<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Fani Grande]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/fani-grande/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Fani Grande]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y tú, cómo estás?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/al-reves-al-derecho/y-tu-como-estas_132_1910468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4c63d36d-3d20-4e97-b672-1c8ad9826169_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y tú, cómo estás?"></p><p>X vive en una zona afectada por la dana. Su casa, las casas de sus familiares, todas están afectadas. Afectadas, destruidas, algunas. X tiene un hijo de siete y otro de pocos años. Trabaja en el centro de València, en restauración. Un local de esos ‘cool’. El centro de València es un lugar que vive ajeno a la zona afectada, la vida sigue como si, al otro lado de la ciudad, las calles no siguiesen cubiertas de lodo, pérdidas y desaliento. X sale cada mañana del paisaje ‘walking-dead’ (así lo describió) y entra en la ‘normalidad’, y sirve comidas y pregunta qué ingredientes prefieres con la sonrisa que mejor puede. ¿Estáis bien por aquí? Le pregunté ayer, después de unos meses sin verla y tras haberle pedido arroz blanco, salsa picante y atún, y antes de llegar a los <em>toppings</em>, que remataban el pedido. X sonrió, el nivel del agua subió a sus ojos, y me dijo: Aquí, sí, en mi casa no. Y bajó la mirada para continuar con mi pedido, dando por acabada la conversación. Intuí que lo hacía por no molestarme con su relato y, también, para gestionarse el lagrimal lleno, de espaldas al mostrador. Insistí suave, soy clienta esporádica del local y sabía que no estaba forzando la situación. ¿Y tú, cómo estás? Pregunté.</p><p>X sonrió y respiró hondo. Como no había nadie más que yo en la cola, entró en detalles. Estaba esperando al técnico porque el suelo de su casa, una planta baja, se había vencido y le había salido una grieta rara, y no estaba nada tranquila pues, igual, tenían que marcharse de allí. Su hermana, con su bebé, sus padres, todos, habían perdido sus casas y sus negocios. Coches, empresas, todo. Todo es todo. Entre frase y frase, sonreía y gestionaba las lágrimas entre disculpas. ¿Y tus hijos? Le pregunté. Ahí se rompió. Se rompió contándome cómo, cuando van andando por el pueblo, su hijo de siete años anda a su lado con la mirada perdida y en silencio. Que ella le pregunta y lo anima a que le exprese qué le pasa, cómo se siente. Triste, estoy triste… Es que no queda nada, mamá. Le dice. Además del suelo cedido, la tremenda grieta y el futuro incierto por dónde lo mire, lo que más angustia ahora a X es esa tristeza profunda y callada de su hijo de siete años. ¿Y qué le digo, si yo estoy igual? Esto es muy difícil de gestionar, me confesó.</p><p>Me pidió perdón por haber llorado y le dije que no tenía por qué hacerlo, que ‘lo no llorado’, cuando hay tantos motivos, daña si se te queda dentro. Y que, por mí, podía llorar lo que le diese la gana, que tenía todo el derecho del mundo a llorar sus pérdidas y sus temores. Seguía sin haber nadie más esperando y X no estaba desatendido a nadie, así que la invité a seguir hablándome de su situación, le dije que no tenía prisa y me relató lo sucedido más en detalle. Entonces me contó El Horror de lo vivido (sí, en mayúsculas). Y pasaron más cosas que me guardo para mí. Comparto aquí esta parte del encuentro con X porque veo que, València ciudad, está habitada de personas como X, que vienen a trabajar desde lugares ‘<em>walking-dead</em>’, que ya no son hogares nunca más, sino focos de verdadera preocupación. Personas que siguen trabajando y manteniendo conversaciones que pueden llegar a ser una tortura porque hablan desde la más absoluta desigualdad. En València hay personas trabajando de día en donde se tiene todo y maldurmiendo de noche en donde no queda nada, o muy poco. A diez minutos del centro de la ciudad, donde las luces de la Navidad siguen su curso, hay madres y padres angustiados por las miradas tristes y calladas de quienes tienen en casa. ’Esto es mucho peor que la pandemia, es que, aquí, no queda nada cuando sales de casa”.  </p><p>Quizás podemos dedicar unos minutos de nuestras vidas a preguntar a las personas cómo están y a escucharlas, sobre todo. No tiene mayor misterio: escucha activa, se llama. Se trata de escuchar a otra persona con aprecio, respeto, sin cuestionarla, sin interrumpirla, sin criticarla y, sobre todo, atenderla sin prisa, con todo el tiempo del mundo. Y ayuda, vaya si ayuda. Lo sé porque X me lo dijo y el mejor <em>topping</em> fue su abrazo de más de treinta segundos. Sé que ayuda porque me lo han dicho más personas afectadas, personas que me estaban dando un documento en ventanilla, un quilo de manzanas en el Mercado Central, o un jersey en un centro comercial. Sé que ayuda porque hace un mes que voy preguntando cómo están allá adonde voy porque no tengo corazón de entablar una conversación normal si la otra persona lo ha perdido todo. Si siempre tuve la certeza de que las palabras ayudan, más que nunca siento ahora que he de hacer el mejor uso de cuatro de ellas y preguntar: ¿Y tú, cómo estás? Y respirar hondo y escuchar.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[73f6424d-5100-4149-8164-3040a9502d96]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Dec 2024 18:29:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fani Grande]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/4c63d36d-3d20-4e97-b672-1c8ad9826169_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="368878" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/4c63d36d-3d20-4e97-b672-1c8ad9826169_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="368878" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Y tú, cómo estás?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/4c63d36d-3d20-4e97-b672-1c8ad9826169_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Operación Crueldad Infinita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/al-reves-al-derecho/operacion-crueldad-infinita_132_1677438.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bbbcdfe1-76fb-4d01-8643-c21e55757f3e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Operación Crueldad Infinita"></p><p>Ha trascendido la imagen de una mujer <a href="https://www.elimparcial.com/mundo/El-duelo-en-Gaza-y-la-perdida-de-un-nino-la-historia-de-una-foto-20231102-0061.html" target="_blank" >medio arrodillada y abrazada a su sobrina</a>, envuelta sin vida en un fardo blanco anudado, como con la urgencia de contener lo derramado, un fardo alargado, del tamaño de una niña de cuatro o cinco años. La cara de la tía no se ve, está totalmente metida en el fardo, escondida en él. <strong>Con su mano izquierda, sujeta la cabeza de su sobrina querida, como si aún pudiese acunarle el sueño</strong>. El gesto, tan protector, me hace adivinar horas compartidas de cuidados y juegos. Y si la certeza del fardo no fuese tal, la postura de ambas podría reproducir un abrazo lleno de cosquillas en la salita de casa de la tía al grito de ‘ven aquí, pillina, que te como a besos’. Anteriormente, se viralizó una imagen similar, era una madre arrodillada por completo en el suelo, en esa posición que se adivina como el resultado de haber perdido la verticalidad tras el <em>impacto </em>recibido. En esta segunda imagen, la mujer se vence sobre el fardo blanco, quizás envuelto con menos urgencia, pero con idéntico resultado: <strong>contiene el cuerpo inerte de un niño, su hijo, en este caso</strong>. <a href="https://twitter.com/Pablo_Moran/status/1719618045562224681?s=20" target="_blank" >De esta madre hay imagen</a> en vídeo y puedo ver el gesto completo del abrazo, que finaliza en un gesto similar al de la tía: acariciando la cabeza, sujetándola, <strong>besándola con una delicadeza que daña, mientras le susurra una oración, o una nana</strong>. Por el tamaño del fardo, no tendría más de dos o tres años, su hijo amado.