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    <title><![CDATA[infoLibre - Sergio Molina García]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/sergio-molina-garcia/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Sergio Molina García]]></description>
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      <title><![CDATA[La Memoria Democrática y las migraciones: una necesidad para comprender qué es España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/al-reves-al-derecho/memoria-democratica-migraciones-necesidad-comprender-espana_132_1685627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a7015a45-b249-4f47-a15e-f19b0edf038b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Memoria Democrática y las migraciones: una necesidad para comprender qué es España"></p><p>La comprensión sobre la composición del presente es, como afirma Serge Gruziuski, el resultado de la <strong>reconstrucción del pasado</strong> a través de estudios rigurosos sobre los diferentes acontecimientos pretéritos. Cuanto más completos son los análisis sobre las diferentes caras del pasado, más herramientas tendremos para comprender nuestro presente.</p><p>En las últimas décadas, desde la academia universitaria se han realizado <strong>profundos análisis sobre el franquismo, la transición, los primeros años de la democracia</strong> y también sobre la evolución de los relatos sobre esos mismos periodos históricos. Todo ello ha permitido reconstruir el pasado más reciente, comprender las causas y las consecuencias de cada acontecimiento y valorar las conquistas democráticas. En relación con esta última cuestión, las iniciativas actuales de Memoria Democrática, a través de investigación, educación y sensibilización, tratan de <strong>difundir el legado cultural del pasado traumático</strong> para poner en valor la relevancia de la <strong>reconstrucción de la ciudadanía democrática</strong> y también para entender con perspectiva histórica los derechos humanos. Hasta el momento, una parte importante de la Memoria Democrática se ha orientado hacia el análisis de las experiencias traumáticas y hacia los episodios violentos de la dictadura. Sin embargo, estos relatos de <em>Memoria</em> deben incluir <strong>nuevos ángulos de estudio para lograr un mejor conocimiento de nuestro pasado</strong> y, sobre todo, para continuar construyendo sociedades más tolerantes.</p><p>En el caso español, destaca la escasa importancia que se le ha otorgado a los movimientos migratorios en las iniciativas de Memoria Democrática, a pesar de que existen numerosos análisis con gran rigor histórico que han demostrado el <strong>impacto de la emigración en España a lo largo de todo el siglo XX</strong>. Primero hacia América y después hacia Europa. Y también de la <strong>inmigración llegada a España </strong>en las últimas décadas. En el contexto actual, marcado por las batallas identitarias y por el auge de la extrema derecha, es necesario incluir las historias de la emigración española en el relato sobre nuestro pasado más reciente para así entender el movimiento de las sociedades y la permeabilidad de las fronteras. Se debe insistir, por ejemplo, en la gran importancia de la emigración española a Europa durante el franquismo y en su impacto en la economía, en la sociedad y en la política de aquellos momentos. Una parte importante de los españoles que cruzaron la frontera lo hicieron por extrema necesidad. Como afirmaba un jornalero de Albacete en la <em>Radio Pirenaica</em> “si los obreros agrarios se marchan del campo no es por capricho, sino por pura necesidad. Porque además de ganar una miseria de jornal trabajando de sol a sol, no encuentran trabajo”. También se debe insistir en la relevancia que tuvieron estos movimientos para el antifranquismo y para los movimientos sociales democráticos, pues muchos emigrantes acabaron vinculándose a ellos después de experimentar lo que significaba vivir en regímenes de libertades.</p><p>La construcción de la memoria democrática de este país requiere la introducción de las emigraciones españolas para que las nuevas generaciones, que no han vivido el pasado traumático —político, social y económico— del país, reflexionen sobre dos cuestiones. En primer lugar, es necesario abrir este debate para comprender que la<strong> heterogeneidad del país </strong>y de la sociedad se debe, entre otras muchas cosas, a los <strong>procesos migratorios</strong>. En segundo lugar, debatir sobre el pasado migratorio español a través de estudios y de experiencias de vida es un <strong>antídoto contra los argumentos simplistas y repletos de prejuicios de la extrema derecha</strong>. No hay que olvidar que la historia de Europa, y por tanto de España, es la historia de los movimientos de población.