Los delitos de odio clasificados como antisemitismo se han triplicado en tres años. Son los datos manejados por el Ministerio del Interior y contenidos en su último informe anual. Según las cifras oficiales, el año pasado el antisemitismo fue la sexta expresión de odio más frecuente, por encima de otras como la aporofobia, el antigitanismo o la islamofobia. La evolución de las estadísticas plantea algunas preguntas, empezando por ¿cuál es la definición de antisemitismo? y ¿cuál es el encaje de las protestas propalestinas en esa clasificación?
El propio informe confeccionado por el departamento de Fernando Grande-Marlaska describe el antisemitismo como "cualquier acto de odio, violencia, discriminación, fobia y rechazo, practicados contra los judíos o nacionales del Estado de Israel". infoLibre ha preguntado al Ministerio del Interior si esa definición abre la puerta a calificar como delito de odio el rechazo al Estado de Israel en un marco de genocidio en Palestina, por ejemplo a través de pintadas, protestas o mensajes en redes sociales. Al cierre de esta edición, no ha obtenido respuesta.
Pero Interior sí ha explicado a este diario que la definición recogida en el informe procede de "varios informes internacionales, en especial la definición adoptada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA) en 2016". La organización intergubernamental fue fundada a finales de los noventa y de ella forman parte más de una treintena de países, entre ellos España y también Israel.
La IHRA ha sido ampliamente criticada por su pretendida ambigüedad a la hora de trazar los términos en torno a los que se clasifican los actos antisemitas. Así lo expresaron en abril del 2023 –seis meses antes del comienzo del genocidio israelí en Gaza– más de un centenar de entidades que remitieron una misiva a las Naciones Unidas alertando de los riesgos que entraña asumir de forma acrítica la definición propuesta por la IHRA. Entre los firmantes se encontraban Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras plataformas de nacionalidad israelí, como B’Tselem y Breaking the Silence, así como numerosos grupos judíos, como Jewish Voice for Peace y Jewish Network for Palestine.
Meses antes de aquella carta conjunta, el Consejo de Ministros de España aprobaba el Plan Nacional para la Implementación de la Estrategia Europea de Lucha contra el Antisemitismo y el fomento del modo de vida judío 2023-2030. El documento detalla que el Gobierno refrendó, en julio de 2020, la definición de trabajo de antisemitismo de la IHRA, no vinculante jurídicamente. Y esa misma definición es sobre la que se apoya el informe sobre delitos de odio para los específicos de antisemitismo.
Cambiar el marco
Manu Pineda (IU) conoce bien las consecuencias de la definición planteada por la IHRA. Hace dos años, la Asociación Judía Europea pidió al Parlamento Europeo su suspensión como eurodiputado por mantener una posición supuestamente antisemita. Pineda había compartido en redes sociales un vídeo en el que se comparaba la política genocida de Benjamin Netanyahu con el exterminio nazi. En la carta, firmada por el presidente de la organización, se destacaba que aquel vídeo es "antisemita e incumple la definición" trazada por la IHRA.
El pasado jueves, Más Madrid pidió en el Congreso sustituir la definición de antisemitismo de la IHRA por la que propone la Declaración de Jerusalén (JDA). Esta última, señaló la diputada Tesh Sidi, "permite distinguir con mayor claridad entre el antisemitismo y la crítica legítima al sionismo o a las políticas del Estado de Israel".
Ante la imprecisión de la IHRA, un grupo de centenares de especialistas en judaísmo, Holocausto y Oriente Próximo de diferentes países promovieron una nueva definición, la que se contiene en la citada Declaración de Jerusalén (JDA). Este nuevo texto estableció que no es antisemita criticar a Israel "basándose en la evidencia". El concepto se refiere expresamente al conflicto palestino al asegurar que sí es lícito "oponerse a sus políticas prácticas", como las que lleva a cabo "en Cisjordania y Gaza". También manifestar que en Israel "existe una discriminación racial sistemática" entre palestinos e israelíes. O "comparar a Israel con otros casos históricos, incluido el colonialismo de colonos o el apartheid".
"En España, al contrario de lo que sucede en Europa, no se ha abierto un debate sobre la definición del antisemitismo", lamenta Tesh Sidi al otro lado del teléfono, e insiste en que la opción de la Declaración de Jerusalén está "respaldada por juristas". En un contexto de genocidio, añade, países como "Francia y Alemania, a pesar de proclamarse pro derechos humanos, están parando protestas con este pretexto", sirviéndose de una definición que en última instancia "deslegitima cualquier crítica al Estado de Israel". Aunque Tesh Sidi confía en que el actual Gobierno no utilice esta definición con una lógica punitiva, ni de persecución activa del movimiento en defensa de Palestina, sí se pregunta qué sucederá con un eventual gobierno de extrema derecha.
