Corinna

Hubo un tiempo en que las playas españolas se llenaron de unos seres extraordinariamente atractivos para el español medio, bajito y morenazo. Mujeres que revolucionaron las hormonas de los Pepes y los Manolos, las alemanas. Fue una actriz germana, Elke Sommer, la primera en plantarse ante la censura en bikini, en Bahía de Palma (1962), una de las películas playeras que Fraga decidió apoyar, desde el Ministerio de Información y Turismo, para vender el sol y las costas de nuestro país fuera de nuestras fronteras.

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Ha llovido desde entonces y otras alemanas, Claudia Schiffer en los noventa y Angela Merkel en estos días, han perturbado la paz de los ciudadanos españoles por motivos bien distintos. Pero a la cabeza de esa lista de Walkirias, que todo lo pueden, se ha puesto Corinna.

Soy muy fan de Corinna porque ha conseguido abrirse paso en las portadas de los diarios abigarrados de escándalos y noticiones que nos dejan con los ojos más abiertos que un emoticono. Y hasta ha sido portada de Hola, un privilegio al que sólo accedían las celebrities de alto rango y los miembros de la realeza, y eso que su belleza es tan despampanante que no parece real.

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No hay día en que no sepamos algo nuevo de ella. Según nos cuentan, lo mismo desayuna con un general, director del CNI (Félix García Roldán) que almuerza con un ministro de Asuntos Exteriores (García Margallo) y todo esto sin engordar, qué suerte.

En pocas semanas, Corinna ha pasado de amiga entrañable del rey compañera de viajes, compañera, a presunta mediadora en asuntos de Defensa. ¡Chúpate esa! Amiga de reyes, príncipes saudíes y poderosos empresarios, resulta difícil imaginarla hablando en el descansillo con una vecina, ella está en otra dimensión.

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Soy muy fan de Corinna porque pretendió buscarle un buen trabajo a Iñaki Urdangarin para que fuera un hombre de provecho y no un aprovechado, y porque asegura que colaboró con el gobierno español sin ganar un sólo euro de los contribuyentes, por el bien del país, o sea lo que viene siendo un hada madrina pero con iPhone en vez de varita mágica. Aunque dice el exministro de Defensa, Pepe Bono, que eso es un cuento chino –o teutón más bien–, que jamás tuvo un encargo del Estado. Pero esto habrá que verlo...

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Pero, para ser sincera, me hice fan, muy fan de Corinna tras aquella confesión amarga como el chucrut: “Soy mujer y encima rubia, lo que complica mucho las cosas”. Se me rompió el corazón y, estaba al borde del llanto, pero recordé a mi madre riñéndome en la adolescencia, cuando me quejaba de que me sobraba de aquí o me faltaba de allá: “No ofendas a Dios, rica, que estás muy sana”. Y pensé que, quizás, lo de quejarse de su mala suerte de rubia, en un país con seis millones de parados, a Dios no sé si ofendería pero, a lo mejor, a los que se levantan cada mañana a las seis para currar o para esperar que aparezca un curro, les pudo escocer un poco. Susceptibles que estamos.

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Lo confieso, cuando pienso en Corinna zu Sayn-Wittgenestein –nombre completo de la princesa rubia del business que ha destronado mediáticamente a la princesa rubia del pueblo, Belén Esteban–, moviéndose por los despachos y entrevistándose con esos hombres influyentes, viene a mí el recuerdo de aquel personaje de José Luis López Vázquez en Atraco a las tres, Fernando Galindo un admirador, un amigo un esclavo un siervo, que sudaba tinta china cuando tenía que atender a la imponente cliente que esperaba una transferencia: “¿Y si no ha llegado la transferencia puedo ir a decirle que no ha llegado la transferencia?”.

Y así como las alemanas de antaño venían unas semanas a las costas y se volvían al mismo Berlín dejando a unos cuantos latin lovers alterados, Corinna parece que haya venido para quedarse o, al menos, para que sigamos hablando de ella durante un tiempo. Me alivia por Luis María Ansón, que confesaba ofuscado en La Sexta Noche que él no la conocía, todo apunta a que tendrá ocasión.

Hubo un tiempo en que las playas españolas se llenaron de unos seres extraordinariamente atractivos para el español medio, bajito y morenazo. Mujeres que revolucionaron las hormonas de los Pepes y los Manolos, las alemanas. Fue una actriz germana, Elke Sommer, la primera en plantarse ante la censura en bikini, en Bahía de Palma (1962), una de las películas playeras que Fraga decidió apoyar, desde el Ministerio de Información y Turismo, para vender el sol y las costas de nuestro país fuera de nuestras fronteras.

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