</p><p>La inclusión de la temática migratoria en la Memoria Democrática de un país no es una novedad en Europa. Especialistas como Mareike König y Rainer Ohliger reclamaron hace más de dos décadas la importancia de integrar los relatos migrantes en la conciencia europea. Más recientemente, hace tan solo unos meses, en Francia se reabrió el Museo de la Inmigración de París. Esta muestra, situada en el Palacio de la Porte Dorée de Paris, narra la historia del país, resaltando las aportaciones culturales, sociales y económicas de los emigrantes. En un momento de endurecimiento europeo de la recepción de inmigrantes, sobre todo presionados por los movimientos de extrema derecha, quizás es el momento de que en España se empiece a reflexionar sobre la importancia de los movimientos migratorios en este país y su contribución a la España que hoy conocemos. Nuestra sociedad actual es heredera, en parte, de todos aquellos y aquellas que tuvieron que salir del país en busca de un salario con el que vivir o los que salieron <strong>en busca de mayores cotas de libertad</strong>, por lo que merece la pena incluirlos en los relatos sobre nuestro pasado más próximo.</p><p>________________________</p><p><strong>Sergio Molina García </strong>es Investigador Principal del proyecto “<em>Ir para volver: los emigrantes temporeros españoles en Europa y la construcción de la ciudadanía democrática, 1948-1986</em>” (Ref. 141-MD-2023). Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática. Y miembro del proyecto de investigación “<em>Salir para volver: la olvidada figura de los trabajadores temporeros en Europa, 1948-2022</em>”, Referencia: 2022-GRIN-3412. Ministerio de Ciencia e innovación.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jan 2024 19:52:59 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Molina García]]></author>
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      <title><![CDATA[Cultura europea, ¿adiós a todo aquello?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/al-reves-al-derecho/cultura-europea-adios_132_1806517.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>A lo largo del siglo XIX, como muestra el historiador<strong> Orlando Figues </strong>en <em>Los europeos</em>, se fue forjando una red de contactos y flujos culturales que recorrieron gran parte de Europa. La literatura, el arte y la música, entre otras cuestiones, <strong>comenzaron a romper las barreras nacionales</strong> gracias a la conexión de artistas en intelectuales que se movían por todo el continente en pleno auge del ferrocarril. De esa manera, la literatura que se leía en París era muy parecida, cuando no la misma, que estaba de moda en San Petersburgo. Durante el primer tercio del siglo XX, este desarrollo de una cultura de masas europea tuvo un nuevo impulso -a pesar de la <em>Gran Guerra</em>-. Las memorias de Stefan Zweig, <em>El mundo de ayer</em>, pese a la idealización de algunas de sus descripciones, son una buena muestra de todo ello. Los artistas, escritores e intelectuales, aunque normalmente <strong>de manera inconsciente</strong>, comenzaron a promover la idea de la importancia de superar los Estados-Nación y la de la fraternidad entre pueblos. De hecho, este mismo autor, en pleno auge del nazismo y el fascismo en los años treinta, publicó el ensayo<strong> “la desintoxicación moral de Europa” </strong>en el que defendía la necesidad de volver a impulsar la educación y la cultura europea frente al odio de<strong> las ideas totalitarias y nacionalistas.</strong></p><p>La consolidación de las dictaduras en Europa en los años treinta sustituyó las ideas de cultura europea que abogaban por un mayor contacto entre sociedades por<strong> una cultura ultra, excluyente y estrictamente nacionalista </strong>que rechazaba todo lo que no entraba en el estrecho margen de sus razas arias. De ahí que la quema de libros o la censura fueran acciones demasiado frecuentes allá donde se establecieron estos sistemas.