Caníbales

Decencia

El sábado pasado en Madrid llovía con rabia.

En estas calles mal drenadas la lluvia y la desilusión crean piscinas inmensas: los peatones caminábamos con miedo, pegados a las paredes y los conductores intentaban no echarnos encima una ola de mierda. Pero había que sumergirse en una actividad extraescolar.

Era en uno de esos edificios que los lunes parece un centro educativo y los sábados el resto de un naufragio. Quedan sólo algunos trabajadores de cara amarillenta (los profesores de guardia tocan a más fluorescente por piel) y unos cuantos padres varados como ballenas en sillas de juguete, esas sillas que el viernes estaban llenas de risas, sueños y nocilla, pero que el sábado se nos clavaban en las agujetas.

Yo, que no aprendo, iba armada con tres diarios en papel. El Mundo, El País, La Vanguardia. Cerca de la ventana, un padre en peligro de extinción se ponía y se quitaba las gafas impaciente porque no podía fumar, ni le llegaban whatsapps, ni... Me compadecí de él y me acerqué.

- ¿Quieres un periódico?

Les echó una mirada escéptica y en los tres leyó el mismo titular.

En alto:

- “Mi offshore es legal”offshore.

- (…)

- ¿Tú te imaginas pronunciando esa frase alguna vez?

- ¿Yo…? Ni siquiera estoy segura de lo que es una offshore.

- Qué tendrá que ver, además, la legalidad con la decencia…

Hablaba solo. Y, como se dio cuenta, se quitó las gafas y me miró despacio.

- ¿Estás bien?

- (…)

- Quiero decir que llevas tres periódicos en papel…

- Es que no sé lo que dura esta clase y me he peleado con mi móvil.

- Si no lo digo por eso. Si eres antigua, allá tú. Lo digo porque uno es pijoprogre madrileño, el otro burgués y catalán, y el tercero liberal y esperancista…

- ¡Ah…! Es que creo en las etiquetas. Y las noticias ya las he leído. Me interesan algunas firmas.

Con esa frase acababa de confirmarle a este padre varado que soy una madre extraterrestre. O no. Le acababa de dar la excusa para ser sincero.

- Yo antes leía sólo diarios de derechas, ¿sabes? Hasta El Mundo me parecía rojeras. Pero hace tiempo que ya ni eso; y es que esto…

Y repitió:

- “Mi offshore es legal”offshore.

- (…)

- Será legal, pero no es decente, coño, que eres ministro, que te pagamos todos...

Estaba tan enfadado que le dejé El Mundo y me alejé para dejarle, también, intimidad. Me había entrado la duda de si la decencia incluye esa acepción ética que él daba por supuesta.

“Decente”, me atendió paciente el diccionario del teléfono:

1. adj. Honesto, justo, debido.

2. adj. Correspondiente, conforme al estado o calidad de la persona.

3. adj. Adornado, aunque sin lujo, con limpieza y aseo. Tiene una casa decente.

4. adj. Digno, que obra dignamente.

5. adj. Bien portado.

6. adj. De buena calidad o en cantidad suficiente.

Imaginé mentalmente la negrita que subrayaría aquí las acepciones primera y cuarta y volví hacia el padre varado. Se estaba secando los ojos, quizá sudor, quizá lágrimas. Por si acaso, intenté consolarle:

- Pero al menos el sistema judicial y la policía siguen funcionando. Piensa en Mario Conde.

- (…)

- Y este otro ha dimitido...

El padre me miró desde otro planeta.

- Puede ser. ¿Tú qué marcas en la casilla de la renta? ¿Iglesia o fines sociales?

Me costó contestarle algo tan íntimo.

- Fines sociales, la verdad.

- Me imaginaba.

- (…)

- ¿Sabes? Lo que debería desgravar es la integridad.

- (…)

- Mi otro hijo está en el hospital con su madre. Seguridad social.

- (…)

- Tiene leucemia.

- (…)

- Tus impuestos están, ahora mismo, salvando la vida de mi hijo.

No supe qué decir y no dije nada.

- Llévate el periódico, anda. Algunos votantes del Partido Popular ya no queremos informarnos.

Y el padre varado me enseñó en su móvil la foto de dos niños felices, los dos sin pelo.

- Hemos rapado a su hermano en solidaridad. Pero se va a curar. Esta sanidad pública que paga la gente decente lo va a curar.

P.D.: esa misma tarde, el Papa demostró que los valores cristianos son enemigos de la xenofobia y la falta de solidaridad y se llevó al Vaticano a doce refugiados. Nosotros, además, fuimos a un musical (“Lo tuyo y lo mío”) y Madrid decidió que la voz y la vis cómica de Diana Roig merecían la luna y las estrellas.

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