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    <title><![CDATA[infoLibre - Pepe Reig Cruañes]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/pepe-reig-cruanes/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Pepe Reig Cruañes]]></description>
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      <title><![CDATA[Ladrillo en vez de política social: el psiquiátrico penitenciario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/al-reves-al-derecho/ladrillo-vez-politica-social-psiquiatrico_132_1247577.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8792c9f6-7a0c-49f0-add9-53c4abf88afc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ladrillo en vez de política social: el psiquiátrico penitenciario"></p><p>Si no sabes bien cómo afrontar un problema social o socio-sanitario, construye un macro-centro lo más vistoso que puedas. Luego llámalo hospital Zendal o Súper Psiquiátrico Penitenciario de Siete Aguas.</p><p>El anuncio de construcción de un gran centro psiquiátrico penitenciario en la población de Siete Aguas (Valencia), con una capacidad prevista para 500 plazas, forma parte de ese síndrome nacional consistente en desarrollar obras en vez de políticas públicas. Pensado en principio como centro penitenciario convencional, se anuncia su conversión en macrocentro psiquiátrico, con resonancias del viejo institucionalismo que creíamos superado entre las corrientes psiquiátricas actuales. Máxima perplejidad y hasta indignación entre las asociaciones de profesionales, de familiares y usuarios de salud mental. Por no hablar de las ONGs y asociaciones del ámbito penitenciario y ciudadano, comprometidas con los Derechos Humanos de las personas con sufrimiento psíquico y encarceladas, que se han expresado a través de la firma de un manifiesto (disponible <a href="https://aen.es/comunicado-manifiesto-stop-centro-psiquiatrico-penitenciario-siete-aguas/" target="_blank">aquí</a>). El proyecto va, a juicio de profesionales y usuarios, justo en la dirección contraria de lo que todos los sectores involucrados en la salud mental proponen y de lo que vienen confirmando desde hace decenios estudios y evidencias. Ignora, dicen, las recomendaciones y estudios de los organismos internacionales (ONU, OMS, Comité Europeo para la prevención de la tortura o Consejo de Europa). Se salta a la torera orientaciones de la <a href="https://www.mscbs.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/boletinAgencia/boletin10/estudio_saludMental_medio_penitenciario.pdf.pdf" target="_blank">Estrategia de Salud Mental</a><em>Estrategia de Salud Me</em> prevista en el Sistema Nacional de Salud, la propia Dirección General de Instituciones Penitenciarias y la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria. Todos ellos han señalado que el enfoque penitenciario no es el más adecuado para el manejo de situaciones de criminalidad con trastorno mental. Y, sobre todo, han advertido de que se están vulnerando de los Derechos Humanos (DDHH) en la población afectada por sufrimiento psíquico y este ya no es un asunto que interese solo a profesionales.</p><p>Todo es cuestión de enfoque o, como diría un teórico de la comunicación, de cómo construyes el “marco lingüístico”. En vez de interrogarse acerca del deterioro social y la desigualdad, acentuadas por decenios de neoliberalismo, que coadyuvan al delito y se ceban en las personas con antecedentes de trastorno mental. En vez de preguntarnos porqué los delitos de las personas con problemas mentales apuntan siempre a la búsqueda de abrigo y alimento (Warner, 2018) y sacar de ello la debida consecuencia. En vez de observar que estas personas visitan antes la prisión que los servicios de salud mental comunitarios (un 67% de ellos nunca fue atendido antes de ingresar) y recordar lo que sabemos sobre internamientos penitenciarios tempranos y cómo juegan en favor de la reincidencia. En vez de considerar la complejidad socio-sanitaria del asunto y desmentir la asociación mecánica entre enfermedad mental y delito, como señala la propia <a href="https://www.abogacia.es/wp-content/uploads/2012/10/INFORME-Enfermedad-mental-e-instituciones-penitenciarias.pdf" target="_blank">Fundación Abogacía</a>, quien insiste en que <em>“las razones que le llevan </em>[al enfermo mental]<em> a delinquir no difieren significativamente de las que conducen al crimen a los sujetos sanos o imputables”.</em> En vez de considerar el fondo del asunto, hagamos un macro centro.</p><p>Las deficiencias de las políticas preventivas y las carencias de la atención primaria convierten a la prisión en la “única alternativa realmente disponible” (<a href="https://www.mscbs.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/boletinAgencia/boletin10/estudio_saludMental_medio_penitenciario.pdf.pdf" target="_blank">Ministerio del Interior</a>). Consecuentemente, la tasa de personas con trastornos mentales en instituciones penitenciarias no ha dejado de crecer y este hecho presenta dos caras a cuál más deprimente: es sabido que esta clase de internos, que a menudo empeora con el tiempo, acceden cada vez menos a los beneficios y derechos penitenciarios del resto de la población reclusa. Los organismos de vigilancia de los derechos humanos vienen alertando de la sistemática violación de los derechos de este colectivo. Y, cuando finalmente, salen de la institución, estas personas deben cargar con el doble estigma de enfermo y ex preso.</p><p>Es necesario un nuevo enfoque que deje de apostar por medidas punitivas, de aislamiento y marginación. Es preciso superar la obsesión por el “ladrillo”, que refleja ese macro proyecto de Centro Psiquiátrico Penitenciario, y avanzar de verdad en el cumplimiento de las normas y recomendaciones nacionales e internacionales, basadas en las evidencias científicas y en el respeto a los DDHH de las personas con problemas de salud mental.