Qué ven mis ojos

España necesita un segundo rescate: que nos rescaten de ellos

“La segunda vez que te miente el mismo cínico, tú ya eres también responsable de la mentira”.

El mentiroso siempre desprecia a quien engaña, lo considera fácil de confundir, incapaz de percatarse de la trampa que se le tiende, y por eso la risa es una de las armas de los cínicos: la necesitan primero para engatusarnos y después para burlarse de nosotros. Otro de sus recursos esenciales es tener la cara de cemento, algo que aquí les resulta fácil, con lo cerca que muchos de ellos han estado de la mafia inmobiliaria: solo tuvieron que alargar la mano y coger un par de sacos, que además luego podían usar para esconder el dinero negro que se llevaban a paraísos fiscales ocon el que se financiaban y ganaban eleccionesde forma delictiva, aunque ellos y sus correveidiles prefieran la palabra “irregular”, que es menos exacta pero más benévola.

Si alguien encarna como pocos, y a la vez entre otros muchos, la corrupción que ha asolado la España de los patriotas evasores de la calle Génova, es el antiguo senador Luis Bárcenas, que fue tesorero y señor de los anillos del PP, y que ayer protagonizó una comparecencia vergonzosa en el Congreso, durante la cual se negó a responder a la mayoría de las preguntas de los diputados y solo abrió la boca para tergiversar la realidad, por ejemplo a la hora de afirmar que "se ha repetido en dos ocasiones que los jueces han definido al PP como organización criminal y no es así, es la acusación del PSOE la que dice eso. No es el juez, son ustedes". A alguno de los suyos se le escapó un "¡muy bien!" que pudo escucharse en toda la sala, demostrando que unos y otros son el mismo perro con distinto collar.

El señor aguanta-y-sé-fuerte tal vez no tenga paciencia para llegar hasta el final de los documentos que le acusan a él y a su formación, porque de lo contrario recordaría que el magistrado de la Audiencia Nacional que investigó la caja B del partido, José de la Mata, consideraba acreditada la existencia de ese delito que él niega, junto a los de asociación ilícita, falsedad contable, tráfico de influencias, blanqueo de capitales, delito electoral y delitos contra la Hacienda Pública. En el apartado 6.2 de su auto, se describe como Responsables Civiles Subsidiarios a la empresa-pantalla Unifica Servicios SL y al Partido Popular, y en el primer apartado del 6.3. se les atribuye el "delito de organización criminal (art. 570 y ss. CP)".

Con la boca torcida a partes iguales por la ironía y la arrogancia, Bárcenas miente, es decir, que se le nota que sigue en el PP, donde eso es el pan nuestro de cada día. El problema de los mentirosos patológicos es que como no pueden dejar de serlo, poco a poco se van quedando con solo dos opciones: callar al modo de su extesorero o reincidir, por si fuese verdad que un clavo saca otro clavo. Estos días, sin ir más lejos, se ha vuelto a hablar mucho del rescate bancario que nos llevó a la ruina a casi todos para que se pudieran salvar los poderosos que nos habían saqueado. El caso se ha reabierto por dos razones: porque el Banco de España, que está entre los candidatos a institución más incompetente del país, y mira que la competencia es feroz, ha dado por perdidos 60.613.000.000 € del rescate que sufrimos como consecuencia del hundimiento de nuestra economía; y porque el Gobierno ha anunciado que le dará otros tres mil al FROB. En eso sí que somos diferentes al resto de Europa: en Gran Bretaña, Lloyds devolvió los 23.800 millones que le habían dado, pagando además otros mil en concepto de intereses; en Alemania, el Commerzbank reintegró 20.400; en Holanda, ING hizo lo propio con otros 10.000; en Bélgica, el KBC recibió 7000 y ha devuelto 13.090…

Pero claro, es que los compañeros de Bárcenas son iguales que él. Primero negaron que se hubiera producido ningún rescate, luego lo llamaron "préstamo" y ahora presumen de haberlo pedido y aseguran que eso nos sacó las castañas del fuego cuando por culpa de otros, naturalmente, estábamos con el agua al cuello. El presidente Rajoy afirmó con su habitual solemnidad que aquella inyección de dinero "no iba a tener coste alguno para los ciudadanos" y tronó en el Parlamento que “todos los países de la UE han apoyado a sus bancos”. Claro, pero en esos lugares la inversión no era a fondo perdido y aquí sí. Por lo tanto, Rajoy nos mintió.

La vicepresidenta y entonces portavoz del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, también rechazó "de plano" la ayuda del FMI y la UE: "No va a haber rescate, el rescate no es una opción, la opción de rescate está descartada". Mintió por triplicado, en aquel momento y a la vez que La Moncloa destituía de manera fulminante a José María Beneyto, su coordinador de la subcomisión del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, por unas declaraciones en las que aseguraba que "no había que excluir la hipotética intervención de España por parte de la UE".

El ministro de Economía, Luis de Guindos, hablaba de "un crédito de hasta 100.000 millones para recapitalizar la banca española" e insistía en que no tendría "coste alguno para los ciudadanos". Eso era entonces, porque ahora presume de que "sin el rescate bancario, España hubiera salido del euro". De Guindos, en consecuencia, mintió por duplicado. Su compañero Cristóbal Montoro, titular del ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, juró que "los hombres de negro no van a venir a España". Otra ronda de lo mismo: mentía.

La conclusión que, después de todo eso y tras la celebración de unas nuevas elecciones generales, sacaron algunos de los partidos que ayer acosaban a Bárcenas y en los próximos días harán lo mismo con otros sospechosos de esa trama de saqueo de las cajas fuertes públicas y financiación ilegal, fue que el PP debía seguir en los bancos azules de las Cortes y Rajoy, el mismo al que consideran el elefante blanco de esos sucesos que conllevan un fraude a la democracia, tenía que continuar en su puesto, por el bien de España, por su estabilidad. Y ahí estaba ayer Luis Bárcenas, que no es una excepción sino un síntoma, para demostrar lo que son. Quienes los amparan por tacticismo o por miedo, aún están a tiempo de volver a pensárselo. Porque a lo mejor lo que ocurre es que ahora necesitamos un segundo rescate: que nos rescaten de ellos.

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