Crisis del coronavirus

Treintañeros y sexagenarios, los más afectados por una quinta ola que remite en los hospitales antes de lo previsto

Mano de un enfermo con vía subcutánea en una cama de la UCI del Hospital de Emergencias Isabel Zendal.

Entender y explicar a priori cómo se va a comportar una pandemia es una tarea compleja, incluso más compleja de lo que los epidemiólogos aciertan a entender. El relato que daban medios y expertos hace unas semanas era inequívoco: la quinta ola del covid-19, de existir, afectará casi en exclusiva a los jóvenes pero no impactará apenas en la presión asistencial, dado que enferman, adquieren un cuadro crítico y fallecen con mucha menos probabilidad. Los análisis y las predicciones acertaron en parte: la vacuna, como era obvio, lo ha cambiado todo, y la curva de incidencia y de hospitalizaciones y UCI por tramos de edad se parecen bastante poco. La enfermedad, afortunadamente, ya es menos grave y las cifras apocalípticas de muertes y enfermos son cosa del pasado. 

Sin embargo, dos elementos escaparon a la predicción. No supimos ver su impacto real. La variante delta ha conseguido no solo provocar un nuevo estallido de la incidencia de velocidad casi inédita entre finales de junio y principios de julio, también enfermar a vacunados con una sola dosis cuya protección no ha sido suficiente. El aumento de contagios empezó siendo una cuestión solo de jóvenes, pero con la suficiente rapidez y contundencia puede aumentar la tasa de hospitalización en todos los tramos etarios. Los segmentos de 30 a 39 años (que ya no son veinteañeros y que se vacunaron relativamente tarde con respecto a la quinta ola) y los sexagenarios son los que más han sufrido la enfermedad, que afortunadamente, como muestran los datos asistenciales de una nueva "onda" –como llama ahora Sanidad a las embestidas del coronavirus– ha entrado en una nueva fase. La normalidad se resiste, pero el infierno vivido está cada vez más lejano. 

La quinta ola comenzó a finales de junio con treintañeros y mayores de 40 a 49 años liderando la estadística de nuevas hospitalizaciones. El motivo estaba claro: apenas estaban vacunados con la pauta completa y no son tan jóvenes como para tener prácticamente asegurado un transcurso leve o asintomático de la enfermedad. Los cuarentañeros se mantuvieron en los puestos altos de la tabla con un máximo de 121 nuevos ingresos el 19 de julio. Fueron alcanzados por los sexagenarios, en su mayoría vacunados con el producto de AstraZeneca, cuyo prospecto exige esperar más entre una y otra dosis. Pero los líderes absolutos en ingresos durante la quinta ola han sido las personas de 30 a 39 años. Muchas aún esperan a recibir la segunda dosis, vital para esquivar el impacto de la variante delta. El pico se produjo el 26 de julio, con 160 ingresos. 

Mientras que el tramo de 70 a 79 se mantuvo en cifras bajas, al igual que los de 50 a 59, por una eficaz combinación de resistencia natural ante el virus y pauta completa inyectada con premura, los mayores de 80 años, con una inmunidad debilitada por la edad, lideraron el ranking de ingresos hospitalarios junto a los treintañeros. Sin embargo, y como es obvio, las cifras de incidencia del virus en este tramo ya nada tienen que ver con otras olas. En el máximo de ingresos diarios de los más ancianos, se alcanzaron los 144 casos graves de covid: pero durante lo peor de la segunda ola, similar a la quinta en cuanto a transmisión, los ingresos diarios llegaban a los 500. Por otro lado, la mortalidad de este tramo ha caído abruptamente: los mayores de 80 mueren 19 veces menos que entre principios de octubre y mediados de noviembre, fecha de la segunda acometida del SARS-CoV2. 

En cuanto a los ingresos en Unidades de Cuidados Intensivos, las personas de entre 60 a 69 años son las que lo han pasado peor, con un pico de 23 nuevos ingresos el 24 de julio. Una vez más, nada que ver con la segunda ola, donde este tramo doblaba la entrada en críticos. En líneas generales, los nuevos ingresos en las UCI han caído a la mitad entre la segunda y la quinta onda. Los mayores de 80 apenas registran números en este apartado, debido a que el virus no entiende de términos medios en este segmento: hospitalizados tan mayores suelen o bien recibir el alta sin pasar por críticos o bien fallecer antes de que dé tiempo –o sea útil– cambiarles de planta, como han relatado los intensistas que llevan más de un año y medio luchando en primera línea. 

Una consecuencia no prevista inicialmente de la vacunación masiva, en la que España lidera todos los rankings mundiales de penetración y ritmo, es que ya no hace falta esperar más de una semana para notar la caída de la incidencia en el alivio de la presión asistencial. Durante la segunda ola, alrededor del 13 de noviembre la incidencia ya estaba descendiendo en picado, pero los nuevos ingresos en hospitales se mantenían casi inalterados. Ahora, con una caída de la incidencia que comenzó apenas hace una semana, las cifras de nuevos hospitalizados descienden casi a la par, lo que está repercutiendo positivamente en la ocupación covid de los centros asistenciales y da algo de aire a los fatigados sanitarios. La ocupación y las entradas en críticos, sin embargo, son algo más difíciles de doblegar. 

Los propios sanitarios ya notan el alivio en Cataluña, la comunidad autónoma con peor presión asistencial: El 48,40% de sus camas UCI están ocupadas por pacientes covid frente al 20,78% de la media nacional. El caso catalán evidencia que, aunque los jóvenes sean en esta quinta ola los que más se contagian, la vuelta a la saturación de los hospitales no se debía descartar. Además, el nuevo embite del virus, fortalecido con la nueva variante delta y espoleado por unas restricciones en mínimos y una relajación social inevitable, ha devuelto la preocupación a las residencias. Con incidencias similares, los fallecimientos por covid entre los mayores han caído de manera asombrosa, pero los gerentes de los centros no quieren volver a repetir la pesadilla, aunque sea solo mínimamente parecida. 

Los casos entre los usuarios de residencias están aumentando rápido (se han multiplicado por 16 en un mes), pero partían de prácticamente cero contagios y su traducción en fallecimientos, aunque existe, es mucho menor: según los datos del Inserso, en la última semana con datos se registraron 37 muertes, frente a ninguna la semana anterior. Nada que ver con los 700 fallecidos semanales de lo peor de la tercera ola. Por ahora, solo Madrid ha cancelado las visitas en los geriátricos afectados por brotes, con algunos casos de restricciones aisladas en el resto del territorio, como en la residencia de Castilla y León que fue la primera en recibir la vacuna. En Cataluña, el régimen se mantiene, aunque ahora todo el que quiera ver a un mayor ingresado tiene que pasar por un test de antígenos aunque tenga la pauta completa. Los familiares y las asociaciones de víctimas advierten: los ancianos no solo mueren de covid, también de soledad y tristeza tras un año y medio donde han sufrido lo peor de la pandemia. 

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