26M | 'Superdomingo' electoral

El PSOE acaricia la oportunidad de ganar con autoridad unas municipales por primera vez en 28 años

Un empleado municipal coloca las urnas en un colegio electoral de Madrid.

Los socialistas no ganan con autoridad unas elecciones municipales desde el año 1991, cuando todavía era presidente Felipe González. Y eso que el PSOE siempre ha tenido a gala su raíz municipalista. En los últimos 28 años el PSOE sólo consiguió ocupar el primer puesto en unas elecciones locales en los comicios de 2003, aunque por una diferencia de solo cinco décimas que apenas sirvió para disimular lo que en realidad era una un empate técnico con el PP.

Esta vez, contra pronóstico, gracias al efecto arrastre de las generales y a la división del espacio político de la derecha, las encuestas anticipan que el PSOE de Pedro Sánchez se dispone a anotarse una victoria tan incontestable como demorada en el tiempo: la última vez que los socialistas la consiguieron el presidente del Gobierno tenía apenas 19 años.

  1. Lo que está en juego

De la elección de este domingo dependen 67.010 concejales, 8.131 alcaldías y 103 alcaldes de elección directa. Pero también 38 diputaciones provinciales en las comunidades que no son uniprovinciales y que se eligen de manera indirecta en proporción al peso de los partidos es en cada partido judicial, siete Cabildos Insulares —una figura exclusiva de Canarias que otorga entidad administrativa a las islas de El Hierro, Fuerteventura, Gran Canaria, La Gomera, La Palma, Lanzarote y Tenerife—, cuatro Consells insulares —en representación de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera—  y tres Juntas Generales, que encarnan a los tres territorios históricos vascos —Bizkaia, Gipuzkoa y Araba—.

A pesar del evidente sesgo local de la convocatoria, el resultado global determinará si el PSOE revalida en la Administración local el respaldo que obtuvo el 28 de abril en las elecciones generales. Ganar en las grandes ciudades españoles se ha convertido en una tarea difícil para los socialistas más allá de Sevilla y de Palma de Mallorca, en las que ya gobernaba con apoyos externos. Las encuestas aseguran que Zaragoza, gracias a la división de las confluencias de Podemos, es la única gran urbe a su alcance. En las demás ciudades, todo apunta a que el PSOE sólo podrá, en el mejor de los casos, contribuir a apuntalar gobiernos de izquierdas, como en Madrid, Barcelona y València. Es en Galicia donde los socialistas más pueden beneficiarse del descalabro de las confluencias de Podemos y hacerse con las alcaldías de A Coruña, Santiago y quizá Ferrol. Todo indica que en Vigo el exministro Abel Caballero batirá su propio récord y elevará su actual mayoría absoluta a una nueva dimensión.

Del mismo modo, las locales servirán para conocer si el descalabro electoral sufrido por el PP hace menos de un mes se confirma en los ayuntamientos. Los conservadores perdieron hace cuatro años localidades tan importantes como Madrid, València, Sevilla o Córdoba. De hecho, entre las grandes ciudades sólo retuvieron Málaga y Murcia, que según las encuestas conseguirán mantener este domingo. Y se alzaron en 2018 con Alicante, tras dimitir el alcalde socialista.

Ciudadanos tiene ante sí una nueva oportunidad de tocar poder local en localidades importantes y no sólo en el puñado de pueblos que el partido de Albert Rivera consiguió en las elecciones de 2015. En el caso del partido naranja, además de saber dónde consigue superar al PP y si eso le permite hacerse con alcaldías, la principal incógnita a despejar es si llegarán a acuerdos por la izquierda con el PSOE o si, como parece, se limitarán a formar gobiernos locales con el PP y quizá con Vox.

Unidas Podemos, por su parte, que hace cuatro irrumpió en los municipios apoyando los llamados ayuntamientos del cambio, necesita un buen resultado no sólo por lo que suponen las elecciones en sí, sino porque de su capacidad de apoyar gobiernos socialistas depende en gran medida su objetivo de convencer a Pedro Sánchez de que les dé entrada en un Gobienro de coalición en España.

Y Vox, la formación ultraderechista liderada por Santiago Abascal, se enfrenta a la necesidad de vencer la desmovilización del extremismo nacionalista español que sugieren las encuestas después de que en las generales no fuesen capaces de resultar decisivos, a pesar de haber conseguido situar un buen número de parlamentarios en el Congreso. Su papel será clave en todos los ayuntamientos en los que consigan concejales y la izquierda no sume mayoría absoluta.

