Muy fan de...

Muy fan de... Chaves y Griñán

Decía mi abuelo: “Si tienes que explicar mucho alguna cosa, es porque el que no lo tiene claro eres tú”. Me acordé de ello esta semana, al asistir al sinfín de explicaciones que sucedieron a la noticia de que el Supremo os citaba a los dos, Manolo y Pepe, para declarar como imputados por el caso ERE. Muy fan.

El que se comió el brownie caliente, recién sacado del horno, fue Antonio Hernando, portavoz del grupo Socialista en el Congreso, la mala nueva le pilló por sorpresa en plena rueda de prensa. Traducido al lenguaje de los emoticonos, su cara, al ser interpelado al tiempo que informado por los periodistas, fue más o menos ésta:

Los compañeros, los muy jodíos, tiraron de hemeroteca para preguntarle a Antonio si tal y como habían asegurado Pedro y Susana en sendas declaraciones, ahora que estábais imputados los dos, el partido os pediría que renunciárais a vuestros escaños parlamentarios. Hernando dijo que se os aplicaría el código ético, es decir, únicamente solicitarían el acta si se producía la apertura del juicio oral y chimpún.

Al rato, Hernando volvió a convocar a los periodistas para rectificar lo dicho tan solo una hora antes: “El error ha sido mío”, comentó con una cara que vendría a ser ésta:

Y añadió que ya se había leído el auto –me lo imagino, al pobre, leyendo en diagonal a toda pastilla y sudando a chorros– y que en este caso, como los dos habíais pedido ir a declarar voluntariamente y no había imputación por un delito concreto, seguiríais sentados en el escaño tan ricamente. Chimpún dos.

Esa misma tarde, Manolo, dijiste que tenías la conciencia muy tranquila, que no había imputación formal y que tu situación judicial era la misma que tenías ayer, antes de ayer o hace una semana. O sea, que te sentías más o menos así:

Pero las declaraciones de Susana Díaz en noviembre diciendo: “Cualquier persona imputada por el Supremo o por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía va a tener que dejar el escaño” y las de Pedro Sánchez en Salvados: “Si Chaves y Griñán son imputados, deberán dejar de ser diputados”, comenzaron a resonar por tierra, mar y aire con más fuerza que la megafonía de un vendedor de melones.

Y les tocó a ambos matizar lo que no habían matizado entonces: “hasta que no estén imputados por un delito concreto, hasta que no estén imputados por un delito concreto, hasta que no estén imputados por un delito concreto…” El partido cerró filas en torno a vosotros dos y chimpún tres.

Pero claro, con tanto escándalo, está la ciudadanía para pocos matices. En un país en el que empezamos a tener más imputados por metro cuadrado que bares, no están los cuerpos para discusiones semánticas. La gente escucha “imputado” y ya no quiere oír más.

Es cierto que en la charleta superficial, tertulias políticas incluidas, a menudo se confunde el imputado con el acusado y hasta con el condenado. Craso error. Si se tratara únicamente de una confusión por ignorancia de los términos jurídicos, pues oye, nadie es perfecto, que diría Jack Lemmon. Lo malo es que esta confusión es, a menudo, intencionada. Sí, se han dado casos.

Lo de tirarse los imputados a la cara, es otro de los daños colaterales de enfundarse la bufanda y los colores y criticar la falta en función de si el jugador es de tu equipo o del rival. Y los políticos deberían ser conscientes de que cuando ellos utilizan la confusión jurídica para su juego de estrategia, la convierten en un boomerang que en un futuro les puede dar en los morros y dejarles la cara como al nuevo Mickey Rourke.

Pero fuera de las discusiones sobre temas como los matices de ciertos términos, la necesidad de que se respete la presunción de inocencia o lo malísimos que son para la salud democrática los pre-juicios y el resobado “y tú más”, hay una expresión que, de tanto brillar por su ausencia, acabará desapareciendo del castellano: “Responsabilidad política”. ¿Les suena? Exacto, es esa a la que los servidores públicos suelen responder con un “pasapalabra” y a seguir concursando.

De practicarse la responsabilidad política con la mitad de fervor que el running, nos habríamos ahorrado varios disgustos, culebrones, indignación y hartazgo. De practicarse la responsabilidad política con tanta pasión como la moda de hornear cakes, nos habríamos ahorrado el martilleo cansino en nuestras cabezas del “todos son iguales”. De practicarse la responsabilidad política, con la mitad del entusiasmo con que el personal se mata a selfies, el término “responsable” en un cargo público tendría verdadero sentido.

Dos responsables del Gobierno salpicado por uno de los casos más graves de corrupción en este país, quizás deberían haber hecho uso del sentido de responsabilidad política mucho tiempo atrás y haber entregado sus actas parlamentarias sin ceñirse a ningún reglamento ético del partido porque, por encima de ese, debiera estar su propio código interno. Vale, ahora es cuando algún lector responde así:

Es verdad, estoy loca, ¿acaso somos nórdicos? Esta es la gracia de España, su sol, sus gentes y el encanto de sus contradicciones. Que nos quiten lo 'bailao' y que nos bailen lo 'quitao'.

Muy fan de... Antonio Miguel Carmona

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