</p><p>La derrota de estos regímenes en <strong>la II Guerra Mundia</strong>l permitió construir una Europa occidental organizada en base a <strong>sistemas democráticos. </strong>Seis de ellos se unieron para formar las primeras instituciones supranacionales y, aunque su principal objetivo era económico y político, de manera indirecta se retomó parte de la cultura europea y del europeísmo del siglo XIX. La propia Comunidad Económica Europea necesitaba un relato que la justificase y la cultura era un elemento que podía vertebrar a todos los países socios a través de ideas como la de democracia, la de defensa de <strong>los derechos humanos y la de multiculturalidad.</strong> Sin olvidar que parte de las primeras ideas de cultura europea de la CEE se vertebraron a través del mercado y, por tanto como un negocio que servía también para limitar la influencia norteamericana. En la década de los ochenta, y sobre todo, en los noventa, la cuestión de la cultura europea entró en la agenda de las instituciones europeas (Tratado de Maastricht, 1992). Se aprobaron algunos proyectos que han sido esenciales en las últimas décadas, como el programa ERASMUS, la capitalidad europea de la cultura y la financiación a programas culturales, educativos y de investigación. Y se quedaron a medio camino otros como la Carta Europea de la cultura. Todo ello permitió ensanchar el europeísmo, incluyendo también la aportación de los movimientos migratorios. El problema es que, en esos mismos momentos, como muestran <strong>Ivan Krastev, y Steven Holmes y también Timothy Garton Ash y Tony Judt</strong>, mientras Europa occidental se imponía en la Guerra Fría, sus actuaciones, en muchos casos arrogantes y relajadas, le impidieron ganar la paz. Todo ello por no incluir los problemas con los discursos colonizadores, lo cuales <strong>se están desmontando en la actualidad.</strong></p><p>Todos esos esfuerzos de las décadas anteriores han permitido que en la actualidad existan<strong> numerosos programas de promoción y de difusión de la cultura europea. </strong>Las prioridades de muchos de estos proyectos (como los de Europa creativa, 2021-2027) consisten en apoyar proyectos trasnacionales que fomenten <strong>la diversidad cultural y el diálogo internacional </strong>por encima de relatos nacionales, revisionistas y simplistas sobre la realidad europea. Este relato del europeísmo entendido como defensa de la multiculturalidad, la democracia y los derechos como ciudadanos está en peligro. La vertebración de una contramemoria por parte de la extrema derecha (y aceptada cada vez por más partidos de la derecha tradicional) de lo que es Europa y la UE, ha desviado la atención hacia temas de carácter sentimental y para los que apenas acuden a los datos objetivos y a las investigaciones científicas e intelectuales. La emigración, la islamización y los nacionalismos, además de una peligrosa politización radical, son algunos ejemplos de los asuntos más frecuentes de esta batalla cultural. Con todo ello,<strong> la extrema derecha en la UE </strong>desprecia la cultura europea vigente y promueve la creación de barreras y fronteras, la censura y el retorno a un pasado glorioso (inexistente) de las civilizaciones griega, latina y cristiana, donde lo más importante es la familia, el nacionalismo y la banalización de ciertos términos como el de libertad. Muchas de estas cuestiones están presentes en <strong>los programas electorales para los comicios del 9 de junio.</strong></p><p>Ante este futuro incierto, la UE y su ciudadanía debe reflexionar sobre<strong> la importancia de los valores</strong> que han defendido en las últimas décadas y sobre la relevancia de la cultura como eje de difusión y promoción de los mismos. Todo ello, sin olvidar<strong> la necesidad de hacer autocrítica</strong> sobre su propia arrogancia en determinadas cuestiones. De esa manera, se podrá valorar la idea de que el progreso social y cultural no es una idea innata de las sociedades, sino que es el resultado de numerosas luchas y conquistas de la ciudadanía. De lo contrario, si continuamos permitiendo que el contrarrelato permee en la sociedad como una <em>lluvia fina</em>, estaremos diciendo: <strong>adiós a todo aquello.</strong></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jun 2024 12:26:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Molina García]]></author>
      <media:title><![CDATA[Cultura europea, ¿adiós a todo aquello?]]></media:title>
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