De los 69 incidentes contabilizados en 2025 por el Ministerio del Interior vinculados a ataques antisemitas, el mismo informe reconoce que solo se han esclarecido la mitad. Es decir, muchos no llegan a ser considerados como delitos de odio cuando la investigación avanza y arroja luz sobre los acontecimientos. Sucedió a finales del año pasado con un caso que ocupó titulares. Entonces, un juzgado de Vigo decidió archivar la causa en la que investigó al dueño de un restaurante por un supuesto delito de odio contra ciudadanos israelíes, después de que el hostelero les negara la entrada.
El juez fundamentó su decisión en la recomendación número nueve de política general de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) sobre la prevención y la lucha contra el antisemitismo. El magistrado recalcaba precisamente que la ECRI "insiste en el peligro de utilizar" la definición "de forma indebida con el propósito de silenciar o estigmatizar como antisemita la crítica legítima contra Israel y sus políticas, en particular respecto del pueblo palestino y en el contexto de la ocupación de los territorios palestinos, pues ello pondría en peligro los esfuerzos por luchar contra el antisemitismo y, por tanto, debería rechazarse". Es por ello, añadía el juez, que "teniendo en cuenta el contexto en que se producen los hechos, la conducta que se atribuye al investigado tiene difícil encaje en el discurso de odio penalmente punible".
Una definición "muy amplia"
"En efecto, es una definición muy amplia", reconocen fuentes del Ministerio del Interior. Por este motivo, la Oficina Nacional de Lucha contra los Delitos de Odio ha elaborado una Guía práctica para Fuerzas y Cuerpos de Seguridad sobre judaísmo [disponible aquí], con la participación de la Federación de Comunidades Judías de España, el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE) y el Centro Sefarad-Israel.
La guía, añaden las mismas fuentes, "responde a la necesidad de mejorar el conocimiento policial sobre la realidad de la comunidad judía, sus prácticas, lugares de culto, simbología, festividades y necesidades específicas de protección", pero además "refuerza la capacidad de los agentes para identificar indicadores de motivación antisemita, prevenir ataques contra personas, bienes o instituciones vinculadas a la comunidad judía y prestar una atención más adecuada a las víctimas, especialmente en contextos de polarización social o ante fechas de especial sensibilidad".
Miquel Ramos, periodista e investigador, sostiene que la definición propuesta por la IHRA "forma parte de una de las estrategias de los propagandistas de Israel y del sionismo para condicionar los marcos interpretativos de lo que es el antisemitismo en varios Estados", enmarcando como "supuesto odio a los judíos" toda crítica al "sionismo como ideología política". Se trata, al fin y al cabo, de una "herramienta de coerción y persecución a toda crítica hacia el Estado de Israel y es un instrumento más de propaganda de quienes tratan de silenciar y perseguir todo cuestionamiento" de sus políticas, abunda el periodista, coautor del proyecto Crímenes de odio.
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Ramos destaca que diversas organizaciones que vienen realizando un seguimiento sobre los supuestos ataques antisemitas en base a la definición de la IHRA han incluido explícitamente pintadas, lemas o carteles en favor de la emancipación del pueblo palestino, lo que evidencia la volatilidad de los márgenes propuestos. Un ejemplo es el Observatorio de Antisemitismo, entidad que en su último informe alerta sobre el uso de expresiones como "Palestina libre" o "Desde el río hasta el mar" y las tacha como acción "antisemita, excluyendo a los judíos". En su análisis, la organización critica el uso de palabras y expresiones como "genocidio, limpieza étnica, exterminio, sionismo y sionista, dando por válido el discurso difundido por las organizaciones terroristas presentes en la Franja de Gaza". El Observatorio, según deja claro en su página web, "trabaja con la definición de antisemitismo de la IHRA".
Existe, profundiza el periodista, "toda una campaña propagandística para incorporar en el marco antisemita numerosos hechos que no pasan el filtro de lo que consideraríamos antisemitismo", con el fin de "engrosar las cifras de los incidentes antisemitas para situar a Israel en la posición de víctima". Esa es, a su juicio, "la trampa en la que ha caído el Ministerio del Interior comprando un marco que no tiene credibilidad dentro del mundo académico y social", por lo que si este Gobierno "quiere ser coherente, debería abandonar urgentemente esta definición y adoptar otras mucho más concisas".
Las fuentes de Interior consultadas reconocen que existe un "debate abierto" sobre cómo clasificar "el antisionismo y la crítica severa al Estado de Israel", un asunto que consideran de difícil resolución, para el que "todavía no hay respuestas concluyentes".
Los delitos de odio clasificados como antisemitismo se han triplicado en tres años. Son los datos manejados por el Ministerio del Interior y contenidos en su último informe anual. Según las cifras oficiales, el año pasado el antisemitismo fue la sexta expresión de odio más frecuente, por encima de otras como la aporofobia, el antigitanismo o la islamofobia. La evolución de las estadísticas plantea algunas preguntas, empezando por ¿cuál es la definición de antisemitismo? y ¿cuál es el encaje de las protestas propalestinas en esa clasificación?