De confirmarse la victoria del PSOE, los socialistas mantendrán la Presidencia de la Federacion Española de Municipios y Provincias (FEMP), un lobby clave en vísperas de renegociar las reglas de la financiación local y autonómica. Ahora está presidida por Abel Caballero.

  2. La nueva política y las grandes ciudades

En general, en 2015 los dos principales partidos retuvieron mejor al electorado fuera de los grandes núcleos de población. PP y PSOE se hicieron con el 47,0% de los votos en las 62 ciudades que tienen más de 100.000 habitantes. Por debajo de esa franja elevaron la cifra el 55,1%: una diferencia de ocho puntos que evidenció que el bipartidismo resiste mejor en las poblaciones más pequeñas.

Sin embargo, fueron los socialistas los que más acusaron la falta de respaldo en las grandes ciudades. De hecho, el PSOE consiguió atraer para sí en estos comicios a 1.731.301 votantes residentes en los 62 municipios más poblados, el 20,3% de todos los que votaron en esas ciudades. Mientras que entre las localidades de menos de 100.000 habitantes consiguieron 3.872.522 apoyos, el 28%. La diferencia es, por tanto, de 7,7 puntos.

En cambio, la distribución del voto del PP por tamaño de la población fue más homogénea. Los conservadores consiguieron el apoyo del 26,8% de los electores que votaron en las 62 ciudades más pobladas del país. Fueron en total 2.291.426 papeletas para el PP. El porcentaje de voto logrado en los municipios más pequeños fue también superior –se quedó en el 27,2% con 3.766.341 votantes–, pero la diferencia (0,4 puntos más) fue mucho menor que en el caso del PSOE.

Entre las 62 ciudades más pobladas de España, hay 17 en las que el bipartidismo gozó en 2015 de muy buena salud. En todas ellas conservadores y socialistas obtuvieron hace cuatro años más del 60% de los votos. El PP fue primera fuerza en 13 de ellas y el PSOE en cuatro.

La primera en esa lista fue Vigo, donde los partidos tradicionales se hicieron con el 72,3% de las papeletas. Un porcentaje que tiene que ver con el buen resultado logrado por los socialistas, que hasta entonces gobernaban en minoría, y que lograron una holgada mayoría absoluta. Le siguió Badajoz, donde los partidos tradicionales consiguieron el 69,8%. En este caso el PP quedó a la cabeza con el 39,5% de los votos aunque sin mayoría absoluta.

Andalucía fue en las últimas municipales el principal granero de votos del bipartidismo. De hecho, en el grupo de 17 ciudades en las que los partidos tradicionales consiguieron más del 60% de los sufragios había nueve de las doce ciudades andaluzas que tienen más de cien mil habitantes: Jaén (67,8% de los votos para el bipartidismo), Almería (67,4%), Marbella (67,3%), Algeciras (65,4%), Sevilla (65,1%), Málaga (62,7%), Dos Hermanas (62,0%), Huelva (62,0%) y Granada (61,2%). De estas, sólo en Dos Hermanas y Huelva el PSOE quedó como primera fuerza. En el resto la primera posición fue para el PP.

Por contra, entre las 62 principales ciudades hubo entonces 17 en las que el apoyo que los electores a PP y PSOE no llegó al 40%. Hay dos casos que destacaron especialmente. Uno fue el de Pamplona, donde el bipartidismo sólo aglutinó el 13,8% de los apoyos. En la capital navarra, donde ganó UPN seguido de Bildu, el PP se quedó incluso fuera del ayuntamiento. Y el PSN ocupó el cuarto puesto (10,0% de los votos) tras los dos citados y Geroa Bai. Pamplona fue la ciudad de más 100.000 habitantes en la que peor quedó el bipartidismo hace cuatro años.

El otro caso llamativo fue Barcelona. En la capital catalana, PP y PSC sólo lograron hacerse con el 18,3% de los votos. Los socialistas (9,6%) cayeron al quinto lugar y los conservadores tuvieron que conformarse con el sexto (8,7%).

De esas 17 ciudades en las que el bipartidismo consiguió menos del 40% de los votos, 13 estaban ubicadas en las autonomías en las que más fuerza tiene el nacionalismo. Siete eran catalanas –Tarragona (39,9%), Terrassa (33,9%), Lleida (33,4%), Mataró (26,9%), Reus (21,6%), Sabadell (21,1%) y Barcelona (18,3%)–; tres vascas –Barakaldo (36,0%), Donostia (34,0%) y Bilbao (23,8%)–; y tres canarias –La Laguna (33,3%), Santa Cruz de Tenerife (30,7%) y Telde (20,3%). Además de la citada Pamplona, las otras tres localidades donde el respaldo al bipartidismo quedó muy por debajo de la media fueron Valencia (39,8%), Parla (39,3%) y Gijón (35,5).

