Economía y Medio Ambiente

Desierto líquido, el mar se agota: descamando la pesca

Descamando la pesca

Daniel Carrasco

― ¡Vaya! ¿Cuánto has tardado en pescar todo el pescado de ese cubo?–Preguntó el empresario al pescador―.

― Unas dos horas. Más un par de horas que tardo en dejar esta vieja red lista para el día siguiente.

― Te propongo una cosa. Te compraré una red nueva y una barca más grande. Así podrás sacar mucho más pescado y repartiremos los beneficios.

― Y, ¿para qué quiero tener mucho más pescado?

Los estudios del ICES (Consejo Internacional de Exploración del Mar), que monitorizan las poblaciones de peces que se consumen en Europa, muestran que las más de 140 especies comerciales europeas están sobreexplotadas o plenamente explotadas. Ignacio Sobrino, director del IEO (Instituto Español de Oceanografía) de Cádiz, considera que "lo que es muy raro hoy en día en aguas europeas es que existan recursos pesqueros que estén subexplotados". Sin embargo, gran parte de la comunidad científica coincide en que los políticos no tienen demasiado en cuenta los informes y las evaluaciones de stocks, priorizando otros aspectos a la hora de tomar decisiones. Desde el ICM (Institut de Ciències del Mar) de Barcelona, Jordi Lleonart, investigador del CSIC, explica que "muchas veces no se implementan unas leyes porque están sometidas a presiones de diferentes lobbies. Las decisiones políticas son a corto plazo, mientras que las recomendaciones científicas exigen medidas a medio y largo plazo". Los más de 50 expertos que hemos entrevistado para el documental Desierto líquido coinciden en que esta sobreexplotación se debe al aumento de la capacidad congeladora y al desarrollo de tecnología pesquera.

Dentro de las técnicas, hay una diferencia entre lo que se conoce como pesca industrial y artesanal; aunque son difíciles de catalogar, ya que va a depender de muchos factores. No obstante, simplificando de la forma más sencilla, el sector artesanal suele utilizar artes pasivas ―técnicas que esperan a que la presa quede atrapada. Por ejemplo: anzuelos, nasas, mallas, etc.―. Mientras que el industrial suele usar artes activas ―técnicas que se desplazan para atrapar al animal. Por ejemplo: el cerco o el arrastre―. En medio, hay otras técnicas que se pueden considerar mayores o menores, artesanales o industriales, en función del tamaño y/o cómo se usen, por ejemplo el palangre ―línea con anzuelos―.

La esquilmación de las poblaciones de peces no es la única consecuencia negativa, también se produce un impacto sobre los ecosistemas debido al uso de algunas técnicas. Los pescadores artesanales, los actores del tercer sector implicados (ONG, asociaciones, etc.) y la mayoría de científicos convergen en que el arte de arrastre de fondo es el más agresivo de todos. Se trata de un saco-malla lastrado por el fondo marino que atrapa todo lo que entra en la red. Desde Fundación Lonxanet, asociación para la pesca sostenible, creen que "el arrastre no puede considerarse artesanal porque arrasa el fondo marino, no es selectivo y se lleva todo lo que encuentra; pueden ser peces, piedras, corales, algas, etc.".

Sin embargo, los defensores del arrastre, como Cepesca (Confederación Española de Pesca) ―uno de los lobbies del sector más influyentes a nivel europeo―, opinan que es una técnica positiva ya que limpia y oxigena el lecho marino al pasar, algo parecido a lo que sucede con el arado en terrenos agrícolas. Solicitamos una entrevista con ellos, pero desgraciadamente no recibimos respuesta.

Pepe Caamaño, pescador de Muros, explica que "los que se comieron las ayudas fueron los grandes cerqueros, congeladores y arrastreros, especialmente para paros biológicos y construcción de barcos". Durante décadas, la mayor parte de las subvenciones han ido a parar al sector industrial. Según Luis Rodríguez, presidente de Pescartes (Asociación de pescadores artesanales de Cabo de Gata-Níjar), "son ellos los que hacen la ley y los que se quedan con las ayudas, son los mismos, los grandes empresarios. Y son los que se van a cargar el mar". Muchas asociaciones, como Fundación Lonxanet, opinan que cuando montas un negocio debes hacerlo sabiendo que es rentable, no confiando en las subvenciones. No obstante, los grandes armadores no lo ven igual. José Antonio Suárez-Llanos, gerente adjunto de ARVI (Armadores de Vigo), argumenta que "mientras se produzca la dicotomía de que el barco sea privado, pero el recurso sea público, no se puede prescindir de las ayudas".

Raül Romeva, el cabeza de lista de Junts pel Sí a las pasadas elecciones en Cataluña, y antiguo eurodiputado por Los Verdes (ICV 2004-2014), considera que "el negocio de las subvenciones se tiene que acabar, no podemos seguir alimentando un modelo suicida. Es el mismo sistema que tenemos con los bancos. Acabamos salvando a los bancos y perjudicando a la ciudadanía. Y, al revés, si tenemos claro qué sector hay que preservar, tenemos que poner los mecanismos. El gran error histórico de la Política Pesquera Común es que se ha basado en los intereses del sector industrial”. La PPC, cuya reforma se implementó en 2014, es el marco legislativo que regula las actividades pesqueras europeas, dentro y fuera de Europa. "Las soluciones también pasan por una buena gestión del recurso y hay que contar con la opinión de los pescadores. Mientras que, durante décadas, sólo se ha tenido en cuenta a los grandes armadores", añade Romeva. En Europa hay pocos modelos de gestión pesquera compartida en los cuales participen directamente los pescadores. Uno de ellos, y el único de España, es el plan de cogestión del sonso en Cataluña. Se trata de un modelo de toma de decisiones mediante un órgano formado por el Gobierno, los científicos, las ONG ambientalistas y los pescadores. A través de este sistema, todos los actores relacionados participan en la administración del recurso. Según Mauricio Pulido, pescador y miembro de Medartnet (Plataforma Mediterránea de Pescadores Artesanales), el proyecto funciona mejor gracias a la cogestión y permite tomar decisiones más elocuentes. Además, asegura que "si participan los pescadores, te olvidas del control, ya que somos quienes nos controlamos a nosotros mismos".

