Buzón de Voz

Griñán marca el paso a Rubalcaba

José Antonio Griñán ha marcado hoy un giro en el PSOE desde una triple autoridad: es el presidente del partido a nivel federal; es el dirigente socialista con mayor poder institucional y es el responsable de la federación con más peso interno. El paso atrás decidido por Griñán marca el paso también a Alfredo Pérez Rubalcaba. Griñán (67 años) anuncia su retiro y apuesta por el relevo generacional, y no sólo en clave andaluza sino nacional. "Un proyecto político de largo alcance tiene que renovarse permanentemente", ha dicho el presidente andaluz, lo cual coloca a su secretario general (a punto de cumplir 62 años) en la obligación de argumentar mucho la respuesta a una posición tan nítida. De momento, Rubalcaba ha reaccionado desde Bruselas con un mensaje doble y (aparentemente) contradictorio: considera la retirada de Griñán como una decisión "atinada" y al mismo tiempo asegura que "no va a alterar el calendario del PSOE".

El anuncio de Griñán, adelantado por el propio protagonista el martes a Rubalcaba, ha dejado lógicamente descolocada a una dirección que no esperaba esta noticia, no en este momento. Pero sobre todo no esperaba una argumentación que coloca el liderazgo federal y su discurso ante un espejo muy incómodo. Decir que no va a cambiar el calendario es mucho decir, aunque conviene no olvidar que en ningún momento se ha trasladado un calendario detallado sobre los tiempos que se manejan. Sí, desde luego, el mensaje de que Rubalcaba y gran parte de su núcleo pretenden no abrir un proceso de renovación interna antes, como mínimo, de las elecciones europeas de mayo de 2014. Y será muy difícil despachar la trascendencia de la decisión de Griñán como una especie de "hecho diferencial" andaluz.

Ya están convocados para este mismo jueves los secretarios provinciales del PSOE de Andalucía y lo probable es que se decida abrir un proceso de primarias inmediatamente para elegir el nombre del futuro cartel electoral.

Llega el momento del relevo

Lo trascendente de la decisión de Griñán es el hecho de asumir que ha llegado el momento de que una generación de políticos (no sólo socialistas) facilite la llegada de la siguiente. Griñán es abogado de formación, y Rubalcaba profesor de Química, pero ambos llevan la friolera de 31 años ejerciendo la política desde cargos públicos. Pocos años menos de los que tiene la dirigente andaluza que más suena para suceder a Griñán, Susana Díaz (38), que acababa de cumplir 4 cuando se votó la Constitución y que estaba en la escuela cuando el PSOE llegó al poder en 1982.

Griñán ha hecho hoy una defensa de la transición política española. Pero ha añadido algo tan obvio como fundamental: "La transición española es pasado; no puede ser que la sociedad cambie y los dirigentes políticos no". Aviso a navegantes que simboliza el intento (absolutamente necesario) de no convertir la transición en la eternidad que algunos pretenden, y de dar el relevo a esa nueva hornada de políticos capaces de conectar con otra época, problemas distintos y retos muy diferentes. O al menos de intentarlo.

Las encuestas indican que el propio electorado del PSOE tiene prisa por la renovación y que su dirección no consigue recuperar credibilidad. Pocos dirigentes confían en que el simple paso del tiempo, con elecciones europeas y autonómicas y municipales por medio, no conlleven un inacabable deterioro que conduzca al partido a una catástrofe aún mayor que la que sufrió en 2011.

El mérito de Griñán consiste en anunciar que se aparta desde la Presidencia de Andalucía, cuando sigue ejerciendo el poder y no cuando ya se ha perdido.

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(Este texto ha sido actualizado el miércoles 26 de junio a las 14,35 horas)

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