</p><p>Se precisan menos edificios y más recursos humanos que garanticen la atención comunitaria para la prevención de patología mental y la continuidad de cuidados necesaria para la reducción de la reincidencia de delitos. Se precisa una búsqueda activa del enfermo en su entorno, que facilite el seguimiento y adherencia terapéutica con el equipo sanitario, sociosanitario y los recursos comunitarios. Del mismo modo se ha de desarrollar la coordinación de todos los recursos asistenciales, con los penitenciarios y judiciales, cuando sea necesario por estar sometidos a medidas de seguridad. Y no podemos olvidar la acción coordinada del conjunto de administraciones públicas, para desarrollar campañas de sensibilización que contrarresten la doble estigmatización que sufren los enfermos mentales que están sometidos a un proceso judicial.</p><p>La grandilocuencia de las fórmulas es directamente proporcional al vacío de las soluciones que aportan. Como nuestro sistema de salud no funciona correctamente en lo que se refiere a la salud mental, el debate público deriva hacia enfoques centrados en la seguridad, en vez de lo sanitario. Y cuando la seguridad es lo primero, la salud nunca es lo segundo, sino que queda bastante más allá. Antes quedan el gueto, la exclusión y el estigma. Por esa vía se acaba imponiendo el “marco lingüístico” de la derecha más conservadora, que en realidad es un marco mental y nos instala en el <strong>populismo punitivo</strong> y en el atajo de las infraestructuras en lugar de las políticas sociales. Ningún gobierno progresista puede asumir sin daño ese marco mental. Al contrario, tiene que superarlo en nombre de la ciencia y los derechos.</p><p>Jugando entre la bruma (Jorge J. Fernández Barreiro, ca. 2010)</p><p>Entrada: 283. “Fondo de armario”. Exposición de Jorge J. Fernández Barreiro.</p><p><a href="http://www.psiquifotos.com/2016/01/308-las-psiquifotos-ganadoras-en-2015.html" target="_blank">2º Premio Psiquifotos 2015</a>, coordinador Óscar Martínez Azumendi</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Mar 2021 11:22:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Sánchez, Pepe Reig Cruañes]]></author>
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      <title><![CDATA[Cuando gobiernan los piratas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/gobiernan-piratas_129_1958682.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Mucho se ha comentado la iniciativa <strong>“motosierra” de Trump </strong>en el departamento de ayuda al desarrollo (USAID). Todo el mundo entiende que significa un redoblamiento del egoísmo económico de la superpotencia, que ya <strong>no gastará un dólar en ayudar a nadie.</strong> Pero se ha hablado mucho menos de otra iniciativa aprobada por Donald Trump en sus primeros días: ha ordenado suspender la aplicación de la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero. Esta ley de 1977 prohibía los sobornos a funcionarios extranjeros por parte de empresas americanas inversionistas, lo que permitió reducir los <strong>costes impredecibles</strong> que esas prácticas disparan en el comercio internacional. La extensión en 1997 de la norma a 46 países, mediante una Convención de la OCDE, introducía un cierto orden y un estándar ético en las relaciones económicas internacionales, que hoy se hace sencillamente desaparecer. Cojan lo que puedan, parece el nuevo mantra.</p><p>Lo que eso nos está diciendo es que la administración Trump es la <strong>utopía desregulatoria total</strong>: los negocios no necesitan leyes. Es lo que Ariño y Romero llamaron “<strong>la secesión de los ricos</strong>”. El sueño húmedo del capital es un mundo sin reglas. Todo, todo, todo lo que hace Trump tiene el mismo sesgo, desde la diplomacia amenazante <strong>hasta las trampas comerciales</strong>, pasando por el abandono de los organismos multilaterales de gobernanza mundial. El dominio imperial ya no necesita envolverse en una retórica universalista o civilizatoria de Derechos Humanos, ni de ninguna otra norma. Estamos ante el <strong>poder desnudo</strong>, la ley de la selva o el derecho del matón de barrio. <strong>Donald Trump</strong> no es más que un halcón inmobiliario que se educó en la extorsión y la violencia <strong>contra los inquilinos pobres</strong> de los inmuebles de su padre. Esa es toda su filosofía de la vida y eso es lo que han votado los norteamericanos.</p><p>Lo que aún no sabemos es si esa forma descarnada de dominio, ese nuevo rostro del imperio americano,<strong> sin disimulos ni ropajes de humanidad</strong>, implica que el imperio está más fuerte que nunca o, por el contrario, está braceando para mantenerse a flote ante el <strong>desafío de los imperios ruso y chino</strong>. ¿Estamos en una fase superior del imperialismo o en el reconocimiento de su impotencia?</p><p>Para Gramsci, la hegemonía era el poder de clase que logra extender sus valores, vestidos de universalidad, hasta convertirlos en una<strong> suerte de “sentido común”</strong> compartido por las otras clases subalternas. Sin ello, el poder es sólo dominio y no tarda en ser cuestionado. Asegurar la “dirección moral” de la sociedad exige un esfuerzo constante de influencia cultural. Ese fue siempre el contenido de la estrategia y la política de los Estados Unidos en el mundo. ¿Qué significa cuando el poder<strong> renuncia a la hegemonía</strong>? ¿Qué clase de futuro nos está anunciando eso? Los afamados piratas del siglo XVII, como Morgan o Drake, tuvieron un papel estelar en el nacimiento de los primeros imperios capitalistas de Inglaterra u Holanda. Quizás estemos volviendo a una nueva era de piratería.</p><p>__________________</p><p><em><strong>Pepe Reig Cruañes </strong></em><em>es profesor de Documentación Informativa y Periodismo Especializado en la Universidad de Castilla La Mancha y ensayista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Mar 2025 19:54:59 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pepe Reig Cruañes]]></author>
      <media:title><![CDATA[Cuando gobiernan los piratas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Estados Unidos,Javier Milei]]></media:keywords>
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