja y datos, datos, datos…, porque trabajar es, también, recibir, esquivar y enviar whatsapps:

- los que te quieren, te animan, te iluminan

- los que te gritan por escrito lo que no se atreven a decirte a la cara

- los que no llegan

- los que exigen

- los que se desahogan

- los grupos imprescindibles

- los grupos irregulares

- los otros grupos

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Hemos evolucionado tanto que hasta Darwin estaría orgulloso: ya sólo contestamos lo importante y siempre desechamos a los que se creen urgentes.

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¿Que qué hacemos en los bares?

Pagar el IVA de las consumiciones y trabajar para seguirlo pagando.

Quiero decir que en los bares nos reunimos para hacer teatro.

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Contaba Javier Reverte en El País una maravillosa anécdota de Churchill. En plena guerra contra el nazismo tuvieron que recortar todo presupuesto no prioritario para el esfuerzo bélico y los listos, claro, sugirieron rápidamente acabar con la inversión en cultura. Churchill les acalló con un grito: “Y entonces, ¿para qué combatimos?”.

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Todos los días, los creadores nos imaginamos al presidente de gobierno levantándose como Bill Murray en el Día de la marmota. Suena I’ve got you babe en el despertador, se despereza y decide que hoy, sí, por fin, bajará ese 21% de IVA cultural y… Nada. Hoy tampoco.

Esta campaña electoral nos tiene literalmente atrapados en el tiempo. En un tiempo pasado, espeso, estéril, seco.

Y cruel.

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“Haría dos, tres producciones más al año si no fuera por este IVA asesino”, nos dijo anteayer un productor.

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Al día siguiente yo me desperté con una enorme nostalgia. Echaba de menos aquel rumor del sector que era puro wishful thinking: el pasado otoño jurábamos que Rajoy bajaría el IVA cultural justo antes de las elecciones, como arma electoral.

JA.

Ni las flamencas del whatsapp se ríen más.

(de nosotros, digo)

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Salimos del bar con mil menajes inútiles y unos cuantos folios valiosos bien guardados en Dropbox, y pasamos por delante del Congreso: los leones nos miran abochornados y tristes, la pena les empaña los anteojos de Cervantes.

Patxi López participa en la presentación del libro Blanco del sector y el aire se llena de globos y palabras vacías. Durante quince segundos, el mundo parece bonito. Pero un pragmático empieza a soltar verdades, los globos se pinchan, las palabras huecas se evaporan y alguien le sugiere a Patxi que, al salir del Congreso den ejemplo y se vayan al teatro, a comprar libros, a…

A entender el mundo y a cambiarlo.

Porque hay otro porcentaje terrorífico: el 22% de los españoles vive por debajo del umbral de la pobreza

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“Y entonces, ¿para qué combatimos?”

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Por la noche, con el ordenador y el alma ya sin batería, llego a casa, me tumbo en el suelo y me concentro cerrando los ojos y frunciendo el ceño. Intento comunicarme con uno de los cuatro candidatos: dime por qué votarte, dime por qué combates tú, que yo sé por qué combatimos nosotros.

Y, entonces, como en Poltergeist, la televisión se enciende sola y aparecen los cuatro jinetes del apocalipsis:

- El que me acusa de…

- Nunca pactaré con…

- Puedo prometer y prometo que…

- Sólo nosotros garantizamos…

Las palabras vacías se hinchan, la televisión explota.

***

Se puede vivir sin tele, pero no sin futuro.

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Nosotros combatimos por la educación, por la cultura, por la sociedad que queremos: solidaria, preparada, acogedora, moderna, libre, constructiva, fértil, generosa, creativa, creadora, diversa, justa, poderosa… Combatimos por una sociedad llena de futuro.

Ojalá en este mes de campaña que nos queda hablaran de eso. Ojalá pudiéramos creerlos.

El “tú” frente al “yo”

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