Violencia machista

Las mayores cotas de igualdad no son antídoto contra las agresiones machistas

Concentración contra la violencia machista en Burlada (Navarra).

La tendencia –"muy preocupante", según los expertos– es clara. Las actitudes machistas, que pueden derivar en agresiones psíquicas y físicas, perviven en las parejas jóvenes y adolescentes. Así lo certifica el último estudio del Ministerio de Sanidad (presentado hace unas semanas), pero también los datos de distintos organismos oficiales que ilustran con cifras el drama de la violencia machista. 

Por ejemplo, las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial constatan que está creciendo el número de menores procesados por violencia machista. En 2013, el último año del que hay estadísticas completas, aumentó un 5% el número de menores maltratadores que fueron juzgados. Los menores enjuiciados fueron 151 y se impusieron medidas contra 133 de ellos. Al tiempo, los procesos judiciales por violencia machista en adolescentes se incrementaron un 30% entre 2011 y 2012. Pasaron de 473 a 632, según la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2013.

Estos datos inquietan, y mucho, a expertos y asociaciones de mujeres, pues consideran que no ha sido posible revertir ciertas actitudes represivas en parejas que ya han crecido en un Estado democrático, donde la mujer tiene más participación en la mayoría de los aspectos de la vida, aunque haya todavía muchos desafíos pendientes para ellas.

"Los niños y adolescentes se encuentran inmersos en una sociedad que perpetúa una serie de mitos y falsas creencias en torno al amor y a la sexualidad como, por ejemplo, que los celos son una expresión de amor o que si no te acuestas con tu pareja te dejará por otra persona", analiza Esperanza Gil Somoza, psicóloga y sexóloga en Psicología en Positivo Valencia. Esta profesional cree que en el entorno –familiares, medios de comunicación, videojuegos...– se generan "modelos de conducta poco adecuados o que refuerzan las actitudes sexistas y los cuadriculados estereotipos de género" como que las mujeres han de ser sumisas o que los hombres son fuertes. 

Una opinión similar tiene Marisa Soleto, presidenta de la Fundación Mujeres. "Hay patrones que se siguen produciendo, la inercia nos lleva a ello. En un momento pudimos pensar que las mayores tasas de igualdad que hemos logrado las mujeres serían un antídoto frente a ciertos comportamientos, pero vemos que no ha sido así. Los valores de la sumisión total, de la entrega, el mito del amor romántico que dibuja a los hombres fuertes y a las mujeres débiles... Todo eso sigue ahí", señala.

Miguel Lorente, forense y ex delegado del Gobierno para la violencia de género con el PSOE, también considera que hay referencias y valores que no han cambiado. "En las situaciones más cotidianas, en los chistes, en las bromas... todavía permanecen roles o conductas que son el abono perfecto para comportamientos machistas que pueden acabar en agresiones graves. Ellos conservan ciertos referentes culturales que les llevan a intentar mantener ese control sobre sus parejas", asevera. Lorente señala también otra circunstancia. "Muchas mujeres, conscientes de estas situaciones de abuso, hacen ver a sus parejas que no van a aceptarlas. Y eso es algo que indigna a mucho hombres, que en algunos casos reaccionan con comportamientos agresivos".

La sumisión psicológica, la clave 

El último informe del Ministerio de Sanidad también ofrece un panorama alarmante. Señala, por ejemplo, que uno de cada tres jóvenes considera "inevitable" o "aceptable" en algunas circunstancias controlar los horarios de sus parejas, impedirles que trabajen o estudien, no permitirles que vean a sus familiares o amigos o decirles lo que pueden o no hacer. Y aunque el margen es estrecho, la comparación de este estudio con el elaborado un año antes, refleja que los jóvenes tienen una actitud menos crítica respecto a los mayores de cara a este tipo de actitudes machistas en el entorno de la pareja: el 32% de las jóvenes las toleran frente al 29% de la población femenina general, mientras que el 34% de los jóvenes las estiman aceptables, cuatro puntos más que el conjunto de hombres adultos.

Este dato –señala Gil Somoza– es significativo en la medida en que está reflejando una tendencia, la dirección que está tomando la juventud en relación a las actitudes machistas "manifestando una serie de formas de pensar y de actuar poco deseables en una sociedad que aspira a valores como la igualdad". "Una sociedad que tiende a pensar que las generaciones venideras serán una versión mejorada de las anteriores, una versión "2.0". De modo que informaciones como esta caen como una jarra de agua fría sobre la mente colectiva que no puede creer que se esté dando un paso atrás en la lucha", amplía.

"Es muy preocupante que se den ciertas situaciones en parejas jóvenes que no son interpretadas como hechos de violencia. Actitudes como buscar que su chico las proteja o acceder a vestir de una determinada forma para no provocar sus celos... En algunos casos hay incluso un control mayor del que había antes gracias a nuevos dispositivos electrónicos con los que una persona puede estar al tanto de casi todos los movimientos de otra", analiza Amalia Fernández, miembro de la Asociación de Mujeres Juristas Themis.

Entre los más jóvenes, los expertos apuntan a la sumisión psicológica como la forma más habitual del maltrato. Y en este campo aluden especialmente a la influencia de las nuevas tecnologías. "El problema es cuando no se accede de forma crítica y responsable a las grandes redes de información que están a golpe de clic. Si a esto se une una inadecuada o insuficiente educación sexual y afectiva, la consecuencia es que estamos abocando a los jóvenes a buscar e intercambiar información por su cuenta que puede ser incluso perjudicial para su integridad personal o la de los demás. De hecho, el uso inadecuado y acrítico de la pornografía hace que los jóvenes adquieran modelos de conducta y una visión de la sexualidad bastante machista, distorsionada y carente de valores y de afecto", señala la psicóloga Esperanza Gil Somoza. Y añade: "El uso de los dispositivos móviles y de aplicaciones de mensajería instantánea como Whatsapp y redes sociales como Facebook posibilitan a los jóvenes estar comunicados de forma continua, lo que facilita acciones como la vigilancia o la extorsión". 

Educación y sensibilización 

Ante este escenario, las expertas consultadas aluden a la educación y a las políticas de sensibilización como únicas vías posibles de escape. Marisa Soleto, de Fundación Mujeres, cree que hay que intervenir sobre el modelo de relaciones afectivas desde la escuela. "Nos preocupan medidas como la supresión de la asignatura Educación para la Ciudadanía, que es uno de los motores de la Ley contra la Violencia de Género. Era una materia destinada a evitar comportamientos machistas y que ahora quedará diluida en otros contenidos". Amalia Fernández, por su parte, cree que el camino por recorrer es todavía largo. "Las leyes necesitan un recorrido, sólo lo conseguiremos cambiando actitudes y maneras de pensar. Las mujeres tienen que asumir que tienen que actuar por ellas mismas", asevera.

Gil Somoza, por su lado, insiste en que una información adecuada "posibilita la autoprotección", así que, según su criterio, es "imprescindible" incluir en el currículo escolar desde la infancia materias como la concordia de género para promover una sana y necesaria convivencia entre hombres y mujeres, fomentar las relaciones y actitudes igualitarias, prevenir la violencia y fomentar la tolerancia cero ante cualquier forma de maltrato, no solamente físico. Además, apuesta por implementar programas integrales de educación sexual y afectiva "basados en evidencias científicas y en valores como el respeto o la libertad". Pero estas medidas tendrían que ir acompañadas de campañas de sensibilización para que toda la sociedad "se comprometa con la causa de lograr una sociedad que trata a todos sus miembros por igual, de manera justa y respetuosa sea cual sea su género".

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