Muros sin Fronteras

Mejor Tony Benn que Tony Blair

Tony Blair fue el impulsor de la llamada Tercera Vía y del Nuevo Laborismo, que a la postre resultaron dos excesos publicitarios. Blair es quizá el último gran representante de un tipo de izquierda pragmática que tras alcanzar el Gobierno en las urnas renuncia a casi todo, a ideas y valores, a cambio de mantenerse en el poder.

La película The Queen lo retrató con precisión: la imagen de su entrada en el palacio de Buckingham cuando la reina le va a encargar el Gobierno. Un Blair deslumbrado deja de ser el Blair de la oposición, el de los mítines y las promesas. Quedó el gran orador, el encantador de serpientes, el actor, poco más. Cuando uno pierde la esencia, los agarres, se estrella en Irak, en las mentiras lanzadas a sabiendas de que eran bulos, montajes, basura democrática. Luego le nombraron portavoz del Cuarteto para impulsar los planes de paz entre palestinos e israelíes; un trabajo cómodo porque no hay planes ni ganas de pensarlos.

Todo esto es para alabar a su antítesis, al otro Tony, a Tony Benn, fallecido la pasada semana a los 88 años. Benn fue lo contrario de Blair pese a haber pertenecido al mismo partido. El diputado de la izquierda del laborismo fue un azote verbal del Thatcherismo, del que Blair se siente heredero ideológico. No abandonó sus ideas a cambio de prebendas. Fue un azote de los conservadores y un azote para su partido, para Blair en concreto. La prensa de aquellos años antithatcheristas nos dibujó a Tony Benn como un radical de izquierda que decía cosas tan peligrosas como esta a Michael Moore sobre la creación y la defensa de la Sanidad pública.

Benn fue backbencher, es decir un diputado de segunda línea, sin cargo ni portavocía, y una vez ministro con Harold Wilson. Era tan buen orador como Blair, y cuando alzaba su voz en los Comunes se hacía el silencio. Nunca defraudaba. The Guardian, periódico que se mantiene en la izquierda pese a la crisis de los medios tradicionales de comunicación, publicó sus diez mejores frases elegidas por los lectores. La segunda contiene las cinco preguntas que encabezan este texto; en ellas reside la esencia del sistema democrático, su capacidad de controlar el poder y retirárselo a quien se excede en su uso.

Como en toda carrera política hay errores, frases discutibles y peros que echarle en la cara. En Twitter, los mensajes se mueven entre la condolencia y el rechazo. Benn nunca dejaba indiferente. Es el caso de Sean Thomas, que le recuerda sus simpatías por Mao Zedong en las páginas del Telegraph, el periódico thatcherista por excelencia. A este Telegraph, un gran periódico, no le faltó humor británico en su despedida

Cuando se mira en las filas de la izquierda en Europa no hay políticos como Tony Benn. El descontento y las denuncias contra las traiciones y la inmoralidad de la política están en la calle, entre los ciudadanos cabreados, hartos de tanta impostura, de tanto cambio de rumbo. En el Reino Unido, con sus defectos, la política no sale a la calle cada cuatro años ni los diputados dependen de un apparatchik para seguir sentados en su escaño y en sus privilegiosen el Reino Unido la política se hace cada día, en la calle, junto a los ciudadanos del distrito en el que has sido electo. Quien da la espalda a la ciudadanía, sale del Parlamento.

Benn dejó su derecho a sentarse en la Cámara de los Lores. Siempre bromeó con ello, decía que había seguido la carrera contraria a algunos miembros de su partido, que comenzaban defendiendo políticas de izquierda y acaban en los Lores pensando como nobles. En España no tenemos una Cámara de los Lores, pero tenemos los consejos de administración de las eléctricas.

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