Caníbales

La genética de los hombres grandes

Lo pregunté en una de esas cenas con gente más culta que yo: “¿Sabíais que el conde de Montecristo, el real, era mulato? ¿Mulato en la Francia del siglo XVIII?”

A nadie le importaba el conde. Estaban en el “ahora”.

Lo que pasa es que cualquiera que haya leído a Shakespeare sabe que el ahora de los hombres ya ha sido, una y mil veces.

Tom Reiss ha publicado El conde negro después de una investigación exhaustiva y larguísima sobre el padre de Alejandro Dumas padre (no es un juego de palabras ni una errata: un conde, un hijo novelista, otro nieto novelista). O sea, sobre el padre del autor de “Los tres mosqueteros” y “El Conde de Montecristo”.

Y gracias a él, y al esfuerzo de leerlo, descubrimos que la Francia previa a la Revolución tenía ramalazos de tolerancia y dejaba que un mulato (un mulato imbatible, fuerte, carismático) liderase a sus ejércitos. Y descubrimos también que en la Francia de la ilustración y la razón, como casi siempre, es la crueldad de los hombres pequeños la que descabalga a los grandes.

Esto dice el propio libro:

“Hijo de una esclava negra y de un noble francés de raza blanca, Alex Dumas nació en Saint-Domingue (hoy Haití). Vendido como esclavo, consiguió llegar a París, donde estudió esgrima y se codeó con la flor y nata de la aristocracia. Cuando estalló la Revolución Francesa, ingresó en el ejército como soldado raso, pero después de hazañas legendarias fue el general al mando de un ejército de más de cincuenta mil hombres. Aunque llegó muy alto, Dumas siguió viviendo gracias a su audacia y a su dominio de la espada, que le permitieron hacer frente a difíciles situaciones de las que siempre salía airoso. Con todo, sus férreos principios terminaron convirtiéndolo en una amenaza para Napoleón. Cuando regresaba a Francia tras conquistar Egipto, su barco se hundió, y él, capturado por un misterioso enemigo, fue a parar a un calabozo, donde fue víctima de un lento envenenamiento. Y el destino que lo esperaba tras conseguir escapar de la prisión sería aún más «ponzoñoso».”Alex Dumas nació en Saint-Domingue (hoy Haití)siguió viviendo gracias a su audacia y a su dominio de la espada«ponzoñoso»

Y luego dice más cosas. Al final, todo se reduce a una historia de padres e hijos. Padres pequeños de hijos grandes. Grandes hijos de padres inmensos. A eso y a los que prefieren no apoyarse en los demás y seguir siendo bajitos.

El conde negro es un libro arduo, una escalada al Everest y una ventana al presente (a la soberbia, la crueldad, el rencor, la inseguridad y los celos como forma de gobierno). Es, también, un libro necesario. El que quiera pensar, este otoño en el que el frío intenta despertarnos y sacudirnos las certezas, será muy bien recibido en sus páginas.

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