Talento a la fuga

“¿No ves lo feo que es decir delante de mí esas cosas sobre los emigrantes?”

“¿No ves lo feo que es decir delante de mí esas cosas sobre los emigrantes?”

Baltasar Romero se dejó guiar por una intuición y en 2008 se marchó de España. Logró esquivar así los despidos masivos, las altas tasas de desempleo y los duros recortes traídos por una crisis económica que ya se anunciaba desde el otro lado del Atlántico. Con 600 euros en el bolsillo y sin más aspiraciones que las de aprender un idioma, este administrativo de formación se adelantó a los acontecimientos y puso rumbo a Londres, la ciudad en la que vive desde hace nueve años. Pocos meses después, la Gran Recesión comenzaría hacer estragos en el frágil mercado laboral español que, sustentado en el ladrillo y la especulación, ha visto cómo se le fugaba toda una generación de titulados al otro lado de sus fronteras. “Quizá tuve un momento de lucidez y me di cuenta de que España no me aportaría nada”, afirma desde su casa en la capital británica.

Acababa de perder un empleo cuando Baltasar decidió emprender una aventura temporal en Inglaterra. Pensó que aprender inglés y vivir una experiencia internacional ampliaría sus opciones profesionales. Sin embargo, su estancia acabó prolongándose hasta alcanzar casi una década. “No hablaba nada de inglés y me di cuenta de que la única opción que tenía era trabajar a tiempo parcial. España no me ofrecía nada, y entre unas cosas y otras, decidí marcharme unos meses a Londres”, recuerda. El estallido de la crisis económica y su inquietud por perfeccionar el idioma hicieron el resto: “Después de tres meses te das cuenta de que no sabes inglés, en seis no ha cambiado nada, y al año sabes algo y te manejas, pero quieres aprender más. Y con esa sensación y la idea de que, aunque me fuese mal en Londres, me iría mejor que en España, he ido aguantando”.

Tras casi ocho años enlazando trabajos temporales en el sector hostelero, Baltasar ha logrado situarse como jefe de equipo en la central de reservas de un hotel de más de mil habitaciones. Una posición que ha terminado por alejar todavía más la posibilidad de un retorno a España. “Ahora estoy haciendo algo que me motiva. Tengo unas posibilidades infinitas y han mejorado mis perspectivas profesionales”, asegura con el orgullo de quien ha ido escalando posiciones desde el peldaño más bajo. “Mi primer trabajo fue limpiando la cocina de un restaurante. Luego cerró y entré a trabajar en otro. Era una paliza, trabajaba muchas horas e incluso llegué a tener problemas en las muñecas de pulir platos”, recuerda.

Más aventurero que emigrante, Baltasar es consciente de que la coyuntura económica española ha terminado por reforzar la decisión que tomó en 2008. “Sé lo que es trabajar en España y me consta que su mercado laboral está muy limitado”, asegura. Una realidad que ha propiciado la llegada masiva de compatriotas a la capital que él eligió. “Cuando llegué ya había muchos españoles, pero es que ahora hay por un tubo”, asegura como testigo privilegiado de un fenómeno demográfico que solo en 2015 se ha llevado hasta Inglaterra a más de 50.000 españoles, según cifras de Marea Granate.

Pero su prolongada presencia en Inglaterra no solo le ha permitido ver cómo se multiplicaba la llegada de españoles a su capital, sino cómo se ponía en cuestión su presencia. La campaña en favor del Brexit, asegura, ha avivado un creciente sentimiento contrario a la emigración. “El mensaje se ha fundamentado en 'vamos a quitarnos a estos españoles, italianos, polacos… y todo aquel que no hable inglés perfectamente'”, explica. Un discurso que ha calado y comienza a hacerse visible en la multicultural Londres en la que vive. “He tenido compañeros o amigos a los que sí le han hecho algún comentario en el autobús. Incluso yo en algún momento he tenido que decirle a alguien: ¿No te das cuenta de lo feo que es decir delante de mí esas cosas sobre los emigrantes?”.

Con la sociedad británica fracturada entre los que celebraron la victoria del Brexit y aquellos que recibieron el resultado con decepción, Baltasar también reconoce sentir el apoyo de numerosos británicos. “Hay gente que te manifiesta su vergüenza por el resultado”, afirma. Tras nueve años de residencia en las islas, Baltasar asegura no temer por su estatus como ciudadano. “Ya se escuchan voces que dicen que la gente que lleva un tiempo asentada en el país no tiene de qué preocuparse. Quienes tristemente sí parece que lo tendrán más complicado son los que vengan o lleven poco tiempo”, explica.

Tras esquivar el negro panorama laboral y económico que ha dibujado España durante la crisis, Baltasar asiste ahora a un cambio en las reglas del juego para una emigración que, hasta la fecha, estaba respaldada por la legislación europea. Un nuevo viraje político que, una vez más, parece querer comprometer la estabilidad de toda una generación de españoles que se han visto forzados a emigrar.

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