Además, hubo otras 28 ciudades de más de 100.000 habitantes en las que conservadores y socialistas lograron hacerse con un resultado notable, de entre el 40 y el 60% de los votos. Este fue el caso, por ejemplo, de Madrid. En la capital, PP y PSOE tuvieron el apoyo de la mitad del electorado (49,8% de los votos), y de Zaragoza, donde los dos principales partidos sumaron el 45,5% de los votos. Aunque en estos dos ejemplos la Alcaldía acabó cayendo del lado de las confluencias de Podemos.

  3. Dónde están las plazas más reñidas

Más allá de las cifras globales, la atención en las municipales se centra sobre todo en el futuro que puedan tener los ayuntamientos del cambio, que según las encuestas están amenazados en la mayoría de los casos. Las encuestas sitúan a Manuela Carmena en el límite del equilibrio de fuerzas progresista que necesita para seguir gobernando Madrid; a Ernest Maragall (Esquerra) a punto de desplazar de la Alcaldía a Ada Colau (Catalunya en Comú) y a todos los alcaldes gallegos de las mareas —A Coruña, Santiago y Ferrol— amenazados por un PSOE claramente al alza en el territorio en el que hasta hace poco Alberto Núñez Feijóo se sentía invulnerable. La misma situación en la que se encuentra el regidor de Zaragoza, Pedro Santisteve.

José María González KichiKichiestaría al borde de la mayoría absoluta en Cádiz, según las encuestas, y Joan Ribó (Compromís) tendría casi asegurada la reelección con ayuda de PSOE y Unidas Podemos. En Sevilla sería Juan Espadas, el alcalde del PSOE, el que depende de Adelante Sevilla para seguir gobernando la ciudad, y en Bilbao nadie parece amenazar la hegemonía del PNV, al que en caso de necesidad pueden apuntalar los socialistas.

Vigo seguirá siendo la excepción a la norma en un mundo de fragmentación política: las encuestas apuntan a que el alcalde socialista, Abel Caballero, superará el 60% de los votos.

  4. Las elecciones locales, una a una

1979: la primera vez desde la muerte del dictador

Las primeras elecciones locales de la democracia tuvieron lugar un 3 de abril de hace cuarenta años. El dictador llevaba menos de cuatro años enterrado en el Valle de Los Caídos, los españoles acababan de aprobar en referéndum la nueva Constitución y hacía apenas un mes que se habían celebrado elecciones generales. UCD, la formación liderada por el presidente Adolfo Suárez, logró la victoria con 28.960 concejales y el apoyo del 30,6% del electorado. El PSOE quedó en segundo lugar con 12.077 concejales y el respaldo del 28,2% de los votos. El PCE conquistó la tercera plaza con 3.732 concejales y el 13,1% de los sufragios. El último lugar entre las formaciones de ámbito estatal lo ocupó Coalición Democrática (CD) de Manuel Fraga, el germen de lo que más tarde sería el actual PP, con 2.339 concejales y el 3% de los votos.

En aquella ocasión votaron 16,6 millones de españoles de los 26 millones y medio que tenían derecho a hacerlo para elegir a los concejales de 7.870 ayuntamientos, 261 menos que en la actualidad. La abstención rozó 37,5%.

Cuatro décadas después, en una treintena de ayuntamientos la alcaldía sigue en las mismas manos que en 1979. En algún caso, incluso el alcalde lo era desde el franquismo: Ricardo Díez Pascual gobierna en Castillejo de Mesleón (Segovia) desde 1964 y José Luis Seguí lo hace en Almudaina (Alicante) desde 1972.

Según datos facilitados por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) hay hasta 30 municipios en los que manda el mismo alcalde: Castilla y León tiene nueve, cuatro son de Castilla-La Mancha, tres de Zaragoza, tres de Alicante y otros tantos de Ourense, dos de Cantabria y otros dos de Madrid y uno, respectivamente, de Cáceres, Sevilla y A Coruña.

1983: los ecos de la victoria de González

Cuando se celebraron las segundas elecciones municipales de la joven democracia española el panorama había cambiado mucho. Felipe González llevaba un año al frente del Gobierno, el PSOE había conquistado una histórica mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y el recuerdo del fallido golpe de Estado del 23F de 1981 permanecía fresco en la memoria de los ciudadanos,

Las municipales se saldaron con un triunfo arrollador del PSOE (43% de los votos), que puso a su alcance las alcaldías de las principales ciudades. El recuento concedió a los socialistas mayoría absoluta en 26 capitales de provincia y mayoría relativa en otras siete. CD alcanzó el 25,6% de los votos y el PCE un 8,5%. La coalición Convergència i Unió (CiU) sumó un 4,2% de los sufragios y el PNV un 2,3%.

