Ultreia

La luz en cuatro palabras: el mercado no funciona (salvo para unos pocos)

Daniel Basteiro nueva.

En una entrevista en la Cadena Ser, Pedro Blanco preguntó este jueves a Teresa Ribera hasta en tres ocasiones qué puede hacer el Gobierno para que el precio de la luz baje a corto plazo. La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica desgranó varios de los aspectos clave que explican la situación, pero a la tercera perdió educadamente la paciencia y tiró de ironía. “Podemos intentar convencer a Putin”, dijo antes de aclarar que eso, como que la Unión Europea cambie el sistema, “no es realista”.

Algunos políticos tienen la habilidad de hacer que los periodistas olvidemos la pregunta que les hemos hecho. Al fin y al cabo, somos humanos y a veces perdemos el hilo. Algunas explicaciones actúan como anestesia o simplemente nos damos con un canto en los dientes para poder abordar otros temas. Ribera, además, controla los asuntos de su cartera al dedillo y suele ser prolija en explicaciones técnicas.

Pues bien: mientras el precio de la luz siga en máximos, las preguntas inevitablemente seguirán. Toda estrategia comunicativa que no tenga eso en cuenta está condenada al fracaso. 

El alza histórica (perdemos la cuenta de los récords), en un agosto de altísimas temperaturas (y, por qué no decirlo, una tregua en otros frentes informativos), se une a la hemeroteca de algunos miembros del Ejecutivo y el carácter de bien estratégico que tiene la electricidad, que pagamos todos. La tormenta (eléctrica) perfecta.

En el Gobierno lo saben. “Es el principal problema político que tenemos y no tiene buena pinta”, explica un alto cargo del Ejecutivo. "Político". Así es. Al tiempo, esta fuente hace hincapié en la muy positiva evolución del mercado de trabajo, los datos de crecimiento (“¡tasas chinas!”) o los fondos europeos llamados a cimentar la recuperación que, según cualquier interlocutor gubernamental, será obvia y evidente antes de 2023.

La parte socialista del Gobierno se resigna por el momento a esperar a que el mercado dé una tregua y a que las reformas legislativas en marcha den fruto dentro de unos meses, consciente como lo es también la morada que tuitea menos de que no hay "varitas mágicas". “Podemos intentar convencer a Putin…”. Todo ello es muy discutible. En política siempre hay un plan b y no se debe subestimar el poder del BOE. Eso sí, hay que atreverse a utilizarlo. Mientras, se abre un interesantísimo debate sobre la soberanía energética y regulatoria y el papel de lo público (por cierto, las compañias energeticas en manos de Estados no son, ni mucho menos, una excepcion). Ya era hora: nos lo merecemos y sería muy útil si admitiese las complejidades, los matices y fuese comprensible para el ciudadano.

Por el tono de la oposición, me temo que no lo tendremos. Más allá de reclamar elecciones ya (alguien debería aclararles que comienza a resultar ridículo decirlo cada cinco minutos), no hay propuesta que vaya más allá de la genérica bajada de impuestos. Como si diera mucho resultado la anterior. O de la rebaja del 59% de la factura que se corresponde globalmente con los “costes regulados” y no con el coste de la energía. Es obvio que hay que intentar vaciar el recibo de cuantos más peajes y cargos, mejor, pero también que al hacerlo habrá que costearlos de otra manera. Cuidado con las sumas cero. 

Pero, esperen un momento. En este artículo ya hemos hablado de Ribera, de los periodistas y las estrategias comunicativas, de Podemos y hasta del PP. Todo ello está sobre la mesa y copa muchos artículos y análisis ¿Y el mercado? ¿Cómo es posible que las empresas eléctricas no estén en el corazón del debate? ¿Por qué no están sus portavoces respondiendo a preguntas en los informativos y los debates de máxima audiencia? ¿Tiene algo que ver con las generosas sumas que invierten en muchos medios de comunicación, incluidos aquellos que se reivindican progresistas? ¿Qué sentido tiene que el Gobierno pida por favor "una cierta contención" a las eléctricas [ver aquí] y no las señale con el dedo si se están lucrando gracias a grotescos y artificiales aumentos del precio? ¿No lo han hecho ya en el pasado

Porque ese es el problema. A finales de junio se rebajó el IVA del 21% al 10% (¡tenemos el IVA más caro de Europa!, clamaban algunos, y era verdad) y el efecto se ha diluido como un azucarillo en agua. Por otra parte, los costes regulados han ido engordando durante décadas, pero no lo han hecho de repente, por lo que no es del todo honesto achacarles la situación de alarma que se ha creado por los máximos actuales.

Un informe del Banco de España señala que el 70% del aumento del coste de la energía se debe al precio del gas y a la especulación con el CO2 (ver aquí). He aquí el mercado funcionando a pleno rendimiento. España, casi una isla energética, importa gas, Putin (que no es muy de dejarse convencer) cierra el grifo haciendo que media Europa se rasque el bolsillo y el sistema de fijación de precios hace que cualquier energía más barata cueste tanto como la más cara. Y, por si fuera poco, grandes fondos de inversión especulan con las medidas correctoras del calentamiento global. Un negocio perfecto.

Tras la intervencion decidida de lo público en la pandemia (malos tiempos para los neoliberales) hay quien sigue sosteniendo que el mercado puede funcionar sin intervención de lo público y que cuantas menos reglas, mejor. Y el que las proponga será acusado de socialcomunista o bolivariano.

Pero es verdad. Tienen razón. El mercado funciona. Funciona para las grandes compañías, que mantuvieron y ampliaron sus beneficios en el año de la pandemia (ver aquí). Funciona para los expolíticos que se pueblan los Consejos de Administración de esas compañías. Algunos de ellos vendieron la principal eléctrica pública que ha acabado en manos del Estado italiano. Funciona para los autócratas con recursos naturales o los especuladores sin alma que campan a sus anchas. El mercado funciona, salvo alguna cosa. Y esa cosa eres tú.

Un PSOE con los decibelios bajo control

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