Muros sin Fronteras

A quién le importa que Trump perdiera

En una de sus respuestas más punzantes, Hillary Clinton dijo: “Yo sé, Donald [Trump], que vives en tu propio mundo (de fantasía)”. El problema es que sus votantes, es decir, una parte sustancial de EEUU, también. Ganar de manera clara el primero de los tres debates previstos no le garantiza nada a la candidata demócrata. Esta no es una batalla por las ideas, los valores o los sueños, como el Yes We Can de hace ocho años; es una guerra por los bajos instintos en la que el candidato republicano se ha mostrado un consumado maestro: ha abierto el baúl del odio, vemos cómo acaba.

Al final del choque, porque eso fue el debate de la madrugada del martes (once interrupciones por parte de Trump sin contar con la constante apostilla: no, that is not true, etc.), dejó claro cómo se sentía cada uno: Hillary se acercó a saludar a sus seguidores en el público y el republicano se dejó rodear de su familia. Trump sabía que había perdido.

Existe una figura muy importante en los posdebates: los spin doctors. Para abreviar lo podríamos traducir como los "vende motos", personas próximas al candidato que tratan de vender (intoxicar) a los medios de comunicación, colocarles su versión de los hechos y condicionar la lectura de lo ocurrido.

Además de los spin doctors, la cadena ultraconservadora Fox News lleva dos días en defensa cerrada de Trump y de sus supuestos aciertos en el debate. Se han centrado en el segmento dedicado a la economía y a la creación de empleo.

En Twitter fluían los mensajes contra Hillary y sus finanzas. Algunas direcciones son peculiares, una manipulación desde el título: @youngDems4Trum. Parece que estos ataques anticipan que este será uno de los puntos en los que se centrará Trump en el segundo debate. En él ya ha prometido ser menos condescendiente, “quizá la atice más fuerte” . Un comentario machista, como el Arias Cañete tras su debate con Elena Valenciano.

El segundo debate será el 9 de octubre en la Universidad de Washington en San Luis, una de las ciudades afectadas por la violencia policial y las tensiones raciales. El moderador será Anderson Cooper, una de las estrellas de la CNN. El tercero está previsto el 19 y tendrá como moderador a Chris Wallance. Pese a ser de Fox News se le puede considerar un centrista.

Algunos de los ataques de los vende motos se han dirigido a Lester Holt, estrella del informativo de NBC y moderador del debate de esta semana. El mismo Trump le acusó de favorecer a Clinton. Decir que todo está manipulado porque los medios están en su contra es uno de sus temas favoritos. Dos preguntas indignaron al equipo del republicano: por qué no muestra sus declaraciones de Renta y qué le ha hecho cambiar en el asunto del nacimiento de Obama.

Trump, Fox News y la extrema derecha mediática de EEUU han defendido durante todos estos años que la partida de nacimiento de Obama era falsa. Hace unos días Trump ha admitido, por fin, que nació en EEUU. Hillary no desaprovechó la ocasión para relacionar esta campaña con el color de la piel del presidente.

La revista The Economist publicó hace unas semanas un artículo sobre la era de la posverdad , que me ha servido de base para un texto que saldrá en Tinta Libre en unos días. A una parte del electorado de EEUU le ha dejado de importar si lo que dice Trump es cierto o falso. Sucede en España con Mariano Rajoy, sucedió en el Reino Unido en el referéndum del Brexit. Uno de los principales agitadores en favor de la salida de la UE, Nigel Farage, creador y líder del UKIP, reconoció al día siguiente que uno de los pilares de la campaña era mentira.

Trump es un producto de este muevo esquema amoral, y se mueve bien en él. Sabe que puede mentir en la campaña o en el debate. La mentira no resta en el mundo de Donald Trump, sus aliados ultraconservadores y sus votantes. Le da igual que los medios de comunicación estadounidenses (menos dependientes que los españoles) le hagan un fact check, la comprobación de si lo dicho es verdad o falso.

Trump pasó apuros con su nariz; no se sabe si estaba resfriado o qué. El "o qué" dio mucho juego en Twitter entre los críticos del candidato republicano. Se entrampó con su declaración de la renta con una respuesta poco convincente. Es el primer candidato en más de 40 años que no la enseña. Aduce que está bajo investigación del IRS (la Hacienda de EEUU) y que sus abogados le prohíben enseñarla. Hillary le recordó que no hay ninguna ley que le impida enseñarla pese a estar en revisión.

Uno de los mejores momentos de Hillary estuvo relacionado con la declaración de renta. Dio varias hipótesis sobre su negativa: “quizá no sea tan rico como dice, quizá no entregue tanto a caridad, quizá no quiere que sepamos cuáles son sus relaciones financieras, a quién debe dinero”. El final fue demoledor: “quizá no quiere que sepan que no paga nada en impuestos federales”.

No soy objetivo: votaría a Hillary Rodman Clinton (y a Rajoy) antes que a Donald Trump. Parece un tipo inestable, que se mueve más por impulsos que por ideas; de principios ni hablamos (algo que vale para los dos). Desde Europa se le cuelgan etiquetas que titulan bien, son rotundas, nos hacen gracia -payaso, fascista, idiota, etc.-, pero ninguna le define porque son simplistas.

Parece más bien un personaje salido de un reality show (un remedo de La rosa púrpura de El Cairo de Woody Allen) y que se comporta fuera como si estuviera aún dentro. Lo peor, y eso dice mucho de nosotros, como sociedad, es que apenas se nota porque fuera hemos empezado a actuar como si todo fuese una gran farsa.

Hillary logró situarle como un machista al mencionar el caso de la miss universo Alicia Machado. No lo mejora Trump con sus amagos posdebate de sacar las infidelidades de Bill Clinton, algo que acabará haciendo.

Pese a su victoria en el debate, Hillary Clinton arrastra los mismos problemas: es fría, distante, carece de empatía. No genera confianza ni ilusión. Las cuentas de su fundación no dejan en buen lugar su estatura ética. También paga un sobrepeaje por ser mujer. A la extrema derecha estadounidenses le vale el esquema de la guerra contra Obama; solo hay que cambiar el apellido y dos palabras, mujer por negro. El odio les funciona igual. Las elecciones son el 8 de noviembre. Queda una eternidad.

Te echaremos de menos, Barack

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