Qué ven mis ojos

Lo que te hace un siervo es bailar al ritmo de los latigazos que recibes

“Si has dejado de soñar, no le eches la culpa a la almohada”

Las cosas son aquello por lo que se las puede hacer pasar. Ése es el primer mandamiento de la política norteamericana, la piedra filosofal de un país donde la publicidad antecede a la ideología, las dos industrias principales son la armamentística y las fábricas de sueños y ser optimista consiste en que no haya desierto que no pueda ocultarse tras un buen espejismo. Todo eso nos lo han explicado a domicilio con la visita de Barack Obama a España. ¿Ha estado aquí? Sin duda, porque el domingo por la tarde, en la playa de Rota, Cádiz, vimos pasar como un rayo por el cielo el Air Force One, que es como el DNI número uno de los reyes de España, pero en avión. Así que venir, claro que vino, pero sólo para hacerse unas fotos en sus bases militares, darle un par de palmadas en la espalda a Mariano Rajoy, dedicarle tres minutos y medio a cada uno de los líderes de la oposición en funciones y cancelar una visita a Sevilla, en la que los habitantes de la ciudad habían depositado tantas esperanzas, con el fin de regresar a Estados Unidos y solidarizarse con una policía que ha sufrido un atentado brutal, por supuesto, pero que en lo que va de año ha matado a quinientas doce personas, una cifra que parece más apropiada para una guerra que para una democracia en tiempos de paz. El año pasado, las víctimas fueron más de novecientas. En resumen, lo del jefe de la Casa Blanca no ha sido una visita, ha sido un posado, y me temo que esa tendencia es la que domina el mundo: hay que conseguir que lo que se ve y lo que ocurre se parezcan lo menos posible.

¿Qué hay en los sótanos del poder? ¿Qué se cuece en sus cocinas? Hay túneles que van a dar a un palacio y hay ollas de veneno en los fogones, tal y como demuestra la noticia de que el antiguo presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, ha sido fichado por el banco de inversión Goldman Sachs, uno de los principales causantes del golpe de estado global que se conoce como “crisis financiera”, que arrasó el continente y que ha causado un sufrimiento terrible a gran parte de sus ciudadanos. “Si uno se queda en la política, está mal porque vive a costa del Estado; y si se va a la empresa privada, lo censuran por aprovecharse de la experiencia adquirida en el ejercicio de sus cargos”, ha dicho el sospechoso, dejando claro que el cinismo es uno de los motores de este coche fúnebre en que nos llevan hacia el abismo. Lo más triste de la historia es que las cunetas estén abarrotadas de gente que lo aplaude al pasar, lo mismo que si fuese el general Franco con su guardia mora.

Hasta donde sabemos, Durão Barroso no ha hecho nada sobresaliente en su vida pública, aparte de acumular cargos, ingresar un sueldo de millonario cuando estaba en activo y después una pensión de veinticuatro mil euros al mes, que tampoco estaba tan mal. Pero su gran mérito parece haber sido mostrarse servil con quien correspondiese en cada momento: chico listo, porque la única manera de salir por una puerta giratoria es dando vueltas hacia el lado hacia el que las da ella. Su imagen más recordada será siempre la de anfitrión del trío de las Azores, aquella reunión de mentirosos que propició la invasión de Irak y que lejos de conseguir un planeta más seguro, tal y como prometieron los tres caraduras, sirvió para que apareciesen bandas terroristas como el Estado Islámico y otros horrores. Las Tres Ginetas del Apocalipsis, sin embargo, no acabaron en los banquillos del Tribunal de la Haya, ni nada similar, sino que han logrado colocarse muy bien y hoy en día sus cuentas resplandecen de números azules. El resto de la población, sigue chapoteando en la ciénaga que ellos cavaron. Que el ex primer ministro de Portugal acabe en un despacho de Londres justo ahora que Gran Bretaña se ha marchado de la misma Unión Europea que él comandaba, y que lo haga a las órdenes de los capitalistas de casino que nos mandaron al fondo de la Gran Recesión con sus hipotecas basura atadas al cuello, lo explica todo.

En España, donde siguen mandando los mismos que cuando se salió a cazar a Sadam Hussein y en busca de su ántrax y sus bombas químicas inexistentes, el resultado de su gestión es que ahora mismo los contratos de un día se han disparado, al pasar de los 17.700 que había en 2008 a los 35.800 actuales, lo que significa una subida del 102%, según los datos que acaba de dar el Instituto Nacional de Empleo (INE). Además, en este caso según el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), de enero a mayo la contratación por un periodo de siete días o menos aumentó hasta el 26,5%. La aplicación de la Reforma Laboral del PP ha permitido que el encadenamiento de contratos temporales y de corta duración supere ya los tres años, “lo que evidencia su uso fraudulento e injustificado”, según denuncian desde UGT y CCOO. Esa ley “cuyo propósito no era crear empleo”, según dijo la ministra Báñez cuando fue promulgada, no se sabe si en un arranque de sinceridad o de chulería, sirvió para lo único que podía y quería servir, para abaratar el despido hasta volverlo casi gratuito y para destruir miles de puestos de trabajo. No iba a ser de otra manera, por supuesto, ya que hablamos de un país donde la cartera de Economía se le da a un miembro del consejo asesor de otra de las enterradoras de Europa, la empresa Lehman Brothers, de la que Luis de Guindos era su hombre fuerte en España y Portugal. Su partido ha sido cuatro años después el más votado en las últimas elecciones, algo que demuestra que somos una nación tan alegre y bien amaestrada que nos gusta bailar al ritmo de los latigazos que recibimos. Es lo que hay.

Barack Obama se ha ido, y con él pasó de largo una vez más el amigo Mr. Marshall. En Sevilla se han quedado como en Villar del Río, con las banderas ondeando para nadie y los discursos mustiándose en los balcones. Habíamos tenido un sueño y al despertar el dinosaurio ya no estaba allí. No hay problema: siempre le podemos echar la culpa a la almohada. Y en cualquier caso, las fotos del viaje han quedado preciosas, aunque nosotros no salimos en ellas.

No mires las líneas rojas, mira a qué lado de ellas está quien las ha pintado

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