La mala gestión del recurso ha provocado que se pierda el 60% del empleo del sector, durante los últimos 20 años. También supone la pérdida de muchos puestos de trabajo indirectos y una parte importante de la identidad cultural en las zonas rurales de costa. Quienes han sufrido más las consecuencias son los pescadores artesanales, que suponen el 80% del sector. Desde Abay Analistas, han concluido en sus informes que "la pesca artesanal es más inclusiva, ya que emplea a más mujeres, jóvenes y personas mayores de 55 años".

Se escuchan algunas voces que esgrimen que una posible solución está en la acuicultura, para poder mantener relativamente protegidos los caladeros marinos. No obstante, las ONG ambientalistas y una parte importante de la comunidad científica consideran que esta no es la vía. Los principales argumentos en contra de las piscifactorías son que hay que administrarles antibióticos y otros medicamentos que acaban perjudicando al medioambiente, que en ocasiones se producen fugas de ejemplares generando problemas eco-sistémicos y que para alimentar a los peces hay que atrapar a otros pescados. Por ejemplo, para tener un kilo de salmón de piscifactoría hacen falta 5 kilos de pescado capturado. Jordi Lleonart, asevera que "no hay que estar en contra sistemáticamente, pero yo sería muy riguroso a la hora de establecer qué inversiones en acuicultura se pueden hacer. No creo que las piscifactorías sean la solución, siento más reticencias que simpatías".

Barco artesanal 

Volviendo a la pesca extractiva, Sebastián Losada, asesor de Greenpeace Internacional en campañas marinas, explica que "la parte de la flota que debería tener un acceso prioritario a los recursos es precisamente la artesanal, de pequeña escala […], usa artes que producen menos descartes ―capturas que se desechan porque no interesan―, consume menos energía y da un pescado de mayor calidad. También se trata de pescar menos ganando más dinero". Losada añade que "no está compensado lo que gana un pescador con el precio final que paga el consumidor, reducir intermediarios en la distribución forma parte de la solución".

Una de las opciones para consumir más directamente es acudir a las lonjas locales, en el caso de zonas costeras, o a los mercados centrales. Algunos actores del sector aseguran que las grandes empresas de pescado empaquetado y las grandes superficies juegan a la especulación con el recurso, marcando precios a conveniencia cuando tienen monopolizada la distribución, tal y como ha sucedido con otros productos alimentarios.

Otro modelo de distribución que se está poniendo de moda es el de las cooperativas de consumo responsable. "Es igual que lo que se hace con las verduras o algunos productos ganaderos, a través de una cesta de pescado sostenible", asegura Carla Chicote, coordinadora de proyectos de Submon, plataforma de servicios marinos que entre sus proyectos cuenta con una red de contacto entre pescadores artesanales y consumidores. Luis Rodríguez, de Pescartes, opina que "si la gente quiere comprar productos que vienen de la otra punta del mundo, pues que los compren. Pero el consumidor tiene que saber que también hay un pescado fresquito, que se pesca aquí al lado". Sin embargo, la gente se ha acostumbrado a consumir un producto procesado, empaquetado, congelado y ―como dice Pepe Caamaño― a ser posible que tenga plástico por fuera.

A la hora de llenar la cesta, también se pueden tener en cuenta otros aspectos: si ha sido congelado o semi-congelado, cuánto tiempo lleva capturado, qué tipo de embarcación lo ha pescado, etc. Según Ramón Tarridas, pescador y miembro portavoz de Medartnet, "además, debería poner en el etiquetado el arte de pesca que se ha usado. Debería ser obligatorio y luego el consumidor que decida". Aunque hay una parte del sector que no está de acuerdo, especialmente los arrastreros y cerqueros. No obstante, y a pesar de que la información del etiquetado esté más o menos sesgada, la mayoría de los perfiles entrevistados reconocen que hay un alto grado de ignorancia por parte del consumidor, por lo que se hace difícil llevar a cabo un consumo responsable. Muchos pescadores coinciden en que la mayoría de ciudadanos se limita a comprar cuatro especies que conocen, o que les venden, y eso condiciona mucho. Ramón añade que “tenemos un problema global, de todos los pescadores, no sólo a nivel del Mediterráneo o del Atlántico, sino a nivel mundial. Estamos agotando el pescado”.

Quizás, Ramón sería un buen ejemplo de ese tipo de pescador del cuento, que no entiende la avaricia del empresario. Quizás, si ya no fuera rentable pescar porque no quedaran peces suficientes, ese empresario invertiría en carbón, en leche de vaca o cualquier producto que le reportara beneficios. Pero al pescador, si se le acaba el pescado, no le queda nada.

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