En estas elecciones la principal excepción en las principales ciudades fue Córdoba, donde el Partido Comunista obtuvo un espectacular triunfo que garantizó la reelección al alcalde Julio Anguita.

La participación (67%) fue ligeramente superior a las municipales de 1979.

1987: Comienza el declive socialista

El PSOE volvió a ganar en las terceras elecciones locales de la democracia —la participación alcanzó el 68,7%— pero la pérdida de votos le obligó a pactar con otros partidos para asegurarse el gobierno de los principales ayuntamientos. Con un 37,1% de los sufragios, casi seis puntos porcentuales menos que en 1983, los socialistas perdieron la mayoría absoluta en Madrid, Sevilla, Valencia, Zaragoza y Valladolid y sufrieron importantes retrocesos en capitales como Toledo, Zamora, Pamplona, Cáceres, Jaén y Gijón.

Alianza Popular, entonces comandada por Antonio Hernández Mancha, que acababa de perder una moción de censura contra Felipe González, no corrió mejor suerte: cayó cuatro puntos y se quedó por debajo del 21% de los votos. Fraga tuvo que retomar el mando. Y el PCE, ya diluido en Izquierda Unida, retrocedió al 7,9%. CiU, sin embargo, marcó ese año su mejor registro histórico en unas elecciones locales: un 5,2% de los votos.

Es en esta época cuando comienzan a obtener resultados formaciones regionales de derechas como Unión Valenciana, Unión del Pueblo Navarro, Partido Aragonés Regionalista, Independientes de Canarias, Partido Regionalista de Cantabria y Unión Mallorquina.

Los retrocesos más notables del PSOE tuvieron lugar en capitales de provincia de Andalucía y València. En Barcelona, la situación se mantuvo prácticamente igual que en las dos elecciones anteriores: el PSC-PSOE obtuvo 21 concejales (los mismos que en 1983). Juan Barranco, que había heredado de Enrique Tierno Galván la alcaldía de Madrid, conservó el bastón de mando de la capital durante un tiempo hasta que una moción de censura impulsada por AP le relevó por el centrista Agustín Rodríguez Sahagún.

1991: La última gran victoria local del PSOE

El PSOE ganó de nuevo las elecciones con un 38,3% de los votos pero sin embargo sufrió un serio castigo electoral en tres de las principales capitales españolas (Madrid, Sevilla y València), perdió algo de terreno en Barcelona y sólo avanzó en Zaragoza y Valladolid. Con todo, los socialistas lograron mantener la distancia con el PP, al frente del cual ya estaba José María Aznar y que obtuvo un 25,7% de los sufragios.

El descalabro en estas elecciones del CDS, el partido fundando por Suárez tras la desintegración de UCD, acabó con la carrera política del primer presidente de la nueva democracia española. La Izquierda Unida de Julio Anguita remontó los resultados de cuatro años antes y se anotó un 8,4% de los votos. Convergència retrocedió tres décimas y se quedó, no obstante, en un 4,9%.

La subida más fuerte del PP tuvo lugar en Madrid, donde consiguió la Alcaldía por mayoría absoluta José María Álvarez del Manzano y de donde los conservadores no fueron desalojados hasta la llegada de Manuela Carmena en 2015. En Barcelona, los socialistas catalanes perdieron un concejal pero los resultados permitieron al alcalde, Pascual Maragall, conservar el puesto en vísperas de los Juegos Olímpicos de 1992.

El desastroso resultado del CDS redujo el mapa en los grandes municipios a prácticamente tres partidos: PSOE, PP e IU. El PNV subió en Bilbao y CiU bajó en Barcelona.

1995: El PP anticipa el futuro

Las quintas elecciones locales en España fueron el prólogo a la victoria de José María Aznar en los comicios generales del año siguiente. De hecho las ganó por primera vez el PP con un 35,3% de los votos, cinco puntos porcentuales más que el PSOE (30,3%).

Izquierda Unida cosechó también aquel año su mejor resultado histórico en unas municipales al sumar el 11,7% de los sufragios y CiU firmó un 4,4%.