</p><p>Los dos fardos muertos sostienen, sin embargo, a las dos mujeres vivas, en mi visión. Es lo que ambas fotos me transmiten al observarlas, ya sin sangre en los ojos, al cabo de unos minutos, pues son imágenes a las que me he ido acercando como el <em>zoom</em>: de lejos a cerca poco a poco. Sabía que, de cerca, <em>me sangrarían los ojos</em>, como está etiquetando <a href="https://twitter.com/MistralS/status/1740475162691096717?s=20" target="_blank" >Maruja Torres</a> este horror diario en X, pero no quería mirar hacía otro lado porque, <strong>si a mí me sangran metafóricamente los ojos, imagina el verdadero sufrimiento de estas dos mujeres palestina</strong>s. Como digo, mirando ambas imágenes veo que los fardos muertos sostienen a las vivas y que estas mujeres morirán una vez se los arranquen de entre sus brazos y les queden huecas las manos. <strong>Morirán, porque el vacío infantil hiere más que la propia muerte</strong>. Morirán, como morimos todos de alguna manera cuando nos arrebatan la infancia más querida y existe un culpable con nombre y apellidos. Morirán, igual que estarán muriendo cada día desde octubre, madres, padres, tías y abuelos de quienes no tenemos imágenes, pero a quienes sabemos abrazados a sus fardos blancos cada día desde entonces. Y, eso, en el <em>mejor </em>de los casos… Habrá quienes no hayan tenido ni siquiera un fardo blanco al que abrazar, pues hasta del duelo de besar a sus muertos habrán sido privados. Y serán condenados a remover los escombros de sus vidas.</p><p><strong>Más de once mil niños y niñas han sido asesinados en Gaza</strong>. Más de once mil. Más de once mil fardos blancos ataditos, conteniendo cuerpos sin risas… Me imagino qué pasaría si pusiésemos todos esos once mil fardos juntos delante de nuestros ojos. Si reaccionaríamos entonces a este horror. Imagina once mil fardos blancos de niños y niñas asesinados en la Plaza de la Virgen de Valencia, por ejemplo. O a lo largo de las Ramblas de Barcelona, o en Callao, en Triana, en Sevilla, en la Playa de la Concha, de San Sebastián, tan bonita… Imagina ver once mil fardos blancos de niños y niñas asesinados sobre el césped del Bernabéu, así, sin analogía mediante como <em>La Piedad</em>, ni nada conocido. <strong>Solo imagínalos en tu realidad, como en un ejercicio extremo de empatía</strong>, porque solo nos queda militar en la empatía y ver si, ante la insoportable visión, reaccionamos de una vez. Sólo nos queda quebrarnos ante cada fardo blanco, como esa tía y esa madre se quebraron y quebrarnos con ellas. Solo nos queda eso, que quizás no sea mucho, pero que podría ser todo si así nos lo propusiésemos. Algo, alguna cosa tendremos que hacer para poner fin a esta crueldad infinita. <strong>Ha de existir alguna manera de parar la suma vergonzosa de fardos blancos</strong>. Lo que sea, aunque tengamos que enfrentar nuestro propio vacío. Aunque no lo creamos, nos va el futuro en esto. </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[a1e5489b-9042-4c93-9556-5dcc1239ac32]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Dec 2023 18:52:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fani Grande]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/bbbcdfe1-76fb-4d01-8643-c21e55757f3e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="43672" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/bbbcdfe1-76fb-4d01-8643-c21e55757f3e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="43672" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Operación Crueldad Infinita]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/bbbcdfe1-76fb-4d01-8643-c21e55757f3e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las niñas dormidas de Afganistán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/al-reves-al-derecho/ninas-dormidas-afganistan_132_1247593.