1999: El primer empate técnico

La serie de elecciones municipales que comienza este año, con José María Aznar en el poder y a punto de ganar por mayoría absoluta las elecciones del año 2000, marca tres convocatorias consecutivas en las que PP y PSOE prácticamente empataron a votos en el conjunto de España. En esta ocasión se impusieron los conservadores por una sola décima (34,4% frente a un 34,3% de los socialistas). IU sufrió esta vez un serio retroceso (cayó al 6,5%), igual que CiU (3,4%). El PNV comenzó a despuntar con un un 1,7% de los sufragios.

2003: En medio de grandes movilizaciones sociales

En las elecciones locales de este año se repitió el empate, pero esta vez con el PSOE por delante (34,8%), cinco décimas más que el PP (34,3%). Izquierda Unida continuó retrocediendo, aunque a menor ritmo (6,1%), CiU se mantuvo en un 3,4% y el PNV despegó hasta un 2,1% de los votos. Este año emerge ya en el computo global Esquerra Republicana (ERC) con un 1,8% de los sufragios.

Las urnas locales precedieron la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004, coincidiendo con los atentados del 11M. España estaba entonces muy movilizada por sucesos como la guerra de Irak y la catástrofe del Prestige.

2007: El fin de la inocencia

Fue el último año de bonanza económica antes de la gran recesión que estalló en 2008. En esta ocasión se repitió por tercera vez consecutiva el empate entre las dos grandes fuerzas políticas aunque ahora con el PP ligeramente por delante del PSOE (36,01% frente a un 35,31%). Izquierda Unida bajó una vez más, esta vez al 5,54%, igual que CiU (3,29%).

Un año después, Zapatero volvió a ganar a Mariano Rajoy las elecciones generales. Fue la última vez que el PSOE lo consiguió hasta la victoria de Pedro Sánchez del pasado 28 de abril.

2011: El PP cabalga a lomos de la crisis

La profundidad de la crisis desatada en 2008 en las principales economías del mundo desarrollado cambió por completo la perspectiva con la que los españoles fueron a votar en las novenas elecciones municipales de la democracia. La incapacidad del Gobierno de Zapatero para hacer frente a la situación marcó una campaña local en la que el PP (37,5%) derrotó ampliamente al PSOE (27,8%). IU remontó ligeramente (6,4%) y CiU mantuvo un 3,5%.

Apenas unos meses después, Mariano Rajoy y el PP se hicieron en las elecciones generales con la que quizá sea última mayoría absoluta que registra el Congreso en cierto tiempo.

2015: Llega la nueva política

La tradicional hegemonía bipartidista de PP y PSOE sumó apenas el 52% de los votos, su peor resultado histórico en unas municipales, 13,3 puntos porcentuales menos que en 2011.

Los españoles que dieron su confianza al partido de Mariano Rajoy fueron el 27% del total, 10,5 puntos de caída respecto a las municipales de 2011. El PP se dejó en esta elección 2,4 millones de sufragios. El PSOE tampoco dio entonces muchos síntomas de recuperación. Los socialistas no capitalizaron el trecho perdido por los conservadores y sólo salvaron los muebles. El PSOE consiguió un 25% de los votos, el porcentaje más bajo de toda la historia democrática. Esta cifra supone una caída de 2,8 puntos sobre el batacazo electoral que habían sufrido cuatro años antes. Consiguieron situarse muy cerca del PP pero sufrieron un duro golpe en la capital, donde Ahora Madrid, encabezado por Manuela Carmena, engulló a su candidato. Y en Barcelona, donde pasó de segunda a quinta fuerza, sepultado por la lista de Ada Colau. En general sufrió un retroceso en las grandes urbes.

Para Podemos, en cambio, fue una fiesta. Entró en los ayuntamientos por la puerta grande: la candidatura apoyada por el partido en Barcelona –encabezada por Ada Colau– se alzó con la victoria, mientras que en Madrid y Zaragoza quedó en situación de hacerse con la alcaldía, igual que en Cadiz y las ciudades gallegas de Santiago, Ferrol y A Coruña. Y es que Podemos decidió, hace cuatro años, no presentarse a las elecciones municipales con sus siglas y apoyar candidaturas de unidad popular.

La consigna de Pablo Iglesias fue, en aquel momento, cortar el paso al PP donde fuese posible poniendo condiciones al PSOE pero sin entrar a formar parte de ningún gobierno presidido por un candidato socialista.

Las municipales de 2015 fueron, dejando al margen las europeas, las primeras elecciones de Ciudadanos fuera de Cataluña y le permitieron convertirse en tercera fuerza con el 6,55% —Podemos no se presentaba—. Sin embargo, la capacidad de los de Albert Rivera de decidir gobiernos municipales en 2015 fue prácticamente nula.

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