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a2bd7928-973f-4c83-9528-0f67cb5df782_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Las niñas dormidas de Afganistán"></p><p>La idea de que el periodo de gestación sea alargado durante un tiempo indefinido para que el nacimiento de la criatura no signifique un problema para la madre se llama <em>raqed</em> en sociedades àrabès y bereberes del Magreb. Los fetos son dormidos en el vientre, en una práctica considerada como “técnica de empoderamiento femenino”, pues pone a salvo a la mujer de alguna circunstancia que pudiera representar un peligro para su vida. En la película <a href="https://www.youtube.com/watch?v=g6hAj-gr62Q" target="_blank"><em>L’enfant endormi</em></a>L’enfant endormi, se muestra desde el punto de vista cinematográfico con una historia potentísima, el artículo que leí de <strong>Ángeles Gónzalez Vázques</strong> lo describe de una manera extraordinaria (<a href="https://www.academia.edu/264179/La_idea_del_nino_dormido_raqed_Embarazo_estrategias_sociales_femeninas_e_Islam_en_el_norte_de_Marruecos" target="_blank"><em>La idea del niño dormido: Embarazo, estrategias sociales femeninas e Islam en el norte de Marruecos</em></a>) y en un <a href="http://elfemurdeeva.es/" target="_blank"><em>Fémur</em></a> de hace tiempo traté el tema, aunque me fui por otros derroteros argumentales.</p><p>Me he acordado de esa idea leyendo sobre lo que está sucediendo en Afganistán desde que los talibanes retomaron el poder, sin despeinarse. Lo he rescatado de la memoria en ese ejercicio estéril mío de necesitar aportar algo, sabiendo que no haré más que coser una palabra a otra que poco ayudará a las mujeres y niñas afganas. Me he acordado escuchando a la experta y curtida periodista en ese complejísimo terreno, <strong>Mónica Bernabé</strong>, explicando el momento con la rabia de quien conoce bien los finos hilos de la trama, detallando cómo se han dejado fuera a las mujeres en el proceso de negociación de Doha entre talibanes y EEUU. Me he acordado viendo el <em>fade out</em> en redes sociales las voces de las activistas afganas, a la vez que sube a todo volumen el relato de los voceros talibanes. Me he acordado de la periodista de la CNN, <strong>Clarissa Ward</strong>, que no seguirá informando del daño causado, ni incomodará con su presencia a quienes contaban los minutos para que desapareciera de Kabul. Me he acordado escuchando a <strong>Pilar Requena</strong>, teñida su voz de dolor y enfado en sus intervenciones, desgranando las claves de lo sucedido y detallando cómo hemos ignorado la difícil situación de las afganas durante años, y describiendo el trato despectivo recibido por aquel talibán al que entrevistó.</p><p>Me he acordado de las imágenes del aeropuerto de Kabul y de quienes lanzan sus bebés en brazos de soldados <em>extranjeros</em> con la desesperación de quien intuye que no despegará jamás del infierno prometido talibán. Y me he acordado de las mujeres afganas embarazadas, y he querido tocar su angustia, aumentada quizás por si llevarán una niña en su vientre y nacerá esa niña en un lugar donde no le permitirán elegir su vida. Y vuelvo a la sensación de lo estéril de coser palabras cuando la aguja ahora sólo tendría que enhebrar derechos y coserlos bien fuerte a esos vientres llenos de futuro. Y me pregunto si las mujeres embarazadas de Afganistán conocerán el <em>raqd</em> y podrán dormir a sus hijas hasta tener garantía de parirlas libres. Y me he acordado entonces de todos los hombres que participaron en las negociaciones de Doha y que son cómplices de quienes, en el Siglo XXI, niegan los derechos a las mujeres y me gustaría entender en nombre de qué o de quién han firmado esos acuerdos. Y también me pregunto cómo pueden dormir tranquilos sabiendo a qué han sentenciado a tantas niñas antes de nacer.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[00418704-99d9-4f2d-9117-e108130ca09c]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Aug 2021 15:30:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fani Grande]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/a2bd7928-973f-4c83-9528-0f67cb5df782_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="603220" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/a2bd7928-973f-4c83-9528-0f67cb5df782_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="603220" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las niñas dormidas de Afganistán]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/a2bd7928-973f-4c83-9528-0f67cb5df782_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
